Tim Truman, una carrera ligada a DC

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Me veo principalmente como alguien que entretiene, pero me gusta asegurarme de que haya algún tipo de principios en las historias

Timothy “Tim” Truman (Gauley Bridge, 1956) es todo un personaje, comprometido socialmente y enamorado de los comics desde su más tierna infancia. Un autor completo muy personal, guionista cuidadoso con los personajes y su evolución, dibujante de estilo propio y detallado, y un gran amante de la música. Toca con su banda, persigue tiendas de guitarras, trapichea con ellas y con amplis, restaura viejos instrumentos, colecciona CDs… “Todas mis actividades de ocio implican música.” Y de hecho ha combinado ambas pasiones a través de una fructífera colaboración con el grupo Grateful Dead e incluso con el músico Carlos Santana (al cual dedicó el nombre de su personaje más querido), además de añadir su propia música en algún que otro cómic con CD incluido. Sigamos pues su trayectoria en el mundo del noveno arte, que ha estado muy marcada por la editorial DC desde sus inicios, a la vez que el artista ha rescatado e influenciado a una buena parte de los personajes de dicho universo de manera definitiva.

Truman

Primeros trabajos (y Scout)

Tras graduarse en la Escuela Kubert, los primeros trabajos de Truman estuvieron relacionados con la ilustración para juegos de rol. Pero es precisamente DC quien da al artista su primera oportunidad en el mundo del cómic, con historias muy cortas, complemento de Sgt. Rock, entre 1981 y 1983. A modo de las famosas Twisted Tales de 2000AD, el joven autor demuestra habilidad al colocar un giro final en relatos solamente pincelados, un talento al alcance de pocos. Aunque desde luego rezuman falta de experiencia, ya se notan algunos caminos comunes del artista, como las distopías futuristas y las minorías nativo-americanas. De hecho, en una de ellas, encontramos el primer esbozo del que será su personaje por antonomasia.

Primera página para DC

Con ese pequeño bagaje, el autor da el salto en 1984 y lanza su propia serie en First Comics junto con John Ostrander, Grimjack. Aunque el creador de ésta es más el guionista, el cual no sólo la tenía pensada como una obra en prosa sino que posteriormente admitió que el diseño se debía a otro artista. En todo caso, su colaboración, una exitosa (en términos del mercado independiente de por aquel entonces) y violenta space opera germinal del “grim a gritty”, se convertirá en una tarjeta de presentación de lujo y los unirá en no pocas futuras ocasiones.

Envalentonado, en 1985 considera que ya tiene todo lo necesario, y lo demuestra en la también independiente editorial Eclipse con una serie épica y de culto, Scout. Aunque este artículo esté hecho para la sección DC, perdonaréis que dedique un par de párrafos a esta obra fuera de la común, ya que contiene las bases de toda la posterior carrera de este creador.

Definición de obra de culto

Por lo pronto supuso la creación del sello 4Winds, independiente de Eclipse pero con una relación contractual, con el que Truman publicaría trabajos propios y extraños. Pero sobre todo supone su lanzamiento como guionista capaz, bizarro, y creador de mundos y personajes tan creíbles como alucinantes. Y por supuesto, aparecen un futuro (1999, suspiro) apocalíptico y la cultura Apache.

El primero queda definido por la curiosa frase introductoria de la obra “Finalmente las bombas no cayeron”, demostrando con acidez que la cultura estadounidense del momento se bastaba y sobraba para diezmar la tierra. De hecho, la corrupción gubernamental se convertirá en otra de sus marcas de la casa. La cultura indígena americana está representada por el absoluto protagonista, Scout a.k.a. Emanuel Santana, al que imaginó antes que la propia historia como “un apache samurái en una motocicleta”. Pero el autor sabe proporcionarle un rico pasado en el que no falta la alienación del soldado, otro más de los temas recurrentes de Truman. Añadamos el paisaje sureño estadounidense a la mezcla, un lugar al que el autor se siente obligado a visitar anualmente.

Sumemos el dominio brutal de la narrativa por parte del artista. Ya desde esta obra germinal muestra su constante juego con las viñetas para hacer que el ojo siga con naturalidad el devenir de la historia. Paneles alargados para dar profundidad a los paisajes o sugerir narraciones cinematográficas, viñetas menores con detalles significativos dentro de otras mayores con gran impacto narrativo… ningún truco escapa al diseño de Truman, además de crear unos cuantos propios. Por último, un dibujo desatado que, si bien demuestra los tics y desproporciones del artista (esas narices…), arrasa con sus detalles, el sombreado y la chulería. Porque Scout es macarra, es gamberra, es un blockbuster ochentero con las ideas del cine independiente más reivindicativo.

