Marvel Limited Edition. Los Hijos del Tigre. El Tigre Blanco

Comienza la publicación del magazine The Deadly Hands of Kung Fu en España, parte de la línea Marvel Limited Edition, con los Hijos del Tigre y el Tigre Blanco como avanzadilla de la colección

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Después de completar de manera satisfactoria la recopilación de Shang-Chi, Master of Kung Fu, con seis estupendos volúmenes que aglutinaban su trayectoria clásica (y un séptimo que era una suerte de popurrí), toca acometer la publicación de The Deadly Hands of Kung Fu, la revista para adultos que Marvel sacó al mercado para saciar el hambre de artes marciales que arrasó en los setenta del pasado siglo. Panini y SD Distribuciones, responsables de la versión hispana, han decidido obviar el modelo americano, al lanzar la casa madre la revista en formato Omnibus, respetando la integridad de los magazines. Aquí se ha optado por recopilar la cabecera aglutinando las historias por personajes, lo que ayuda y mucho para el disfrute de la lectura, tal y como ha demostrado el reciente volumen de Planet of the Apes (y la propia Casa de las Ideas también ha tomado nota, pues para 2019 se anuncia la salida de integrales por personajes, en territorio yankee). Es decir, que cogemos una revista que constaba de varios seriales, interconectados de manera continuada, mes a mes, y los recomponemos como una trama rio en un único tomo.

Para los habituales de la sección, la estructura de Curtis, el terreno del blanco y negro marveliano, ya es bien conocida. Un bloque principal con sus historias en viñetas y luego una pléyade de artículos variados sobre la temática de la revista. Para avanzar un poco el desglose final, estos textos sobre cuestiones relacionadas con las artes marciales han sido incluidos en la versión patria, para disfrute de los nostálgicos (y temo que para desgracia del resto de usuarios). The Deadly Hands of Kung Fu constó de 33 ejemplares, en los que el núcleo principal eran argumentos sobre Shang-Chi, la gran estrella del género, y los recién llegados Hijos del Tigre, una creación específica para esta revista. Como decimos, principales, ya que luego vendrán Iron Fist, el Tigre Blanco, las Hijas del Dragón, alguna recreación en cómic de la vida Bruce Lee y relatos para salir del paso con efímeros artistas marciales y samuráis.

Panini y SD han decidido comenzar el Deadly Hands con la curiosa agrupación que representa Sons of the Tiger, en el MLE que corresponde a noviembre, y con su continuación natural, White Tiger, que ha salido a la luz este mes de diciembre. Por esta razón, al haber una innegable conexión entre ambas, su cercanía de publicación y por provenir del mismo tronco que representa la revista de Curtis, se ha decidido aglutinar las dos reseñas en una misma entrada. Repetimos, no es un especial sobre el magazine, del que se continuará analizando sus partes conforme tengamos buenas nuevas, sino un post donde hablamos de los dos MLE recién sacados del horno, de manera individualizada, aunque no nos resistimos a una muy liviana intro sobre el fenómeno del kung-fu y su relación con Marvel. Es el momento de saludar al contrincante y presentar los respetos a nuestros senseis pues el combate empieza…….ya.

The Deadly Hands of Kung Fu, artes marciales para adultos

La década de los setenta en EEUU supuso un auténtico revulsivo para las artes marciales, una pasión que en el lejano oriente ya era legendaria. Para la mentalidad occidental, este fenómeno se convirtió en un grato descubrimiento. La agilidad, concentración y, sobre todo, la fiereza de una serie de producciones de origen chino, casi todas salidas de la factoría Shaw, fue algo novedoso para una generación de estadounidenses, con una mentalidad más abierta, que rápidamente se volvieron entusiastas del género. La estrella de aquellos días era Bruce Lee, un chino-americano nacido en San Francisco pero criado en el Hong-Kong natal de sus padres, donde se convirtió en todo un maestro en artes marciales, desarrollando un estilo personal de vida denominado jeet kune do. En el Hong-Kong donde las películas wuxia eran sensación, logró convertirse en la mayor representación del star system del lugar. Tanto interés movía el rutilante género que una major norteamericana como Warner Bros se metió en la co-producción de una cinta hecha a la manera china, con Bruce Lee como protagonista, en 1973. Hablamos de Enter the Dragon (conocida en nuestro país como Operación Dragón), la última película que protagonizaría el buen Bruce debido a que antes de su estreno falleció por un edema cerebral. Su estatus pasó al de mito con una rapidez inusitada.

A estas alturas, los cines de todo el mundo eran colonizados por amantes de las artes marciales, que se entregaban a largos maratones sobre la recién descubierta temática. En los EEUU, los barrios chinos de las grandes ciudades (Nueva York, San Francisco) tenían establecimientos que únicamente se llenaban con producciones orientales sobre el género. Los gimnasios incluyeron entre sus opciones clases de kung-fu, karate o judo. El fenómeno parecía que había llegado para quedarse.

