Cómo hacerse adulta en Japón
«La campiña japonesa es magnífica. En Francia tal vez no me habría llamado la atención un entorno rural así. Pero aquí todo tiene el encanto de la novedad»
La fascinación por un lugar puede ser tan potente como la que sentimos por una persona. Y a veces, como ocurre con la gente, el desengaño puede ser igual de doloroso. Japón es un destino muy demandado en estos últimos tiempos y a consecuencia del aumento turístico el choque cultural se ha reducido. Una colisión que la protagonista de esta historia, Rosalie, experimenta en primera persona tras sus sucesivas escapadas al país asiático.
Rosalie es una adolescente francesa que adora el manga y la cultura japonesa que le llega a occidente. La joven decide viajar a Japón para conocer de primera mano el país y a la gente que tanto admira. Una vez allí la experiencia no será como en un principio se había imaginado con sorpresas agradables, encuentros afortunados o desafortunados y situaciones terribles. Durante un año Japón y los japoneses se convierten en el centro de la vida de Rosalie que nunca volverá a ser la mismas tras pasar unas cuatro estaciones en el país del sol naciente.
El relato de la joven Stroesser no ofrece grandes sorpresas, pero contiene mucha verdad y está contado con un envidiable sentido del ritmo narrativo. Las peripecias y amarguras de la protagonista están bien expuestas y su pretensión de evitar el tópico o los lugares comunes se consigue a base de sinceridad y una buena elección de las situaciones vividas. La autora se centra a menudo en los pequeños detalles cotidianos, más que en los grandes conflictos personales. Algunos de los personajes secundarios pueden resultar algo esquemáticos, siendo el más trabajado – paradójicamente – el que la protagonista pretende olvidar para siempre. La autora francesa consigue reflejar de manera adecuada el ambiente general de estar viviendo en una sociedad machista que concede a las mujeres solo los papeles marginales.
Tanto en el apartado narrativo como en el gráfico, Rosalie Stroesser sorprende por su madurez y por su claridad.
La artista suele dividir sus páginas con un esquema de tres tiras con dos viñetas cada una, pero no renuncia a usar otras parrillas con cuadros más amplios ni a las páginas o dobles páginas de una sola viñeta. Su narrativa es extremadamente occidental. Abundan las secuencias mudas, bien estructuradas y muy bien ejecutadas, los pasajes con diálogos bien coreografiados y otros momentos que contienen algunos recursos imaginativos como el borrado del rostro de su primer anfitrión japonés que se corresponde a unos episodios dramáticos que conoceremos a medida que avanza la historia.
El acabado en blanco y negro es liviano, lleno de líneas finas, sinuosas y delicadas, una ligereza que no se trunca ni con la inclusión de algunas masas densas de tinta para rellenar espacios. Las escenas nocturnas son preciosas con hermosos y delicados detalles en blanco que truncan las grandes extensiones de negro. Su descripción de los personajes bascula entre el cartoon y, obviamente, el manga. Los rostros de los protagonistas son simples, no muy expresivos, pero fácilmente reconocibles y tanto sus posturas como su lenguaje gestual están resueltos de una manera orgánica y clara.
La autora añade algunos pasajes de leyendas japonesas que describe con grandes textos mecanografiados e ilustraciones a todo color de una página. Son hermosos interludios que nos permiten absorber mejor la historia, la atmosfera y el color de la cultura oriental.
La edición técnica y física del libro a cargo del sello Salamandra Graphic es muy correcta. El tomo es en rústica con solapas, tiene un tamaño algo reducido que en ningún caso impide la adecuada lectura de los dibujos y del texto, el papel es bueno y la impresión también. El álbum no contiene ningún material extra, ni escrito ni gráfico, y su precio es bastante elevado.
Shiki. 4 estaciones en Japón de Rosalie Stroesser es una obra de tintes autobiográficos que nos traslada a una cultura remota de la que, a menudo, solo tenemos referencias parciales, algo mitificadas y distorsionadas. La sinceridad del tono y la agilidad de la narración nos permite disfrutar de un relato lleno de luces y sombras, de momentos dulces y otros mucho más amargos. Como la vida misma.
Salut!
Lo mejor
• Una historia sencilla pero interesante.
• El ritmo narrativo sostenido y sin fisuras.
• Que no cae ni en tópicos ni en lugares comunes.
Lo peor
• Personajes secundarios con poca personalidad.
• Tiene un precio elevado.
Guion - 8.5
Dibujo - 8
Interés - 8.5
8.3
Nipona
Un buen debut, con un ritmo envidiable y unas situaciones cotidianas llenas de intención. El apartado gráfico-narrativo es liviano, sencillo, eficaz y esclarecedor















