Superman, el Hombre de Acero: Reyes de la Hechicería

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Quería recomendar este cómic, maldita sea

 

Contiene: Superman/Batman #81-84
Guión: Cullen Bunn
Dibujo: Chriscross
Formato: Rústica, 96 páginas
Precio: 8,95€

 

Tenía muchas ganas de echarle el guante a Reyes de la Hechicería. Tal vez por el hecho de que disfruto con las historias de trasfondo mágico (Liga de la Justicia Oscura es mi droga preferida ahora mismo, una serie sólida y recomendable), quizá porque está dibujado por Chriscross, que me trae buenos recuerdos de la etapa de Peter David en Capitán Marvel. En cualquier caso, me aproximé a ello sin expectativas pero con ganas, habiendo leído exactamente cero cómics de Cullen Bunn antes y con el deseo de encontrar una lectura —por lo menos— interesante. Por desgracia, no puedo recomendarlo. Y mira que me gustaría. Me encantaría cerrar el tomo y decir “aunque no es una maravilla, por X, Y y Z merece la pena hacerse con ello”. No. El único tipo de lector que, se me ocurre, podría disfrutar plenamente de este cómic es aquel que o no tiene prácticamente ninguna lectura a sus espaldas, o aquel que se conforma con la más básica de las historias de corte superheroico, con la magia como mero aderezo gráfico para añadir un dragón aquí, un glifo allí, un puñado de demonios por allá. Aunque leas Reyes de la Hechicería con la misma predisposición que yo, deja insatisfecho. ¿Por qué? Dejad que os lo desglose.

La premisa es la siguiente: después de un suceso sorprendente, Superman es arrastrado por un Batman de un futuro alternativo a dicho futuro, donde descubre un panorama desolado y ha de unirse a una Liga de la Justicia alternativa para cambiar la realidad y darle una oportunidad al planeta. ¿Te suena? Claro que te suena. Porque lo has leído cientos de veces. No es que la premisa no sea original: es que es un calco de otras historias y sigue paso por paso la manida y sobada historia de “cataclísmico futuro alternativo” que tanto se ha explotado no solo en DC, sino en esta misma colección. Algunas viñetas son réplicas prácticamente exactas de escenas similares, como cuando Superman conoce a la Liga de la Justicia de ese mundo. Lo previsible infecta hasta la estructura de la historia: la presentación del desolado futuro, el descubrimiento del héroe confundido de cómo funcionan sus poderes en este nuevo mundo, la presentación del último reducto de héroes, el plan desesperado, la carga heroica, el fin. Nada, absolutamente nada en este arco argumental sorprende, choca o estimula.

De ahí mi comentario acerca de quién puede disfrutar este cómic: el haber leído dos historias de este tipo convierte a Reyes de la Hechicería en un bingo de los tópicos, en una predecible sucesión de escenas carentes de interés. Sabes que Superman sacará fuerzas de flaqueza en el último instante. Sabes que habrá bajas por el camino, bajas que no te importan —hablando en plata— un carajo, porque son personajes que acabas de conocer en ocasiones hace unas pocas páginas y porque se trata de una realidad alternativa, de modo que nada tiene una consecuencia. Y aunque que el bando de los buenos va a triunfar, siempre queda la esperanza de que lo hagan con ingenio, cosa que no ocurre: el uso de la magia es tan importante que llega a primar sobre el uso de la inteligencia. Parece que, como las fuerzas que se manejan en esta historia carecen de lógica, quienes las esgrimen tienen que padecer la misma tara. Pues vale.

Hay problemas más graves, y es que ni siquiera esas escenas previsibles se resuelven de forma satisfactoria. El ejemplo más sangrante: en dicho futuro alternativo, nuestro puñado de héroes se encuentra con la versión de un personaje que viene a ser el tío más duro a este lado del Mississippi, que despacha a uno de los personajes (no nos importa) con pasmosa facilidad. Tendrá lugar una pelea asombrosa, dramática, violenta y cuya conclusión no podemos ver venir hasta el último movimiento, ¿verdad? No. Claro que no. Lo que ocurre es que uno de los personajes se separa del grupo, ataca a dicho personaje superpoderoso y grita: “marchaos sin mí, que yo me ocupo, ¡no dejéis que mi sacrificio sea en vano!”. Además de lo tópico de la escena, lo peor viene cuando pasas la página… y ves al grupo volando a su objetivo, habiendo olvidado a su camarada caído todavía más rápido que el lector. ¿Y la resolución de la pelea? No aparece.

“Pero Alberto, estúpido receptor de mal disimuladas miradas de deseo”, dirá alguien, “eso también pasó en obras cumbre como El Señor de los Anillos, cuando Gandalf es arrastrado por el Balrog; ahí tampoco vemos cómo concluye la pelea y es una gran escena”. Las diferencias son abismales, me temo. En primer lugar, nos preocupamos por Gandalf. Nos interesa. Es un personaje al que conocemos, del que hemos aprendido, al que hemos otorgado una voz, y pese a tratarse de un personaje simple, nos interesa su misión. Nos preocupa que siga vivo. Los personajes que pueblan estas páginas no nos interesan porque su presentación es apresurada, su desarrollo es nulo, su personalidad es plana, su trasfondo es simple y su contribución a la trama, escasa. Son cifras. Atrezo. Por otra parte, el lector sabe que tiene que motivos para temer al Balrog. Hay una cosa que se llama foreshadowing, o anticipación, que consiste precisamente en eso, en crear anticipación ante algo que va a ocurrir, o dar pistas de lo que va a suceder más adelante en la trama. Cuando la Compañía entra en Moria y empiezan a susurrarse historias de enanos que cavaron demasiado hondo y con demasiada avaricia y despertaron algo que no debería haber despertado, nos asustamos. Tememos la aparición de ese “algo”. Y cuando finalmente entra a escena y demuestra que es tan cañero como dice la leyenda, nos preocupamos por el destino de personajes hacia los que hemos desarrollado una cierta empatía.