Uno de los aldabonazos que mejor se le podía dar a todo este movimiento partió la propia televisión americana, quizás el medio con mayor difusión de la época. La cadena ABC fue consciente de que había una demanda de kung-fu en la sociedad y pensaron cubrir las apetencias del respetable con un producto en esa línea. Desde luego, los chinos eran los maestros en el género por lo que tratar de replicarlos sería un completo error. Se pensó en algo muy propio como era el western, juntado con un poco de sabiduría oriental y protagonizado por un mestizo, un chino-americano llamado Kwai Chang Caine, que recorrería los polvorientos pueblos del viejo Oeste para encontrar a su medio hermano. Hablamos de la archiconocida serie Kung Fu, protagonizada por un David Carradine que no tenía idea de artes marciales (ni tampoco ningún rasgo oriental) y que se convirtió en un éxito de crítica y público, durante el tiempo que se mantuvo en antena (desde el 72 hasta el 75). Sin duda, la producción de la ABC expandió el interés por las artes marciales a lugares en los que muchas de las películas orientales no llegaban.

Hemos hecho este breve repaso histórico para conocer las dos principales vías de expansión (las películas de artes marciales, con Lee a la cabeza, y la serie de Kung Fu) del fenómeno a inicios de los setenta. De momento, Marvel Comics se mantenía ajena a esta tendencia pero pronto se adentraría en el terreno de la temática gracias a dos inquietos creadores que casi todos conocemos. Steve Englehart y Jim Starlin se aficionaron a la serie de Carradine casi sin querer. Un buen amigo se la recomendó y, sin darse cuenta, acabaron siendo fans de la misma. Como ya tenían una trayectoria dentro del cómic, y más concretamente en Marvel, donde trabajaban en aquellos días, decidieron plantearle la posibilidad al editor jefe, el gran Roy Thomas, de crear una cabecera con la temática. Roy no estaba para nada interesado en el género; no parecía conocerlo, aunque optó por darle el visto bueno a los dos creativos. Prueba de ese desconocimiento es que uno de los requisitos que impuso fue la inclusión de Fu Manchú en la próxima colección. El diabólico Doctor era parte de la compra de licencias que Marvel dispuso durante toda la década y todavía no se le había encontrado acomodo. Fu Manchú no tenía nada que ver con las artes marciales; su única conexión se localizaba en ser un villano chino, la máxima representación de aquello que se conoció como el “peligro amarillo”.

Starlin y Englehart asumieron el reto, dando forma a Shang-Chi, un artista marcial que sigue religiosamente los preceptos del I Ching y que a su vez tiene que cargar con una pesada carga, ser el hijo biológico del maléfico Doctor. A partir de aquí, el equipo creativo comienza a organizar las tramas, que incluyen a un buen puñado de secundarios extraídos de las novelas de Sax Rohmer. Las andanzas de Chi se inician en una revista contenedor, Special Marvel Edition, y los autores se hacen cargo de manera bimestral de las aventuras del hijo de Fu-Manchú, ocupados también en otros proyectos. Eso es algo que ha declarado uno de los integrantes de la pareja, Steve Englehart; afrontaron esa colección como un divertimento, no como algo trascendente. Y sin darse cuenta del detalle, el show de la ABC, Kung Fu, se convierte en un fenómeno mundial. Algo que provocó rápidos movimientos en la cúpula creativa. Roy exigió el paso de la colección a mensual y además dispuso el proyecto de un magazine en blanco y negro donde explotar la temática para el público adulto, nuestro The Deadly Hands of Kung Fu.

La situación se tornó algo frenética, en muy poco tiempo. Thomas, que ni se había planteado la temática del kung-fu, se ve sumergido en la misma con la creación de Iron Fist, junto a Gil Kane, en Marvel Premiere#15 (mayo del 74, fecha de portada). Exige a los encargados de Master of Kung Fu una mayor implicación, pasando la colección a mensual y en posición de añadir una revista en blanco y negro al catálogo de Curtis. Esto provocó la salida de Starlin, primero, y de Englehart, algo después, en relación a lo que atañía a Shang-Chi. Doug Moench y Paul Gulacy se encargarían de coger las riendas del personaje. Y ya saben, el resto es historia. Lo importante es que la temática de las artes marciales tuviera una importante representación en la Casa de las Ideas, ya fuera en comic-book o en magazine.

