Polarity

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Edición original: Polarity #1-4, BOOM! Studios.
Guión: Max Beamis.
Dibujo: Jorge Coelho.
Color: Felipe Sobreiro.
Formato: Grapa, 32 páginas.
Precio: $3,99.

 

Un tipo bipolar que tiene superpoderes. La premisa de Polarity tampoco es que sea un alarde de originalidad, aunque el hecho de que el protagonista esté enfermo mentalmente pues tiene su aquel. Pero si contamos con que Max Bemis, el escritor, cuenta una historia personal y de paso aprovecha para criticar y reirse de algunos de los aspectos más típicos de nuestra actual sociedad occidental, pues entonces la obra gana enteros. Esta miniserie de cuatro números fue publicada entre abril y julio de 2013 por Boom! Studios y nosotros no queremos dejar pasar mucho tiempo antes de que nos olvidemos de reseñarla, así que nos ponemos manos a la obra.

Tim Woods es un joven artista que casi le cuesta la vida descubrir que es bipolar. Desde ese descubrimiento ha estado bajo tratamiento médico e intensivo, pero la solución de un problema ha creado otro bien distinto; parece ser que la medicación ha tenido un efecto secundario y su capacidad creativa ha ido mermando, lo que le afecta sobremanera a la hora de producir cuadros originales. Pero peor aún, Tim ha visto que en cierta medida ha dejado de ser él mismo y en los últimos años se han acercado a su vida una serie de personas con las que no se siente muy cómodo. Una de ellas es su novia Alexis, quien parece estar junto a él por su popularidad y éxito. Las otras componen su círculo de amistades o conocidos, personas por las que no siente ningún tipo de simpatía y que en su mayor parte son… hipsters. Tim más bien los odia porque según él, intentan aparentar algo que en realidad no son. Así que en Polarity veremos una crítica mordaz y en clave de humor de esta subcultura en la que se les disecciona para entender sus inquietudes, actitudes y por supuesto, aspecto.

Curiosamente Tim critica en los hipsters algo de lo que él también carece, falta de personalidad. Él quiere ser él mismo, feliz, sean cuales sean las consecuencias y tal vez sea por eso por lo que quiere alejarse de su círculo social. Nuestro protagonista considera que lo mejor que puede hacer para reiniciar su vida es dejar de tomar las medicinas con las que controla su trastorno bipolar. Pero es aquí donde se desencadena todo. A la vez que abandona su tratamiento, Tim intenta recuperar su inspiración artística, pero al mismo tiempo se le manifiestan una serie de superpoderes. Él cree que todo se debe a su enfermedad y que posiblemente esté delirando, pero su psiquiatra le despejará las dudas: todo es real.

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A partir de ese momento la trama sufre una escalada importante en la trascendencia de los acontecimientos en la que, por ejemplo, se ven involucradas organizaciones gubernamentales secretas que intentan desarrollar supersoldados bipolares, a Tim haciendo de superhéroe y actuando como de verdad le gustaría, y al mismo tiempo conquistar el corazón de la mujer que realmente le gusta. Además, el artista también descubre que sus poderes se potencian si se encuentra bajo los efectos de alguna sustancia estupefaciente, lo que lo convierte en tipo muy poderoso pero que también lo llevará a situaciones realmente hilarantes.

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Hay que tener en cuenta que tal vez la trama de la historia no sea el aspecto más importante a tener en cuenta en Polarity, o al menos no habría que tomárselo muy en serio. Si hacemos caso a los ingredientes que componen esta obra, habría que fijarse mucho más en el desarrollo de la vida de Tim y sus consecuencias. Como comentaba al comienzo, Bemis ha querido expresar en este cómic parte de sus experiencias personales como enfermo mental que ha sido. A esto también hay que añadir que el guionista ha querido aprovechar su particular sentido del humor (y que le ha reportado cierta fama con su banda de rock Say Anything) para tratar el trastorno bipolar, los hipsters, las drogas y los cómics de superhéroes. Por cierto, no quiero olvidarme de mencionar a Jorge Coelho, artista que le da un aspecto cartoon a este cómic y al que le viene bastante bien, especialmente cuando toca caracterizar a los hipsters, cosa que consigue casi a la perfección y que hace que los comentarios de Tim sean aún mucho más simpáticos (genial su caracterización de esta fauna urbana mientras el protagonista los describe en el primer número).

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No quiero destripar el final de Polarity, pero sí quiero decir que Tim aprende que no siempre podemos hacer lo que nos dé la gana. La consecución de nuestra felicidad puede afectar a terceras personas y supondría duras consecuencias. La moraleja es que no debería existir una sola via vía para conseguir nuestras metas. El hecho de que trate su trastorno bipolar no supone una limitación de su personalidad. Es una enfermedad, y por tanto debe convivir con ella. Eso sí, siempre puede seguir metiéndose con los hipsters.

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