TITULARES

• Doctor Muerte: ¿el mayor villano de Marvel Comics?
• Creación, origen y nacimiento de una leyenda
• Un paseo por la vida de El Doctor Muerte
• Un icono eterno de Marvel
• El hombre de la máscara de hierro
• Guía de lectura de Doctor Muerte: los cómics imprescindibles

Doctor Muerte: ¿el mayor villano de Marvel Comics?

Dentro del amplísimo abanico de grandes villanos de la historia del cómic, pocos nombres despiertan tanto interés como El Doctor Muerte. No ha sido necesario que sea el antagonista de la nueva fase del UCM (ya no se ni en cuál estamos) para ponerle luz. A diferencia de otros antagonistas cuyo único objetivo es destruir al héroe de turno, Víctor Von Doom representa mucho más.

También ha protagonizado historias donde demuestra ser un héroe inesperado, un gobernante eficaz e incluso su villanía se ha difuminado en determinados momentos. En su mente, todas sus acciones tienen un propósito superior. Su inmenso ego le impide aceptar cualquier fracaso, y su obsesión por demostrar que es superior a Reed Richards es el motor que le lleva hacia cotas tan increíbles como remodelar el universo.

Muerte

Stan Lee y Jack Kirby estaban redefiniendo el concepto de superhéroe gracias al éxito de Los Cuatro Fantásticos, una colección que apostaba por personajes con defectos, problemas familiares y resultaban interesantes, pero ninguno poseía el carisma suficiente para convertirse en una amenaza.

Ambos recurrieron a Victor Von Doom, un misterioso gobernante europeo oculto bajo una armadura metálica y una capa verde que rápidamente destacó por ser diferente a cualquier otro enemigo publicado hasta la fecha. Para empezar su manera de gobernar Latveria mediante una mezcla de disciplina, orden absoluto y control tecnológico nos dejaba cuanto menos sorprendidos.

Victor Von Doom pasó de ser un enemigo recurrente de Los Cuatro Fantásticos a convertirse en una figura imprescindible dentro del Universo Marvel. Su presencia trascendió las páginas de una sola colección para influir en grandes eventos editoriales. No es simplemente un hombre con una armadura, ni un dictador con ansias de conquista. Es un individuo convencido de que la historia acabará definiéndole como un salvador, un líder, un revolucionario.

Creación, origen y nacimiento de una leyenda

Cuando se habla de los grandes villanos de la historia del cómic, pocos nombres despiertan tanto respeto como el de El Doctor Muerte (Doctor Doom en su versión original). A diferencia de otros antagonistas cuyo único objetivo es destruir al héroe de turno, Víctor Von Doom representa una idea mucho más compleja: la del hombre convencido de que el mundo sería un lugar mejor si él estuviera al mando.

Genio científico, hechicero, monarca absoluto de Latveria y uno de los personajes más carismáticos jamás creados por Marvel Comics, El Doctor Muerte no ha perdido ni un ápice de su relevancia. Ha sido enemigo de Los Cuatro Fantásticos, Lo Vengadores, La Patrulla-X, Spiderman, Doctor Extraño e incluso de entidades cósmicas. Pero también ha protagonizado historias donde demuestra ser un héroe inesperado, un gobernante eficaz e incluso un salvador del universo.

Su grandeza reside precisamente en esa dualidad. Él no se considera un villano; en su mente, todas sus acciones tienen un propósito superior.

A comienzos de los años sesenta, Marvel vivía una revolución creativa. Stan Lee y Jack Kirby estaban redefiniendo el concepto de superhéroe gracias al éxito de Los Cuatro Fantásticos. Sin embargo, hacía falta un enemigo capaz de estar a la altura de aquel equipo. Los primeros villanos de la serie resultaban interesantes, pero ninguno poseía el carisma suficiente para convertirse en una amenaza recurrente. Marvel necesitaba un antagonista que pudiera regresar una y otra vez sin perder credibilidad. La respuesta llegó en 1962.

En Fantastic Four vol. 1 #5, Stan Lee y Jack Kirby presentaron por primera vez a Victor Von Doom, un misterioso gobernante europeo oculto bajo una armadura metálica y una capa verde que rápidamente destacó por ser diferente a cualquier otro enemigo publicado hasta entonces.

Su historia se amplió hasta convertirse en un relato de origen completo y detallado en Fantastic Four Annual vol.1 #2. Desde entonces, diversas historias han enriquecido el relato a lo largo de los años. Por ejemplo, en Marvel Superheroes vol.1 #20 introdujo a Valeria, amiga de la infancia y primer amor de Víctor, y Astonishing Tales vol.1 #8 reveló su búsqueda para salvar el alma de su madre. John Byrne actualizó el origen para la década de los 80 en Fantastic Four vol. 1 #278, y la novela gráfica Triumph and Torment (1989) puso fin a la historia de la madre de Víctor. La versión más reciente de su origen es la miniserie de Books of Doom (2006), escrita por Ed Brubaker; se trata de un relato moderno y mucho más extenso, compuesto por seis números.

Uno de los factores clave del éxito inicial de Marvel fue que, tanto Stan Lee como Jack Kirby combinaban a la perfección realidad y fantasía, especialmente cuando leemos historias de superhéroes en una versión reconocible y realista de Manhattan. Con Lavteria y El Doctor Muerte parecen intentar algo parecido, al trasladar la acción a una versión de Europa del Este.

Sin embargo, los habitantes de Latveria se asemejan más a personajes de películas de Hollywood ambientadas en una «vieja Europa» y nada que ver con ciudadanos contemporáneos. Esta concepción confusa de Europa del Este podría explicarse si tenemos en cuenta los antecedentes de ambos autores. Ambos pasaron gran parte de su juventud en salas de cine, absorbiendo la visión de Europa que ofrecía Hollywood, y eran hijos de inmigrantes judíos de primera generación que habían huido a Estados Unidos. Los Kurzberg (el apellido real de Kirby) procedían de Austria, y los Leiber, de Rumanía. Es posible, incluso, que parte del origen del villano tenga sus raíces en una leyenda familiar de los Kurzberg. Kirby afirmaba que «mi padre había insultado a un miembro de la aristocracia alemana. Sabía que lo matarían, así que decidió emigrar». El padre de Víctor, médico de profesión, es secuestrado por la policía secreta de Latveria para atender a la esposa del gobernante hereditario, el Barón. Cuando la esposa del Barón fallece, los Von Doom se ven obligados a huir; el padre de Victor muere a causa de la exposición a la intemperie mientras intenta poner a salvo a su hijo.

Pero volvamos a las motivaciones del villano. Mientras la mayoría de villanos perseguían dinero o venganza, Doctor Muerte tenía ambiciones mucho mayores. Quería gobernarlo todo. Y estaba convencido de que era la única persona capaz de hacerlo correctamente.

Si bien Stan Lee aportó la personalidad, el carácter teatral y la manera de expresarse del personaje, el diseño de El Rey fue fundamental, encajando a las mil maravillas con esa personalidad tan marcada.

Una armadura medieval mezclada con tecnología futurista. Una máscara inexpresiva. Una capa digna de un emperador. Una presencia intimidante incluso cuando permanecía completamente inmóvil. En definitiva, Jack Kirby comprendía perfectamente el poder del lenguaje visual. El Doctor Muerte apenas necesitaba hablar para transmitir autoridad. Cada viñeta donde aparecía imponía respeto.

Un paseo por la vida de El Doctor Muerte

A continuación, os facilito retazos del diario de El Doctor Muerte, anotaciones de Reed Richards y algún que otro documento más que encontré en mis investigaciones acerca de este gran villano. No tengo todo lo escrito por Víctor porque su historia es larga, pero he incluido aquello que me ha parecido relevante. La investigación de campo es difícil. Debo dar las gracias a Robbie Roberston y Phil Urich que me han ayudado bastante. Susan Storm también ha sido muy amable y pude hablar incluso con ella. Lamentablemente a lo que me puse a escribir este artículo El Doctor Muerte está desaparecido, sin embargo, rescato una entrevista que le hice en su momento en el Salón del Cómic de Zaragoza.

Diario del Doctor Muerte
Capítulo I: El nacimiento de un destino

Dicen que el hombre es el resultado de las decisiones que toma a lo largo de su vida. Es una mentira que solo sirve para consolar a quienes nunca han sentido el peso del destino sobre sus hombros. Yo nací condenado mucho antes de aprender a pronunciar mi propio nombre. Antes incluso de comprender el significado del dolor, este ya había elegido convertirse en mi compañero inseparable.