Puro arte secuencial

La primera saga de los cuatro monstruos, que se pensó como miniserie inicialmente, es absorbente, extraña y emocionante. El cariño que pone Truman en reflejar las raíces y cultura del personaje (y otros similares posteriores), de una manera en absoluto paternalista, es algo que la comunidad nativa norteamericana le ha agradecido en más de una ocasión. Y el resto de sagas nos mostrarán otra de las virtudes del autor, la evolución de los personajes. Principal y secundarios se tocarán, cruzarán y cambiarán, pasando por batallas de guitarra, predicadores de la tierra media, mechas israelíes, alianzas granjero-moteras, machos alfa inmortales y guerrillas fronterizas. Una obra germinal pero genial que nadie debería perderse.

En la cresta de Eclipse también participa en Airboy, colaborando con el guionista principal, Chuck Dixon, y dibujando. Además crea The Prowler, un interesante aunque fallido ejercicio de meta-ficción sobre un antihéroe de los 50 que afronta la vejez, en el que deja la labor artística a John K Snyder III. Como buen conocedor de la labor del dibujante, sabrá formar equipo y adaptar la historia a las inquietudes del artista, algo que posteriormente también aprovechará para DC.

Retomemos pues el trabajo en la editorial de Superman. Tras esa experiencia, en 1989, vuelve por la puerta grande con Hawkworld. Aunque es cierto que picotea (nunca mejor dicho) previamente algunos encargos en la casa durante 1988; una lámina para Batman, dibuja el origen secreto de Dave Carson, e ilustra la inquietante historia “Mother” de Ostrander para la reivindicable rareza Wasteland, serie contenedor de terror. Pero vamos con la dura historia de ciencia ficción que crea para el héroe Hawkman, de su reverenciado Gardner Fox.

El Hawkworld de Truman

En contraposición con la definición de Fox sobre el planeta de origen de Hawkman, Thanagar, como una utopía, Truman lanza la idea detrás de esta oscura obra maestra: “Las utopías no existen a menos que se construyan sobre la espalda de alguien.

Hawkworld pertenece a esa serie de reinvenciones de los clásicos de la editorial DC tras las Crisis en Tierras Infinitas y es otro acierto del editor Mike Gold, al que también debemos el revival de Green Arrow. Cuando le tocó el turno a Hawkman y Hawkwoman, cuyo origen ya andaba algo liado antes del mencionado cambio, la cosa acabó de torcerse para siempre. Y eso que como el autor comentaba “He sido muy reverencial con el material original […] Mi serie hubiera establecido una nueva historia que hubiera seguido funcionando mano a mano con la vieja continuidad.” Por supuesto el autor respondía a la polémica respecto a la historia editorial de los personajes, no de calidad de la obra, la cual es incontestable. De hecho, se llevó el Haxtur a mejor historia larga en 1991, algo de lo que está muy orgulloso como se encarga de recalcar en casi todas las entrevistas que le hacen.

Portadaca de Truman

El autor demuestra que los personajes pueden cambiar en solo tres capítulos maravillosos, si estos se miman y trabajan de origen a fin. Aquí vemos su capacidad para crear mundos tan fantásticos como creíbles con ese Thanagar dictatorial y corrupto. Su crítica social certera y sin tapujos a la sociedad estadounidense (y occidental en general), a través de ese clasismo entre los líderes originarios del planeta y la masa de alienígenas trabajadores en condiciones vergonzosas que son los que realmente sustentan la economía. Extranjeros provenientes de mundos que previamente ha conquistado Thanagar para ofrecerles las ventajas de su avanzada, aunque insostenible y en franca decadencia, cultura (cualquier parecido con la realidad es simplemente terrorífico).

Thanagar

Y lo dicho, un héroe que ha de descubrirse a sí mismo a través de pérdidas, sufrimientos, conocimiento y aceptación. Se entienden las iras de los fans del personaje cuando vieron a un Katar Hol que, pese a mostrar un claro idealismo, se encuentra necesitado de drogas, mimado de poder e injusto con el inocente. Pero al final de la trilogía lo vemos curado, valiente y heroico como nunca. Es más, Truman se preocupa hasta de darle un interés por la Historia y una firme educación policial, puro Hawkman, vaya. Igualmente evoluciona Shayera, Hawkwoman, pero además aquí el guionista se atreve a jugar aún más con las expectativas de los aficionados. Pues la que creemos nuestra futura heroína termina siendo substituida, en un giro tan inesperado como brutal, por una niña nacida en los suburbios, rescatada por la élite, y pulida en el cuerpo policial.

