DÍAS SALVAJES
«La manada ha prosperado desde su llegada.»
Comenzamos una nueva serie de reseñas en este caso dedicada al actual volumen de Lobezno. El personaje ha sido durante décadas uno de los más populares de la editorial, y por esto su presencia se extendió de la cabecera de la Patrulla-X a una propia, y de ahí a más colecciones colindantes como los cruces con Masacre que hemos tenido recientemente. Después de la larga etapa en Krakoa encabezada por Benjamin Percy, a la que ya dedicamos una serie de reseñas, le llega el turno a Saladin Ahmed para marcar el rumbo del mutante del esqueleto de adamántium, una tarea que afronta después de firmar una etapa en Daredevil que no ha convencido a muchos. Con todo, nos encaminamos hacia esta reseña con la mente abierta para ver así si esta etapa es capaz de sorprender.
La trama sitúa a Logan en un lugar familiar, el paisaje silvestre de las montañas canadienses. Después del alzamiento de Orchis y de la caída de Krakoa Lobezno encuentra confort en la tranquilidad de su tierra natal, lejos de la humanidad y de sus antiguos compañeros, y rodeado de una nueva clase de familia con una manada de lobos. Sin embargo, Logan ha intentado huir de su pasado en muchas ocasiones, y nunca ha llegado demasiado lejos. Pronto viejos amigos y enemigos se cruzan en su camino, y deberá elegir seguir adelante o quedarse atrapado en el pasado mientras se ve obligado a pensar en la diferencia entre hombre y bestia.

El guion de Ahmed nos da un comienzo con cierto gancho, aunque recorre un camino que resulta muy familiar. Un Logan amparado en los bosques para alejarse de la realidad no es un concepto precisamente nuevo, y el hecho de que esta paz se vea interrumpida por un viejo enemigo tampoco. En estos primeros compases del volumen el autor recurre a un tópico que se remonta a El lobo solitario y su cachorro, emparejando a Logan con un personaje más joven e inocente, una fórmula que ya se ha probado con personajes como Kitty Pryde o Júbilo. En líneas generales se trata de un guion cumplidor, no hay por el momento grandes instantes que destaquen, los misterios que se plantean sostienen un suspense suficiente y tiende a ser muy explícito en cuanto a lo que los protagonistas piensan y sienten.

El dibujo corre a cargo de Martín Cóccolo, un artista que muchos conocimos con el lanzamiento de El Inmortal Thor. En aquella serie no permaneció ni un año entero antes de que Marvel lo reubicara a otro relanzamiento, el que hoy nos ocupa. Comparando ambos trabajos del autor uno siente que aquí a sus páginas les falta algo. Aunque mantiene siempre un grado alto de dinamismo los acabados son un tanto inconsistentes, pasando de viñetas muy elaboradas a otras de aspecto más simple. En general siento que le falta textura, algo que puede que se deba al cambio de colorista de Matthew Wilson a Bryan Valenza, que no hace un mal trabajo pero en ocasiones el resultado se ve algo plano.
En definitiva, un comienzo más correcto que cautivador. Ahmed declara en su carta de presentación que tiene intención de adentrarse más que nunca en la mente y corazón de Logan, una declaración de intenciones que en este caso atrae al escepticismo. En estos primeros tres números, publicados en España por panini cómics en formato grapa variando entre incluir uno o dos números de la edición original, el análisis de las facetas del personaje es bastante superficial y queda por ver si en el futuro el estadounidense es capaz de introducir en la serie una mayor complejidad. En cuanto a lo artístico parece que Cóccolo ha encontrado su sitio en la colección, habiendo firmado hasta ahora los lápices de 16 de los primeros 20 números.
Lo mejor
• Las páginas que sacan la mejor versión de Cóccolo.
Lo peor
• Se limita a ser cumplidor.
Cumplidor
Guión - 5.5
Dibujo - 7
Interés - 7
6.5
Un comienzo más correcto que cautivador.