Vine al mundo en un humilde campamento gitano situado a las afueras de Hassenstadt, en Latveria, una tierra donde la pobreza y el miedo eran tan habituales como el frío que descendía de las montañas.

Mi padre, Werner von Doom, era un curandero respetado por los más humildes y despreciado por quienes ostentaban el poder. Mi madre, Cynthia, poseía un conocimiento mucho más antiguo y peligroso; la magia. No era una simple hechicera, sino una mujer dispuesta a desafiar cualquier límite con tal de proteger a su pueblo de la crueldad de los gobernantes. Su valentía fue su condena.

Mi madre desesperada selló un pacto con Mefisto, creyendo que podría utilizar el poder del demonio para liberar a nuestro pueblo del sufrimiento. Ningún mortal comprende realmente el precio de un trato semejante. Mi madre lo descubrió demasiado tarde. Como consecuencia de semejante engaño murió, pero lo peor fue el destino de su alma, condenada a permanecer cautiva en el infierno. Aquella tragedia marcaría el resto de mi existencia. Desde entonces comprendí que toda mi vida estaría dedicada a una única misión; rescatar mi madre de las garras de Mefisto.

Mi padre hizo cuanto estuvo en su mano para protegerme. Poco después de la muerte de mi madre fue llamado para atender a una noble gravemente enferma. Sabía que no podía salvarla, pero negarse significaba firmar su sentencia de muerte. Sin embargo, la mujer falleció, lo cual supuso que la ira de los gobernantes cayó sobre él. No tuvo más elección que huir durante una terrible noche de invierno.

Aún recuerdo el viento helado cortando mi piel como si fueran cuchillas y la nieve cubriendo lentamente el camino que dejábamos atrás. Mi padre utilizó las últimas fuerzas que le quedaban para mantenerme con vida. Él sucumbió al frío antes del amanecer. Yo sobreviví. Esa noche trágica fue el momento exacto en que nació el hombre que el mundo conocería como El Doctor Muerte.

Huérfano y completamente solo, comprendí que jamás volvería a confiar mi destino a la compasión de otros. La debilidad era un lujo que no podía permitirme. Mientras otros muchachos jugaban, yo estudié sin descanso. Los libros de medicina de mi padre convivían con los antiguos grimorios de mi madre. Ciencia y magia dejaron de ser para mí disciplinas enfrentadas; eran simplemente dos caminos distintos hacia una misma verdad. Si deseaba liberar el alma de mi madre, tendría que dominar ambos.

Durante aquellos años también conocí a una joven llamada Valeria Von Frazen. Su inteligencia y serenidad despertaron en mí sentimientos que jamás había experimentado. Llegué a creer que el afecto podía convertirse en un refugio frente a la obsesión que gobernaba mi vida. Sin embargo, Valeria nunca correspondió a mis sentimientos. En aquel momento interpreté su rechazo como una derrota personal. Con el paso del tiempo comprendí que simplemente era otra pérdida que añadir a una larga lista. El destino parecía empeñado en arrebatarme cualquier posibilidad de una existencia ordinaria.

Mi talento terminó llamando la atención de quienes dirigían las instituciones académicas más prestigiosas. Recibí una beca para estudiar en la Universidad Estatal de Hegeman, en Nueva York. Aquella invitación representaba la oportunidad de acceder a conocimientos imposibles de encontrar en Latveria, por lo que acepté sin vacilar.

Fue allí donde conocí a Reed Richards.

Desde el primer instante percibí que ambos éramos el reflejo que se veía en un espejo deformado. Poseíamos una inteligencia extraordinaria y una ambición científica muy por encima del resto de nuestros compañeros. Pasábamos interminables noches discutiendo sobre física, dimensiones desconocidas y teorías que dejaban perplejos incluso a los profesores más brillantes de la universidad. Muchos llegaron a afirmar que estaban frente a dos genios comparables con Einstein o Leonardo da Vinci. No comprendían que aquellas comparaciones pertenecían al pasado. Nosotros representábamos el futuro.

Sin embargo, donde otros veían admiración mutua, solo existía rivalidad. Reed Richards ocultaba su competitividad bajo una falsa apariencia de cordialidad. Siempre se le ha visto desde un ángulo de «buenismo» desproporcionado, pero en realidad es un monstruo.

El tiempo pasaba, y mientras Richards centraba todos sus esfuerzos en el diseño de una nave espacial, mi investigación perseguía un objetivo infinitamente más trascendente. Estaba construyendo una máquina capaz de proyectar el espíritu humano a otras dimensiones. No buscaba fama ni reconocimiento académico. Solo quería encontrar el camino hasta el reino de Mefisto para recuperar el alma de mi madre.

Reed examinó mi investigación y tuvo la osadía de revisar mis cálculos asegurando haber descubierto un error. Me advirtió repetidas veces de que la máquina era inestable y que su activación acabaría en desastre. Hoy muchos interpretan aquel episodio como un gesto de buena voluntad por su parte. Yo jamás lo vi así. Estaba convencido de que pretendía desacreditarme antes de que pudiera culminar un descubrimiento que eclipsaría cualquier logro suyo.

Ignoré sus advertencias. Activé el dispositivo. Durante unos breves segundos creí haber abierto una puerta hacia otra realidad. Después llegó la explosión. El laboratorio quedó reducido a un amasijo de metal retorcido y fuego. Mi rostro quedó marcado para siempre por las cicatrices que aún hoy oculto tras la máscara de acero. Pero el daño físico fue lo menos importante. La universidad decidió expulsarme por realizar experimentos considerados inmorales y peligrosos. Perdí mi lugar entre los académicos, mi reputación y cualquier posibilidad de seguir investigando por medios convencionales.

Abandoné Estados Unidos consumido por la humillación y la ira. Comencé entonces un largo viaje por el mundo en busca del conocimiento que las universidades eran incapaces de ofrecer. Atravesé continentes, estudié con sabios olvidados y aprendí secretos que ningún científico aceptaría jamás como reales. Finalmente llegué a un remoto monasterio tibetano donde un grupo de monjes aceptó instruirme. Allí dejé de ser simplemente Victor von Doom.

Con la ayuda de aquellos monjes construí una armadura que fusionaba los mayores avances tecnológicos con los conocimientos arcanos que había heredado de mi madre. No era únicamente una protección física; era el símbolo definitivo de mi transformación. La máscara ocultaba unas cicatrices que representaban el precio que todo hombre debe pagar cuando desafía los límites del conocimiento.

Regresé a Latveria convertido en alguien completamente distinto. El país seguía sometido a gobernantes incapaces, corruptos y crueles. No tardé en derrocarlos.

Me proclamé soberano de mi nación y dediqué todos sus recursos al progreso científico, tecnológico y militar. Bajo mi gobierno, Latveria dejó de ser una pequeña nación olvidada para convertirse en una potencia cuya influencia comenzó a extenderse mucho más allá de sus fronteras. El mundo interpretó aquel ascenso como el nacimiento de un tirano. ¡Ineptos e ignorantes, eso es el populacho que La mediocridad solo había sembrado caos y yo era la solución! Naturalmente, mi reinado me condujo una y otra vez hasta Reed Richards y sus dichosos Cuatro Fantásticos.

Mi primer enfrentamiento comenzó con el secuestro de Sue Storm, obligando al resto del grupo a utilizar una plataforma temporal diseñada por mí para recuperar las legendarias Piedras de Merlín. Aquella fue solo la primera de muchas partidas de ajedrez entre Richards y yo. Después intenté utilizar a Namor como aliado contra ellos, concebí un audaz intercambio de mentes con Mister Fantástico e incluso acabé atrapado en el mundo subatómico, donde transformé una realidad microscópica en un nuevo reino bajo mi dominio antes de ser derrotado con la ayuda de Ant-Man.

Los enfrentamientos continuaron sucediéndose. Los Cuatro Fantásticos llegaron incluso a engañarme mediante un elaborado truco hipnótico que me hizo creer que los había derrotado definitivamente. Cuando descubrí la verdad, mi ira no conoció límites. Viajé una vez más a Estados Unidos dispuesto a destruirlos, aunque incluso privados de sus poderes consiguieron frustrar mis planes gracias a la intervención de Daredevil un saltimbanqui de medio pelo que tuvo suerte.

Mi venganza alcanzó uno de sus momentos culminantes cuando reuní a numerosos supervillanos para atacar la boda de Reed Richards y Sue Storm. Sin embargo, ni siquiera aquella ofensiva bastó para acabar con ellos.

