Mundo Independiente: Nowhere Men #7

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Edición original: Nowhere Men #7 USA, Image Comics.
Guión: Eric Stephenson.
Dibujo: Dave Taylor, Emi Lenox, Fonografiks.
Color: Jordie Bellaire.
Formato: Grapa USA, 32 páginas.
Precio: 2,99 $.

 

No es habitual que en Mundo Independiente reseñemos el séptimo número de una colección en curso. Nuestra política suele ser fijarnos en los debuts en Estados Unidos para tomar nota de si las series son prometedoras y sumarlas o no a la lista de títulos a seguir. También reseñamos las diversas entregas de los tomos con los que suelen aparecer los títulos en castellano, eso sí. Y si la cabecera opta, como cada vez es más habitual, por ser una consecución de miniseries, pues también solemos prestar atención al primer episodio de cada una de ellas, que suele coincidir con nuevos arcos argumentales o cambios de equipos creativos.

Ése último es prácticamente el caso con el que en realidad nos encontramos aquí en realidad. Nowhere Men fue una de los lanzamientos revelación de 2012. En los seis números que se publicaron durante entre ese año y el siguiente, Eric Stephenson, Nate Bellegrade, Jordie Bellaire y Steven Finch ( el nombre tras el estudio de diseño Fonografiks) nos ofrecieron una historia de ciencia ficción con un cuidadísimo apartado gráfico que se ganó la admiración de público y crítica. Era como si Los Cuatro Fantásticos de Stan Lee y Jack Kirby hubiesen sido reinventados para el siglo XXI con muchísima libertad creativa y encontrando el equilibrio perfecto entre mirar al futuro y respetar con nostalgia los años 60. Mirado así, tal vez otro gallo le hubiese cantado a Josh Trank si hubiese optado por adaptar directamente esta historia en su fallido filme del año pasado dedicado a la primera familia Marvel si quería aportarles una nueva visión. También podíamos encontrar algún rastro de influencias del maravilloso Atomic Robo de Brian Clevinger y Scott Wegener, pero despojado de ese descacharrante humor.

Nowhere Men nos cautivó, como podéis ver en esta reseña y esta otra, pero de repente nos cayó un jarro de agua fría: la obra se quedaría en esos seis números. Nate Bellegarde, el dibujante, sufría de una profunda depresión de la que no tenía pinta de que fuese a salir y no podía afrontar la tarea de continuarla. Se intentó sustituirle por otros artistas, pero ninguna de las pruebas convenció a Eric Stephenson, que sin Bellegarde, no veía posibilidad de reanudar de forma satisfactoria la serie.

La decepción fue generalizada, no solo para el público, sino también para el propio Stephenson: Nowhere Men había pasado a ser una creación muy querida para él, y aunque se sumergió en la escritura de otras notables obras como They’re not like us, echaba de menos la compenetración que había llegado a desarrollar con Bellegarde y el resto del equipo, así como el mundo que habían trazado entre todos. Por tanto, sin decir nada a la prensa especializada, continuó haciendo pruebas con artistas hasta que vio en Dave Taylor al hombre adecuado para la tarea. Y, claro, cuando se anunció que Nowhere Men volvía, ya habréis visto en las correspondientes entregas de nuestro Servicio Informativo de Editoriales Independientes que saltamos con entusiasmo.

Así que aquí estamos, con el por fin el séptimo número de Nowhere Men entre las manos desde hace casi una semana, ya que decidieron no renumerar la colección como suele ser considerado adecuado en casos así. ¿Ha estado la espera a la altura de las expectativas? Pues aunque la sensación general es muy positiva, también tenemos algunos sentimientos encontrados.

