Una maldad que se ve a plena vista
La maldad tiene algo arrebatador. Da igual lo nobles que seamos, hay algo adictivo en contemplar el relato de un villano, en ser testigo de su degradación moral. No lo apoyamos, no lo aprobamos, pero como un accidente de coche al que no podemos dejar de mirar, su vileza nos cautiva de una manera inevitable. Algo tienen los malos que no podemos resistirnos a su embrujo.
Precisamente sobre la fascinación por los malos se levanta Monstruos de Universal, el proyecto de Skybound Entertainment de la mano del longevo estudio de cine a través del cual nos están devolviendo a la vida sus clásicos filmes de primera mitad de siglo protagonizados por su legendario catálogo de monstruos. Drácula, Frankenstein, La Criatura de la Laguna Negra o La Momia han sido las obras que hemos podido leer hasta ahora, adaptaciones directas unas, reimaginaciones o secuelas otras. Un proyecto que está dando en términos generales muy buenos resultados (en especial para los forofos del cine clásico), y que en España estamos pudiendo disfrutar gracias a la labor de Moztros. Y a esa selecta lista, el último en incorporarse ha sido El Hombre Invisible.

Estrenada originalmente en 1933, El Hombre Invisible fue la cinta con la que James Whale (que ya se pusiera detrás de las cámaras monstruosas con Frankenstein) se encargó de adaptar a la gran pantalla la novela homónima de H.G. Wells. En ella, un pequeño y tranquilo pueblo inglés se ve intrigado por la llegada de un extraño a la posada del lugar, un forastero que dice ser científico, con la cara completamente cubierta por vendajes y unas grandes gafas de sol. Una intriga que rápidamente torna en conmoción al descubrirse como un hombre dotado del don de la invisibilidad que, tras revelar su secreto, comienza a sembrar el pánico por la zona. Una cinta que cautivó al público de la época gracias a unos efectos visuales impactantes para el momento, así como a una interpretación icónica del entonces principiante Claude Rains.
Se convierte esta así en la quinta obra de la iniciativa Universal Monsters, con un acercamiento a las viñetas que viene orquestado por un viejo conocido del proyecto. James Tynion IV fue, junto a Martin Simmonds, el que abrió la veda con Drácula, pero, tal y como cuenta el propio guionista en el prólogo del tomo, pidió que le reservaran un título más. Y es que lo que entraña el personaje de Jack Griffin era algo que fascinaba al creador de Hay algo matando niños. El guionista se alía esta vez con DaNi, la artista griega a la que hemos visto en Coffin Bound o Arkham City: El Orden del Mundo, así como el colorista Brad Simpson, para darle su particular visión al mítico villano.

A diferencia de lo que hiciera en Drácula, donde se limitó a adaptar el guion de la cinta original y dejarle el protagonismo a Simmonds, en esta ocasión Tynion sí tira de creatividad a la hora de trasladar la obra a las viñetas. Y es que, como comentaba más arriba, el autor dice sentir una fascinación especial por esta historia por un motivo: la maldad de su villano. Porque sí, al final todos los monstruos son los malos, pero frente a un Drácula cuyo sentido de la maldad es más bien un instinto primigenio o el resto de monstruos, cuya esencia es más bien melodramática, el protagonista de El Hombre Invisible destaca frente al resto por su malevolencia terrenal. Jack Griffin es, básicamente, un cabrón cruel y narcisista, un ser humano deplorable al que sus inesperados poderes le permiten dar rienda suelta a sus instintos más bajos sin preocuparse por el qué dirán. El monstruo ya existía en su interior, solo hacía falta el empujón para liberarlo.
Esa esencia, esa podredumbre moral previa, es lo que quiere explorar James Tynion, y para ello recurre al salto al pasado. La serie que tenemos en las manos nos lleva atrás, a la vida de Griffin antes de conseguir sus poderes. A través de sus cuatro capítulos, el guionista imagina la génesis del villano durante sus años como ayudante en el laboratorio del Dr. Cranley, durante los cuales comienza a llevar a cabo los experimentos secretos con los que inicia su investigación de la invisibilidad. Pero el gran acierto de Tynion es su manera de poner el foco sobre la psique del personaje.

Toda la obra es conducida por la narración en off de Griffin, una narración en la que vemos sin tapujos su podrida alma. Porque, aunque la película deje entrever que la psicopatía del personaje es culpa de la monocaína usada en su fórmula, a Tynion lo que le interesa es la maldad innata. A través de su prosa, el autor nos hace testigos de los malos sentimientos con los que parte de base Griffin, su egolatría y su desdén por el resto de seres humanos que se cruzan en su camino, ya sea incluso su pareja sentimental. El guionista logra meternos de lleno en la pegajosa red de narcisismo y delirios de grandeza del protagonista, haciéndonos sentir asco por él, pero no sin atraparnos también en su búsqueda del poder. La obra se convierte así en un prólogo magnífico para la película, e incluso para la novela original.
En el apartado artístico DaNi nos deslumbra con un trabajo que basa su fortaleza no en el preciosismo, sino en la eficiencia. La dibujante griega encaja como anillo al dedo en el proyecto gracias a su estilo de trazo inacabado, en el que muchas figuras prescinden de silueta y de detalle en los fondos, y encomienda la escena a los claroscuros y al contraste de colores. Pero no por ello descuidando una naturalidad excelente en posturas y expresiones. Un ejemplo perfecto de cómo a veces menos es más. Los colores de Brad Simpson terminan de completar el inquietante aura del libro, jugando con colores fríos y tonos más emocionales que realistas. Juntos logran un resultado maravilloso que sintetiza a la perfección el viaje deshumanizador del protagonista.

La edición de Moztros mantiene la tónica de la colección, con tomo en tapa blanda a un precio algo más ajustado. La traducción de Ariel Albinati funciona a la perfección, y el volumen finaliza con la habitual colección de portadas alternativas, de las que cabe decir que los artistas implicados estuvieron la mar de creativos y acertados. Lo de la invisibilidad siempre da mucho juego.
En definitiva, El Hombre Invisible me ha encantado. A partir de la icónica cinta, James Tynion IV y DaNi logran diseñar una magnífica precuela de orígenes que pone el foco en la maldad innata de su protagonista, en el inquietante horror que se esconde detrás de algunas personas normales que nos cruzamos por la calle y al que darían rienda suelta si no tuvieran que enfrentarse a ninguna consecuencia. Es difícil que la iniciativa de Monstruos de Universal, por su propia razón de ser, nos sorprenda con obras revolucionarias o innovadoras, pero a base de talento están logrando, como mínimo, entretener, y en algunos casos como este, hacer más grande el material al que homenajean.
Lo mejor
• La inmersión en la psicopatía de Griffin.
• El preciso e inquietante trabajo de DaNi.
Lo peor
• Que no sea visible entre las novedades (je).
Guion - 9
Dibujo - 9
Interés - 8
8.7
Fantástica
James Tynion y DaNi dan en el clavo con una precuela de El Hombre Invisible que pone el foco sobre la maldad de su protagonista.








