Introducción
Vivimos tiempos oscuros, tenebrosos, violentos, trágicos… desde la invasión de Ucrania por parte de Rusia, pasando por Gaza y llegando al risketo con patas que se autoproclamó Premio Nobel de la Paz (como si el premio que ya obtuvieron Kissinger u Obama no fuera casi tan chistoso como el propio Trump), estamos viviendo una escalada violenta y armamentística terrible.
Quizás empezó antes (Irak, Afganistán, Yemen, Siria, Libia…), quizás el 11S fue el inicio de la Tercera Guerra Mundial o la precuela, el ensayo, el Gernika del siglo XXI…
Los libros de historia tendrán su momento (si es que hay futuro) para analizar y poner etiquetas, buscar causas peregrinas, justificaciones, explicaciones más allá de las excusas y los motivos de vergüenza ajena e inhumanidad que se están dando… pero el momento presente es el que vivimos. La amenaza es terrible y el dolor insoportable.
No se si os ocurre lo mismo, pero ha llegado un momento en que un pesimismo gris y pesado atenaza el corazón, enlentece los pies, ensombrece la mirada… un momento en el que cuesta leer, en el que ya somos mayorcitos para evadirnos y evitar las consecuencias de un horror mundial y global, que notamos directamente en nuestras carnes.
La cultura, el ocio, el entretenimiento han servido para conocer, empatizar o comprender el núcleo de los conflictos armados, las consecuencias del desastre, la desesperación de las víctimas, el miedo, el dolor… a veces nos han dado esperanza, otras veces consuelo, otras indignación ante el uso criminal del poder…
Sea como fuere, desde zona nos hemos querido sumar a la protesta, al grito de rabia, a expresar nuestra preocupación y nuestro miedo ante la incertidumbre que vivimos como especie y sociedad. Hemos querido reivindicar obras que tratan la guerra, que nos pueden ayudar a explicar, comprender o molestar.
Obras que nos dan que pensar, que nos hacen sentir y que ejemplifican nuestro rechazo a la barbarie asesina.
Cocoon – Laura Calvo

Una guerra es sinónimo de vidas truncadas, de sueños rotos, de futuros que ya no podrán llegar. El horror sume a las personas de a pie en la desesperanza, el miedo y el abatimiento mientras tratan de sobrevivir día a día en una realidad que se les muestra hostil y en la que, pese a todo, deben seguir adelante en medio de la devastación. Es esta oscuridad la que nos muestra KYO Machiko en Cocoon, un tomo único que publicó en nuestro país la desaparecida Editorial Kodai y que nos hace sumergirnos en la crueldad que supone todo conflicto bélico.
San y Mayu son unas adolescentes normales. Van al instituto con sus amigas, sueñan con lo que les depara el futuro, comparten confidencias entre risas. Sin embargo, ese mundo en el que viven se ve ensombrecido por la guerra que está librando Japón y, aunque están lejos del campo de batalla, experimentan de primera mano horrores que jamás habrían imaginado. Aunque al principio intentan conservar su normalidad, pronto deciden ejercer como enfermeras para cuidar de los heridos en el frente y, entre bombardeos, sangre y muerte, se ven obligadas a madurar de una forma desgarradora.
Basándose en acontecimientos reales que ocurrieron durante la Segunda Guerra Mundial, KYO Machiko nos traslada a un rincón de Japón sin nombre y nos muestra lo terribles que son los conflictos a través de sus protagonistas. El doloroso contraste entre su juventud, su inocencia, sus sueños, sus preocupaciones de adolescentes por un lado y la realidad que deben afrontar por otro nos hace estremecernos según vamos pasando las páginas. En ellas la autora plasma situaciones traumáticas que cambian para siempre la vida de San y sus compañeras: cuevas llenas de cadáveres, heridos que llaman a su madre antes de cerrar los ojos para siempre, decisiones aterradoras que toma la gente para no caer en manos del enemigo, sufrimientos inesperados que a veces les provocan quienes están en su propio bando… Y la pérdida de aquellos a quienes conocen, de las amigas con las que, en un tiempo que se les antoja muy lejano, reían alegres. Es imposible leer Cocoon sin que se te encoja el corazón.
Sin embargo, KYO Machiko también deja lugar para la esperanza. Cuando la guerra termina, sus personajes eligen vivir por aquellos que se quedaron atrás. Sus heridas probablemente no sanen nunca —y, por supuesto, jamás las olvidarán—, pero aprenden a convivir con ellas como pueden. Ojalá también en nuestro presente aprendiéramos del horror para no repetirlo nunca más.
Por último, cabe destacar la forma en que Kyo cuenta su historia. Su dibujo, aparentemente infantil, ofrece un contraste con la crueldad de lo que narra que refuerza el mensaje del manga. Por otro lado, y aunque muestra sin tapujos las desgracias y el dolor que viven sus personajes, en ocasiones se vale de elementos simbólicos muy bien empleados —la imagen de la crisálida como elemento protector, por ejemplo, tiene mucha fuerza, así como la representación de los soldados— para subrayar la crudeza de la guerra y los mecanismos que utilizan San y las demás para sobrevivir en su día a día mientras a su alrededor su mundo se hace añicos. Su narrativa es tan estremecedora como el argumento del manga y nos invita a hacer una profunda reflexión.