La ocasión más cercana a la victoria absoluta llegó cuando derroté a Silver Surfer y absorbí su Poder Cósmico junto con su tabla. Durante un breve instante me convertí en uno de los seres más poderosos de la Tierra. Derroté a Los Cuatro Fantásticos sin dificultad y contemplé un mundo dispuesto a doblegarse ante mi voluntad. Parecía que, por fin, todo aquello por lo que había luchado desde mi infancia estaba al alcance de mi mano. Pero incluso entonces Reed Richards encontró la forma de frustrar mi triunfo. Consiguió engañarme para que atravesara la barrera levantada por Galactus alrededor de la Tierra, provocando que el Poder Cósmico regresara a su legítimo propietario.

Fue otra derrota. Solo otra más. Porque un hombre como Victor von Doom no mide su existencia por las batallas perdidas, sino por la certeza inquebrantable de que, tarde o temprano, el universo terminará reconociendo que siempre tuvo un único soberano legítimo: Muerte.

El presente documento fue entregado por Susan Storm. En ese momento Reed estaba inmerso en alguna investigación. Me entregó incluso un documento donde me autorizaba a publicar este archivo en ZN.

Las Guerras Secretas: notas de Reed Richards, El poder de El Todopoderoso y las Secret Wars; Anotación 1984-0124

Es curioso. Hoy mientras estaba tomado un café en el Daily Grind me he visto en la necesidad de anotar y proceder luego al análisis de los datos de los que dispongo de lo que he denominado el “incidente Todopoderoso”.

El Todopoderoso, un ser prácticamente omnipotente procedente de una realidad ajena al multiverso, secuestró a los mayores héroes y villanos de la Tierra trasladándolos al planeta artificial conocido como Mundo Batalla.

Allí, anunció que concedería el deseo más profundo de quien lograse imponerse sobre los demás. Mientras los héroes intentaban sobrevivir, El Doctor Muerte comprendió inmediatamente que el verdadero premio no consistía en vencer a Los Vengadores o a Los Cuatro Fantásticos, sino en apropiarse del inmenso poder de esta omnipotente entidad.

Víctor se convirtió en el líder natural de los villanos, observando pacientemente el desarrollo del conflicto mientras preparaba su auténtico plan. Tras la derrota inicial de su bando consiguió escapar de su cautiverio y comenzó a construir una máquina capaz de absorber energía cósmica. Para ello utilizó el cuerpo de Klaw, convertido en una entidad de sonido viviente, como conductor de aquella inmensa cantidad de poder.

La mente de Víctor es asombrosa. Desde el punto de vista físico, cada fotón, posee una cantidad determinada de energía relacionada directamente con su frecuencia. Esto significa que un haz luminoso no es simplemente una sucesión de partículas que atraviesan el espacio: constituye un flujo organizado de energía electromagnética. Cuanto mayor sea la frecuencia de la radiación, mayor será la energía asociada a cada fotón. De este modo, el espectro electromagnético ofrece un enorme intervalo de posibilidades para transportar energía, desde las ondas de radio hasta los rayos gamma. Víctor siempre consigue elevar mi nivel de autoexigencia.

Siguiendo con mis anotaciones debo señalar que el primer objetivo de Muerte fue Galactus. Sabía que incluso El Devorador de Mundos era insignificante comparado con El Todopoderoso, pero también comprendía que necesitaba un paso intermedio antes de desafiar a una divinidad. Mediante su dispositivo consiguió drenar parte del poder de Galactus y utilizó esa energía para enfrentarse directamente al ser omnipotente. La batalla parecía perdida desde el principio. El Todopoderoso derrotó a El Doctor Muerte con aparente facilidad y, movido por una curiosidad casi científica, se acercó al cuerpo aparentemente inerte del monarca para estudiarlo. Fue precisamente ese instante de exceso de confianza el que Victor había previsto. Con un último esfuerzo activó un diminuto mecanismo oculto en su armadura. El dispositivo absorbió la energía de la poderosa entidad y se la transfirió, convirtiéndolo en la criatura más poderosa del universo conocido. Por primera vez, Victor von Doom había alcanzado aquello que había perseguido durante toda su existencia; era un dios.

La magnitud de aquel poder superaba cualquier comprensión humana. El poder era tan inmenso que ni siquiera podía permitirse dormir. Temía que un simple sueño, un pensamiento inconsciente o una emoción descontrolada bastaran para borrar toda la existencia. Sin embargo, El Todopoderoso logró sobrevivir refugiándose en el cuerpo energético de Klaw. Aprovechando la naturaleza caótica de este último, elaboró un plan basado no en la fuerza, sino en la psicología de Muerte. Sabía que el mayor enemigo del dictador latveriano siempre había sido él mismo: su orgullo.

Finalmente, Víctor dudó de su dominio sobre aquella energía infinita. Ese instante de vacilación fue suficiente para que El Todopoderoso recuperara el control de su poder. La divinidad reasumió su naturaleza original y derrotó definitivamente al hombre que había estado más cerca que nadie de arrebatarle la omnipotencia.
Una vez más, Víctor había rozado la divinidad solo para verla escapar entre sus dedos.

Sin embargo, la experiencia dejó una profunda huella en mi antiguo amigo. Haber sentido durante unos instantes lo que significaba ser omnipotente transformó para siempre su percepción del universo. Desde entonces, todos sus planes tendrían una única finalidad: recuperar aquel instante en el que había demostrado que incluso un dios podía caer ante la voluntad de El Doctor Muerte. Esta obsesión sería, de nuevo, el motor que llevaría a Víctor a convertirse en una nuevas Secret Wars en el Dios Emperador del universo (ver anotación 2015-056).

Diario del Doctor Muerte
CAPITULO XVII: Y los héroes cayeron

Cuando Onslaught apareció, todos los estúpidos santurrones de héroes hablaron de sacrificio, de esperanza y de la salvación del mundo. Palabras pequeñas para hombres pequeños. Yo vi algo diferente. Vi un poder nuevo. Una inteligencia nacida del odio capaz de trascender la carne. Una fuerza que podía alterar la realidad misma.
¿Cómo iba Muerte a permanecer impasible? Marché junto a Richards, Stark, los mutantes y Los Vengadores. Ellos creyeron que luchábamos por la humanidad. Pobres ingenuos. Yo luchaba porque ningún poder merece existir sin antes haber sido reclamado por quien sabe utilizarlo.

El combate fue caótico. Vi a Hulk desgarrar la armadura de Onslaught con una violencia casi primitiva. Vi cómo aquella criatura abandonaba su forma material para convertirse en una tormenta psiónica capaz de envolver el mundo entero. Vi a Thor lanzarse como un rayo contra lo imposible. Y, durante un instante, comprendí que incluso los dioses conocen el miedo. Nos arrojamos todos hacia aquella luz.

Después…

Silencio.

El universo entero pareció contener el aliento. Dicen que morimos. Qué palabra tan absurda. La muerte es una frontera para los hombres comunes. Yo hace mucho que dejé de pertenecer a esa especie.

Fue Franklin Richards quien nos rescató, creando una realidad diminuta, una prisión disfrazada de paraíso, la Contra-Tierra. Un universo de bolsillo concebido por la imaginación de un niño que, sin comprenderlo, poseía facultades dignas de un creador. Aquello despertó en mí una certeza. Si un niño podía construir un universo… ¿qué podría hacer El Doctor Muerte?

Cuando llegó el momento de regresar, los héroes celebraron el milagro. Yo contemplé la nave que atravesaba las barreras dimensionales y solo vi una herramienta. Intenté tomar su control. Sin embargo, el estúpido Dios del Trueno se puso en mi camino. Combatimos entre universos, suspendidos en un océano donde ni siquiera el tiempo sabía hacia dónde fluía. Durante unos instantes solo existieron el trueno, el acero y el vacío infinito.

Regresé a Contra-Tierra mucho después. Aquella creación imperfecta seguía esperando un soberano. La encontré desordenada, caótica, así que hice lo inevitable; la goberné.

Lamentablemente siempre existen quienes prefieren el caos a la perfección. Me derrocaron creyendo haber conquistado la libertad. Jamás comprenderán que la libertad sin inteligencia no es más que otra forma de esclavitud.

DIARIO DE VALERIA, Reflexiones sobre “mi tio”

Hay días que una recuerda sin haberlos vivido. Recuerdos que llegan como ecos prestados, como imágenes que alguien ha dejado cuidadosamente escondidas en el fondo de nuestra mente y que, de pronto, encuentran la forma de regresar.

Mi nacimiento es uno de ellos. Sé lo que ocurrió porque me lo contaron, porque he reconstruido los hechos tantas veces que ya no sé dónde termina la historia de mi familia y dónde comienza la mía.