¡Y ese dibujo! Las manías de Truman se suavizan y el artista se centra en rostros expresivos que cuentan casi más que los textos, se dedica a fondo tanto en las escenas pausadas como en las necesitadas de violencia, y diseña hasta el último rincón de este planeta que combina la opulencia y la pobreza extrema. Y el genial Enrique Alcatena le sienta de fábula al entintado, potenciando las sombras que el propio artista buscaba y sin sobrecargar el manierismo del dibujante. Ambos parecen saber homenajear al maestro Joe Kubert, pues su clásica versión del personaje se respira en muchas viñetas.

El color de Parsons

Para colmo se une el colorista Sam Parsons al equipo, que demuestra el mismo cariño por el trabajo que sus compañeros al entender los tonos, los ambientes y las sutiles diferencias sociales. La página del cruel y erróneo asesinato cometido por Katar es especialmente sobresaliente. También el diseño de la edición es remarcable, con esas franjas saturadas de alienígenas necesitados, que parecen pedir ayuda a gritos ante su terrible situación.

Inmigrantes

Gracias al éxito de esta epopeya, al año siguiente comienza la serie mensual, ayudado al guion por su antiguo compañero de First Comics, John Ostrander, y con los dibujos de un joven Graham Nolan, ambos recomendados por Truman. Es en esta serie donde verdaderamente se lía la pana con Hawkman, ya que, si Hawkworld volumen 1 debería haber funcionado como lejano aunque novedoso origen del personaje, no se les ocurre otra cosa que considerarlo contemporáneo con el Universo DC del momento. “Si sólo nos hubieran dejado decir que los eventos de la miniserie ocurrieron años antes de que Katar viniera a la Tierra, todo hubiera estado bien. Sin embargo, alguien insistió que Katar y Shayera vinieran a la Tierra en las semanas inmediatamente posteriores a mi serie. No funcionó. Trasteó demasiado la continuidad.

De esta manera, la por otra parte tediosa serie del personaje perpetrada por Tony Isabella, que se situaba post-Crisis y supuestamente ya canon, se quedaba con dos palmos de narices. Para colmo, aunque se obviara esta serie, Hawkman había llegado a aparecer con su traje de siempre en el evento Invasión y en un posterior (y tronchante) número de la Liga de la Justicia Internacional. Sin embargo, hay que hacer como si hubiera sido un fantasma, pues el verdadero Hawkman llegaba posteriormente, durante esta serie, desde Thanagar a la Tierra, y en concreto a la ciudad de Nueva York.

Alégrame el día

Pero obviando estas particularidades del medio pijamero, la serie es más que recomendable. Comienza con una saga de 9 números con la excusa de capturar a Byth, el villano de la serie madre que había huido a nuestro planeta, en la que ambos guionistas se combinan maravillosamente Ostrander con su característico control de la velocidad, sabiendo pisar el acelerador cuando toca y crear tensión con maestría. Y Truman incluyendo crítica social, a través de discusiones y diatribas sobre el choque entre dos policías de un estado para-militar y los derechos de un país tan democrático como irremediablemente hipócrita.

El autor insiste en haberse quitado del medio al estar concentrado en su siguiente trabajo (Wilderness), pero igualmente se nota su mano. Entre ambos consiguen caminar manteniendo un gran equilibro entre el comic de superhéroes y la tragicomedia policial. Nolan no se queda atrás y su estilo clásico pero dinámico sabe navegar por estas aguas. Cierto es que muchas veces abusa de la simpleza de su trazo, aunque la narrativa va mejorando número a número. Curiosa es la abierta simpatía del artista con la derecha política pese a las izquierdistas ideas de los guionistas, pero como buen profesional no dejó que eso afectara a su obra.

Truman dejaría definitivamente la serie en los mandos de Ostrander a partir del 10, después de la saga de Byth. “Mi colega John Ostrander hizo lo mejor con lo que le dieron. Yo solo serví como un prácticamente inútil consultor de la historia y el personaje.” En todo caso nuestro autor volvería para dar el punto final a la serie durante los números del 30 al 32. Aunque fuera sólo como dibujante es igualmente un placer para los aficionados, ya que el personaje había quedado ligado a su figura. Pero todavía le quedaba dejar su impronta en otro atípico héroe del universo DC.