Operación Muerte – Fer Garcia

“Todo por la patria, dicen, y hay estúpidos que se alistan a ese ejército que odiamos”. Con estas palabras comienza, a calzón quitado, comienza Mizuki este alegato antibelicista de tintes autobiográficos. En él narra la experiencia de una compañía de soldados japoneses que es enviada en 1943, durante la II Guerra Mundial, a una isla de Papúa y Nueva Guinea para su ocupación y resistencia ante el avance del ejército estadounidense por el Pacífico. Allí vería morir a la mayor parte de sus compañeros en una serie de escaramuzas destinadas al fracaso y al enmascaramiento del fanatismo y el fracaso de sus políticos, que no dudaron en sacrificar las vidas de la población a la que debían servir. Aquellos hombres fueron enviados en los ataques conocidos como gyokusai u “operación muerte”, que dan título a esta obra y consistían en ofensivas suicidas en las que solo unos pocos sobrevivían.
Durante el tiempo en que permaneció en esta misión, conoció el hambre extrema, el maltrato a sus subordinados y el desprecio a la vida por parte de los altos mandos del ejército japonés, contrajo la malaria y perdió un brazo en un bombardeo. Una década después de su regreso a Japón, comenzó a trabajar como mangaka, sin saber que se convertiría en uno de los más importantes de la historia, gracias al tratamiento y revitalización de la figura de los yokai y un sello personal e inconfundible. Porque Mizuki permanece fiel a su particular estilo gráfico, afilándolo un poco, creando un gran contraste entre sus diseños caricaturescos y el retrato del horror de la guerra.
El autor de Kitaro enarbola un potente discurso antibelicista, decidido a mostrar la futilidad de este episodio bélico y la injusticia llevada a cabo por el gobierno japonés contra miles de familias que quedaron rotas. El relato, que comienza con cierto tono cómico para narrar las desventuras de los soldados nipones en la isla, se recrudece poco a poco con la llegada del ejército estadounidense a la isla y el enfrentamiento contra ellos, en el que las filas de la compañía japonesa van menguando, mientras los supervivientes quedan rodeados por el halo de la muerte y salvados por los caprichos del azar, sin saber cuando llegaría su hora, mientras Mizuki aumenta el uso de la tinta negra para crear una atmósfera asfixiante y concluye la historia con un barrido por el campo de batalla plagado de cadáveres deformados por el fuego enemigo, quedando como vestigio de una historia que jamás debió haber ocurrido.
El Sherif de Babilonia – Enrique Doblas

La guerra es la máxima derrota. No es la última opción, no es la salida a nada, es el fracaso del entendimiento, del acuerdo, del bien común. La guerra sólo sirve a los intereses de unos pocos, y ni siquiera de monstruos (bueno…), sino simplemente gente común criados insensibles en un capitalismo extremo.
De ellos va justamente esa maravilla llamada El Sheriff de Babilonia de Tom King y Mitch Gerards. Una obra que saca oro puro del cotidiano de la postguerra. Que nos demuestra como las guerras sólo se construyen a base de los deseos egoístas y cuando acaban dejan un páramo desierto de justicia, colaboración y empatía.
Ambos artistas dan el do de pecho con una obra coral, poliédrica, que nos acerca a una cultura y unas situaciones desconocidas para la mayoría. Un ambiente abierto y sin embargo opresivo, un caluroso horizonte que causa una fría sensación de desespero. Las conversaciones son ásperas y el dibujo cortante.

Los personajes protagonistas creados por King y Gerard, porque no se puede separar al guionista de los certeros diseños del dibujante, demuestran una intención que se acerca, al menos, a su integridad moral. Pero se mueven en un terreno que sólo los puede aproximar, como mucho, a una venganza mal dirigida y poco satisfactoria. Y en el camino más muerte, más miseria, más derrota.
No a la guerra, que suene alto, que suene de todos. Por favor, no a la guerra.
Watchmen – Roman de Muelas

Polifacética, distópica, pesimista, interdimensional, caleidoscópica, multitemática… Watchmen no es un cómic bélico. A cualquier persona que le preguntes y conozca la obra, te dirá que trata de una aproximación realista de los superhéroes. Pero también esa misma persona admitirá que es más, mucho más.
Watchmen es completísima y trata tantos temas que sirve para todo. Violencia, machismo, amor, locura, fascismo, egolatría, frustración, soledad, crimen, cultura pop, ciencia ficción, periodismo, capitalismo, política… ¿qué tema no trata Watchmen? Se puede hablar de cualquier tema a través de Watchmen.