Soy consciente de quién soy, y se quién es mi familia, lo cual supone que mi vida es un completo viaje a lo desconocido.

Hay algo que siempre he sentido como propio; nací en medio del miedo. Mi madre, Susan Richards, había vuelto a quedar embarazada después de una cadena de acontecimientos tan absurdos incluso para nuestra familia que resulta difícil explicarlos sin parecer que estoy inventando una mala novela de ciencia ficción. Aquel embarazo estaba ligado a Galactus, a su resurrección y a fuerzas que ningún ser humano debería tener que comprender. Y, como suele ocurrir con nosotros, lo imposible decidió cobrar un precio.

Mamá estaba en peligro. Su cuerpo no podía soportar lo que estaba ocurriendo y papá, no estaba allí. No era la primera vez que la ciencia de mi padre encontraba un límite, pero sí fue una de esas ocasiones en las que todos descubrimos que incluso el hombre más inteligente del mundo puede quedarse sin respuestas. Johnny fue quien decidió buscar una solución en el lugar más improbable. Fue a pedir ayuda a El Doctor Muerte. Todavía me resulta extraño pensar que mi vida comenzó con una deuda entre dos hombres que se habían odiado durante años.

Johnny conocía a Víctor lo suficiente para saber que jamás rechazaría una oportunidad así. No porque quisiera salvar a mamá, sino porque quería demostrar que podía hacer aquello en lo que Reed había fracasado. Victor necesitaba ganar, incluso cuando la victoria significaba salvar una vida. Y para hacerlo utilizó a Johnny.

La Zona Negativa había dejado una sobrecarga de energía en el cuerpo de mi tío, una especie de incendio invisible que le impedía apagar sus propios poderes sin ayuda tecnológica. El Doctor Muerte comprendió inmediatamente lo que podía hacer con aquella energía. La tomó. La canalizó. Y la hizo pasar a través de Johnny hasta mamá.

La energía de Johnny mantuvo viva a mi madre. Y así llegué yo; nací en medio de una tormenta, mientras mi familia esperaba que ocurriera un milagro y Víctor demostraba que, al menos aquella vez, podía conseguirlo. Después vino su precio. No pidió dinero. No pidió obediencia. No exigió que Reed reconociera su superioridad. Solo quiso una cosa, ponerme un nombre; Valeria. El nombre de una mujer que había amado y perdido mucho tiempo atrás.

Quizá mi familia debería haber desconfiado desde el principio de Víctor. La verdad es que entiendo su elección, y a veces, las decisiones que se toman vienen marcadas por el amor. Ese amor por mí trajo consecuencias inesperadas.

El ponerme como nombre Valeria, pareció ser simplemente una extraña concesión. Nadie sabía todavía que El Doctor Muerte no había terminado conmigo. Mi nacimiento no era el final de una historia, sino el comienzo de otra. Una historia que tenía que ver con magia, demonios y una promesa mucho más antigua de lo que yo podía comprender.
Unas entidades demoníacas llamadas Los Tres Hazareth habían ofrecido a Víctor algo que siempre había deseado; poder. Poder mágico suficiente para alcanzar el nivel que habría tenido si, en lugar de dedicar años a la ciencia, hubiese consagrado su vida a las artes místicas. Pero todo poder exige un precio y el precio que se puso fui yo. Mi nombre. Mi existencia.

Víctor me convirtió en una suerte de familia y, poco a poco, comenzó a utilizarme como parte de un ritual destinado a obtener poder. Para Víctor me convertí en una llave. Una llave hacia un poder que llevaba toda su vida persiguiendo. El Doctor ya no necesitaba únicamente su armadura, sus máquinas o su inteligencia. Tenía magia. Y no una magia menor. Tenía el poder que habría obtenido después de años de estudio, concentrado en él de golpe, sin disciplina, sin paciencia y sin límites morales.

Lo primero que hizo fue demostrar su poder. Franklin fue atrapado en el Infierno. El Doctor Extraño quedó inmovilizado. Los poderes de nuestra familia fueron neutralizados como si fueran juguetes. Mamá, Johnny y Ben fueron torturados. Y papá… papá fue abandonado en una biblioteca mágica. Víctor quería humillarlo. Le dejó delante de los libros, rodeado de conocimientos que no comprendía. Pero cometió un error. Papá encontró al ser astral de El Hechicero Supremo y consiguió liberarlo. Extraño enseñó a Reed de tal forma que mi padre aprendió lo suficiente para romper las trampas, liberar a nuestra familia y enfrentarse a Víctor en su propio terreno.

Finalmente consiguió engañarle y provocar que las entidades demoníacas que lo habían encumbrado se volvieran contra él. Los Tres Hazareth reclamaron lo que consideraban suyo y Victor fue arrastrado al Infierno. Así terminó aquella historia.

Mi nombre nació de un amor perdido. Mi familia tuvo que luchar contra un hombre que, de alguna manera, había convertido mi nacimiento en el principio de su propia ascensión.

Entrevista a El Doctor Muerte

JUANJO CARRASCON: Ante todo lo primero quería agradecerle su tiempo, y quería darle las gracias de parte de todo el equipo de ZN.

DOCTOR MUERTE: No hace falta tanta condescendencia, pero lo agradezco.

JUANJO CARRASCON: ¿Qué opina de Zaragoza?

DOCTOR MUERTE: Sinceramente tiene un clima extraño, a veces parece que ese viento que corre por aquí ha sido invocado por el mismísimo Thor.

JUANJO CARRASCON: ¿Con qué plato típico se quedaría usted?

DOCTOR MUERTE: Indudablemente con el Ternasco Aragonés. Impresionante. No le hago feo un buen plato de migas, pero lo tendría claro, siendo acompañado de un buen vino de Garnacha.

JUANJO CARRASCÓN: Bueno, yendo al grano, Doctor Muerte, quisiera comenzar por uno de los episodios más controvertidos de su historia: su relación con Wanda Maximoff durante la llamada Cruzada de los Niños. ¿Hasta qué punto estuvo implicado en la transformación de la Bruja Escarlata y en los acontecimientos que condujeron al Día M?

DOCTOR MUERTE: La pregunta parte de una premisa demasiado cómoda; que Wanda fue la única responsable de su poder y de las consecuencias de utilizarlo. No fue así. Ayudé a Wanda a incrementar su poder, sí. No negaré ese hecho. Pero comprender una fuerza no significa ser responsable de cada decisión que toma quien la utiliza.

JUANJO CARRASCÓN: Sin embargo, usted sabía perfectamente lo que podía ocurrir.

DOCTOR MUERTE: Naturalmente. Precisamente por eso estaba allí. Reed Richards habría dedicado años a estudiar el fenómeno antes de atreverse a tocarlo. Muerte no necesita años. Muerte comprende el problema y actúa. ¿Qué las consecuencias fueron catastróficas? Sí. ¿Qué el caos posterior superó incluso mis previsiones? También. Pero no confunda el riesgo con la incompetencia.

JUANJO CARRASCÓN: Cuando Los Jóvenes Vengadores encontraron a Wanda, ella había perdido sus recuerdos y estaba prometida con usted. ¿Era realmente amor lo que sentía por ella?

DOCTOR MUERTE: Esa pregunta es propia de un redactor de pacotilla como usted, no de un científico. El amor es una palabra que los débiles utilizan para justificar sus decisiones. Wanda y yo compartíamos algo mucho más importante; comprensión. Ella poseía un poder que nadie había conseguido dominar completamente. Yo poseía la voluntad necesaria para hacerlo. ¿Era una relación convencional? No. Pero tampoco pretendía serlo.

JUANJO CARRASCÓN: Después, cuando Wanda recuperó sus recuerdos y sus poderes, usted decidió robarle la Fuerza Vital.

DOCTOR MUERTE: «Robar» es una palabra vulgar. La transferí, hay una diferencia.

JUANJO CARRASCÓN: ¿Una diferencia moral?

DOCTOR MUERTE: La moral es un lujo para quienes carecen de capacidad para cambiar el mundo. Yo podía utilizar aquella fuerza para conseguir algo que nadie había logrado: eliminar el sufrimiento. Podía devolver la vida a los muertos. Podía reparar aquello que el universo había destruido. Podía ofrecer a cada hombre y cada mujer una existencia perfecta. Y solo pedí una cosa a cambio; que reconocieran mi autoridad.

JUANJO CARRASCÓN: Es decir, que el precio de acabar con el sufrimiento era convertir al planeta entero en una dictadura.

