
LIAM SHARP NOS SUEÑA SU OBRA MAGNA
Reconozco que no tenía muy en el radar a Liam Sharp hasta que me asomé a su versión de Linterna Verde junto a Grant Morrison. Lo que vi en ese momento me gustó, y mucho. No tanto por el resultado final ni por algún elemento particular de la trama, sino más bien por un estilo de narración gráfica cuya distintiva personalidad logró atraparme. A partir de ahí, me he asomado a otros trabajos suyos, entre los cuales estoy seguro de que no siempre he elegido lo más exquisito (véase su etapa en Hulk), pero que hasta ahora siempre me han ofrecido «un algo» a lo que me gusta volver. Por eso mismo, no podía dejar pasar el lanzamiento de Starhenge.
Starhenge es una obra muy especial en la carrera de Liam Sharp porque en ella ejerce como autor completo. Su faceta de dibujante es conocida por todos, pero sus trabajos como escritor se limitaban a unos pocos proyectos como coguionista y la serie de DC The Brave and the Bold: Batman and Wonder Woman (2018), donde sí toma los mandos del guion en su totalidad.
¿Y de qué decide hablarnos el autor británico cuando dispone de total libertad creativa para contar su historia independiente? Del mito artúrico, cómo no. Cosas de británicos.
Sin embargo, este nuevo discurso artúrico no quiere limitarse a ser la enésima reinterpretación genérica, sino que hace todo lo posible por diferenciarse, por hacer brillar su personalidad y por crear algo interesante, algo fresco de verdad sobre una de las historias más manoseadas del mundo.
MAGIA FICCIÓN A TRAVÉS DEL TIEMPO
Starhenge parte de la ciencia ficción. ¿O magia ficción? Bueno, un poco de todo. Empezamos la historia en el futuro. La humanidad ha logrado saltarse los límites de Einsten y comienza su conquista de las estrellas. Solo hay un problemilla: al visitar uno de los exoplanetas del cosmos, despiertan por accidente a una superinteligencia artificial de lo más sádica que se pone como objetivo acabar con la raza humana. ¡Que no hay que fiarse del ChatGPT!
Vale, entonces qué: ¿tenemos una versión del mito artúrico en un escenario de ciencia ficción? ¿Un rey (reina en este caso) y su hijo, destinado a unificar y hacer brillar un pueblo sobre los pasos de su predecesor… pero mezclado con un poquito de Terminator? Pues no, ni mucho menos.
Porque entonces pasamos al presente. Nos habla Amber, desde su diario. Nos cuenta lo mucho que quiere a su novio. También le gustan mucho los cómics y la brujería. Sus padres murieron cuando era más pequeña. Aunque no pasa nada, porque según un ritual del que ha oído hablar puede traerlos de vuelta desde la tumba para hablar con ellos. A su novio todo esto le da un pelín de mal rollete, pero tampoco se queja mucho porque en el fondo tiene su morbo.
¡Y entonces vamos al pasado! Siglo V d. C. Las Islas Británicas sufren las consecuencias del declive del Imperio Romano. Guerras, invasiones, inestabilidad y bandos por todas partes. ¡Aquí debe de ser! ¡Al fin nos vamos a meter en plena faena artúrica!
Pues no. Otra vez volvemos al futuro. Y otra vez volvemos al pasado. Los saltos se suceden sin parar en una narrativa entrelazada con sumo cuidado para no parecerse a unos espaguetis sin aceite. Una guerra interplanetaria, intertemporal y hasta interdimensional se desenvuelve ante nuestros ojos. Qué solemne suena, ¿no? ¡Y mira todo ese texto! Da la impresión como de ladrillo de los que vienen bien para descansar los ojos un ratito después de comer.
De nuevo, nada que ver con la realidad. ¿Os acordáis de Amber? Sí, la de hace tres párrafos. La chunguilla de los padres muertos. Pues resulta que su diario no aparece de forma esporádica, sino que sirve como narración que nos guía a través de toda la historia, en pasado, presente y futuro. Y, como no podría ser de otro modo, Amber se expresa de la manera que se podría esperar de una joven con su personalidad: nos narra el destino del mismísimo universo como quien cuenta sus dramas de instituto. Con emoticonos y todo. 😉
El propio Liam Sharp reconoce en unos posfacios que Amber es el aceite que necesitaban sus espaguetis (bueno, no con esas palabras, pero se entiende). El artista admite que, sin ella, todo esto habría sido una metralleta de exposición difícil de digerir. “¡Yo sé que siempre se dice eso de mostrar y no contar, pero es que a mí me gustan las dos, mostrar y contar!”, confiesa (¡Ya, tampoco lo dice así, pero casi!). En efecto, Starhenge es un cómic que tiende hacia la novela ilustrada. ¿Significa esto que es menos cómic? Ni mucho menos. Pocos cómics hay más comic que este cómic. (Tose*). Perdón. A veces me dejo poseer por Rajoy.
