Tenemos que hablar de Jon Kent y de Tim Drake
Jonathan Samuel Kent, hijo de Clark y Lois Lane. Superhijo, Superboy y Superman por derecho propio.
Un personaje al que se le ha cogido mucho cariño; resulta carismático como chaval y la química con Damian —aunque este fuese bastante anterior a él— terminó siendo innegable. Ver a Clark y Lois actuar como padres de verdad, sin cortapisas, protegiendo a su hijo y viviendo, en cierta forma, lo que Ma y Pa Kent experimentaron con el joven Clark, resultaba refrescante desde un prisma moderno, en una sociedad donde el héroe ya estaba plenamente establecido: era un enfoque más libre, más permisivo.
Algo que, en cierto modo, conecta con nuestra propia generación al mirar en retrospectiva la vida de nuestros padres.
Jon reflejaba todo eso con bastante acierto, además de contar con tebeos construidos con muy buen tino y con dibujantes de primer nivel, como el ahora laureado —y con razón— Jorge Jiménez o Jorge Corona sin olvidar a Patrick Gleason.
Pero, como suele ocurrir en los cómics, siempre hay un punto de no retorno, y en este caso fue la decisión de hacer a Jon adulto, rompiendo así esa dinámica con Damian como jóvenes héroes.
Y por mucho que a algunos les pese —aunque en el fondo también hay cierta resistencia anclada en ideas rancias sobre no crecer nunca, junto a actitudes homófobas que abordaremos más adelante—, lo cierto es que este crecimiento abre nuevas posibilidades.
La evolución de Jon permite también el crecimiento de Damian; ya no es un niño, sino un adolescente que roza la adultez, como se puede ver recientemente en las series de Batman y Robin de Phillip Kennedy Johnson y en sus inquietudes en torno al desarrollo personal, su futuro como hijo, adulto y héroe en distintas series.
Un proceso que recuerda, en cierta medida, al de Nightwing cuando decidió dejar atrás el manto de Robin, aunque aquí resulta incluso más interesante, ya que, al igual que Jon, carga con una figura que le oprime y ejerce una presión psicológica constante.
Son, al fin y al cabo, los herederos: los futuros Batman y Superman. No pueden fallar a esas figuras que, si bien son leyendas, también están rodeadas de un componente de misticismo y una idealización constante por parte del fandom. No se les permite retirarse —más allá, claro está, de la ingente cantidad de dinero que generan—.
Como sugiere el título, ahora también tenemos que hablar de Tim Drake, el tercer Robin, primer hijo de Bruce y héroe por elección propia, el más cercano en la faceta detectivesca y en esa vertiente más maniática y obsesiva de Bruce.
Tim nació décadas antes que Damian y Jon, pero le hemos ido viendo crecer hasta quedarse, como es comprensible, en una etapa intermedia entre la adultez y el estirón. Dependiendo del momento que leas, es un joven adolescente, un adulto funcional —psicótico— o alguien que ya ha alcanzado la mayoría de edad y ha terminado la universidad.
El porqué de hablar de Jon y de Tim, no siendo coetáneos en creación, es muy sencillo: ambos héroes se han quedado en un mismo lapso temporal de crecimiento, tanto físico como emocional y psicológico. Uno ha ido evolucionando según el signo de los tiempos —Tim— y el otro —Jon— es hijo de historias más recientes y el hombre del mañana por derecho propio.
Por esto que comento no es una casualidad, ni resulta descabellado que ambos personajes hayan sido presentados como bisexuales. -Un artículo que el compañero Jordi lo explica de manera sublime- Y no lo es porque no todas las personas tienen clara su sexualidad a lo largo de toda su vida; su descubrimiento puede darse más tarde o en situaciones inesperadas que nada hacían prever, ni siquiera para ellos mismos, esa apertura o libertad identitaria.
Así como ambos están conectados por todo lo que he comentado, resulta paradójico que Jon termine arrastrando una carga negativa y dramática en sus relaciones, mientras que Tim, siempre asociado a la oscuridad y la paranoia, haya conseguido justo lo contrario: incorporar una carga positiva en su vida tanto con su ex como con su actual pareja. Como nos mostró Meghan Fitzmartin en la serie inédita de Robin, viviendo su vida con su novio en el puerto mientras ejercía de Robin, una cotidianidad perfectamente integrada que visibilizaba y normalizaba las relaciones del colectivo.
El personaje que representa la luz, la esperanza y la inspiración lleva tiempo inmerso en un proceso traumático que va afectando progresivamente a su vida; mientras que el que encarnaba lo opuesto ha dado un volantazo y ha convertido esa cárcel en una puerta hacia la libertad mental, algo que se refleja tanto en su desarrollo en el ámbito sexual como en el superheroico.
Mientras que Jon necesita reafirmarse como superhéroe para poder avanzar, -como se ha visto en Superman Unlimited, de Dan Slott– construyendo un nombre propio que le valide como individuo —y no como una simple extensión de sus progenitores—, en definitiva, buscando su libertad, Tim ya no necesita esa validación.
