Edición original: Detective Comics #583 – 584 USA (DC Comics, 1988)

Edición España: Varios

Guion: Alan Grant y John Wagner

Dibujo: Norm Breyfogle

Entintado: Kim DeMulder y Steve Mitchell

Color: Adrienne Roy

Traducción: VVAA

Formato: Varios

El nacimiento del Ventrílocuo

«¡Es Gatman!»

En los 80 Mike W. Barr estaba en su prime. Pero tan pronto subió al cielo de la modernidad con Camelot 3000 como su trabajo con Batman mostró costuras ante el talento del que se vio rodeado en la nueva DC. Tras su discutible Año Dos, guioniza un número con un recién llegado al dibujo y un par más con el británico Jim Baikie para despedirse definitivamente de Detective Comics.

El editor de las series del murciélago, Denny O’Neil, que había empezado con magnífico pie por medio del Año Uno de Miller y Mazzucchelli y el, en principio, delicioso experimento Camp de Barr y Davis, empieza a sufrir para encontrar substitutos de talento. Parece que, en Batman, Starlin y Aparo comienzan a pillarle el tono, pero qué hacer con Detective… Tras un interludio de Jo Duffy dedicado a Millenium, con aquel dibujante novato, decide arriesgar una vez más.

El novato era un tal Norm Breyfogle (Iowa City, 1960-2018), el cual se quedaría para acompañar a otro tipo de invasión británica. Pues los encargados de llevar las riendas de la clásica serie que da nombre a las siglas de la editorial serían unos rebeldes provenientes de las Islas. Alan Grant (Bristol, 1949-2022) y John Wagner (Pensilvania, 1949), los desvergonzados guionistas de otro vigilante, aunque mucho más irónico y despiadado, el Juez Dredd.

Sangre nueva y diferente al dibujo para el símbolo de la editorial, ideas transgresoras y modernas para el vetusto héroe. Un cóctel muy agitado que no podía haber resultado más sabroso. Y la prueba la tenemos en estos dos primeros números del trío, aparecidos en Detective Comics #583-584, entre febrero y marzo de 1988. A ver, a estas alturas no voy a esconder que se trata de mi Batman, pero eso no quita ni un ápice de la calidad que derrocha esta breve historia.

El talento de Breyfogle es abrumador incluso en aquella época. Quizá lo único que le quedaba por mostrar eran sus futuras composiciones de página en las que las líneas transversales y rectas crean una dinámica tan atractiva como funcional, aunque algo se adivina. Pero sus rostros expresivos, sus musculaciones tensas, sus recursos imaginativos (en estos dos números podemos destacar los efectos de la “fiebre” en sus víctimas), sus coreografías perfectas… todo está ahí.

Pero si lo del dibujante es de lujo, lo de los guionistas es de traca. O’Neil no podía haber acertado mejor, pues el dúo rebaja la flema típica de su país, pero no escatima en un realismo más actual. Batman se aleja de la heroicidad propia del mundo pijamero para enfrentarse a problemas palpables, ambientes marginales y enemigos y maleantes más propios de una comisaría de policía.

Sin embargo, eso podría saber a poco para un superhéroe al fin y al cabo, no hablamos simplemente de un vigilante ochentero que se toma la ley por su mano. Tranquilos, Grant y Wagner saben en qué tipo de cómic se encuentran y no escatiman en la locura y acidez necesarias para inventarse un villano a la altura, el primero de muchos. Los números de estreno sirven para presentarnos al Ventrílocuo y su maquiavélico alter ego, Scarface. Un añadido a una galería, ya de por si respetable y amplia, de la que no perdería protagonismo. Un trabajo bien hecho.

Porque este Arnold Wesker es presentado con los detalles justos como para llamar la atención de una afición exigente con los sosias de su héroe. Es cruel, mezquino e inmoral, tiene ese punto de locura tan necesario en el universo del Caballero Oscuro, una característica tan llamativa como disfuncional y, al igual que muchos de los mejores, proviene del mundo de la mafia más que del clan de los supervillanos.

Y como digo, todos estos detalles van apareciendo en la historia, no hacen faltas cartelas ni sobrexplicaciones innecesarias. Sus actos le definen y su marioneta gangosa le remata. Y el modus operandi, vendiendo una droga tan adictiva como destructiva, la fiebre, de una manera tan ilegal como inteligente (las casas blindadas, los planes mortuorios de contrabando…) reflejan la sociedad del momento mejor que cualquier otro villano de opereta.

Batman aparece como contrapunto fuerte, cuerdo, indignado ante esa falta de moralidad. Tiene recursos pero no es omnipotente, tiene que tirar de micrófonos, intimidaciones y sus puños. Aún no veremos su vida personal, a Bruce Wayne ni se le ve el pelo, pero ya habría tiempo para ello. Gordon tampoco se asoma, solo sus hombres, aunque pronto se convertiría en un coprotagonista más de las historias.

Gotham cobra su justa representación, aunque la idea de Breyfogle es mucho menos espectacular que la habitual (¿o actual?), enseñándonos barrios marginales en lugar de rascacielos. Grant y Wagner, por su parte, nos hacen intuir una ciudad, más que corrupta, cínica y hastiada de su intrínseco nivel de criminalidad. Una ciudad de pobreza, solares y unos pocos clubs en los que los ciudadanos deben convivir con los líderes mafiosos.

Este Batman es el que me gusta. Un personaje que abraza igualmente su género, sin renunciar a una pátina de suciedad. Unos personajes rocambolescos pero que no me resultan irreales, todo lo contrario. Una ciudad en la que de verdad temería perderme, y no por el decimoquinto aviso de envenenamiento o destrucción masiva, sino por terminar en los márgenes de la legalidad, por intuir que todo superhéroe es falible al fin y al cabo.

Estos números los ofreció por primera vez en España Ediciones Zinco, en Batman 27-28, y seguiría con prácticamente todo el resto de esta gloriosa etapa. A Breyfogle, tan esperpéntico a veces y a contracorriente de estilos más “agradables”, se le terminaría haciendo justicia y, gracias a él, disfrutaríamos de las ediciones de Planeta, Batman de Norm Breyfogle 1 y ECC, Grandes Autores de Batman: Norm Breyfogle 1. Y el Ventrílocuo se ganaría su lugar en el panteón de villanos, como demuestra otra edición de Planeta dedicada al mismo, Batman: Arkham 10.

Panini sigue trayéndonos DC Finest, no sería de extrañar que esta etapa también caiga en breve, pues su comienzo vendría después de ese tomo de Año Uno y Dos con los que la editorial estrenó su andadura de clásicos deceítas. Aquí tienen mi compra asegurada, por si se animan.

Lo mejor

  • Breyfogle
  • Un Batman más cercano a la marginalidad

Lo peor

  • La etapa merece su propia edición

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