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Edición original: Orion (DC Comics, 1998-2000)
Edición nacional/España: Orion de Walter Simonson (Planeta, 2006)
Guion: Walter Simonson, Kevin McCarthy, Jeph Loeb, Eric Stephenson
Dibujo: Walter Simonson, Frank Miller, John Byrne, Dave Gibbons, John Paul Leon, Erik Larsen, Jim Lee, Rob Liefeld, Art Adams, Hoawrd Chaykin, Al Milgrom, Eddie Campbel
Entintado: Scott Williamson, Al Gordon, Terry Austin, Bob Wiacek, Klaus Janson, Norm Rapmund
Color: Tatjana Wood, Sherilyn Van Valkeburg
Formato: Grapa. 24 páginas (Planeta lo publicó en tomitos de 128 página a 7,50 €)

El peso de una herencia kirbyana

«Es el guerrero perfecto»

INTRODUCCIÓN

Vuelve la retro-reseña. Afrontamos el compromiso de reseñar una obra que solo hemos visto en nuestras tiendas de la mano de Planeta en cinco coloridos tomitos y que supuso uno de los trabajos más estimulantes de Walter Simonson en DC. Una obra que pasó bastante por debajo del radar debido a la maldición del Cuarto Mundo kirbyano (una serie de historias muy difíciles de escribir) y referenciando uno de los mejores comics de la DC actual, los Nuevos Dioses de Ram V y Evan Cagle.

¡¡Vamos que nos vamos!!

simonson

BIOGRAFIA DEL AUTOR

Nacido el 2 de septiembre de 1946, Walter Simonson estudió en la School of Design de Rhode Island. Su proyecto final fue lo que acabaría convirtiéndose en Star Slammers, una espectacular epopeya de ciencia-ficción llena de hallazgos y originales recursos narrativos.

Su primer trabajo para una grande fue en DC junto con Archie Goodwin en Manhunter además de historias complementarias de Detective Comics. A medida que iba haciéndose un nombre en la industria se le iban abriendo oportunidades a nuevos proyectos. En los 80, le tocó revitalizar a Thor, una de las grandes obras de Kirby y posiblemente el trabajo más reconocido de Simonson. Fue es uno de los tebeos ochenteros punteros del comic americano y de Marvel en particular.

Este trabajo lo convirtió en uno de los grandes nombres del sector y le dio la capacidad de trabajar en otras recordadas etapas como la de los 4F. En DC dibujó algunos números del Dr Fate, además de grapas sueltas de Detective Comics o Superman, hasta que llegó el momento de Orión.

Simonson se encargó del guion y el dibujo de los 25 números de la serie en uno de los momentos más estimulantes de la editorial.

Orión es un personaje creado por Jack Kirby y que tiene su propia historia…

ORION CREACIÓN DE JACK KIRBY

… debido a los desacuerdos con Stan Lee, Jack Kirby aterrizó en DC con todas las ganas de desplegar los conceptos que le frenaba su verborreico compinche en la edad de plata de Marvel. Kirby tenía una visión más madura y elaborada de como debían ser los comics de superhéroes, mucho más cercanos a los grandes autores de ciencia ficción que adoraba, como Clarke o Kuttner, por ejemplo. Lee era mucho más convencional (aunque el éxito inesperado de sus tebeos le hicieron creerse Shakespeare).

La llegada del Rey supuso una explosión de ideas tal que cambió el universo DC de arriba abajo… igual no tanto en el momento, pero sí a medio y largo plazo. Kamandi, Omac pero sobre todo el Cuarto Mundo con los Nuevos Dioses, Apokolips, Darkseid y un largo etcétera dieron un montón de conceptos nuevos a DC, bastante diferentes de lo habitual en los comics de superhéroes.

Sin embargo, Kirby como autor completo le hizo un favor a Stan Lee y aumentó su leyenda como guionista, ya que el dibujante evidenció la necesidad de cierto orden y control a la hora de plasmar sus argumentos. Además, DC no dejaba de entrometerse redibujando el rostro de Superman al que, según creían los mandamases de entonces, no le encajaba el estilo del Rey.