Jonah Hex y compañía

Truman seguía ligado a la cultura indígena americana igualmente. Realiza la novela gráfica Wilderness: The True Story of Simon Girty, publicada en 1990 por 4Winds y codiciada obra a día de hoy tanto por aficionados al medio como por historiadores. Y en 1992 publica Tecumseh! gracias a Eclipse Books, novela gráfica de la obra teatral de Allan W Eckert, basada en la vida del guerrero Shawnee de mismo nombre. También por entonces y con 4Winds publica Dragon Chiang, otra novela gráfica sobre una interesante distopía futurista con protagonista, cómo no, nativo-americano.

Volviendo a terreno deceíta y tras su experiencia con Hawkman, en 1992 revisita brevemente sus orígenes en la editorial al escribir, pintar y entintar el Sgt. Rock Especial 1 del segundo volumen de la serie. “Tuve la oportunidad de hacer una historia sobre Gunner y Sarge (una pareja de clasicazos de los cómics bélicos de la editorial, nacidos en All-American Men of War 67, 1959, y posteriormente distinguidos miembros de Los Perdedores) para Michael Golden como editor.” Más tarde sí que le daría un buen repaso a Gunner, como veremos en la siguiente parte…

Pero justo después, en el 1993, es cuando reinventa otro personaje clásico del universo DC aprovechando su amor por el Lejano Oeste, Jonah Hex, para el sello Vertigo. Escribir Jonah Hex era un sueño anhelado por el guionista Joe R Landslade desde su infancia, pero hacerlo junto con Truman, el autor de ese Western sureño que es Scout, era aún mejor. Se nota la maravillosa simbiosis entre los autores y desde luego el artista no ha dejado de lanzar piropos al guionista desde entonces.

Pa la saca

La colaboración comienza con Two-Gun Mojo. Un auténtico viaje por el crudo Oeste donde el romanticismo o heroicidad de otras historias amantes del género se pierde en suciedad, vísceras y crueldad. La mezcla con elementos sobrenaturales le sienta bien, un Hex más cínico y vengativo que nunca le sienta genial, y el dibujo de Truman es absolutamente hecho a medida. Los guiones son como para merecer la admiración del artista y más allá, pero es que éste se sale en su interpretación del exmilitar rudo y noble a su manera. En la ambientación de esos parajes y esa época quitándole todo el misticismo que nunca debió añadírsele. En los rostros, las ropas, los caballos, las razas. Hasta en la idea de mezclar daguerrotipos reales que dan una pátina de historicidad a la mezcla.

Por supuesto ayudan las tintas de Sam Glazman, que parecen simplemente cubrir los lápices de Truman, si es que eso fuera simple o fácil. Y desde luego el ya habitual San Parsons al color, como siempre artesanal y también como de costumbre con la delicadeza necesaria en los paisajes y la fuerza apropiada en los contrastes. Para colmo el mítico Tod Klein rotula, demostrando la importancia que tiene dicho trabajo en un cómic en el que cada frase cuenta. Un trabajo de fábula, tan duro como disfrutable.

Equipazo de artistas

El problema es que el viaje sigue con Riders of the Worm and Such, en la que el fino humor que destilaba la primera serie toma por completo la escena y termina convirtiendo esta nueva y larga (desde luego 5 números son demasiados) etapa en una burda parodia. Además, la parte sobrenatural es exageradamente fantasiosa perdiendo el aroma del Western, cuya realista mugre era atractiva. El artista tampoco acompaña y se le nota la desgana por momentos.

Lo más destacable de esta serie ocurrió sin embargo por un feo episodio debido a la demanda lanzada por los músicos de blues Johnny y Edgar Winter al verse parodiados en la misma. No lo decimos por ellos, pues ciertamente se entiende la ofensa, sino por el desamparo de los artistas tal como lo explica el propio Truman: “Cuando uno de los expertos legales de la casa estaba aparentemente ocupado dando a DC algunos malos, pero malos consejos sobre como manejarnos a Joe y a mí durante el fiasco Winter Bros. versus DC, el Comic Book Legal Defense Fund dio un paso adelante para ayudarnos. Por un tiempo el CBLDF nos representó gratuitamente sin esperar nada a cambio. Ellos fueron los que realmente calmaron las cosas. Al final, DC y Time/Warner nos respaldaron con entusiasmo y defendieron nuestros derechos y su propiedad.” Ni que decir tiene que actualmente Truman es un orgulloso miembro del CBLDF.