DOCTOR MUERTE: No. El precio era acabar con la estupidez de creer que millones de individuos pueden gobernarse a sí mismos sin destruir aquello que tienen. ¿Cuántas guerras se habrían evitado? ¿Cuántos niños habrían muerto? ¿Cuántas familias habrían sido destruidas? Yo ofrecí una solución. Los héroes prefirieron conservar sus principios.

JUANJO CARRASCÓN: Y por eso Los Jóvenes Vengadores, Los Vengadores y La Patrulla-X se enfrentaron a usted.

DOCTOR MUERTE: Porque tenían miedo. El miedo es la reacción natural del mediocre ante alguien que puede hacer aquello que ellos jamás conseguirán.

JUANJO CARRASCÓN: Pero sus nuevos poderes terminaron sobrecargándose.

DOCTOR MUERTE: Una sobrecarga no constituye una derrota. Constituye información.

JUANJO CARRASCÓN: ¿Eso es lo que se dijo a sí mismo cuando tuvo que huir?

DOCTOR MUERTE: Yo no huyo, señor Carrascón. Me retiro cuando el campo de batalla deja de ser conveniente.

JUANJO CARRASCÓN: Y, antes de desaparecer, asumió toda la responsabilidad por las acciones de Wanda.

DOCTOR MUERTE: Porque Wanda era una marioneta. Y porque solo Muerte era suficientemente poderoso como para provocar semejante caos. Si el mundo necesitaba un culpable, yo estaba dispuesto a concedérselo.

JUANJO CARRASCÓN: Después de aquello, terminó colaborando con La Fundación Futuro.

DOCTOR MUERTE: No «colaboré». Permití que La Fundación Futuro se beneficiara de mis conocimientos.

JUANJO CARRASCÓN: Reed Richards le pidió ayuda para recuperar la inteligencia que había perdido a manos de la Intelligencia. ¿Por qué aceptar?

DOCTOR MUERTE: Porque Reed había perdido algo que no podía permitirse perder. Y porque Johnny Storm había muerto. La muerte de la Antorcha Humana cambió ciertas circunstancias. No espere sentimentalismo. Yo simplemente comprendí que determinados objetivos podían alcanzarse mejor mediante una alianza temporal.

JUANJO CARRASCÓN: ¿Llegó a respetar a La Fundación Futuro?

DOCTOR MUERTE: Algunos de sus miembros eran inteligentes. Pero simples sombras de mi querida Valeria. Otros eran niños con demasiado acceso a tecnología. Pero incluso los niños pueden resultar útiles cuando poseen los recursos adecuados.

JUANJO CARRASCÓN: Durante aquella etapa apareció el llamado Puente, el dispositivo que permitía observar y viajar entre realidades alternativas. ¿Qué pensó al contemplar un multiverso lleno de versiones diferentes de Reed Richards?

DOCTOR MUERTE: Que el universo había cometido el mismo error demasiadas veces.

JUANJO CARRASCÓN: ¿Todos esos Reed eran iguales?

DOCTOR MUERTE: No. Algunos eran más inteligentes. Otros más arrogantes. Algunos habían salvado mundos. Otros los habían condenado. Pero todos compartían una enfermedad: creían que el conocimiento les daba derecho a decidir qué hacer con él.

JUANJO CARRASCÓN: Uno de esos Reed, Reed-Alpha, llegó incluso a liberarlo para combatir contra los Celestiales Locos.

DOCTOR MUERTE: Y allí cometió el error de muchos hombres inteligentes: creyó que Muerte aprovecharía una oportunidad para salvarse.

JUANJO CARRASCÓN: Pero usted se quedó.

DOCTOR MUERTE: Latveria estaba amenazada.

JUANJO CARRASCÓN: ¿Eso significa que ama Latveria?

DOCTOR MUERTE: Latveria es mía.

JUANJO CARRASCÓN: No es exactamente una respuesta.

DOCTOR MUERTE: Es la única respuesta necesaria.

JUANJO CARRASCÓN: Finalmente perdió aquella batalla contra los Celestiales Locos y todos creyeron que había muerto.

DOCTOR MUERTE: Todos menos yo.

JUANJO CARRASCÓN: ¿Sabía que sobreviviría?

DOCTOR MUERTE: No.

JUANJO CARRASCÓN: ¿Entonces?

DOCTOR MUERTE: Sobreviví. Existe una diferencia entre saber que vas a vivir y negarte a morir.

JUANJO CARRASCÓN: Despertó entre las ruinas del Consejo Interdimensional de Reeds. Allí encontró el regalo que Valeria Richards le había dejado: un ejército de versiones alternativas de usted mismo y dos Guanteletes del Infinito.

DOCTOR MUERTE: Valeria siempre ha sido una niña extraordinariamente inteligente.

JUANJO CARRASCÓN: ¿Fue un regalo inocente?

DOCTOR MUERTE: Nada que haga Valeria Richards es inocente.

JUANJO CARRASCÓN: Con aquellos recursos creó el Parlamento de Muerte.

DOCTOR MUERTE: Por supuesto. Si existen infinitas realidades y en cada una de ellas existe un Doctor Muerte, resulta absurdo desperdiciar semejante concentración de talento.

JUANJO CARRASCÓN: ¿No le preocupa que un ejército formado por versiones alternativas de usted pueda rebelarse contra usted?

DOCTOR MUERTE: No.

JUANJO CARRASCÓN: ¿Por qué?

DOCTOR MUERTE: Porque conozco a Muerte. Todos ellos creen que son el auténtico. Y todos tienen razón.

JUANJO CARRASCÓN: Más adelante viajó a un universo vacío utilizando uno de los Guanteletes del Infinito. Allí hizo algo que quizá resulte más revelador que todas sus conquistas: creó vida.

DOCTOR MUERTE: Finalmente una pregunta interesante.

JUANJO CARRASCÓN: ¿Considera que crear vida es más importante que gobernarla?

DOCTOR MUERTE: Crear vida demuestra poder. Gobernarla demuestra inteligencia.

JUANJO CARRASCÓN: Pero sus propias creaciones terminaron rebelándose contra usted.

DOCTOR MUERTE: Porque cometí un error.

JUANJO CARRASCÓN: ¿Usted?

DOCTOR MUERTE: No finja sorpresa. Los genios también cometen errores. La diferencia es que los genios sobreviven a ellos.

JUANJO CARRASCÓN: Separó la magia de la ciencia y estableció las reglas fundamentales de aquel universo. ¿Por qué separar ambas disciplinas?

DOCTOR MUERTE: Porque la humanidad ha cometido durante siglos el error de considerarlas opuestas. Ciencia y magia son dos lenguajes diferentes para describir una realidad que todavía no comprendéis. Yo simplemente establecí las reglas. El problema fue que mis creaciones aprendieron a utilizarlas.

JUANJO CARRASCÓN: Seis gobernantes terminaron repartiendo las Gemas del Infinito.

DOCTOR MUERTE: Sí.

JUANJO CARRASCÓN: Y usted perdió el control.

DOCTOR MUERTE: Temporalmente.

JUANJO CARRASCÓN: Reed Richards y Nathaniel Richards tuvieron que acudir a salvarlo.

DOCTOR MUERTE: Reed acudió porque Valeria le advirtió de mi situación. Nathaniel acudió porque, por una vez, comprendió que había cosas que incluso él no podía resolver solo.

JUANJO CARRASCÓN: ¿Le sorprendió que Reed arriesgara su vida para salvarle?

DOCTOR MUERTE: No.

JUANJO CARRASCÓN: ¿Por qué?

DOCTOR MUERTE: Porque Reed Richards es incapaz de dejar morir a alguien cuando cree que puede salvarlo. Incluso a mí.

JUANJO CARRASCÓN: ¿Y eso significa que están en paz?

DOCTOR MUERTE: Declaré que estábamos en paz.

JUANJO CARRASCÓN: ¿Lo están?

DOCTOR MUERTE: Hoy.

JUANJO CARRASCÓN: ¿Y mañana?

DOCTOR MUERTE: Mañana, señor Carrascón, el universo seguirá siendo un lugar peligroso, Reed seguirá creyéndose el hombre más inteligente de la Tierra y yo seguiré siendo Victor Von Doom. No necesito decirle cómo terminará esa historia.

JUANJO CARRASCÓN: Entonces, después de todo lo ocurrido, de Wanda, de La Fundación Futuro, de los universos alternativos, de los Guanteletes y de sus enfrentamientos con Reed Richards, ¿qué es lo que realmente busca El Doctor Muerte?

DOCTOR MUERTE: Lo mismo que he buscado siempre.

JUANJO CARRASCÓN: ¿El poder?

DOCTOR MUERTE: No.

JUANJO CARRASCÓN: ¿La venganza?