Cansado de DC, el creador del Cuarto Mundo regresó a Marvel para continuar con sus conceptos sobre dioses antiguos con los Eternos, celebrar el bicentenario del Capitán América, etc… pero a pesar de los poderosísimos dibujos de Kirby, su estela se estaba apagando, su magia se desvanecía en una lenta y dolorosa decadencia… aunque muchos con la mitad del talento del peor Kirby han forjado largas carreras.

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Padre “ideológico” de una enorme y fructífera camada de autores que empezaron en los setenta y eclosionaron en los ochenta (como Miller, Byrne, Starlin o Simonson), el Rey fue reivindicado por sus herederos. Estos intentaron ampliar su legado con el Capitán América de Stern, los 4F de Byrne o el Thor de Simonson (sus colecciones más emblemáticas en la casa de las ideas).

Cuando estos autores llegaron a DC se encargaron de hacer un ejercicio parecido con los conceptos que Kirby creó en los setenta. John Byrne se encargó de una etapa del Cuarto Mundo de la que Simonson dibujó las portadas, dejando una semillita en el corazón del autor al que dejaba con ganas de hacer más cosas con esos conceptos.

El creador de Star Slammers le pidió a su viejo compinche Byrne que le dejara un cabo suelto para enlazar la serie y dar cierta continuidad. El anglo-canadiense-más-americano-que-tener-un-rifle-de-asalto-junto-la-mesilla-de-noche planteó que Orión no era hijo de Darkseid. Byrne (que colaboraría en esta serie como autor invitado algo más especial que el resto) consideraba a Simonson el único capacitado y con su permiso para tocar los personajes del Cuarto Mundo, los que consideraba como propios, seguramente al autoproclamarse heredero directo del Rey (reivindicación que aquí impugnamos de manera contundente).

Una de las portadas de Simonson para Byrne.

Y aquí empezamos la serie de 25 números que Simonson escribió sobre el atormentado semidios. Porque al lector que llegue a esta colección le va a chocar esa sensación de “venimos de algún sitio” / “me he perdido algo”.

VAMOS ALLÁ

La trama del primer número empieza con una historia que parece sacada de la literatura pulp de ciencia ficción o de un episodio de Twilight Zone. Main Line, un perdido pueblo de Arkansas aloja un extraño misterio. A ojos de los forasteros, el villorrio cumple con el estándar de la típica sociedad rural, anodina, previsible, tópica y aburrida. Sin embargo, vemos que “pasa algo”. Sus habitantes no son humanos y el pueblo actúa como una telaraña que atrapa y consume a quien allí aparece.

Esta trama tan sugerente y subtextualmente crítica con la América profunda, enseguida se mezcla con las intrigas interestelares entre Apokolips y Nueva Genesis. El pueblo se aísla del resto de la nación y pide autodeterminarse. Se trata de un banco de pruebas de Darkseid, en su eterna lucha con la Tierra como campo de batalla. Una idea muy en la línea de Europa como escenario de la Guerra Fría entre la URSS y USA. Kirby hablando de política, dónde iremos a parar.

EL descubrimiento de Orión de su falsa paternidad le lleva a enfrentarse y matar a Darkseid (algo que nos impresiona 0) en un duelo acojo… espectacular dibujado por un Simonson en estado de gracia.

Algunos de estos primeros números se complementan con historias secundarias (al estilo de las Crónicas de Asgard) con guion de Simonson en la mayoría de casos (también están Loeb y Eric Stephenson) y dibujos de Miller, Gibbons, Lee, Larsen, Adams, Byrne, Leon, Liefeld o Chaykin. El trabajo de estos autores es irregular. Tenemos oficio, ganas y “cumplir con el expediente”, un poco de todo. Son historias cortas que profundizan en los personajes de la saga poniendo el foco en elementos de su biografía que nos ayuden a entenderlos. Tenemos historias sobre Kalibak, Desaad o Scott Free.

Simonson explicó que usando la coartada de seguir la estela de Lee y Kirby en sus Crónicas de Asgaard, pidió la colaboración de amigos y así poder disfrutar de las versiones de los personajes del Cuarto Mundo por parte de grandes autores que conocía y admiraba.