The Winter Brothers… un poco se lo merecían

El viaje termina con Shadows West, que por suerte sube el listón muchos enteros y devuelve a Hex y compañía la mala baba en diálogos y hechos. El humor sigue sobrevolando, pero es mucho más controlado y la historia se desarrolla dentro de los buenos márgenes del Western, que no los políticamente correctos. Se nota igualmente una dejadez en el dibujo de Truman, pero lo que estropea verdaderamente la parte gráfica es el separado de Digital Chamaleon, que destroza cualquier sutileza alcanzada por el equipo habitual de Glazman, Parsons e incluso Klein.

Como curiosidad, movidos por el revival vaquero, la pareja guionista-dibujante también realizó por la misma época The Lone Ranger and Tonto en 1994 para Topps Comics. En ésta destacaron, dándole la dignidad que merecía, al acompañante indígena del héroe del Oeste. Y también relacionado con un personaje nativo-americano, imparable, Truman guioniza Turok: Dinosaur Hunter para Valiant en el 1993. Cerrado el capítulo del Oeste, el artista tenía ganas de volver a la fantasía, y de nuevo sería DC la que le ofrecería la oportunidad.

La parada de los monstruos

Entre medias de la larga etapa dibujando a Hex (1996) en el sello Vertigo, crea Black Lamb como autor completo para el sello Helix de la editorial. Éste, cediendo los derechos a los autores, pretendía ser la rama de ciencia ficción y fantasía de DC, pero una mala promoción y un público objetivo erróneo dieron al traste con la iniciativa en sólo dos años. A los aficionados nos queda especialmente el Transmetropolitan de Warren Ellis, que fue rescatado por Vertigo antes del hundimiento, y esta potente miniserie de 6 números.

Invitado por el editor Stuart Moore para unirse a la iniciativa, Truman guioniza, dibuja y entinta, dejando solamente el color en manos de Sam Parsons, el cual realiza su habitual trabajo artesanal que le sienta como un guante a la serie. Ésta no es de las mejores del autor, que pierde parte de su acidez habitual para entregarse al entretenimiento, como el mismo admite y dijo disfrutar en todo caso. La idea de un vampiro heroico que castiga a los cazavampiros le pareció atractiva, tanto como hacer algo creator owned fuera de 4Winds, y fue evolucionando de fantasía oscura a aventurera. Sin embargo, la idea de una raza oculta de monstruos parece calcada del Nightbreed de Baker, aunque el autor la lleva a su terreno añadiendo al coctel un futuro ciberpunk y una parafernalia a lo Far West.

Vampiro cazador de cazador de vampiros

Tal como en Scout, utiliza mini-sagas dentro de la propia serie para ir presentando y haciendo evolucionar a los personajes. Especialmente esa “oveja negra”, a la que procura un pasado trabajado y consecuente con sus acciones. De hecho, la inclusión de flashbacks es un recurso constante y bien aprovechado durante la serie. Pero en esta ocasión Truman no termina de coger el punto y aunque deja destellos, como ese monstruo con el cerebro de Walt Whitman, las tramas son demasiado facilonas. Conste que engancha y termina dejando la sensación de que podría haber seguido durante mucho más tiempo. Y el dibujo sí que no decepciona. El autor se sentía especialmente orgulloso de haberse dejado llevar, volviendo a sus orígenes en cuanto a narrativa aunque sacrificando detallismo en el proceso. Ojo al dato, el número 4 incluye una descripción del proceso creativo y artesanal de Truman desde la idea al entintado que no tiene desperdicio.

Sin salir de DC, vuelve de nuevo al sello Vertigo y dibuja Dog Moon en 1996 para su colega Robert Hunter de los Grateful Dead. “(Hunter) simplemente me envió un largo poema y me dejó visualizarlo como me diera la gana.” Y en el 97 dibujaría la serie The Kents, otro pseudo-western, de su inseparable Ostrander. La verdad es que es una auténtica serie histórica cargada de información y personajes reales e imaginarios que se mezcla con habilidad con el universo DC (sí, los protagonistas son los antepasados de la familia adoptiva de Clark, además de otras sorpresitas).

