Métele ritmo

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    Cuando yo era niño había una cosa en la que el cómic le ganaba por goleada a las películas y a las teleseries: las luchas de uno contra muchos. Casi de manera connatural al género de aventuras, el héroe, para demostrar su valor y determinación, se enfrentaba en inferioridad numérica a una horda de contrincantes. Su mayor destreza y, sobretodo, la superioridad altruista de sus ideales, constituían la clave de su victoria.

    Semejantes y desiguales batallas podían verse tanto en V (la de los lagartos) como en el Guerrero del Antifaz pero, la mayoría de las veces, sólo en el cómic resultaban “creíbles” por causa del especial discurrir del tiempo que se da en este medio narrativo.

    V4

    Los oponentes de Jason Donovan o Kirk Douglas siempre parecían rozar la oligofrenia. Se movían con lentitud, esperaban el golpe, se dejaban ganar. El héroe/actor nunca era lo suficientemente rápido como para acabar con tantos contrincantes de una vez y eso obligaba a que las brigadas criminales se lo pusieran fácil. Aquello olía a tongo del gordo. Pero no pasaba lo mismo con los tebeos.

    Hace unas semanas Sergio Morales señalaba el papel de la viñeta como “contenedor de tiempo”. Todos los lectores de cómic sabemos que la viñeta no refleja tan solo el instante; un momento congelado en el discurrir de una acción. Dentro de la viñeta se da la paradoja. Un dibujo estático crea sensación de movimiento. Una instantánea transmite duración. Diversos mecanismos que el autor pone en juego en la página y la propia complicidad del lector hacen posible el milagro.

    Steranko

    No entraremos hoy y aquí a analizar cuáles son esos mecanismos. Quizás habrá espacio para ello en otro momento. Ahora baste sólo fijarse en qué las líneas cinéticas, los textos y diálogos, el tamaño de una viñeta con respecto a las que la acompañan y el grado de detalle del dibujo son los principales elementos que originan esa alquimia esquiva y perfecta a la vez.

    ¿El resultado? Que nosotros, los lectores, le otorgamos a la viñeta la duración necesaria. Confiriéndole al héroe, su rapidez, gracilidad y coordinación sin par; y a los malvados, una cierta dignidad… a pesar de que acaben por los suelos.

    Steranko

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    Thorback
    Thorback
    Lector
    5 abril, 2007 14:18

    Tienes toda la razón, y gracias por utilizar al Capi para ilustrar el dinamismo de un héroe del cómic.
    Saludos.

    Dr. M
    Dr. M
    5 abril, 2007 14:55

    ¿Jason Donovan? ¿te refieres al protagonista de “V”? Si no recuerdo mal, se llamaba Mike Donovan… Jason Donovan era un cantante de la epoca, ¿no? De esos que las niñas llevaban en sus carpetas…

    Dr. M
    Dr. M
    5 abril, 2007 14:56

    Aunque claro, ahora que lo pienso, Jason Donovan si que les metia ritmo…

    dark schneider
    dark schneider
    5 abril, 2007 16:19

    ¿Jason Donovan?, ¿el de Neighbours?, ¿el que hacía de pareja de Kylie Minogue?, ¿salía en algún episodio de V haciendo de hermano secreto de Mike Donovan?

    Jordi Ballera
    5 abril, 2007 17:01

    Buen post Toni. Vaya tema más complicado este… En el cine, un fotograma dura lo que tarda en exponerse. La lectura de la información en el fotograma es un procedimiento mecánico. Pero ¿qué pasa en la pintura o en el comic? Una viñeta o un cuadro tardan en leerse lo que el lector decida: porque la lectura es psicológica. Otra cosa es el “tiempo que cada viñeta contiene”. Hay viñetas rápidas, fugaces, transitivas, descriptivas, decorativas… Hay toda una semiótica de la temporalidad en la viñeta, muy compleja. No sólo tiene que ver con la densidad de la viñeta (lo que contiene) sino con el ritmo de la lectura que esa viñeta imprime.

    Dark Slayer
    Dark Slayer
    7 abril, 2007 0:28

    SI es que lo que dices es cierto, no es lo mismo ver a Chuck Norris pelearse con los cuatro babosos de turno que esperan su ídem que ver en una pagina de, por ejemplo, X-men donde Lobezno machaca a tres tios al mismo tiempo

    Rafa T.
    Rafa T.
    7 abril, 2007 0:45

    Interesante post, Toni!!
    Y además del transcurrir de la acción, es evidente cuánto difiere la escenografía de un medio a otro. Recientemente hemos podido comprobarlo con 300, peli que ya sabéis que transpone miméticamente el tebeo de Miller, y mientras que en este último se obtiene un producto bastante creible (salvando todas las licencias .. si es que se pueden salvar), la adaptación ha resultado bastante excesiva ¿no os parece?
    Un saludo

    El hermano Vudu
    El hermano Vudu
    Lector
    7 abril, 2007 12:20

    A mi 300 el comic me parecio de un guion pesimo, y la peli me parecio incluso mejor. Creo que esa transposicion mimetica realizada con un estilo comic ha hecho que no quede tan excesiva como hubiera sido en una pelicula normal. A mi me daba la impresion de estar viendo un comic con sus licencias habituales, no una pelicula realista. Un saludo