Pero prosigamos, tras la muerte de Darkseid, Orión, como hijo legítimo, toma el poder de Apokolips. Nos olvidamos de la trama sobre el pueblo de Nebraska y pasamos a una historia centrada en intrigas palaciegas, traiciones, dobleces. Como todos sabemos la corte de Apokolips está llena de víboras de la peor calaña, personajes cuyo matiz psicológico simplemente se centra en el tipo de maldad. Seres abominables sin trasfondo más allá de la crueldad.

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Sorprende la ingenuidad de Orión confiando con según que tipejos e incluso dando posibilidades a las huestes de Apokolips de disfrutar de una era de libertad y sin tiranía. Seres genéticamente creados y educados para obedecer a un tirano, esclavos sin voluntad (Kirby se refería a los grandes dictadores del siglo XX, como Hitler, Stalin o Franco). Simonson tampoco da muchas vueltas a los motivos de los protagonistas, son como fuerzas elementales que no pueden evitar dejarse llevar por su naturaleza.

Como lectores ya sabemos que la traición anida en todos los cortesanos que rodean a Orión, simplemente disfrutamos de estas tramas como uno lo hace con clásicos literarios donde los estereotipos están perfectamente delimitados y los personajes, predestinados a cumplir con su naturaleza.

En este arco además de la política se mezclan tramas de índole amoroso, que inevitablemente nos recuerdan a la etapa de Simonson en Thor y el amorío interesado entre la sensual Lorelei y el Dios del Trueno.

Simonson también se recrea con unos textos densos, ampulosos, reverberantes, mayestáticos y algo pedantes, muy en la línea cortesana pseudo medieval que nos remiten otra vez a su paso por la colección de Thor.

Entramos en el tercer arco, conectando los cabos sueltos de los dos anteriores, con los números que van del 11 al 15 (tercer tomito de Planeta).

Aquí vemos como eclosionan las intrigas de Desaad y volvemos a Main Line (Nebraska) repositorio de la ecuación de la anti-vida que el retorcido villano usará para destronar a Orión. Éste absorbe la ecuación tras un ataque brutal y pasa a desarrollar un estilo tiránico mucho más vehemente e implacable, dejando ver su belicosidad congénita.

El poder regurgita en todo su ser. Orión emerge como auténtico heredero de Darkseid y mata a Desaad. En paralelo vemos uno de los pequeños complementos (dibujado por Jim Lee) en el que Darkseid está vivo. Sorpresa.

El golpe de estado de Desaad no acaba con su muerte, como buen intrigante jugaba a varios niveles. Meteorra (ay, los nombres, en fin) domina la mente de Lightray para que este declare la guerra al “traidor” Orión. Algo recurrente en Simonson lo de bellas mujeres dominando la voluntad de inocentes pero poderosos señores.

Orión detiene a Meteorra que emerge como una infiltrada de Desaad y todo queda abierto para el regreso de Darkseid y el enfrentamiento con su hijo.

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No lo he podido evitar

Las cosas son muy diferentes esta vez. Orión posee la ecuación de la anti-vida y la usa para volver a matar a Darkseid induciéndolo al suicidio. Sorprende mucho ver la claridad de la secuencia en un cómic mainstream. Simonson lo expone en una lección de tempo y narrativa.

Antes, el tirano confiesa a su hijo que sí, que es su hijo. Esto es algo que cuando la se lee la serie del tirón pierde mucha fuerza dramática. Vemos también como en la relación entre ambos hay cierto calor en el corazón de Darkseid por su hijo que se ha convertido en una bestia tiránica. Los ojitos del malvado villano nos remiten a un drama de tintes shakesperianos.

Darkseid, genio y figura, admite que todo lo que hemos visto hasta el momento es un plan para atraer a Orión a su lado y formar así un binomio imperial e invencible (Star Wars, pero ojo que La Guerra de Galaxias bebe mucho de Kirby, o sea que…). Los repetitivos giros de guion con un Darkseid que siempre tiene la última palabra, aquí encajan como un guante.

Aparece en el momento final el Corredor Negro (personaje involuntariamente hilarante y que huele a autoplagio por parte de Kirby) de identidad misteriosa y que como heraldo (en serio, ¿dónde aprendimos esta palabra?) de la muerte se lanza a un boom túnel perseguido por Orión.

