V de Vigilantes: Vanguardias del cómic norteamericano

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Hay vida más allá de los superhéroes. El cómic se está normalizando, en parte gracias a las superproducciones hollywoodienses protagonizadas por personajes surgidos de las viñetas; en parte gracias al traslado de algunos volúmenes, bajo la forma de “novela gráfica”, a las grandes superficies junto a las otras novelas… incluso hay un premio nacional y la gente cada vez tiene menos prejuicios asociados a los tebeos o a sus lectores. Álvaro Pons escribe sobre este “fenómeno” de normalización en el prólogo de un librito muy interesante de Juan Royo (titulado Un tratado de Cómic, sobre el que, por cierto, profundizaré en semanas próximas) formado por una selección de diferentes reseñas, entrevistas y críticas que ha realizado este divulgador entre los años 2006-2010.

“Leer un tebeo en el metro ha dejado de ser causa de que se cambien de asiento las abuelitas para convertirse en algo tan común (déjenme la hipérbola, nos entendemos) como leer el Marca. Nuestra afición llena las páginas de los periódicos y revistas e incluso en alguna televisión se atreven a entrevistar a autores de historieta cual estrella mediática”, afirma el responsable de La Cárcel de Papel en el citado texto. Y tiene razón. Cada vez es más natural hablar y oír hablar de tebeos, incluso en los ambientes universitarios.

El pasado 16 de diciembre finalizaba el “Seminario de Discurso, Legitimación y Memoria”, de la Universidad de Salamanca, que ha tenido lugar durante estos últimos meses del año y donde el cómic ha estado muy presente (dentro de estas jornadas también estuvo Olalla Hernández exponiendo con detalle los entresijos de la Nouvelle Manga), con una charla impartida por José Manuel Trabado, que llevaba por título “Antes de la Novela Gráfica. Vanguardias del cómic norteamericano”.


Los responsables del Seminario especifican cómo surgió: “Espoleados por una necesidad de establecer nuevas lecturas del mundo, por generar un núcleo duro de pensamiento teórico, por crear un espacio de absoluta transversalidad, el Seminario emerge en este nudo telúrico, en la confluencia del Discurso, la Legitimación y la Memoria, tres afluentes del cauce de la actualidad, tres divisas para empezar a franquear los límites, tres patas para un banco”.

José Manuel Trabado, profesor de Filología Hispánica de la Universidad de León, también está de acuerdo en que el cómic es un medio de suma actualidad. Él presentó su ponencia como una especie de “cruzada” por recordar a los oyentes, a los lectores, a los espectadores… a todos, algunos de los cómics primigenios, las “vanguardias” del cómic norteamericano, más allá de Spider-Man, Superman, Batman y compañía.

La ponencia volvió a celebrarse en la sala polivalente de la librería especializada Shogun Salamanca y en torno a tan atractivo simposio se congregaron gentes de todo tipo. “El cómic se ha hecho muy visible gracias a una etiqueta: la de novela gráfica (que no todos los autores de cómic dan por válida). Antes de la novela gráfica había cosas maravillosas. Las novelas gráficas de ahora y de siempre beben directamente de los comics strips, que son el nacimiento del cómic asociado a la prensa”, comenzaba.


Trabado tiene un par de libros en el mercado, aunque alejados tangencialmente del mundo de las viñetas: La escritura nómada: los límites genéricos en el cuento contemporáneo y La lectura lírica: Asedios pragmáticos a textos poéticos; y en los últimos años se ha dedicado a estudiar la historieta desde el punto de vista de la investigación en literatura, llegando a definir el cómic como “una producción simbólica; el centro de poderosas sinergias simbólicas”. Antes de esto, se había dedicado a investigar a Cervantes; el cambio fue significativo.

“En el lenguaje del cómic hay una lógica intrínseca. Al principio surge la madurez del cómic. Pocas veces ha ocurrido algo así, que en el momento del nacimiento se estaba haciendo algo apabullantemente perfecto”, declara.

En el mundo del cómic, tal y como apuntaba este autor, existen varios estereotipos, pero no sólo de cara al exterior, hacia los “no lectores”, sino dentro del mismo segmento, sectorizando y dividiendo a los aficionados, por ejemplo, entre “lectores de supers” y “lectores de manga”. “Aún hoy tenemos prejuicios ante la imagen, ante la imagen siempre somos vulnerables. Llegaron las imágenes y te rompieron el corazón, independientemente del tipo de lector que seas”, completa.

Para Trabado, la verdadera importancia del cómic reside en eso, en las imágenes, en su fuerza narrativa, en su organización, en su cohesión y en su coherencia interna (valores que también se consiguen gracias a la combinación con los textos, sin duda). Él conoce cuáles son los ejemplos básicos de imágenes imponentes, de cómics de cierta fuerza, de cierta magia, de cierto poder. En los ejemplos se alternan páginas y páginas, entre las que destacan las de tres historietas: Krazy Kat, Gasoline Alley y Little Nemo (que también son las imágenes que acompañan al presente texto). Éstas fueron seleccionadas por el ponente debido a su puesta en página y a la intensidad lectora que desprenden.