Sí, incluso de la guerra. No en vano la trama transcurre en un contexto de Guerra Fría, hechos importantes ocurren en el conflicto del Vietnam, amenaza nuclear y la cercanía de una invasión de Afganistán por parte de la Unión Soviética.
Es un contexto que impregna la obra. Siempre presente. Tenemos escenas de guerra, violencia sin sentido, horror… pero no hemos seleccionado esta obra por esto. Hay muchas más que tratan estos temas con más profundidad.
En Watchmen hay un detalle (de muchos) en el que vemos como se trata con un realismo (casi) involuntario pero atroz el miedo que se genera al iniciarse un conflicto bélico. En el momento en el que el Dr Manhattan se exilia en Marte por despecho (instigado por Ozymandias), cambian los equilibrios entre las superpotencias y la Unión soviética liberada de la presión que suponía el omnipotente superhéroe americano, decide invadir Afganistán.
Queriendo o sin querer (seguramente queriendo e inspirado por las historias que sus mayores le contaron sobre las guerras que no vivió) Moore (y Gibbons) narran una situación en la que uno se pone en la piel del ciudadano de un mundo que se va a pique, un mundo que se lanza de cabeza a la Tercera Guerra Mundial, un mundo repleto de armas nucleares…
A uno se le encoje el corazón por ver como ese mundo de ficción se aboca a un desastre inevitable, en el que le humano de a pie no tiene nada que hacer para impedir que las fuerzas aniquiladoras de USA y la URSS lleven al planeta al desastre absoluto.

Además, Moore lo adorna con toda su enorme capacidad, su genialidad, con líneas de diálogo fabulosas: “Si quería vivir en un planeta rojo se podía haber quedado en la Tierra” dice un ingenioso personaje al ver el avance imparable de la Unión Soviética.
Esa sensación ante la invasión de Afganistán (que ocurrió en la realidad, pero de otra manera), de desastre inminente nunca la he leído mejor en un cómic y volvió a mi cuando me enteré (por Raúl López en el grupo de Whatsapp de la redacción debo decir) de que Estados Unidos e Israel atacaban de forma masiva Irán.
Así de fuerte fue el impacto de Watchmen en su momento, que me lo recordó un terrorífico, belicoso y violento hecho real del presente.
Watchmen no es una obra de consuelo. Como todos sabemos Ozymandias logra la paz mundial con un sacrificio brutal de vidas. Pero el propio Dr Mahnhattan le joroba su triunfo final en una fabulosa serie de tres viñetas (también de impacto personal imperecedero) cuando Weidt (apellido alemán tiene en el genocida, como Trump, por cierto) exclama “Al final lo conseguí, Jon”, a lo que el superhéroe responde “Nada acaba nunca, no hay final” y deja a Ozymandias solo en su “triunfo” con su corazón podrido de muerte.

Lo dicho, no es una obra especialmente esperanzadora, aunque al menos da idea de que existe la posibilidad de la paz, de un entendimiento entre antagonistas (esperemos que no haga falta que mueran millones), ni que sea a través de una farsa.
Pero, sobre todo, Watchmen nos sirve como advertencia sobre el peligro que suponen los hombres superpoderosos, enloquecidos con delirios de grandeza, sedientes de sangre, dinero, poder y petróleo.
Matadero Cinco – Jordi Molinari
Hace poco fueron los Oscar 2026 y una voz discordante sonó con fuerza entre tanto chiste fácil y discursos cronometrados. Javier Bardem volvió a lanzar un «¡No a la guerra!», junto a un «¡Palestina libre!», tal y como ya hizo su familia y él en 2003 y que al no ser escuchado hemos pagado por ello en más de una ocasión. España siempre ha tenido un fuerte sentimiento antibelicista, especialmente en el sector de la cultura, en el que también nos encontramos los cómics en todos sus formatos.
Matadero Cinco o la cruzada de los niños es una adaptación al medio del cómic de la novela homónima de Kurt Vonnegut. El trabajo de adaptar el texto a un formato de viñetas corrió a cargo del escritor canadiense Ryan North, mientras que todo el apartado gráfico fue obra del autor barcelonés Albert Monteys. La historia la escriben los vencedores, pero en Matadero Cinco, a pesar de ser un soldado del ejército de los Estados Unidos de América, Billy Pilgrim es más un superviviente de las atrocidades que se cometieron en nombre de la paz.
La vuelta a la realidad no es fácil para el protagonista, cuyas secuelas van apareciendo en su vida a pesar que tenga periodos donde sea el mejor ejemplo del estadounidense promedio surgido de los felices años cincuenta. Una aparición de unos extraterrestres harán que la obra vaya avanzando adelante y atrás en el tiempo, pudiendo atar con más precisión de donde surgen los distintos traumas. Eso si queremos creer que, al igual que gran parte de la población de ese país, los extraterrestres existen.