En estos números tenemos la colaboración especial de John Byrne, que va más allá de la historia de complemento y dibuja dos números enteros. Tanto ego no cabía en 8 páginas. El canadiense demuestra estar ya en una clara decadencia, con un dibujo mucho menos detallista, sencillo y una caracterización de personajes plana, amén de una narrativa confusa pretendidamente moderna (nunca fue Byrne un gran narrador, posee poseía muchas otras virtudes).

Y es una pena porque Byrne fue un autor top en sus mejores años, momento además que fue uno de los más interesantes del cómic americano.

Una cara conocida: Byrne

Contrasta por ejemplo el dibujo del malogrado John Paul Leon que dibuja una de las crónicas de los Nuevos Dioses de forma magistral, con un estilo muy diferente al de la serie, en una historia sobre Canis Major y Canis Minor.

Empieza el cuarto tomo de Planeta (16-20) en el que vemos a Orión luchando en el plano ultra terreno. El personaje se cree muerto al haber sido “empujado” por la presencia del Corredor Negro.

La aventura pasa a una dimensión conceptual-cósmica, que es prácticamente una abstracción. Orión se encuentra en los bastidores del universo DC enfrentándose a la entidad Etneuf. Esta tiene secuestrado a Clockwerx por lo que el árbol el tiempo está muriendo.

Orión vence a Etneuf lanzándole (y por tanto desposeyéndose de) la ecuación de la Anti-vida, salvando al universo en el plano abismal en el que se produce la batalla. Todo es muy abstracto e inasible. Además, suena a terreno conocido, uno si se despista puede creer que está leyendo la saga de Surtur del Thor del propio Simonson (siento ser recurrente en esto y aún no he acabado).

Estas tramas suelen justificarse con que dan coherencia a los universos superheroicos y permiten reciclar y oxigenar conceptos. Sin embargo, a veces dan la impresión de que son demasiado ambiciosas y dejan muchos elementos sueltos. El veterano autor (con su piel de rinoceronte) suele hacer de tripas corazón con esta ciencia ficción mitológica donde la palabra ciencia se usa de manera muy, muy, muy generosa.

Estas ideas (esta fantaciencia de conveniencia) repletas de Deus Ex Machina al carecer de referentes racionales o realistas a los que agarrarse suele ser uno de los puntos débiles más flagrantes de los cómics de superhéroes y que tanto lastran a los universos cósmicos entre los que se mueven los Green Lantern, los Nuevos Dioses o incluso la Legión de Superhéroes.

En el 18 se cierran definitivamente las líneas del primer arco, la parte más cósmica de la serie. Pasamos al cruce con el inevitable evento de turno, en este caso Joker, Last Laugh. Como siempre ocurre en estos casos leída la colección fuera de su momento y del tirón, el evento es, y perdonad el tecnicismo, un cortarrollos importante que ni ayuda a dar la sensación de universo compartido. No en vano, la labor de Simonson hace que su lectura, sobre todo por el apartado gráfico, sea estimulante.

Y entramos de lleno en los cinco últimos números de la serie (el último tomito de Planeta). Allí tenemos a un Orión vencedor pero exhausto mentalmente por la grandiosidad de la batalla y vacío emocionalmente tras su victoria.

El semidios se refugia en la Tierra en su momento más introspectivo. Es un gran guerrero sin causa, sin batalla en la que participar. Renuncia a su indumentaria y pasa a una identidad terrestre. La historia nos lleva a un arco totalmente diferente con una trama “realista” (o al menos si la comparamos con todo lo anterior) con mafias, niños secuestrados y Orión como héroe urbano. Unos números hechos con oficio, sin grandilocuencia que evidencian que la serie ya va de bajada (no en calidad) pero si en intensidad. De la misma manera que Orión se recoge en la Tierra en un semi-retiro, Simonson recoge sus bártulos para dejar la colección, dejarlo todo ordenadito y apagar las luces a la espera de que alguien con más fortuna en ventas retome el personaje.

En el último capitulo vemos el reencuentro entre Scott Free y Orión. Resulta que Mr Milagro es el poseedor de la ecuación y suya es la misteriosa identidad del Corredor Negro. Ambos personajes se ponen al día, se dan las explicaciones (y a los lectores) pertinentes en una sobremesa con Barda, que ha cocinado un mini jabalí (o algo por el estilo, que uno ha leído muchos cómics de Asterix). Además, Orión y Scott (que Barda se ve que solo está para cocinar), se definen como personajes reversibles. Simonson lo concreta en grandes líneas de diálogo, demostrando lo bien que entendía a los protagonistas y al Cuarto Mundo.