Eso aquí no ocurre, por supuesto. En este caso el villano superpoderoso aparece de la nada, como la jarra de Kool-Aid, se carga a Cifra 1, Cifra 2 carga contra él y suelta su insípida versión del “corred, insensatos”. ¿Impacto emocional? Nulo. ¿Épica? Cero. Es solo una escena, pero pone de manifiesto con prístina claridad los problemas de Reyes de la Hechicería: que pone más énfasis en el condimento que en la carne. La estructura es pobre: ahora, secundarios irrelevantes con trajes chulos que no falten. La caracterización es débil hasta el punto de que apenas sabemos nada de uno de los protagonistas: pero que no me quiten la versión chula de los gadgets de Batman. Los personajes no nos interesan, el desarrollo de la historia es previsible secuencia a secuencia y para tratarse de una historia sobre magia la imaginación brilla por su ausencia: eso sí, hagan sitio para el momento “¿qué pasó con Lois?”, obligatorio siempre que Superman viaja a una realidad alternativa. Superman, has viajado a realidades alternativas en suficientes ocasiones como para saber que Lois o está muerta, o desaparecida, o convertida en algo horrible, pero si mueves el superculo estás a tiempo de impedirlo.

Ni siquiera los secundarios sobre los que ya hay algo de trasfondo son dignos de mención. El Pactosombra es mediocre y Diablo Azul solo destaca sobre los demás porque los demás son más planos que un folio. La interacción entre el Detective Chimpancé y Batman tiene un par, y soy generoso, de líneas buenas, de escenas divertidas en las que el potencial de juntar a dos personajes tan parecidos y tan distintos da algún fruto. Klarion, que sin ser la complejidad encarnada sí es un personaje con más de una dimensión, queda aquí reducido a gótico histriónico (moverse por según qué ambientes reduce, y mucho, tu tolerancia a este perfil) al que dan ganas de abofetear. De los personajes nuevos ni hablamos. Algunos están tan pobremente definidos que dos ejemplares después de que aparezcan (en un arco argumental de cuatro números), aún no tenemos idea de quiénes son, de qué les motiva, de cuál es su historia, de qué aportan exactamente a la trama. Decepcionante.

La acción es lo esperable en esta historia: la magia es un elemento volátil, por lo que vale casi todo… y al final se materializa en héroes lanzando rayos a demonios. Con deus ex machina al final, como no podía ser de otro modo. Podría extenderme en este punto, en el potencial desperdiciado, pero a estas alturas ya sería ensañamiento. Basta decir que no vas a encontrar en este cómic nada que no hayas encontrado ya es prácticamente cualquier otra historia que tenga magia de por medio. La nota positiva la pone Batman y cómo se desenvuelve en el mundo mágico, con una mezcla de frialdad, desprecio hacia quienes la utilizan a un nivel bajo y callado respeto hacia sus manifestación más poderosas. La contrapartida es que el pobre papel de Superman queda tocado por la inevitable comparación, de modo que cuando se acaban las escenas de Batman y tocan las de Superman la reacción es de “oh, joder” en vez de “me pregunto qué pasará en esta parte de la historia”.

El dibujo de Chrischross está muy bien: sus diseños son chulos, la acción es intensa y su estilo con un toque exagerado funciona bien en una historia de estas características, en las que la estética tiene tanta importancia (o más bien sobre la que recae toda la importancia, en vista de que el guion no está dispuesto a poner de su parte). Algunos fondos, como Gotham, son efectivos pese a su simpleza y los diseños de personajes son uno de los elementos a destacar. Los diseños de los monstruos pasan un poco más desapercibidos, ya que por un lado son muchos (apenas destaca algún monstruo sobre los demás) y por otro opta por darles la imagen genérica, entre demoniaca y serpentina, por la que optan la mayoría de dibujantes.

Quería recomendar Reyes de la Hechicería y no puedo. No puedo porque no ofrece nada nuevo, porque sin llegar a ser aburrido no pasa de ser un calco de otras historias, una repetición que repite la fórmula de un modo tan fiel que parece asustada de salirse de ella, de hacer algo novedoso y sorprendente. Una historia de tipo fantástico debería ser algo más que transformar levemente algunos elementos del Universo DC, cambiarlos en lo estético e incluir algunos secundarios sin gracia.

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Rasputin33
Rasputin33
Lector
28 septiembre, 2013 11:11

Pero si las novedades de ECC de Octubre no salen a la venta hasta el martes próximo día 1.

Fábula del Mundo
Fábula del Mundo
Lector
28 septiembre, 2013 22:49

Entiendo, tras leer el texto que la obra no es recomendable.
Aún así, me parece que la reseña es bastante mejorable. Tal vez sea que esté hecha con demasiada prisa pero un estilo tan tosco no me resulta agradable.

Tronak el Karbaro
Tronak el Karbaro
Lector
29 septiembre, 2013 18:14

Muchas gracias por la reseña. Muy útil para ahorrar pasta.