Porque la guerra le deja secuelas a todo el mundo salvo los altos mandos que las inician, dirigen y posteriormente se llevan los mejores botines de guerra cuando alguien decide que ya no sale rentable seguir alimentando por el momento a la industria armamentística.
Nunca realmente seremos esos vencedores. Ni Javier Bardem, ni Albert Monteys, ninguno de mis compañeros ni ninguno de los lectores. Por ello, en un mundo ya asfixiante y que muchas veces puede ser una trampa mortal, nuestra única forma de lograr sobrevivir sin acabar más dañados es gritar bien alto y bien fuerte «¡No a la guerra!».
Maus – Raúl Gutiérrez

Pocos cómics se me ocurren que carguen más contra los errores de la guerra que Maus. Sí, es hablar de un cómic que todo el mundo conoce. Del punto de partida de la mayoría de lectores. De un tema muy gastado, el de la Segunda Guerra Mundial, el Nazismo y los campos de concentración. Pero es que es un clásico que ya en 1977 de la mano de Art Spiegelman (guionista y dibujante que con esta obra ganó un Pulitzer) y contando la historia de su padre, nos hablaba de los horrores (y los errores de la guerra) de qué pasa cuando aprovechándose del sistema democráctico se elije a un fascista de aspecto ridículo que decide que para salvar su país los problemas económicas y de hambruna, tiene que invadir el país vecino.
Hoy tenemos a otro fascista ridículo (y de color naranja) que también ha decidido que la mejor manera de salvar a su país de los problemas que éste tiene es ivandir Irán, o Venezuela. Que en la búsqueda de hacerse gratis con el petróleo que no le pertenece trata de convencernos de que el fin justifica los medios y que todo vale si derrocamos a un dictador para cambiarlo por otro todavía peor. Para más inri, hablamos de un país que aunque se diga democrático es mucho menos democrático que Alemania en aquella época, con unos ciudadanos asfixiados por un capitalismo que no les permite ir al médico sin revisar antes si tienen ahorros suficientes para ello. Problemas reales que al fascista de color naranja en absoluto le importan, puesto que prefiere concentrarse en otros problemas imaginarios.
Por si esto fuera poco, Putin hace lo que quiere con el pueblo Ucraniano, al tiempo que David se ha convertido en Goliath, reduciendo la tierra palestina a un erial infértil como resultado de un genocidio sin precedentes.
Los paralelismos con la figura de Hitler y los estragos del nazismo y de la guerra a la que condujo al mundo entero son demasiados. Por eso resulta muy difícil no recomendar Maus aprovechando esta gran idea de mi compañero Román de Muelas para denunciar la situación actual a la que nos conduce la locura de Donald Trump, un hombre rico nacido dentro del privilegio más exacerbado pero que nunca tiene suficiente.
Maus es una historia de sufrimiento, remordimiento y antibelicismo que explica como ni siquiera el paso del tiempo es capaz de borrar las heridas que la guerra y sus excesos hacen en seres inocentes. Una obra muy dura de leer casi en cualquier ocasión pero que hoy, se hace aún más trágica.
Una obra que nunca podemos dejar de tener presente.
Cráter (Caza derribado) – Antonio Valdepeñas Torres

Autores como TEZUKA Osamu, MIZUKI Shigeru, MIYAZAKI Hayao, TOMINO Yoshituki o TAKAHASHI Ryosuke tienen en común haber vivido desde la infancia la guerra y posguerra de la Segunda Guerra Mundial. Todo ese ambiente y vivencias les hicieron totalmente antibelicistas en forma y fondo, y ese pensamiento de lo monstruoso que son las guerras, pero sobre todo el ser humano y los que se aprovechan de ello para todo tipo de felonías, es la constante en sus obras.
Cráter de TEZUKA es una serie de relatos cortos donde tienen cabida todo tipo de temas, pero en esta ocasión, con la idea de Román de Muelas y las sensaciones que tenemos todos por lo vivido actualmente «gracias» a un genocida y su payaso de color naranja, quería hablar de Caza Derribado, una de las historias de este tomo y de las más dolorosas, que ponen de manifiesto hasta nuestros días la utilización de la guerra, su gente y el falso patriotismo.
No es una historia real, dice TEZUKA, pero es algo que vemos diariamente en otros términos, por desgracia.
Es la historia de Okuno, un joven piloto que puede ser cualquiera en una guerra indeterminada, que puede ser esta misma que estamos viendo atónitos. Por azares del destino nuestro protagonista acaba en una isla desierta; al no tener noticias de él, los familiares y el gobierno deciden convertirlo en un kamikaze, un mártir de la patria y el país, que con su sacrificio llevó la paz.
Una mentira deleznable que vamos viendo cómo va calando en la sociedad, y para el resto de personas es una alegría: sí, la guerra se ha acabado, pero un héroe ha dado su vida. Se celebra la muerte, se da alas a que el conflicto bélico es lo mejor, heroico, una aventura épica; estar dispuesto a morir por tu país, dejarlo todo y ser un cadáver más, mientras los poderosos, los que gobiernan, mienten, destruyen nuestro bienestar, crean mentiras, más mentiras, meten odio y nos dilapidan en todos los aspectos posibles de la vida.