Fin

CONCLUSIÓN

El Orión de Simonson es una modernización necesaria de los mitos creados por Jack Kirby. Demostrando que seguramente es el auténtico y más genuino heredero del Rey siendo capaz de domar sus obras más ambiciosas, sus conceptos más locos, dotándoles de la fuerza gráfica que tan incomparable hacía a Kirby.

Simonson hace un lavado de cara al Cuarto Mundo y lo convierte en un drama coherente, estable, lógico (dentro de su locura), de tintes shakesperianos y demostrando que tras esos comics tan indigestos de Kirby había las (quizás) ideas más potentes que produjo el autor.

Cierto es que posiblemente Thor sea la obra más celebrada de Simonson, sin embargo, aquí parece un autor más maduro y más hecho. Además, al tratarse de dos personajes bastante parecidos, la sorpresa está atenuada. Y aún así…

… gráficamente Simonson está como nunca. Jamás dejó de ser un autor innovador en lo gráfico, potente, vanguardista y narrativamente estimulante (solo hace falta ver Star Slammers, su primera obra), pero en Orión añade veteranía y madurez.

No deja de usar trucos, pero en Simonson estos suman. Aún viéndolos (esos fondos repletos de intensidad, de angulosas explosiones, ruinas humeantes, etcétera), uno tiene la impresión de ver una página completa y repleta de sentido. Una página que se lee como un todo y no con una serie de viñetas en las que el autor mete los globos de texto y nubes para no dibujar fondos.

Inducción, suicidio, magnicidio… todo en uno

Simonson además usa unos embellecedores en los márgenes de la página evocando esculturas y arte de civilizaciones cósmicas y anteriores a la existencia del hombre, para dar la sensación de que hay ahí una cultura primigenia, antigua, rica y profundamente belicista.

Narrativamente, lo hemos dicho, el autor exprime las posibilidades que permiten la composición de página, el diseño de viñetas y toda la revolución narrativa que empezó en los 80 (y de la que formó parte). Uno no deja de “embadalir-se” al reseguir las secuencias, la estructura y el ritmo de la acción.

El trazo de Simonson nos vuelve a llevar a Kirby. Además de la influencia estilística, el creador de Star Slammers consiguió dar a sus páginas la grandeza, grandilocuencia, contundencia y espectacular reverberación más kirbyana que vimos hasta la fecha (Kirby también usaba trucos, como sus burbujas, por ejemplo). El impacto de algunas viñetas, la fuerza de algunas peleas y el poder de algunos personajes es kirbyanismo puro.

Sorprende recordar como en la introducción de uno de los tomos de Thor, algún redactor decía que Simonson no era un gran dibujante. Sorprende todavía más teniendo en cuenta que hablamos de comics de los 80 con un trazo que a día de hoy se ve moderno.

Como pega diremos que el trato a los personajes femeninos sí que ha envejecido. Y mal. Es recurrente en el autor la presencia de intrigantes féminas que encandilan, engañan y manipulan al héroe mediante la seducción y el sexo para someterlos a su voluntad. Y no es que este tipo de personajes deban dejar de aparecer para siempre en la cultura pop, si no que en el caso de Simonson son mucho más recurrentes que en el resto de autores.

Orión solo ha podido ser leída en España de la mano de Planeta con cinco tomitos de cinco números cada uno (5×5=25), de tamaño reducido (de ahí el uso de la palabra tomito). Se publicó la serie completa (en USA se canceló por ventas, aunque Simonson tenía ideas para más de treinta números, según dijo en diferentes entrevistas).

Los tomitos lógicamente son jibarizados aunque más cercanos al tamaño pocket de ECC. 7,50 € de precio, los Pocket estaban a 9,95€…. Y eso que más de 20 años de diferencia. Sin embargo, lo tomitos de Planeta son recordados con mucho más cariño que ECC. Pero eso es otra historia.