Cierto es que el tema de las votaciones y leyes que consiguieron la abolición total de la esclavitud se hace un poco densa para los lectores españoles… bueno, hay que admitir que la serie es espesa para cualquiera. En todo caso el dibujo de Truman está estupendo, mucho más realista y serio que en otras ocasiones, aportando un rostro característico a cada personaje y diciendo mucho con las expresiones. La experiencia del dibujante tanto para la novela gráfica histórica como para el Oeste, y su capacidad para pasar de la solemnidad a la violencia cuando es necesario, lo hacen perfecto para el tono de la maxiserie.

Truman y Western, éxito seguro

Para no abandonar el género, en 1998 usa a un viejo Bat Lash, personaje del Oeste deceíta, en otra miniserie con personajes olvidados de DC, Guns of the Dragon. En realidad, el cómic es puro género de aventuras en el que mezcla además a un Enemy Ace post guerra y crea a Biff Bradley, supuesto hermano del clásico detective de la editorial (del mítico Detective Comics 1, ya me diréis), Slam Bradley. Como si de un revulsivo se tratase para curarse de Los Kents, la serie editada por Peter Tomasi es diversión en estado puro. Vandal Savage, ninjas con rasgos animales, ¡la Isla de los Dinosaurios!

Aparte de los mencionados la trama tiene apariciones de personajes históricos (Mao Zedong, el dictador Chiang Kai-shek, el general Joseph Warren Stilwell…) y otros guiños al universo comiquero (Chop-chop, el mayor Kung…). En fin, el guion no es nada del otro mundo, pero no se puede negar que engancha de principio a fin, como una buena peli de género. El dibujo del propio autor tampoco es para echar cohetes, aunque no escatima en poses chulescas y acción narrada como sólo él sabe hacerlo. Lástima sin embargo de las odiosas separaciones de color de los 90. En todo caso, una entretenidísima macarrada.

Ale, a disfrutar

Y cuando acaba con esta, en 2000, se lanza a otro título que escarba en el pasado, Creature Comandos, editado otra vez por Tomasi y acompañado al dibujo por Scott Eaton. Aparte de revivir (nunca mejor dicho) a Gunner tal como comentamos antes, relanza al grupo creado para la cabecera Weird War Tales a principios de los 80. “Con Creature Commandos, NO fui reverente con el material de origen, ¡todo sea dicho! El dibujante Scott Eaton y yo hemos creado una pizarra en blanco que toca la vieja serie, pero no esta explícitamente atada a ella.” Aparte de heredar alguno de los miembros originales del grupo como Medusa, Elliot (el monstruo de Frankenstein de turno), Velcoro (vampiro) y Grifith (hombre lobo), se permite añadir algunos nuevos como Aten (momia) y el capitán Hunter (aparentemente normal salvo cicatrices descomunales).

Nasíos pa matá

Lo que desconocíamos es que Truman aprovecha para traerse del olvido a toda una serie de conquistadores intergalácticos (Saturna, Magus, Kraad, Xotar… los cuales ya habían aparecido en el Universo DC como enemigos de la Liga de la Justicia durante los locos años 60, en su mayoría) y hasta a Claw el inconquistable (que tuvo serie propia en los 70). Lo hace por medio de una alocada pero robusta trama en la que estos dictadores guerreros se alían con depravadas compañías privadas terrestres, siendo el batallón de monstruos los encargados de pararlos.

Eaton es bastante más que un dibujante de los noventa, capaz de crear alienígenas, bárbaros, criaturas de todo pelaje sin perder en expresiones, rostros y anatomía. Sin embargo, se echa en falta la narrativa del maestro, ya que la del dibujante elegido, con el que Truman dijo haber encontrado la sincronía, resulta en más de una ocasión confusa. En fin, un auténtico revival fiestero, con ningún otro propósito que divertir.

Truman se despide con los grandes

En el mismo 2000 se juntaría de nuevo con Joe R Landslade para una historia corta de terror, publicada en la serie antológica Finch, y también dibujó el número 21 del Martian Manhunter de su colega Ostrander. Más destacable es su labor a los guiones en el anual 9 de Green Lantern, dibujado por Coy Turnbull, continuando con el espíritu aventurero de las últimas series.

El especial no es nada del otro mundo, pero al menos juega con mitología mesopotámica (los Annunaki, que ya fueron introducidos en el Universo DC durante el curioso Madame Xanadu a principios de los 80) e inventa una heroína de origen marroquí, añadiendo algo de originalidad. Esto último se debía a la iniciativa “Planet DC” que pretendía introducir nuevos héroes internacionales en este universo. Los hechos acontecidos en la historia servirían para la última gran parada en nuestro recorrido, en la que Truman jugaría con los grandes héroes de la editorial.