Pero claro, ¿qué pasa si la mentira se vuelve contra ellos? Pues que sí o sí la víctima no puede recuperar su vida, tiene que morir en pos de un bien mayor.
LA PATRIA, LA BANDERA, EL PAÍS, LA LIBERTAD.
Esas palabras pervertidas hasta nuestros días por los auténticos monstruos -Nethanyahu, Trump, Putin, Aznar, Ayuso- que siguen sentados enciam de una ristra de cadáveres que va en aumento, beneficiándose a costa de la sangre de sus semejantes.
Fin
Esperemos que os haya gustado esta selección y os invitamos a que compartáis las obras que consideréis del mismo tema.









Gracias por hacer de este también un espacio de resistencia!! Esperemos que acá en el sur nuestro demente personal no nos meta también en una guerra ajena como ya pasó en los ´90…
Gracias a ti por comentar
Muchas gracias por plantear una iniciativa tan bonita e importante. Decir «no» a la guerra debería ser un acto humano, en lugar de político.
Gracias, Alfonso
Muy buena iniciativa y muy buenos cómics.
Gracias.
Estupenda selección.
Dicho esto y respetando el trabajo de esta web, a la que entro a diario varias veces, tengo que decir que no entiendo por qué, de todas las guerras que existen ahora mismo en el mundo, incluidas las que no salen por la televisión, esta guerra de Irán merece la especial condena de este medio y de tanto otros.
No puedo evitar ver una finalidad política patria en traer esta cuestión a primer plano junto con la recuperación de viejos es eslóganes.
En sentido abstracto, decir no a la guerra me parece algo tan obvio y vacío como decir no a la muerte o no a la enfermedad. En este caso concreto, al escuchar No a la Guerra no puedo evitar escuchar Sí al Régimen. Al Régimen Iraní. Un régimen que llevaba desde enero asesinando civiles por el hecho de ser hombres y especialmente mujeres que se manifestaban para decir basta, queremos libertad. Amnistía Internacional y la ONU confirman unos 8.000 asesinados, pero reconocen que el apagón informativo y la ocultación por parte del régimen podría estar escondiendo una cifra tres o cuatro veces superior. Y no se trata de víctimas militares o de víctimas civiles de un misil perdido que impacta en otro objetivo en una situación bélica no. No, se trata de civiles ejecutados por el hecho de manifestarse.
Qué sé yo. Quizás desde aquí sabemos mejor que nadie qué es lo que le conviene al pueblo iraní. Quizás todos los iraníes que se manifestaron celebrando la muerte del Líder Supremo y el comienzo de la guerra y todos los que antes de eso pedían la intervención de EEUU para poner fin a las matanzas son unos ignorantes de su propia realidad. O quizás es que el Régimen de Irán está haciendo valer todos los millones de euros con los que han levantado a ciertos partidos políticos en España y en otro países. O quizás antes tendríamos que haber gritado No a la Represión.
No a la Guerra. La Guerra es una derrota. Está claro y ojalá recordáramos la guerra como un invento caído en desuso. Pero sin guerra seguramente Europa se hubiera consolidado como El Tercer Reich. Y sin guerra seguramente España habría sido un apéndice de la Francia napoleónica. Y volviendo al mundo de las ficciones que nos apasionan, sin guerra no se habría derrotado al Imperio Galáctico, ni a Sauron. Es triste, pero es así.
Es que las guerras son buenas o malas dependiendo del prisma progresista. Cuando Obama tiraba misiles como un campeón daba igual.
Si lees la intro, verás q nombramos más guerras y conflictos, cierto es q no están todas las que podrían estar pero ,y ahora hablo a título personal, en mi caso, propuse esta iniciativa por la sensación que tenía de guerra mundial de mundo q se va a la mierda, y la impotencia de hormiga q siento.
De ahí a decir q defendemos el régimen iraní… Pues chico, no.
Se puede estar en contra del régimen chiita, contra Trump, contra la manera de atacar un país … No es incompatible, no es blanco o negro
Y el tema pues es un tema tratado mil veces en los comics,de manera más o menos politizado, y de forma más o menos genérica, y creímos que era un buen momento.
Tal cuál. Dejad de intentar polarizar todo. La guerra es la mierda, siempre. Por qué estar en contra de putos genocidas es apoyar terrorismo islámico? En qué puto mundo vivimos en el que esas son las dos opciones y no hay más?
Ni puto caso.
Buenas, Shockbringer:
Te agradezco tu comentario porque creo que siempre es enriquecedor explorar puntos de vista diferentes sobre un mismo tema.
Yo mismo me he planteado algunas de las cuestiones que presentas en tu comentario. No es difícil ni raro pensar que, en determinadas ocasiones, la guerra puede ser un recurso aceptable, incluso positivo.