Krazy Kat es una tira cómica creada por George Herriman, publicada en periódicos de Estados Unidos entre los años 1913 y 1944, naciendo como un pequeño chiste a pie de página y recorriendo, después, un largo camino repleto de éxitos. Su primera aparición fue en el diario New York Evening Journal, propiedad de Randolph Hearst. Esta tira mezcla, de forma peculiar, lo surrealista, con el romanticismo y la inocencia. Harriman consiguió dotar a estas peripecias de una gata enamorada (Krazy Kat) de un ratón (Ignatz) que siempre le tira un ladrillo a la cabeza y de un perro (Offissa Pupp), enamorado a su vez de la minina, que persigue al ratón, de un lenguaje tan poético y tan profundo que nadie podía resistirse a su encanto, a su magia.


La misma magia que aparecía en cada viñeta de Gasoline Alley, la tira de Frank King, que comenzó a publicarse en 1918, que innovó, especialmente, en el uso de las viñetas como un todo; técnica que también se usó con frecuencia en el Little Nemo in Slumberland, otro de los grandes clásicos de la historia del cómic (quizá el primero de ellos). Esta obra del estadounidense Winsor McCay fue publicada por primera vez en el dominical del New York Herald el día 15 de octubre de 1905. McCay juega a la experimentación del medio utilizando todas las posibilidades que le brindaba la arquitectura de las viñetas, los encuadres y el propio formato de la página, para crear todo el mundo de los sueños que visitaba Nemo cada vez que se dormía. Por si esto fuera poco, este autor fue uno de los primeros en aprovechar el tremendo potencial que tenía el color de las páginas dominicales (sunday strips). “McCay se adelantó, de alguna forma, al lenguaje cinematográfico”, explicaba Trabado.


“Hay cómics y cómics. Un cómic puede ser simple, sencillo, o extremadamente complejo. Un cómic puede leerse de más maneras que de izquierda a derecha y de arriba abajo. A veces hay que hacer un esfuerzo, a veces hay que aprender a leer cómics, porque hay páginas que necesitan de intensidad lectora. Además, el cómic tiene su propio lenguaje y es un lenguaje completo. Uno de los condicionantes es el espacio (la página). Lo primero que se hace con el cómic no es leerlo, sino verlo”, especificaba durante su ponencia.

En la época de publicación de Krazy Kat, por ejemplo, se amoldaba el espacio a las necesidades de cada periódico. A veces las historias se recomponían en función de las viñetas (y en función del día, ya que no era lo mismo publicar una tira diaria, que una página dominical). La arquitectura de las viñetas, en estos casos, era de importancia capital ya que la página actúa en conjunto, como una identidad visual. Para Trabado, “dos viñetas contiguas son como dos ventanas de un mismo edificio”.


Dentro de su exposición tampoco dudó en aportar frases de singular y significativa belleza: “A lo mejor lo inquietante está en la realidad y sólo hay que saber dónde enfocar la atención de los lectores”. Poco a poco los ejemplos se suceden, las páginas van apareciendo en su ordenador (proyectadas al fondo de la sala con fortuna desigual: unas al detalle y otras demasiado pequeñas) y los ejemplos se desprenden a la par que los minutos; ejemplos para que los oyentes pudiéramos reconocer el lenguaje del cómic. “Puede haber una gran riqueza comunicativa en una única viñeta”. Es cierto.

En las viñetas, los espacios son muy importantes. “Los espacios nos permiten narrativizar una imagen fija”. Trabado se maravilla del tiempo que lleva realizar algo como un cómic, como una historia seriada en viñetas, y luego se traspasa a unos pocos segundos de lectura de texto y de imagen. “Algunos se leen como cualquier tipo de escritura bustrofédica: de izquierda a derecha y de derecha a izquierda; haciendo eses”, expone. En este tipo de narraciones más complejas lo que se conseguía era desmontar las formas de contar historias. “Con todo, la mayoría de las veces los autores se inspiraban o se copiaban los unos a los otros y también se copiaban a sí mismos”.


Para este profesor uno de los principales problemas a los que se enfrenta el cómic en la actualidad es su “hermano el cine”, porque muchos tebeos han nacido con la intención de ser adaptados, con la intención de facilitar ese proceso; “pero algunos cómics también han buscado su identidad alejándose del cine y dificultando su adaptación, haciendo un proceso contrapuesto”.

José Manuel Trabado también dedicó unos minutos a hablar del tiempo en el medio. “Se puede jugar con el tiempo. El cómic puede jugar a hacer saltos temporales muy bruscos entre las viñetas. El tiempo de la publicación va influyendo a los personajes, que se modifican, que envejecen, en teoría, con el paso de los años, al igual que sus lectores”. Sus palabras se van entrecortando, mientras dices esto último vuelve a mirar su reloj. A él también le quedaba poco tiempo para exponer ante nosotros, sus oyentes, todo lo que quiere mencionar sobre el noveno arte; así que decidió seguir “jugando” con los clásicos.