A nosotros nos interesa este último segmento, en concreto, ya que es el motivo final de esta entrada. The Deadly Hands of Kung Fu debutó en abril de 1974 (fecha de portada), con Don McGregor y Roy Thomas como encargados de la edición. La cabecera, con una mayor paginación que el tebeo al uso, se estructura en base a dos historias principales, más los artículos de rigor. Estaba claro que el primer bloque sería el dedicado a Chi, el artista marcial de la casa. Englehart y Starlin se hicieron responsables del número inicial del hijo de Fu Manchú en el terreno adulto. Para la segunda historia tenemos la aparición de unos nuevos personajes, que se autodenominarán, de manera sonora, los Hijos del Tigre. Son creaciones de Gerry Conway y Dick Giordano, un equipo artístico auspiciado por el propio editor jefe y en ellos nos vamos a detener un poco más, dado que al bueno de Shang ya le hemos dedicado algunos artículos en esta página.

La conformación de este curioso grupo viene por la típica unión maestro y discípulo, utilizada hasta la saciedad. Lo que hace interesante a esta asociación es el dato de que cada uno de ellos pertenece a una etnia distinta y a posiciones sociales muy alejadas. Lin Sun, Abe Brown y Robert Diamond son alumnos del Maestro Kee, expertos en artes marciales y vecinos de la ciudad de San Francisco, homenaje nada velado al origen del legendario Bruce Lee. Lin, el personaje oriental, es el más cercano al venerable tutor y como tal centra sus esfuerzos en expandir sus habilidades. A la vuelta de un torneo de artes marciales, encuentra el dojo violentado y al maestro malherido, a punto de morir. En esos instantes finales, Kee le hace un regalo muy especial, un talismán con forma de tigre, dividido en tres partes, con importantes atribuciones místicas. El maestro le dice a Lin que debe compartir el regalo con sus otros estudiantes preferidos y que siempre que estén juntos, el amuleto les otorgará una fuerza sin igual. Los dos afortunados son Abe Brown y Robert Diamond. El primero, afroamericano criado bajo las duras condiciones del barrio negro de la ciudad, ahora curtido en el noble arte del kung-fu y en lucha abierta con camellos y maleantes de su zona. El segundo es la parte caucásica de la entente, un tipo con una inmejorable posición social, ya que se dedica al noble oficio de ser actor. Se metió en las artes marciales por una película, pero ha acabado convertido en todo un experto. Tanto Abe como Bob son advertidos por Sun de que su principal preocupación, a partir de ahora, debe ser encontrar al asesino de su maestro, convertidos ya en los Hijos del Tigre.

Como ven, origen de manual para esta formación y estereotipos a porrillo para definir a los personajes. Puede que sea el momento indicado para recordar la última cinta de Bruce Lee, Enter the Dragon. En ella, un grupo heterogéneo de luchadores se juntaba para un curioso torneo en la isla del villano Han. Lee, principal protagonista, traza buenas relaciones con Roper (interpretado por John Saxon), una especie de playboy venido a menos (por supuesto, el blanco del grupo) y Williams (al que da vida Jim Kelly), un afroamericano con injustos problemas con la ley. No es difícil ver la correlación entre los papeles de la película y la conformación de los roles de nuestros Sons of the Tiger. Parece bastante claro que Gerry Conway no se complicó mucho cuando perfiló las líneas iniciales de nuestros protagonistas.

Pese a ser los creadores originales de la formación, el tándem Conway-Giordano resultó ser de paso efímero por la cabecera. Tres ejemplares están firmados por Conway y solo dos por Giordano. Un novato Bill Mantlo y un jovencísimo George Pérez resultaron ser los mejores valedores del grupo, ya que se juntaron en el #7 y se mantuvieron hasta el práctico final de la agrupación Hijos del Tigre. El equipo no es que haya sido muy exitoso que digamos. Tras su separación en el #19, aparecieron como secundarios ocasionales en las tramas de su continuador, el Tigre Blanco. E incluso, el bueno de Abe trató de tener su propia carrera en solitario como el Tigre Negro, aunque el invento no prosperó. Sabemos que están imbricados en el Universo Marvel porque compartieron una aventura en tres partes, en The Deadly Hands of Kung Fu Special, con Iron Fist y Shang-Chi, pese a que nunca llegaron a coincidir en el mismo plano. Por no citar los breves cameos en Deadly Hands de cierto abogado ciego llamado Matt Murdock y de la tía May, acompañada de su amiga Anna Watson. Se trata de un par de guiños para deleitar al lector. Por otro lado, el guionista Bill Mantlo se preocupó de introducirlos en comic-book, al formar parte de Marvel Team-Up#40, esta vez cambiando a Pérez por Sal Buscema. Una trama con Spiderman, la Antorcha Humana y una considerable representación de enemigos propios del trepamuros (el Hombre de Arena, los Forzadores, el Gran Hombre y el Señor del Crimen). Toda una trifulca para la presentación oficial de los personajes en el entorno compartido. Bob Diamond fue utilizado como secundario en Power Man and Iron Fist, implicando a los Héroes de Alquiler en tramas que tenían que ver con su amuleto mágico. Poco tiempo después, fue Abe Brown el que se paseó por el territorio de Cage y Rand, explicando sus vicisitudes como Tigre Negro en tierras africanas. Y luego la nada. No es que las apariciones de los Hijos del Tigre sean escasas o de poco calado. Es que nadie los ha vuelto utilizar desde entonces. Solo una participación como secundarios en el volumen dos de Deadly Hands of Kung Fu, protagonizado por Shang-Chi, durante Marvel Now!, que tuvo tanto éxito que solo duró cuatro números (año 2014, fecha de portada). Su poso es tan residual que ciertamente no dan para más.