DC Planet

El autor se despide de DC entre 2001 y 2002 con la miniserie en formato prestigio, JLA: Gatekeeper. Cómo no, Peter Tomasi anda detrás de esta historia en la que Truman se divierte con su amado género fantástico. Por medio de la mitología presentada en el especial mencionado, nos lleva por una historia de malvados emperadores inmortales, monstruos de tierra, agua y fuego, gnomos, diosas… Todo lo cual lo aprovecharía para la que sería la siguiente gran etapa de su carrera, ya fuera de la editorial deceíta.

Composición elegante, caras raras

En todo caso, la trilogía que nos ocupa no es de sus mejores trabajos al guion, lo que no quiere decir que sea mala en absoluto. Como siempre, el autor ha hecho sus tareas de trasfondo para crear esta dimensión y los seres que allí la habitan, además de demostrar el conocimiento necesario de las personalidades de los grandes espadas de la liga. Esta era la versión morrisoniana con Superman, Batman, Wonder Woman, Aquaman y el Green Lantern Kyle Rayner, motor de la historia, además de un pequeño papel para el Dr Fate.

Pero se echan de menos sus típicas críticas sociales que aquí brillan completamente por su ausencia. El dibujo contiene algunos fallos de anatomía y los rostros se hacen en ocasiones extraños, aunque no se puede negar el detalle y el esmero empleados (trabajó en la obra un año y medio). Y su narrativa sigue siendo tan extraordinaria como siempre. Pese a contar con el supergrupo por excelencia del universo DC, es una lástima que esta (gran) obra menor fuera su despedida de la editorial.

Wonder Woman partiendo la pana

Si a comienzos del 2000 el autor parecía algo quemado, en realidad sólo estaba cogiendo impulso. Un poco antes de estos últimos trabajos comentados ya había comenzado la que a partir de entonces sería su larga y productiva etapa dentro de Dark Horse. Ésta incluye unos cuantos y más que notables aportes al universo de Star Wars (aunque terminó desilusionado con la franquicia por una aparente estafa), pero destacando especialmente su trabajo con Conan. No es el lugar para ello (ya me he salido demasiado de mi terreno con las merecidas alabanzas a Scout) pero quede claro que sus casi once años con el personaje son el mejor trabajo moderno que se ha hecho sobre el bárbaro, así de claro.

Aún volvería brevemente a DC en 2015 para ilustrar los dos números dedicados a Hawkman dentro del vilipendiado evento Convergence. Aunque pobremente guionizado por Jeff Parker, ya vale la pena por volver a ver a Truman dibujando al héroe que redefinió y encumbró, además acompañado de nuevo por Alcatena a las tintas.

Visto lo visto, parece que el camino del artista ya no se entrelazará, al menos asiduamente, con DC comics, pero él anda lejos de retirarse. Actualmente sigue haciendo cubiertas para CDs y almanaques para grupos de música, se encuentra preparando Scout: Marauder con su hijo, negocia los derechos de Grimjack para la TV… Y continúa tocando la guitarra, probablemente alguna vieja canción sureña con aires de viejo Oeste.

Bibliografía recomendada

Entrevista sobre su labor en DC principalmente:

Fanding

Artículos acerca de Scout y otras obras en Eclipse:

Loser City
Scout
The Prowler

Artículos y entrevistas sobre Hawkworld:

Sequart.org
Poplitiko
Indiepulse
Loser City

Otras entrevistas:

TCJ
CBR

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Dr Kadok
Dr Kadok
Lector
28 octubre, 2021 18:38

Mirá cuantas cosas había hecho Truman. Hawkworld un clásico Zinco total. Acaso algun reinicio post-Crisis fue malo?

Ziggy
Ziggy
Lector
28 octubre, 2021 22:10

Si sólo nos hubieran dejado decir que los eventos de la miniserie ocurrieron años antes de que Katar viniera a la Tierra, todo hubiera estado bien. Sin embargo, alguien insistió que Katar y Shayera vinieran a la Tierra en las semanas inmediatamente posteriores a mi serie. No funcionó. Trasteó demasiado la continuidad.

Ay, que cierto es este parrafo. Que acertado. Y es que Hawkworld es imp`rresionante, pero tanto, tanto daño hizo…

Jaime Sirvent
Jaime Sirvent
Lector
29 octubre, 2021 20:33

Enrique,magnífico artículo, muy currado y bien escrito.