“Los grandes hallazgos surgen a veces por casualidad”, continúa. “El reino del cómic está repleto de personajes que nacieron como secundarios y que, después, se convirtieron en protagonistas. Éste es el caso de Corto Maltés, por ejemplo, y de Popeye. También lo es de Krazy Kat, que nace como un poema visual dentro de The Family Upstairs, siendo una historia sencilla, pero muy compleja”. Con el nuevo boom del cómic las editoriales apuestan de nuevo por reeditar las obras de los autores más clásicos.

Durante los escasos 90 minutos que dura la charla “Antes de la novela gráfica. Vanguadias del cómic norteamericano”, va apareciendo un pequeño muestrario de cómics que comprar, que leer y que disfrutar. Trabado es capaz de transmitir el gusto que él mismo tiene a todas estas obras. “En el cómic hay muchos ríos, muchos caminos que confluyen en el medio. El cómic de ahora reconoce a los maestros de antes. Hay vida más allá de Spider-Man que, por otro lado, también es maravilloso”, asevera.

Sus últimas palabras estuvieron dedicadas al nuevo formato y a algunos de los nuevos estilos de hacer cómics: “Lo que antes era arte de masas ahora es territorio de pocos. El público se reorganiza, para bien o para mal. El problema reside cuando el formato se convierte en una especie de ‘gueto’ para elitistas. Antes surgió de un periódico y era un producto para todos, un producto compartido. Ahora el lector de cómics es parcelado (algo que también pasa en literatura, aunque algo menos). Por otra parte, los códigos también están cambiando. Ahora el lenguaje de la imagen es más asequible para un lector medio que un texto lingüístico”.

Los tebeos, los cómics, las novelas gráficas, las historietas, las viñetas, el noveno arte… o como quieran (o queramos) llamarlos… han acompañado a lectores de todo tipo, de cualquier condición social, política y cultural, desde hace mucho tiempo. Les han acompañado en su infancia, en su adolescencia, en su madurez y en su ocaso. Han estado junto a muchos de los grandes (a James Joyce le apasionaba Gasoline Alley, según apuntó el propioTrabado en su simposio) y junto a muchas de las personas de a pie. Junto a hombres y mujeres. Junto a ancianos y niños. Todos ellos quedaron marcados de alguna forma, recogiendo personajes, títulos, páginas, viñetas, autores o sensaciones en los almacenes de sus memorias. José Manuel Trabado entraría dentro de estos lectores (que luego se transformarían en profesionales, en especialistas) y él mismo esgrimió una frase que yo utilizaré para cerrar: “La ficción, a veces, nos influye más que la realidad”.


Nos leemos.

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Superlayo
19 enero, 2011 10:44

Muy muy interesante el artículo. Personalmente, me encanta cuando hacéis / transmitís este tipo de reflexiones sobre el cómic, o cuando analizáis una obra especializada sobre el tema. No siempre es en V de Vigilantes, creo recordar; ¿podrías poner una etiqueta al uso en plan reflexiones sobre cómic o algo por el estilo, para tenerlas a mano si algún día nos da por releer?
 
 

José Torralba
19 enero, 2011 11:04

Superlayo, tenemos de hecho una etiqueta para eso: Teoría del cómic. Se la acabo de poner a este texto porque al bueno de Diego, que se ha currado hoy una cobertura/reflexión estupenda y que esta semana está hecho un campeón con los contenidos que está preparando, se le ha pasado incluirla. ¡Un saludo y muchas gracias de todas maneras por tomar la iniciativa proponiéndonos cosas!

quitus
quitus
Lector
19 enero, 2011 11:07

¿Shintaro Kago conocerá todos estos còmics?

Marcelo
Marcelo
19 enero, 2011 16:19

Excelente. Echaba en falta este tipo de artículos histórico-teórico.

Álvaro Pons
Álvaro Pons
20 enero, 2011 9:08

Gasoline Alley es una maravilla doble: es increíble cómo King diferenciaba las tiras diarias de  las dominicales . Las primeras son el primer ejercicio consciente de costumbrismo, que narra el día a día, la realidad, con indudable acierto. Sin embargo, las segundas son una maravilla de experimentación formal y de imaginación desbordante… Lástima que en España sea una serie completamente desconocida. Por lo menos alguien se podría plantear la reciente edición de una selección de las dominicales que hizo Peter Maresca…

Ocioso
Ocioso
Lector
20 enero, 2011 23:58

Álvaro Pons ha comentado: Por lo menos alguien se podría plantear la reciente edición de una selección de las dominicales que hizo Peter Maresca…
 
El problema es que costaría 120 euros mientras que por Amazon sale por unos 50. Creo que la diferencia de precio compensa el esfuerzo de leer el tomo acompañado de un diccionario.
A mí me gustaría que se atreviesen con las tiras diarias, que eso ya es demasiado texto para los que no dominamos el inglés.

Little Nemo's Kat
22 enero, 2011 16:30

Interesantísimo el post, como interesantísima debió de ser la charla de José Manuel, que siempre es un tipo didáctico y clarividente en sus reflexiones. Saludos.

juanroyo
16 febrero, 2011 8:25

magnífico artículo! y muchas gracias por tu referencia a mi libro! abrazos!