Personalmente, no querría establecer ninguna regla general porque cada situación es un mundo, pero sí considero que podemos matizar algunos aspectos de los casos que pones como ejemplo.
Sin ir más lejos, cierto es que el Tercer Reich se habría consolidado en Europa si nadie hubiera decidido entablar una guerra contra él, pero me parece que hay una diferencia esencial: no tienen nada que ver el iniciar una guerra como agresor del defenderse de una guerra como agredido. Como es lógico, no podemos echar la culpa a quien recibe la agresión de querer defenderse. El «dos no pelean si uno no quiere» no funciona cuando el abusón del curso se pone a atizar a su presa habitual unilateralmente.
En el caso de Star Wars o El señor de los anillos, como también comentas, tenemos la misma situación: un pueblo agredido mediante la opresión que se levanta; un mundo que se defiende de una destrucción absoluta ante las fuerzas de Sauron.
Como digo, aquí luego hay muchos matices. Por ejemplo, si hablamos del caso de Israel y Palestina, la primera agresión la recibe Israel, por lo que una defensa podría catalogarse de justificada desde la lógica anterior. Sin embargo, incluso en la guerra establecemos líneas rojas, fronteras éticas con las que una gran parte de la humanidad estuvo de acuerdo en su momento. De ahí surgen los conceptos de «crimen contra la humanidad» y «crimen de guerra», cuando todo propósito medianamente racional se pierde y solo queda la atrocidad más visceral. El día en que la ONU declara que se ha cometido genocidio por parte de Israel, sabemos sin duda alguna que se ha llegado a ese punto.
Otro caso que podemos encontrar son las guerras que responden a una supuesta amenaza que todavía no se ha materializado. Estos resultan particularmente peligrosos porque parecen ofrecer una justificación razonable: «Si no atacamos nosotros primero, acabarán atacándonos ellos». Se equipara la posibilidad de una agresión a la existencia de una agresión, una falacia de lo más eficaz que se infiltra en los discursos geopolíticos, con difícil freno.
Esta es la lógica que llevó a Rusia a atacar Ucrania (según dicen ellos, al menos). También es la misma lógica que nos llevaría a una guerra mundial de inmediato si se retuerce lo suficiente. ¿Por qué no se ataca a China si China podría atacar Taiwán en algún momento? ¿Por qué no se ataca directamente a Rusia si Rusia podría continuar sus ánimos expansionistas hacia el flanco este de la OTAN? Se podrían emplear tales preguntas sobre tal lógica para justificar la guerra que se quisiera, pero entonces la guerra no acabaría nunca: siempre va a ser posible que alguien te ataque.
¿Y por qué sí se ataca a Ucrania o a Irán o a Irak? No es porque la lógica esté más fundamentada que en los casos expuestos de China o Rusia, sino por algo mucho más básico: su fuerza militar los convierte en presas más apetecibles; se observa una oportunidad de beneficio sin correr el riesgo meterse con alguien de su tamaño. Hablamos de la ley del más fuerte, del grandote del instituto que se paga el almuerzo a puñetazos porque sabe que puede. La humanidad también quiso poner freno a este sistema con la creación del derecho internacional. Por desgracia, tanto el derecho internacional como los crímenes contra la humanidad y los crímenes de guerra parecen quedar en el olvido cuando las mismas potencias que los promovieron consideran conveniente.
Por último, tenemos el caso del «régimen malvado al que se debe poner fin». ¿El régimen de Irán me parece repulsivo? Sí. ¿Me gustaría que se acabara? Sí. ¿Me saltaría el derecho internacional y la legislación de mi propio país para entrar en una guerra brutal llena de crímenes contra la humanidad y con el potencial de causar una catástrofe global (recordemos los peligros económicos y nucleares)? Pues igual no, porque hacer eso supone invitar al mundo a que se siente en el borde del abismo.
Y ojo, que lo aplico igual hacia Irán que hacia Ucrania que hacia cualquier otra.
Aun así, podría entender que se defendiera una operación de este tipo sobre la promesa aparentemente noble de liberar a un pueblo de su vil régimen opresor. Como acabo de comentar, a mí también me gustaría que dicho régimen cayera.
El asunto es que, a menudo, los deseos y las promesas no se corresponden con la realidad. El amplio historial de Estados Unidos en operaciones similares nos demuestra que resulta casi imposible usar la fuerza para imponer cambios tan fundamentales en un pueblo que se encuentra al otro lado del planeta.
El mismísimo señor Trump, aquel que ha dado la orden última de arrojar a Estados Unidos a esta guerra, catalogaba públicamente la guerra de Irak de «error terrible» y «la peor decisión en la historia de nuestro país». Si no aprendemos de los errores del pasado que nosotros mismos señalamos, ¿de qué vamos a aprender? ¿Hacia dónde vamos a ir?
