¡Va-va-vampiro en los baños!

Edición original: Baban baban ban vampire (ババンババンバンバンパイア)
Edición nacional/España: ¡Va-va-vampiro en los baños! Ediciones Tomodomo, 2024
Guion: OKUJIMA Hiromasa
Dibujo: OKUJIMA Hiromasa
Género: Comedia, romance, sobrenatural
Formato: Rústica con sobrecubierta. 200 páginas. 9€

¡Va-Va-Vampiro en los baños! entra de lleno en esa categoría de obras que, con solo leer la premisa, ya sabes que no se parecen a nada de lo que tienes en la estantería. Un vampiro trabajando en una casa de baños, obsesionado con la sangre de vírgenes y sobreviviendo al día a día humano con más autocontrol del que debería tener cualquier ser inmortal.

Porque sí, hay vampiros, pero aquí no hay castillos ni maldiciones eternas. El escenario es un baño público de barrio y el gran drama de nuestro protagonista no es la caza, sino no perder la compostura mientras convive con humanos que le ponen las cosas muy difíciles sin saberlo.

¡VA-VA-VAMPIRO EN LOS BAÑOS!

La historia nos presenta a Ranmaru Mori, un vampiro elegante, atractivo y con siglos de experiencia… al menos sobre el papel. En la práctica, Ranmaru es un desastre emocional contenido a duras penas. Trabaja en un sento tradicional y se esfuerza muchísimo por pasar desapercibido, algo complicado cuando su gran debilidad es la sangre de chicos vírgenes y su actual objeto de deseo es Rihito, el joven heredero del baño: puro, amable y completamente ajeno al tsunami mental que provoca en su empleado. El objetivo es claro: proteger la virginidad de Rihito a toda costa hasta que madure como el buen vino y poder hincarle el diente a gusto. Parece fácil, pero las cosas se tuercen cuando el muchacho vuelve de su primer día de bachillerato completamente enamorado…

¡Va-va-vampiro en los baños!

A partir de aquí, el primer tomo se construye como una sucesión de situaciones cotidianas que, vistas desde fuera, son completamente normales, pero que en la cabeza de Ranmaru adquieren tintes de tragedia griega. Una sonrisa, una conversación inocente o un gesto amable bastan para que su monólogo interno se dispare hacia niveles absurdos de dramatismo, manteniendo en todo momento, por supuesto, una fachada impecable mientras se desmorona por dentro.

El humor de la obra funciona precisamente gracias a ese contraste. Ranmaru es refinado, educado y aparentemente imperturbable, pero su mente es puro exceso: autocontrol extremo, pensamientos prohibidos, deseo y una tendencia maravillosa a convertir cualquier nimiedad en un dilema existencial de vida o muerte; por no hablar de su constante autoengaño… Ese dramatismo exagerado es lo que hace que muchas escenas resulten genuinamente hilarantes.

Por su parte, Rihito es el contrapunto perfecto. Su bondad y naturalidad no están escritas desde la ingenuidad tonta, sino desde una amabilidad sincera que hace que el lector entienda perfectamente por qué Ranmaru está tan perdido.

¡Va-va-vampiro en los baños!

Narrativamente, la serie va con calma. No busca grandes giros ni conflictos explosivos, sino que se centra en la convivencia diaria y en la absurda cantidad de malentendidos que Ranmaru es capaz de generar en su cabeza en cuestión de segundos. Porque, si hay algo en lo que nuestro protagonista es experto, es en darle vueltas a las cosas hasta terminar mareado. Aunque, todo sea dicho, esa facilidad para malinterpretar la realidad parece una habilidad compartida por buena parte del elenco, lo que da lugar a situaciones de humor absurdo francamente maravillosas.

Estamos ante una comedia de personajes pura y dura, donde el peso recae en las reacciones, los silencios incómodos y las interpretaciones exageradas de Ranmaru ante situaciones perfectamente normales.

Ranmaru es, al final, el gran reclamo de la obra: un vampiro inmortal con alma de drama queen, atrapado entre lo que quiere y lo que debe hacer.. Y verlo sufrir en silencio, debatiéndose constantemente sobre cómo reaccionar, con su increíble habilidad para autosabotearse en cualquier situación es gran parte del encanto de la lectura.

¡Va-va-vampiro en los baños!

El apartado gráfico acompaña muy bien este enfoque. El dibujo es limpio y expresivo, pero donde realmente destaca es en las caras de Ranmaru, que pasan del autocontrol absoluto al colapso interno en cuestión de viñetas. Sus expresiones y miradas son clave para transmitir ese dramatismo ridículo tan propio de la obra.

La edición de Tomodomo sigue la línea habitual de la editorial: rústica con sobrecubierta, buena calidad de papel (con algunas páginas a color) y una traducción que mantiene bien los matices del humor y los dobles sentidos, algo especialmente importante en una obra donde gran parte del encanto reside en los matices del lenguaje.

Y llegamos al clásico apartado de lo «mejor» y lo «peor», aunque en ¡Va-Va-Vampiro en los baños! ambos giran alrededor de lo mismo: su humor. Y es que es un tema muy personal, y esta es una obra muy consciente de lo que quiere ser, no intenta agradar a todo el mundo. Aquí el humor es el eje central, el motor de cada escena y de cada personaje, y eso hace que desde las primeras páginas sepas si estás dentro o no. Si conectas con su tono exagerado, absurdo y bizarro, la lectura se vuelve adictiva y sorprendentemente entrañable.

Así que la recomendación es clara: lánzate a la piscina sin pensarlo demasiado. ¡Va-Va-Vampiro en los baños! es una pequeña joya para quienes disfrutan del humor raro, del dramatismo llevado al extremo y de personajes que se ahogan en un vaso de agua con total elegancia. Puede que no sea una obra para todo el mundo, pero si es para ti, lo sabrás enseguida… y lo más probable es que no puedas dejar de leer con la misma sed que su protagonista, y es que, como diría Ranmaru: ¡qué ryômántica!

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