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Dentro de lo bueno podemos contar que se continúa la apasionante historia allí donde la dejamos: Emerson Strange había sido herido de gravedad y los protagonistas huían teleportandose, con una de ellos diciendo que sabía el lugar adecuado donde tratarle. Esta séptima entrega abre con un curioso hallazgo, una buena idea en la línea de los insertos que trufaban ya el primer volumen. En este caso se trata de un ficticio webcomic autobiográfico realizado por Emi Lenox, una artista que es conocida por precisamente hacer uso de ese formato para relatar sus propias experiencias vitales. En este caso, la vida reflejada, supuestamente contada por ella misma, es la de Monica Strange, hija de Emerson, una doctora de prestigio mundial. La relación de Monica con su padre no es nada sencilla, y sin embargo es perfectamente descrita con maestría en un par de pinceladas. A ella, claro, es a quien han llevado al herido Strange para que atienda sus heridas. Mientras padre e hija se reencuentran en estas trágicas circunstancias, Dade Ellis, Kurt McManus, Adra Madam, Daniel Pierce, Jackson Reake y el resto de elenco de protagonistas deberán empezar a decidir cómo afrontar la crisis mundial que está surgiendo. Y es que, como ya vimos en el anterior tramo publicado, están comenzando a aparecer a lo largo y ancho de todo el globo casos de contagio del virus que ha transformado sus cuerpos y les ha dotado de capacidades extraordinarias.

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El guion de Stephenson es totalmente continuista con lo ya visto hasta ahora, y mantiene el mismo nivel, haciendo una pequeña parada en el camino para disponer los elementos de este nuevo arco argumental. El escritor comentaba en una entrevista a Comic Book Resources que lógicamente este libreto ya estaba escrito en su día para Bellegarde, así que esta sensación es totalmente razonable. Más adelante ya sacará partido a la sinergia que dice haber encontrado con Taylor para construir la historia junto a él, adecuándola a su arte. El trabajo en el diseño y al rotulación de Fonografiks (sobre todo teniendo en cuenta los constantes e interesantes insertos de anuncios y artículos sacados de ese mundo ficticio) sigue siendo esencial para el maravilloso aspecto gráfico final de Nowhere Men, igual que la siempre formidable aportación en el color de Jordie Bellaire.

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Sin embargo, y aquí viene el punto negro, no se entiende muy bien qué pinta aquí el dibujo de Dave Taylor. No es que sea malo, pero para haber hecho multitud de pruebas para encontrar un sustituto a la altura para Nate Bellegarde, al final da la impresión de que se han quedado con el primero que pasaba por ahí. El estilo de Taylor destierra ese ligero toque cartoon del trazo de Bellegarde, cosa que puede ser muy legítima, pero a cambio no nos ofrece nada. No hay personalidad alguna en su por otro lado correcto dibujo; no es que haya decidido darle un enfoque más figurativo al arte y nos aporte unas extreadamente sólidas y realistas figuras. Simplemente, es funcional.

Este asunto, dadas las enormes expectativas acumuladas por todo el asunto relatado, hacen que el retorno de una de las series mas interesantes de los últimos años no nos sepa perfecto. Probablemente sea una apreciación injusta, pero sería deshonesto obviarla, ya que la sensación está ahí y empaña algo que ilusamente queríamos que fuese impecable. Y se queda en simplemente algo muy muy bueno. Cómo somos los aficionados, lo reconozco. En cualquier caso, no nos engañemos: lo que tampoco se puede ignorar es que el resto de virtudes mostradas hace que holgadamente podamos darle el beneficio de la duda a este regreso. Y es que el mundo creado, el resto de labores en lo visual, y la historia en sí misma nos tienen enganchados, y Nowhere Men sigue teniendo, sin asomo de duda y a pesar de lo dicho, un lugar entre los que van a ser títulos imprescindibles de leer cada mes.

  Edición original: Nowhere Men #7 USA, Image Comics. Guión: Eric Stephenson. Dibujo: Dave Taylor, Emi Lenox, Fonografiks. Color: Jordie Bellaire. Formato: Grapa USA, 32 páginas. Precio: 2,99 $.   No es habitual que en Mundo Independiente reseñemos el séptimo número de una colección en curso. Nuestra política suele ser…
Guión - 8
Dibujo - 6
Interés - 9

7.7

Genial retorno de esta maravillosa serie, aunque lo cierto es que se añora al anterior dibujante.

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AlbierZot

Una lástima la baja del artista, de magnífica narrativa y sentido del espacio: las escenas en la fábrica abandonada son imponentes. Leída del tirón, la impronta de sus dibujos ayuda a completar mentalmente lo que le faltan a los nuevos, pero yo creo que Taylor es una buena elección, es cierto que los rostros no tienen la misma uniformidad, ni se lee tan fluido pero hay soluciones muy chulas como la de la conversación con la soluble Susan o la secuencia final. Veremos si se afianza.