Si la guerra de Irak ya fue un «error terrible», la de Irán tiene todos los ingredientes para resultar aún más fatal: Irán tiene un potencial militar mayor y una geografía que la hace casi invulnerable ante una invasión por tierra.
Para apreciar hasta qué punto estamos ante un escenario demencial, no hay más que ver la dimisión del director del Centro Nacional de Antiterrorismo de Estados Unidos o las flagrantes contradicciones que presentaba la cúpula de Trump ante el Congreso cuando se sometía a interrogatorio:
https://youtube.com/shorts/PJN_z4JDyy8?si=BYrkTlG6HJRQvAOY
https://www.youtube.com/watch?v=PFh9byeKSNk
Creo que con esto he cubierto la mayoría de argumentos que se pueden presentar sobre la situación. Para mí, ese «no a la guerra» no cae en el vacío ni en la contradicción, sino que se fundamenta en el respeto por la vida humana y en las lecciones de nuestra propia historia.
En todo caso, te animo a que rebatas cualquier aspecto si consideras que no es válido.
¡Un saludo!
Gracias, Alfonso, por la respuesta, por el tono y por la seriedad.
Yo tengo claro que hay una panoplia de intereses puramente económicos en los ataques a Irán. Parece claro que EEUU debía pensar que le bastaba con un algunos ataques quirúrgicos y que Israel está yendo por libre con el resultado de que, una vez, se han metido en un avispero que no preveían. Es decir, que entiendo que no es una acción puramente altruista.
Mi problema es que veo igual de poco altruista el No a la Guerra de ahora, que solo se he levantado con el ataque a Irán. ¿Décimos No a la Guerra porque es una guerra que no respeta el derecho internacional contra una país que vulnera sistemáticamente los Derechos Humanos más esenciales derecho internacional sus ciudadanos? ¿Es por qué no queremos que maten a los Ayatolás o es por qué nos va costar más llenar el coche? ¿O es por qué ahora viene bien defender a Irán porque así llenamos una agenda política vacía, tapamos unas cuantas vergüenzas y devolvemos lo que Irán se ha gastado en financiar partidos políticos de aquí?
En donde vivo trabajo cerca de una plaza donde suelen ser todas las manifestaciones de la ciudad.
He visto infinidad de manifestaciones pro Palestina, tanto antes como después del Alto el Fuego. No vi ninguna manifestación condenando los ataques de Hamás a Israel, las violaciones, secuestros y asesinatos, incluidos asesinatos de bebés en sus cunas. No he visto ninguna manifestación en contra del genocidio cristiano en Nigeria. He visto manifestaciones contra el beso de Rubiales en la final del mundial. No vi ninguna manifestación contra los asesinatos de mujeres en Irán por quitaste el velo, ni contra la represión de civiles desde enero por manifestarse en contra del régimen. La última manifestación que he visto ha sido la del No a la Guerra, que, lo siento, pero no puedo dejar de verlo como No a la Guerra contra el Régimen Iraní. Que sí, que él No a la Guerra como desideratum podemos decir que engloba una denuncia contra toda clase de conflicto bélico y me creo que hay gente que genuinamente lo entiende así. Pero la realidad es que este nuevo No a la Guerra ha sido una consecuencia directa del ataque a Irán y si resulta que es una guerra que los propios ciudadanos de Irán (o bastantes) estaban pidiendo, me pregunto es a quién defendemos con ese No a la Guerra y no puedo evitar ver cierto oportunismo aquí. Que no lo digo por Zona Negativa, faltaría más y no me lo entendía así, por favor.
¡Buenas otra vez! Gracias por tu respuesta. Lo que comentas también me parecen puntos de vista interesantes. Yo mismo he reflexionado bastante al respecto de algunos y creo haber llegado a una conclusión bastante sencilla: la gente tiene una vida.
Lo que quiero decir con esto es que hay miles de situaciones que se producen en el mundo constantemente. Cada persona tiene sus luchas, en unos casos más y en otros menos, pero hay algo cierto para todas: tienen un tiempo y una energía limitados.
Quizás quien sale a la calle a manifestarse por una situación concreta en un momento concreto lo hace porque así lo han determinado el pulso de los acontecimientos y de su ser. Muy seguramente, a esa misma persona le gustaría defender de manera activa otras causas, y muy seguramente no podrá hacerlo porque la vida impone sus propios límites.
Yo mismo me reconozco en esta realidad: intento apoyar todas las causas que puedo, pero hay un momento en el que tengo que parar de sumarme a reivindicaciones o parar de explorar Change.org porque, si no, mi vida solo consistiría en ello.
También me viene a la mente un debate que me he planteado mucho en mi vida: soy vegano e intento reducir mi huella de carbono todo lo que pueda durante cada día de mi vida. Ahora imaginemos que un día tengo que coger un avión de 16 horas (algo hipercontaminante) por necesidad imperiosa. ¿Estoy despreciando el resto de acciones acciones buenas que he hecho? Para mí, la respuesta es que no. Todo camino positivo que se haya recorrido seguirá teniendo su valor.