Una pena que tantísimas obras de Truman,o bien estén inéditas en España,o bien no se encuentren disponibles.

Jaime Sirvent
Jaime Sirvent
Lector
En respuesta a  Enrique Doblas
30 octubre, 2021 0:10

A mí me has dado muchas ganas de leer Scout.Hawkworld siempre me ha encantado y es una pena que nunca se haya editado la serie regular posterior.

Me has dado ganas de leer muchas cosas, ojalá después de este artículo alguna editorial se anime a sacar algo.

Saludos.

Jaime Sirvent
Jaime Sirvent
Lector
En respuesta a  Enrique Doblas
30 octubre, 2021 9:53

Me alegro mucho hombre,además pienso que este tipo de artículos cuyo contenido se sale de lo habitual dentro de la sección DC(es inevitable y necesario hablar de la actualidad) son muy necesarios para poder divulgar ese extenso catálogo que tiene DC del que la mayoría de lectores españoles conocemos poco.

Para poder pedir que se publiquen determinados materiales primero hay que conocer su existencia y por ese motivo este tipo de artículos son muy necesarios. Enhorabuena y cuando podáis en la sección DC por favor más artículos de este tipo.

Saludos.

mespinpe
mespinpe
Lector
En respuesta a  Jaime Sirvent
2 noviembre, 2021 19:29

Scout es una gozada. Esos comics maravillosos con ambición de comerse todo que se hacían en los 80, y que te dejan la sensación de que no son una obra maestra pero se le parecen mucho.

Fernando M. Romero
Fernando M. Romero
Lector
30 octubre, 2021 13:50

Enhorabuena por este exhaustivo artículo sobre un artista completo tan inclasificable como necesario. Como fan absoluto de su serie «Scout» la recomiendo sin dudarlo y espero que algún día se reedite en España al completo y como se merece.

Se agradecen artículos como éste en Zona Negativa, con una perspectiva mucho más panorámica, alejada de lo efímero de las novedades y de la última controversia del mundillo. Rescatar con una mirada crítica y poner en valor el trabajo de autores como Tim Truman (o el que dedicasteis a Jordi Longarón/Friday Foster) es siempre de agradecer y ayuda a entender y comprender mejor el comic que se crea y leemos hoy día.

Tim Truman es una de esas figuras que podría explicar gran parte de los cambios que el comic estadounidense y la industria han experimentado en los últimos 40 años y que han dado lugar al panorama actual. Desde sus comienzos en los juegos de rol, cartas y D&D tras licenciarse con la realeza del comic norteamericano (Joe Kubert) al boom del comic independiente y el mercado directo (antes de Image) con su estudio 4Winds y la editorial Eclipse Comics a su paso por DC que Enrique nos descubre aquí tan maravillosamente ilustrado, para recabar en su más de una década escribiendo Conan (y eclipsando a los mismísimos Roy Thomas/Buscema); sin dejar de lado sus proyectos más independientes como la continuación de Scout o sus proyectos más históricos a los que da salida mediante autoedición.

En definitiva, todo un lujo ver este tipo de artículos que nos traen joyas y autores que no siempre están bajo el foco de la novedad o la moda. Se agradecen también las fuentes y enlaces para ampliar la información sobre el autor y sus trabajos.

Queremos más artículos así y a SCOUT reeditado en español!

Fernando M. Romero
Fernando M. Romero
Lector
30 octubre, 2021 13:58

Y hablando de rescatar leyendas, algún día habría que hablar de Eclipse Comics y cómo Dean Mullaney montó esa editorial de ensueño a finales de los 70 que terminó haciéndole sombra a las propias Marvel y DC mucho antes de Image. En esa editorial publicaron Tim Truman (Scout), Alan Moore y Neil Gaiman (Miracleman), Chris Ware o Scott McCloud (Zot!), se tradujo y publicó por primera vez en EEUU el Corto Maltés de Hugo Pratt (que aquella isla del DKR de Frank Miller se llamara Corto Maltese no fue casualidad), se reeditó el Krazy Kat de Herriman, se publicaron tradujeron y publicaron los primeros manga en EEUU. Y mucho más!…

ALFONSO G. CUARTERO
ALFONSO G. CUARTERO
Lector
1 noviembre, 2021 8:47

Muy interesante el artículo. Tened cuidado con las faltas de ortografía: se “hecha” en falta la narrativa del maestro