DOCTOR MUERTE: Tampoco.

JUANJO CARRASCÓN: ¿La inmortalidad?

DOCTOR MUERTE: Todo eso son instrumentos.

JUANJO CARRASCÓN: Entonces, ¿qué busca?

DOCTOR MUERTE: Un universo que funcione.

JUANJO CARRASCÓN: ¿Y quién debería gobernarlo?

DOCTOR MUERTE: ¿De verdad necesita preguntarlo?

JUANJO CARRASCÓN: Creo que nuestros lectores ya conocen la respuesta.

DOCTOR MUERTE: No, señor Carrascón. Lo que sus lectores creen conocer es que Muerte desea gobernar el universo. La verdad es mucho más sencilla.

JUANJO CARRASCÓN: ¿Cuál?

DOCTOR MUERTE: Que el universo necesita a alguien capaz de hacerlo correctamente. Y ese alguien soy yo.

No sé si alguna vez llegarás a leer estas palabras. Probablemente no. Quizá, incluso si las lees, las considerarás una debilidad impropia de alguien que lleva tu nombre. Pero necesito escribirlas.

Recuerdo muy poco de mi madre. Recuerdo, sobre todo, que te era leal. Lo suficiente como para que su muerte despertara tu ira. Me viste. Viste a un niño que se había quedado solo y decidiste que sería tu responsabilidad. Me diste un hogar. Me diste educación, protección y, sobre todo, un propósito.

Dijiste que algún día sería tu heredero.

Para mí, aquellas palabras lo fueron todo.

Cuando tu cuerpo murió y tu conciencia sobrevivió, tus robots hicieron aquello que tú habías preparado para el futuro. Introdujeron tus recuerdos en mi mente. Día tras día. Recuerdo tras recuerdo. Victoria tras victoria. Hasta que llegó un momento en que ya no sabía dónde terminabas tú y dónde empezaba yo.

Después regresaste. Y entonces comenzó nuestra verdadera guerra. Llegaste incluso a demostrar una debilidad que yo no había visto en ti: la duda. Durante un tiempo fui rey de Latveria. Pero nunca fui libre.

Porque incluso cuando llevaba tu armadura, incluso cuando ocupaba tu trono, incluso cuando todos me llamaban Doctor Muerte, seguía siendo el muchacho al que tú habías recogido años atrás.

Una sola palabra tuya hizo que lo que se había construido sobre mí cayese como un castillo de naipes. No sé si alguna vez comprendiste lo que sentí entonces. No fue simplemente perder el poder. Fue descubrir que una parte de mi propia mente nunca había sido realmente mía.

Pero el tiempo pasó y volví junto a tus odiados enemigos, Los Cuatro Fantásticos. Luché a su lado. Compartí aventuras con ellos. Incluso me enamoré.

Por un instante tuve algo que nunca había tenido en Latveria: una vida que no estaba escrita por ti. Y entonces volví a perderla. Cuando Los Cuatro Fantásticos parecieron morir durante Onslaught, regresé a Latveria. Pensé que aquel era mi destino. Pensé que el trono era lo que tú habías querido para mí.

Siempre terminaba regresando a ti.

Años después, cuando tu mente quedó dañada, me llamaste. Me convertiste en monarca de Latveria. Otra vez el trono. Otra vez el apellido. Y cuando recuperaste tus facultades, regresaste a gobernar. Como siempre.

Padre, quizá esa fue siempre mi mayor tragedia. No quería tu trono. Quería que estuvieras orgulloso de mí.

Quizá siempre pensarás que un heredero digno debe parecerse a Victor von Doom. Pero yo necesito creer que me recogiste aquel día por algo más que por conveniencia. Necesito creer que, aunque nunca supieras demostrarlo, me quisiste.

Te he odiado. Te he desafiado. He luchado junto a ti. He intentado superarte.

Y, sobre todo, he intentado que me miraras y vieras algo más que una versión imperfecta de ti mismo.

No sé qué será de mí a partir de ahora. Pero sé una cosa. No soy el Doctor Muerte. Soy Kristoff Vernard.

Y por primera vez en mi vida, esa idea no me parece una derrota.

Tu hijo,
Kristoff

Muerte el Todopoderoso: notas de Reed Richards; Anotación 2015-056

No sé qué fecha debería poner aquí. El día en que terminó el Multiverso no fue un día como los demás. Cuando las incursiones llegaron a su final, cuando la Tierra-616 y la Tierra-1610 colisionaron, no quedó nada que pudiera medir. Durante toda mi vida he creído que cualquier problema podía resolverse si encontrábamos suficientes datos, si comprendíamos las variables y teníamos el tiempo necesario. Pero esta vez no había solución.

No pudimos impedir la destrucción del Multiverso.

Victor construyó Battleworld a partir de los restos de las realidades destruidas. Se convirtió en una suerte de Dios Emperador. Muerte creó un mundo en el que todos tenían una historia,una completamente nueva. Lo más extraño era que, en cierto modo, Victor había conseguido aquello que siempre había querido: un mundo bajo su control.
Pero allí descubrí algo que me resultó mucho más difícil de aceptar que la propia muerte del Multiverso. En Battleworld existía una versión de mi familia en la que yo nunca había existido. Sue estaba con Victor. Franklin y Valeria eran sus hijos.

Verlos juntos fue doloroso. No porque aquella vida fuera falsa. Para ellos era real. Eran felices. Por primera vez comprendí que mi rivalidad con Victor no era solamente una cuestión de ciencia o de orgullo. Él siempre había querido demostrar que podía ocupar mi lugar. Y allí lo había conseguido.

Después aparecimos nosotros: los supervivientes de la Tierra-616. Stephen intentó protegernos de Víctor y acabó pagando el precio. Su muerte fue el principio del final de Battleworld. Las rebeliones comenzaron Doom y el mundo que Victor había construido empezó a resquebrajarse.

De nuevo una familia, de la mano de Sue, Franklin y Valeria, todos a mi lado, empecé a reconstruir el Multiverso. No podía devolver exactamente todo lo que habíamos perdido, pero podía darle una nueva oportunidad. Así la Tierra-616 volvió a existir.

Pero todavía quedaba Victor. Sabía que, mientras recordara lo ocurrido, volvería a buscarme. Toda su vida había estado definida por nuestra rivalidad. Así que hice algo que todavía no sé si fue correcto: alteré sus recuerdos. Hice que creyera que yo había muerto. Y después curé su rostro.

Quizá fue mi manera de decirle que ya no necesitaba ser el hombre que había sido. Que podía volver a Latveria sin tener que demostrar nada. Sin mí como rival. Sin la necesidad de convertirse en Dios para sentirse superior.
No sé si algún día podré saber si hice lo correcto.

Ciudadanos de Zaragoza avistan a Spiderman en El Paseo de Independencia

Los viandantes que esta mañana paseaban por El Paseo de Independencia se han llevado una inesperada sorpresa al encontrarse con una figura muy conocida entre los edificios del centro de Zaragoza: Spiderman. Según varios testigos, el popular superhéroe habría sido visto desplazándose por El Paseo de Independencia en dirección a La Plaza del Pilar, llamando la atención de quienes se encontraban a su paso. Por el momento se desconoce el motivo de su presencia en la ciudad y, sobre todo, qué misión le habría llevado hasta La Plaza del Pilar. Las autoridades no han confirmado oficialmente la presencia del superhéroe, aunque en Zaragoza ya circula una pregunta entre los curiosos: ¿qué hace Spiderman en la ciudad y qué está a punto de ocurrir?

DOCTOR MUERTE SE PROCLAMA NUEVO HECHICERO SUPREMO Y ANUNCIA EL INICIO DE UN NUEVO ORDEN MUNDIAL
Latveria — Comunicado oficial

En medio de la mayor crisis sobrenatural que ha sufrido la humanidad, Víctor Von Doom, soberano de Latveria, ha asumido el manto de El Hechicero Supremo, después de convertirse en una de las figuras decisivas en la lucha contra la invasión vampírica que estuvo a punto de sumir al planeta en la oscuridad permanente.

La crisis comenzó cuando una misteriosa manifestación de Fuerza Oscura cubrió el mundo, bloqueando la luz solar y permitiendo a los ejércitos de vampiros extenderse por prácticamente todos los continentes. Mientras numerosas naciones sucumbían ante la ofensiva, Latveria permaneció inexpugnable gracias a las medidas de protección preparadas con anterioridad por El Doctor Muerte. Un antiguo hechizo lanzado sobre las fronteras del país acabó con cualquier vampiro que intentara atravesarlas.