Planeta introducía textos explicativos para dar contexto, sin embargo, en este caso son bastante inocuos y redundantes, con poca explicación extra. Es más, en algún momento parece que el autor no había leído los cómics (o no los había entendido). También está el tema de las portadas, que aparecen y desaparecen de los tomos, además de no mostrarse como tales, si no, simplemente se nos muestra la ilustración sin que sepamos a que numero pertenecen (ahí Planeta perdió la oportunidad de hacer un concurso o un pasatiempo para lectores).

No en vano, es una edición eficiente, necesaria y (por ahora) única por cuanto nos trajo una buena obra de un autor indispensable en un gran momento.

Veremos si en algún plan editorial futuro tendremos la posibilidad de disfrutar de los dos ómnibus que sí se han publicado en USA.

Hasta la próxima.

Lo mejor

• Una obra completa contenida en 25 números.
• La labor de reivindicar los conceptos-Kirby.
• El dibujo de Simonson.

Lo peor

• La manera de tratar a los personajes femeninos.
• Algunas ideas son bastante «vale, ok».

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5 Comments
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Manin
Manin
Lector
10 enero, 2026 15:31

La leí entera en su día y se me hizo un poco bola por los textos, que eran demasiado farragosos para mí (y además la leía en inglés, cosa que tampoco ayudaba). Pero es verdad que la trama y sobre todo el dibujo eran muy interesantes.
Si la reeditan, lo mismo pico.

Manin
Manin
Lector
En respuesta a  Román de Muelas
10 enero, 2026 23:37

Gracias a vosotros siempre

hammanu
hammanu
Lector
11 enero, 2026 15:09

Bueno, Simonson es un guionista de los de antes y es normal que ponga mucho texto. Eso no quita que este comic sea una maravilla y de los mejores que capta la obra del «Rey» Kirby. Totalmente recomendable y si que tocaría una reedición en un tamaño mas digno. Yo tengo la edición de Planeta. Como curiosidad yo si lo leí en los comics books yanquis gracias a un amigo que me prestaba las grapas en su época. Lo bueno de este autor que se lee muy bien en su idioma materno

Sith
Sith
Lector
12 enero, 2026 18:39

Gracias por la reseña.

Lamentablemente no comparto mucho de lo que dices aquí, en mi opinión el Orion de SImonson esta casi al nivel de su Thor, es una obra que ha envejecido muy bien y que mantiene un nivel de épica y calidad que ojala tuvieran los Nuevos Dioses de Ram V, muy pocos autores lograron desarrollar y ampliar en forma digna las ideas de Kirby, y me animo a decir que entre ellos los dos que mejor lo hicieron fueron Simonson y Byrne.

El autor aquí logra desarrollar una muy buena trama en donde muestra a Orion no como un héroe común y perfecto sino que por el contrario es una fuerza de la naturaleza que como heredero de Darkseid vive intentando no cruzar esa línea que lo separa de seguir la senda de su padre, la conspiración palaciega me parece genial y muestra como un ser supuestamente bueno viene a cambiar el sistema termina siendo atrapado por el mismo.

Orion no es un personaje tonto ni ingenuo pero entiende que aprende rápido lo que es ejercer como gobernante de un planeta que lo odio y que vive conspirando en contra de él.

Lo interesante de la trama es la expiración de pecados que tiene que realizar por tomar el poder absoluto, primero en forma de exilio y luego en forma de esclavo (dos clases de tortura que le pasan factura) y de las que aprende valiosas lecciones; para colmo el autor muestra un villano final que resulta ser atípico pero extremadamente peligroso para los cánones de esa época, mostrando una critica solapada a todo el sistema capitalista que hoy en día encaja más que bien.

No entiendo bien cual es el punto flojo de su desarrollo de personajes femeninos, aquí no hay damiselas tontas en peligro sino que por el contrario todas tienen una personalidad muy bien definida y justamente por estar en Apokolips nunca dejan de ser peligrosas.

Yo tuve la oportunidad de leer los primeros 5 números en ingles al comprarlos usados y luego pude hacerme con la colección completa de Planeta que aun atesoro y cada tanto releo.

Sería genial que en algún momento logren reeditar en un formato digno tanto esta obra como el Cuarto Mundo de Byrne, ya que todo lo que se hizo luego de ellos hasta ahora es para el olvido.