El caso es que la historia de Starhenge resulta impresionante por ambición y profundidad, pero también por un apartado artístico casi sobrecogedor. Abrir cada página es como enfrentarse a un mundo de posibilidades difusas. Hay tanto espectáculo que te cuesta decidir a dónde mirar. Por si fuera poco, el estilo casi renacentista del principio (y de la portada) se intercambia sin descanso con una lista larguísima de otros estilos y recursos; una deliciosa montaña rusa visual. Tenemos collage, fotografía, fotorrealismo, estilo cartoon o hasta escenas que emulan el aspecto del cómic más clásico. Las páginas son densas en texto, sí; al igual que en puro lenguaje del cómic.
UNA AUTÉNTICA OSADÍA
Lejos de ser una lectura intimidante, densa, expositiva o solemne hasta el exceso, Starhenge ofrece una de las experiencias lectoras que más he disfrutado este año. Todo texto es poco cuando recorre los contornos de unas ilustraciones tan gloriosas. Toda exposición es leve cuando la conducen las palabras de Ambar. Toda solemnidad es merecida cuando se intercala con escenas que la arraigan a la humanidad más elemental con tanta gracia narrativa.
El proyecto independiente y solitario de Liam Sharp es una auténtica osadía, una despiadada trampa que ponerse a sí mismo como artista con poca experiencia en proyectos de tal naturaleza y magnitud. Como en el propio mundo de su historia, estamos ante una comunión de ciencia y magia creativa de alto potencial catastrófico.
Y, a pesar de todo, son estas mismas razones las que hacen de ella una espectacular epopeya mitológica e intertemporal, digna de saborearse con detenimiento a cada página. Ya me gustaría estar en su mundo para viajar en el tiempo hasta el lanzamiento de la próxima entrega. ¡Cómo termina esta primera parte! ¡Toma cliffhanger!
(Porque sí, Starhenge será una serie, por no decir una saga, que además se antoja bastante extensa. En el mercado norteamericano ya se ha publicado un spin-off titulado Ore: A Starhenge Graphic Novella… ¡Tenemos Liam Sharp para rato!).
Guion - 8.5
Dibujo - 9.5
Interés - 9
9
Liam Sharp se pone el traje de autor completo para regalarnos una espectacular epopeya de fantasía y ciencia ficción. Una derivación del mito artúrico contada en forma de diario adolescente a lo largo de tres líneas temporales; con un dibujo que quita el hipo por variedad y virtuosismo.

















Tiene muy buena pinta. Una cosa no me ha quedado clara, Alfonso, es una historia autoconclusiva o es una serie abierta? Comentas que habrá una próxima entrega, pero no sé si ya tiene un final previsto o no.
¡Hola, Xlin! Gracias por el comentario. Tienes razón al señalar que no queda del todo claro. He actualizado la entrada con un poco de información extra sobre el tema al final.
En todo caso, te respondo directamente: sí, Starhenge será una serie. De hecho, en el mercado norteamericano ya se ha publicado hasta un spin-off (Ore: A Starhenge Graphic Novella). El segundo tomo lo confirmó el propio Liam Sharp en un mensaje a través de Twitter: https://x.com/LiamRSharp/status/1602352318686515200?s=20
Además, dada la ambición del universo que presenta y la «parsimonia» con la que está avanzando la trama, no me extrañaría que la historia se alargase durante más de tres y cuatro tomos.
Este primer volumen, en efecto, termina con un cliffhanger de aúpa, por lo que no sería una historia autoconclusiva.
¡Espero haber respondido a tu pregunta! ¡Un saludo!
Muchas gracias Alfonso! Por la respuesta y por el artículo.
Pues no me queda otra que estar atento 😉
Tiene buena pinta si. Lo hojearemos a ver.
¡Dale! ¡Ya nos cuentas qué tal si le echas un ojo!