Durante la emergencia, el monarca latveriano intervino directamente para rescatar a los estudiantes de la Academia Extraño que se encontraban atrapados en Madripoor. Los jóvenes fueron trasladados hasta Latveria, donde El Doctor Muerte recibió además la visita de una presencia inesperada: la forma astral del antiguo Hechicero Supremo, Stephen Strange, acompañado por Clea.

Según fuentes vinculadas a la comunidad mágica, Víctor Von Doom identificó al verdadero responsable de la invasión: Varnae, el progenitor de los vampiros, que había conseguido apoderarse del cuerpo de Blade.

Ante una amenaza de semejante magnitud, Strange solicitó la intervención del monarca de Lavteria. El acuerdo alcanzado fue aparentemente sencillo; Víctor Von Doom recibiría temporalmente el título de Hechicero Supremo y utilizaría sus poderes para derrotar a Varnae. Una vez salvado el mundo, el título sería devuelto a Strange. Ambas partes estuvieron de acuerdo.

El resultado fue devastador para las fuerzas vampíricas. Combinando sus propios conocimientos mágicos con el poder de los estudiantes de la Academia Strange, El Doctor Muerte, ahora imbuido de los poderes de El Hechicero Supremos, consiguió enfrentarse a Varnae y derrotarlo. La Fuerza Oscura fue despejada y el cielo volvió a quedar expuesto a la luz.

Y entonces ocurrió lo que muchos habían sospechado desde el principio. El Doctor Muerte no devolvió el título. En lugar de cumplir su promesa, el monarca latveriano reinterpretó el acuerdo y afirmó que no había terminado de proteger al mundo de todas sus amenazas. Strange fue expulsado de su posición astral y El Doctor Muerte se presentó ante la humanidad como el nuevo Hechicero Supremo.

Declaraciones de El Doctor Muerte

«El mundo ha sido salvado. No por sus gobiernos. No por sus héroes. Por Muerte»

La declaración, difundida desde Latveria, provocó una inmediata reacción entre los principales grupos superheroicos.

Poco después, El Doctor Muerte desapareció de la escena pública. Latveria quedó cubierta por una barrera mágica que impide localizar el país mediante métodos convencionales. Desde allí, el nuevo Hechicero Supremo comenzó a actuar de acuerdo con su propia interpretación de lo que debía ser un mundo perfecto.

En uno de sus primeros movimientos, Doom convocó a los Vengadores en el desierto de Registán. Allí les mostró una visión de una realidad alternativa: un planeta transformado en una utopía gracias al uso de los poderes de los propios héroes.

La respuesta de los Vengadores fue contundente.

Los héroes rechazaron la propuesta de Doom argumentando que su función no era imponer una sociedad perfecta mediante la fuerza, sino proteger a la humanidad mientras esta decidía por sí misma su futuro.

La postura no parece haber convencido al monarca latveriano.

Spiderman ¿engañado por El Doctor Muerte?

Muerte ha comenzado además a asumir las obligaciones mágicas asociadas al cargo de Hechicero Supremo, aunque no siempre parece dispuesto a cumplirlas personalmente. Cuando heredó el pacto que obligaba al Hechicero Supremo a enfrentarse a los Descendientes de Cyttorak, Doom decidió delegar la misión en Spider-Man.

Para ello, equipó al héroe con una armadura arcana y las Cañas de Raggadorr, artefactos capaces de devolverlo a la vida hasta ocho veces durante la misión.

La decisión ha provocado nuevas preguntas entre los expertos en artes místicas:

¿está El Doctor Muerte utilizando el título para proteger realmente al mundo o simplemente está construyendo las piezas de un nuevo sistema de poder?

La respuesta podría encontrarse en los acontecimientos más recientes.

Varios seres mágicos intentaron crear una espada destinada a acabar con El Doctor Muerte en el Plano Astral.

Aunque el propio Doom logró derrotarlos, los responsables consiguieron ocultar el arma en la Europa medieval. En lugar de buscarla directamente, Doom manipuló los acontecimientos para que el Caballero Negro condujera a Reed y Sue Richards hasta ella.

El objetivo era sencillo: recuperar la espada y destruirla.

Pero el encuentro con los Richards terminó desencadenando una nueva confrontación. Reed, que había adquirido conocimientos mágicos durante sus anteriores enfrentamientos con Doom, consiguió escapar junto a Sue mediante teletransportación.

Ahora, mientras Doom permanece oculto tras las defensas mágicas de Latveria, todo apunta a que el siguiente movimiento del nuevo Hechicero Supremo será mucho más ambicioso.

Fuentes cercanas a los acontecimientos aseguran que Victor von Doom prepara un nuevo orden mundial.

Los gobiernos guardan silencio. Los Vengadores permanecen en alerta. Los expertos en magia no saben si Stephen Strange podrá recuperar su título. Y, mientras tanto, una pregunta comienza a recorrer las calles:

¿Está Doctor Muerte protegiendo al mundo… o preparándolo para convertirse en su soberano?

Por el momento, solo una cosa parece segura.

El mundo ha cambiado. Y esta vez, el hombre que sostiene la magia entre sus manos lleva el rostro de Victor Von Doom.

Un icono eterno de Marvel

Desde su primera aparición, El Doctor Muerte pasó de ser un enemigo recurrente de Los Cuatro Fantásticos a convertirse en una figura imprescindible dentro del Universo Marvel. Su presencia trascendió las páginas de una sola colección para influir en grandes eventos editoriales, enfrentarse a héroes de todas las franquicias e incluso desempeñar un papel decisivo en algunas de las historias más ambiciosas de la editorial. Su mezcla de inteligencia, orgullo, tragedia y poder absoluto lo convirtió en un personaje irrepetible.

Desde el primer momento resultó ser un rival formidable para Los Cuatro Fantásticos y con el paso de los años su importancia dentro de Marvel Comics no hizo más que crecer. Lo que comenzó como el enfrentamiento entre un brillante científico y un grupo de personajes ha ido evolucionando sin perder su esencia. A lo largo de más de sesenta años de publicaciones, Víctor Von Doom ha sido conquistador, hechicero, viajero temporal, líder mundial, dios, héroe ocasional e incluso uno de los hombres más admirados de su propio país. Sin embargo, en todas esas etapas permanece intacto el rasgo que define su personalidad: la absoluta convicción de que nadie está mejor preparado que él para concreta.

Su prestigio como estratega y científico hacía que en prácticamente cualquier historia convirtiese a El Doctor Muerte en un recurso narrativo excepcional; no importaba el contexto.

Mientras otros villanos operaban desde laboratorios secretos o bases ocultas, El Doctor Muerte gobernaba una nación soberana con mano de hierro. La reflexión estaba en la mesa, o en cada viñeta; muchos ciudadanos disfrutaban de estabilidad económica, seguridad y avances tecnológicos que otros lugares del Universo Marvel ni por asomo disfrutaban, a costa de ¿su libertad?

Cada nueva generación de autores encontró formas originales de explorar nuevas facetas de Víctor Von Doom sin traicionar aquello que lo hacía único. Pocos personajes pueden decir que sean tan icónicos como lo es El Doctor Muerte.

El hombre de la máscara de hierro

«…he’s a good-looking guy, and he only has a tiny scar on his cheek, but because he’s such a perfectionist, he can’t bear to see that imperfection. He isn’t hiding his face from the public, he’s hiding it from himself.» — Artist Jack Kirby, on his original interpretation of the «disfigured» face of Dr. Doom (quoted from 1994’s Jack Kirby’s Heroes and Villains)

El aspecto del rostro de Víctor Von Doom bajo su famosa máscara metálica sigue siendo, por un lado, una escabrosa característica del personaje, y por el otro, uno de los temas más comentados en el mundo del cómic. Cómo llegó a ser así es lo que ha sido motivo de controversia y de “retconeos” que sólo lo han mitificado más, si cabe.
La mayoría conocemos la historia original del accidente que sufrió El Doctor Muerte en el que presumiblemente su rostro quedó desfigurado.

En un principio la versión de Jack Kirby quedó descartada, puesto que el rostro de Víctor aparece completamente vendado tras el accidente, lo cual no habría sido necesario si el daño se hubiera limitado a una pequeña herida debajo de un ojo. Es el propio texto donde leemos que su rostro está «irremediablemente desfigurado». Como lectores llegamos a la ineludible conclusión de que el rostro de El Doctor Muerte quedó completamente mutilado. Víctor como ya he señalado anteriormente viaja entonces al Tíbet para «esconderse de la vista de la humanidad» y es acogido por una orden de monjes que posteriormente lo ayudan a forjar su armadura y su infame máscara.