Por eso mismo, creo que toda causa apoyada por motivos nobles es un acto igual de noble, y ninguna causa no apoyada, independientemente del motivo, lo contrarresta.
Sobre esta perspectiva, es normal entender que el «impulso» del momento vuelva algunas causas más populares que otras. Si una causa se conoce más y está más presente, más gente le prestará atención y la apoyará. Esto no significa que esas personas no apoyarían otras causas similares llegado el caso, sino que las circunstancias han llevado a que dediquen su tiempo y su energía limitados en esa causa específica.
¡Un saludo!
El texto está muy bien argumentado y es muy sensato, pero esta cita es directamente falsa. El conflicto Israel-Palestina no comenzó el 7 de octubre de 2023. Afirmar tal cosa es obviar la Historia y el contexto que llevó a ello (y esto es independiente de la ideología de cada uno, son hechos). Igual que pasó en 2015 con el lema aquel de «70 años de paz» en Europa, que conmemoraba el final de la Segunda Guerra Mundial y «se olvidaba» de las dictaduras que hubo en España y Portugal en buena parte de esos años.
Si queremos ponernos históricos, la primera agresión la recibió Israel el El 14 de mayo de 1948, el mismo día en que se declaró la independencia del Estado de Israel.
Si consideras que los ataques del 7 de octubre de 2023 son una acción de legítima defensa en respuesta a una agresión previa (no sé si te refieres a alguna concreta, porque en ese momento había una situación de tregua oficial) es una consideración peligrosa, porque entonces estaríamos legitimando cualquier respuesta armada ejecutada directamente sobre objetivos civiles.
El problema del último párrafo, es que tienes toda la razón y es exactamente el motivo por el que no se puede legitimar una respuesta armada ejecutada directamente sobre objetivos civiles como acción de legítima defensa en respuesta a una agresión previa tampoco por parte de Israel. Y vuelvo a decirte, que no justifico ninguna barbaridad ni de Hamas ni de Irán, pero precisamente por eso tampoco creo que sea defendible la postura de Israel, EEUU o Rusia. No se trata de elegir bandos, se trata de lo que está mal a secas
¡Buenas! Tienes razón en que el conflicto es mucho más extendido y aprecio que lo señales. Mi intención no era defender a Israel ni simplificar el conflicto, sino ponerme en el punto de vista de alguien que justificara aquella defensa concreta como legítima en el marco de un plazo cercano para, posteriormente, llegar a la conclusión de que incluso esa legitimidad se dejó atrás hace mucho.
Interesante debate el que habéis expuesto y se agradece el tono empleado, así da gusto leer un intercambio de ideas y opiniones.
Personalmente, poco más puedo aportar respetecto a lo ya dicho. Es evidente que las guerras, como cualquier otro asunto de interés humano, también se mueve por su visibilidad y su exposición. De ahí que algunas provoquen movilizaciones y otras sean ignoradas. Y detrás de ese fenómeno están los intereses particulares de quienes intervienen o se oponen públicamente a ellas.
En cuanto a las obras recomendadas, sólo he leído las más «occidentales», es decir, Watchmen, Maus y el Sheriff de Babilonia. Esta última es la que leí más recientemente y me dejo un poso de desesperanza bastante amargo.
El resto me las apunto, gracias por el artículo.
Yo añadiria 300 a la seleccion.
Charley’s War, claro. Obra maestra sin parangón.
El NO a la Guerra es una cosigna que sólo dicen los que viven sin problemas graves y porque los conflictos les joden sus vacaciones. Y los que han pasado por una. Sólo estos últimos tienen derecho a hablar sobre el tema.
Felicidades. Nos has pillado, tío. Toda esta entrada sobre la guerra solo era una inmensa queja sobre como se nos han jodido las vacaciones. A nosotros que nos explicas de que mueran civiles y de que mueran niños, a nosotros nos preocupa única y exclusivamente nosotros mismos, nuestras vacaciones y que nos hagan casito… presumir de ser moralmente superiores por el No a la guerra… Felicidades, tio, nos has pillado.
Uno podría pensar, malpensar, que tu comentario es el de un cuñado amargado que solo quiere dar la nota por su falta de autoestima… pero no, lo hemos entendido como tu nos has entendido a nosotros.
¿Cómo lo has sabido? ¿Te has fijado en que la parte de Antonio es un acróstico en el que pide por favor que pare la guerra para que se pueda ir a Dubai a su apartamento de lujo? ¿o es en la parte de Fer, dónde has visto que es un enorme anagrama donde pide que cesen las hostilidades para poder disfrutar de su mansión paradisíaca en Tel Aviv? ¿Cuál ha sido la clave?
Poco más, solo felicitarte y darte un enorme abrazo porque una persona de una inteligencia tan sobrehumana como la tuya se debe sentir muy solo en este mundo… que pena no poder relacionarte con seres similares, ni siquiera cercanos a un intelecto tan descomunal.