Dos coetáneos, iguales y distintos entre sí. Tim ya transitó en parte su viaje de descubrimiento durante su etapa como Red Robin, y no ha sido hasta hace relativamente poco cuando ha terminado de redefinirse por completo como persona, al aceptarse a sí mismo y reconocer que desea, al menos por ahora, una vida normal.
No es solo una cuestión de legado o de capas, sino de identidad, de intimidad y de cómo incluso los mayores iconos necesitan romper con lo que se espera de ellos para poder existir de verdad. Porque, al final, entre vuelos, capas y símbolos, lo que subyace es algo mucho más humano: el derecho a definirse, a equivocarse, a amar sin molde y a construir una vida propia, aunque eso suponga salirse del guion. Y, en ese sentido, Jon y Tim no solo funcionan como reflejo generacional, sino como dos formas distintas —y profundamente válidas— de entender quién eres cuando, por fin, dejas de ser lo que otros esperan de ti.
Además, lo más importante de todo esto es la naturalidad y el realismo que imprimen estos personajes para los lectores. Gente del colectivo que ha crecido sin saber quién es o sin referentes claros, y que ahora puede verse reflejada en ellos, igual que en su día ocurrió con Los Jóvenes Vengadores. Esto es un paso adelante enorme, uno más en la buena dirección: sin cortapisas, mostrando lo que son, sin dobles sentidos como se hacía antiguamente.
Es importante porque permite entenderse, ayuda en cierta medida y facilita una transición hacia la propia sexualidad o el autodescubrimiento de forma más sana. Que no te veas, como lector, como algo que está mal o defectuoso, porque no lo eres. Lo que está mal es precisamente lo contrario: quienes no lo aceptan y lo rechazan porque rompe con una hegemonía que lleva demasiado tiempo sin cuestionarse. Igual que las personas evolucionamos, el lenguaje y las historias también lo hacen con nosotres.
Por eso portadas como las de Detective Comics, con Tim y su pareja Bernard en su día a día, son necesarias. Para señalar, para mostrar, para dar a esos jóvenes referentes reales dentro de la ficción: su vida, su derecho, su felicidad. Y lo mismo ocurre con iniciativas como DC Pride, con sus celebraciones, sus personajes —sean o no del colectivo— arropando, arropándonos. Marchas que en su origen acababan en violencia, y que aún hoy son utilizadas como arma por discursos conservadores, xenófobos o reaccionarios.
Pero no: es algo nuestro. Es nuestra semana, nuestro mes, y una forma de dejar constancia de que las siguientes generaciones pueden —y deben— vivir su vida en libertad, igual que lo han hecho siempre las personas heterosexuales, especialmente la masculina desde una posición históricamente dominante y opresora.


Que no nos silenciara, su tiempo ya pasó y cuanto mas nos golpeen mas fuertes nos levantaremos, siempre, contraatacaremos una y otra vez. Como harían sus -nuestros- heroes.
Y al final, de eso va todo esto.
De crecer, de equivocarse, de encontrarse y de poder hacerlo sin miedo. De entender que incluso los héroes más grandes no nacen sabiendo quiénes son, sino que se construyen poco a poco, igual que cualquiera. Jon y Tim, cada uno a su manera, representan ese camino. Uno todavía buscándose, el otro empezando a encontrarse, pero ambos avanzando.
Porque si algo demuestran sus historias es que no hay una única forma de ser, ni de amar, ni de encajar en el mundo. Y que, incluso cargando con capas, símbolos y legados imposibles, siempre hay espacio para algo tan sencillo —y tan importante— como ser uno mismo.
Y quizá ahí está lo verdaderamente esperanzador. Que las nuevas generaciones no solo van a tener héroes que salven el mundo, sino héroes que también les ayuden a entenderse a sí mismos y acabar con el miedo a ser diferentes cuando es lo que nos hace especiales, diversos y únicos.
ENLACES DE INTERÉS SOBRE EL TEMA
Historia editorial sobre Tim Drake . Por Carlos Gullón
















Jon tratado por Dan Slott me parece un retroceso muy grande respecto al de Tom Taylor.
Al igual que Tim Drake guionizado por Matt Fraction. Tim siempre ha sido el mejor Robin y hace décadas que ya no necesita de Batman, es hora de que vuele por su cuenta al igual que Dick.
Uno de los mejores puntos de la miniserie de los Seis Secretos fue su ruptura con su novio. Para mí lo peor de la época de Taylor. Nunca me gustó el personaje y encima periodista. Que le busquen otro novio!!!!!
Por cierto, el DC Pride de este mes muy bien por parte de Panini por ser en tapa blanda y a buen precio, por eso lo compré (los de ECC no compré ni uno), y muy mal por parte de DC por ser un tomo con historias tan sosas y aburridas en general.
Otra cosa, el impacto del Superman de Slott en el universo DC es mínimo de momento. Parece que las colecciones de Slott y Williamson son en universos diferentes, nadie diría que son contemporáneas.