Sin embargo, la idea de Kirby es intrigante; que la mente del villano se hubiera retorcido tanto que considerara, una simple cicatriz, un defecto insuperable para alcanzar esa imagen de superioridad que deseaba proyectar. Lamentablemente, nunca podremos disfrutar de lo que hubiera sido el rostro de El Doctor Muerte como fue concebido en la mente del magnífico Kirby. Sin embargo, sí que tenemos un boceto inédito donde vemos cómo fue concebido el líder lavteriano.

No fue hasta Fantastic Four vol. 1 #278 de la mano de John Byrne cuando el afamado dibujante y guionista retomó el concepto original de Kirby e intentó complacer a los lectores. El Doctor Muerte se enfurece por una pequeña imperfección en su rostro y luego, a sabiendas, se desfigura la cara por completo cuando los monjes le hacen la máscara, poniéndosela al rojo vivo. Vamos una actuación muy sensata pero muy del canadiense. Esta locura no ofrece ninguna explicación al texto que os comentan que aparece en su primera historia de su origen, ni para el hecho de que el rostro de Víctor estaba totalmente vendado, tanto en la versión original como en esta nueva. Pero ya se sabe cómo es John Byrne cuando se propone rehacer la historia de origen establecida de un personaje. Y nadie, desde luego yo no, va a discutir con él.

Para liarnos más la cabeza, en la excelente serie de seis números Books Of Doom , Ed Brubaker enturbia aún más este tema al hacer que un demonio del inframundo sea el responsable de las heridas faciales de Doom, en lugar de la fuerza de la explosión.

En definitiva, las ideas de Brubaker como las de Byrne estaban bien planteadas (las del canadiense un poquito peor) pero en este caso hay que alabar a Stan Lee que en tan solo unas pocas viñetas, nos cuenta lo esencial sobre el personaje; un villano fascinante, un humano terriblemente imperfecto, con una visión del mundo retorcida y una ambición egoísta. Que su rostro sea de una forma u otra no nos aporta absolutamente nada.

Guía de lectura de Doctor Muerte: los cómics imprescindibles

1. Fantastic Four vol. 1 #5 (1962)

Autores: Stan Lee y Jack Kirby

Toda gran historia tiene un comienzo, y el de Doctor Muerte se encuentra en el quinto número de Fantastic Four. Publicado en julio de 1962, este cómic supuso la primera aparición de Victor Von Doom y estableció buena parte de los elementos que todavía hoy definen al personaje.

Aunque su origen aún no estaba completamente desarrollado, el lector conocía a un misterioso monarca europeo oculto tras una armadura metálica capaz de enfrentarse por sí solo a los Cuatro Fantásticos. Desde el primer momento destacaba por su inteligencia, su enorme poder tecnológico y una presencia visual inconfundible gracias al diseño de Jack Kirby.

Puede parecer una historia sencilla comparada con los estándares actuales, pero resulta fundamental para comprender el nacimiento del personaje y la forma en la que Marvel construía a sus grandes villanos durante la Edad de Plata del cómic.

¿Por qué leerlo?

Porque marca el inicio de una de las rivalidades más importantes de la historia del cómic estadounidense.

2. Fantastic Four Annual vol. 1 #2 (1964)

Autores: Stan Lee y Jack Kirby

Si existe una lectura clásica imprescindible sobre Doctor Muerte, probablemente sea esta.

En este anual narra por primera vez el origen de Victor Von Doom. Muchos autores han ampliado posteriormente estos acontecimientos, pero prácticamente todos parten de las bases establecidas aquí.

Es un cómic imprescindible porque convierte a Doom en mucho más que un simple villano. Por primera vez el lector comprende sus motivaciones y entiende que todas sus acciones están impulsadas por un pasado profundamente trágico.

3. Doctor Strange & Doctor Doom: Triumph and Torment (1989)

Autores: Roger Stern y Mike Mignola

Muchos aficionados consideran esta novela gráfica como la mejor historia individual protagonizada por Doctor Muerte.

La premisa es buenísima. Cada año, Doctor Extraño organiza un torneo entre los grandes hechiceros del planeta para elegir a quien le acompañará al Infierno en una misión extraordinaria. El vencedor es Doctor Muerte.

Allí ambos deberán intentar rescatar el alma de Cynthia Von Doom, la madre de Victor, condenada durante décadas por haber realizado un pacto demoníaco.

Lo extraordinario de esta obra es que deja de lado la faceta conquistadora del personaje para explorar su dimensión más humana.

Mike Mignola ofrece un apartado artístico espectacular, repleto de influencias góticas que años más tarde trasladaría a Hellboy.

4. Emperor Doom (1987)

Autores: David Michelinie y Bob Hall

¿Qué ocurriría si Doctor Muerte lograra conquistar el mundo?

Esa es precisamente la premisa de esta novela gráfica.

Este cómic representa a la perfección uno de los grandes debates asociados al personaje: ¿es peor un mundo libre pero caótico o un mundo perfecto gobernado por un tirano?

5. Books of Doom (2005-2006)

Autores: Ed Brubaker y Pablo Raimondi

Para muchos lectores modernos, esta miniserie constituye el mejor origen jamás escrito sobre Doctor Muerte.

Ed Brubaker reinterpreta toda la biografía de Victor Von Doom desde un punto de vista mucho más adulto y psicológico.

Lo interesante de esta obra es que Brubaker nunca intenta justificar los crímenes del futuro monarca lavteriano.

Simplemente muestra cómo cada decisión acerca un poco más a Victor hacia el hombre que terminará convirtiéndose en Doctor Muerte.

6. Fantastic Four de John Byrne (1981-1986)

Canela en rama. John Byrne redefinió por completo a los Cuatro Fantásticos y, con ellos, a Doctor Muerte.

Durante esta etapa encontramos algunos de los enfrentamientos más memorables entre Reed Richards y Victor Von Doom.

Muchos de los rasgos que hoy asociamos al personaje proceden directamente de esta etapa.

Una etapa imprescindible sin lugar a dudas.

7. Fantastic Four de Jonathan Hickman (2009-2012).

Jonathan Hickman revolucionó el Universo Marvel y convirtió a Doctor Muerte en una pieza fundamental de su gigantesca narrativa.

Durante esta etapa vemos a un Victor mucho más contenido, inteligente y estratégico.

Este periodo resulta esencial para comprender lo que ocurrirá posteriormente en Secret Wars.

No sólo eso, sino que aquí se plantan las semillas de la revolucionaria etapa de Los Vengadores, de sus Vengadores.

8. Secret Wars (2015)

Autores: Jonathan Hickman y Esad Ribić

Probablemente la obra más ambiciosa protagonizada por El Doctor Muerte.

Tras el colapso del multiverso, Victor consigue absorber un poder prácticamente divino y reconstruye la realidad a su imagen y semejanza.

Nace así Battleworld. La historia responde a una pregunta que Marvel llevaba décadas planteando: ¿Qué ocurriría si Doctor Muerte obtuviera un poder absoluto?

9. Infamous Iron Man (2016-2017)

Autor: Brian Michael Bendis

Tras los acontecimientos de Secret Wars, Victor intenta recorrer un camino completamente diferente.

Decide convertirse en héroe.

Y lo hace utilizando una armadura inspirada en Iron Man.

10. Un mundo bajo muerte (2025- )

El Doctor Muerte da un nuevo paso en su ambición política al convertirse en el gobernante de un mundo unificado, obligando a héroes y gobiernos a cuestionarse si deben combatirlo o aceptar un orden que, al menos en apariencia, funciona mejor que el anterior. La serie recupera muchos de los temas clásicos asociados a Victor Von Doom: el poder absoluto, la legitimidad del liderazgo, el conflicto entre libertad y seguridad y la eterna pregunta de si un mundo gobernado por Doom sería realmente peor que el actual.

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Juanjo Carrascon
Naci un día caluroso de agosto de 1979, Sauron ya había sido destruido tiempo atrás, y la magia había desaparecido progresivamente de nuestro mundo......, pero estudiando pergaminos y libros ocultos, que me hicieron perder puntos de cordura, encontré esa magia en los comics, o "tebeos" como los han llamado toda la vida mis padres. Desde ese momento, hace casi 30 años, nunca me han dejado solo, y han estado en mi vida, en lo bueno y en lo malo, dándome esa magia que nos hace falta para afrontar la vida. Comics, rol, miniaturas,,,,en fin, una amalgama de hobbies que hacen que este abogado y profesor universitario, disfrute de grandes momentos con grandes amigos, mi "tribu", y junto con este equipazo que conforma ZN. A vuestra disposición para lo que se tercie.
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