Algo más de predicamento tuvo su continuador, el White Tiger. Los problemas internos de los Hijos del Tigre provocaron que abandonaran sus amuletos en Nueva York. Héctor Ayala, un chico de familia portorriqueña, localiza el abalorio, al completo, lo que hace que se transforme en un hombre de extraordinario poder, el Tigre Blanco (The Deadly Hands of Kung Fu#19, fecha de portada, diciembre de 1975). Estamos ante la creación del primer superhéroe de raíz latina en el Universo Marvel, algo que tiene toda la lógica del mundo ya que su creador gráfico, George Pérez, comparte los mismos orígenes con Héctor Ayala. El nuevo integrante del plantel recogió el espacio que había quedado libre y se dispuso a vivir sus aventuras en el terreno adulto, sabiamente dirigido por sus padres artísticos, el tándem Mantlo-Pérez. Un joven latino de un barrio deprimido de Nueva York daba cancha para jugar la carta del héroe acusado en falso de crímenes que nunca cometió. De manera efectiva, se mantuvo atado al magazine hasta su triste final, donde se las vio con personajes como el Merodeador o la Sota de Corazones, azotado por criminales pero también por las autoridades, que le creían culpable de felonías. Su gran hazaña fue luchar contra la Corporación, en la que pudo colaborar con Shang-Chi y con Puño de Hierro, los grandes artistas marciales de la editorial.

Tras el cierre de la revista Curtis, Bill Mantlo se negó a dejarlo caer en el olvido. En Peter Parker: The Spectacular Spider-Man #9-10, cabecera en manos del guionista neoyorkino, lo reintrodujo como estudiante de la Universidad Empire State, donde haría buenas migas con el alter ego de nuestro amistoso vecino. A partir de aquí, fuera del ambiente de las artes marciales, el Tigre Blanco se imbricó en el entorno del trepamuros, por lo menos hasta su retiro voluntario, en 1981 (el #52 de la colección de Peter Parker, escrito por Roger Stern). La muerte de queridos miembros de su familia provocó que Héctor no quisiera ser parte de la vida justiciera de la ciudad. Aun así, tuvo el arrojo de ponerse las mallas, una vez más, ya en este siglo. Brian Michael Bendis le prestó la posibilidad de un último baile, concretamente en 2002, puesto que en Daredevil vol. 2 #38-40,

Aviso de Spoiler

White Tiger se vio sobrepasado por los acontecimientos y tuvo la desgracia de pasar a mejor vida en esta saga,

por lo que el manto quedó libre para ser utilizado por otro personaje.

Así pues, el Tigre Blanco ha sido un concepto que en el Universo Marvel ha quedado asociado a la noción de legado. El medallón místico ha tenido más de un portador. Ángela del Toro fue la primera de las herederas. Ángela es sobrina de Héctor y tras su forzosa retirada, clama el disfraz para sí, cortesía de Bendis (Daredevil vol. 2 #40). Casi siempre en el entorno urbano, fue un personaje bastante utilizado por el de Cleveland. Por otro lado, Ava Ayala fue introducida por Christos Cage y Tom Raney, en Avengers Academy#20 (diciembre de 2011, fecha de portada), como la hermana de Héctor Ayala, iniciando su formación como superheroína en la academia juvenil. A este entorno permanecería asociada hasta la conclusión de la cabecera. Quizás un dato relevante que apuntar fuera su inclusión en la serie de animación Ultimate Spider-Man, en Disney XD. Sin duda, la aparición en un medio tan masivo como la televisión aumenta el alcance de su profusión, lo que nos deja a Ava como alguien con un recorrido mayor del que jamás tuvo su ya olvidado hermano. Aun así, no debemos desmerecer su carrera en las viñetas. Miembro de los Héroes de Alquiler, Mighty Avengers y New Avengers de Al Ewing, ha gozado de un amplio recorrido durante el Marvel Now! El hecho de que Ava y Ángela hayan mantenido el manto, sin renunciar ninguna de ellas al disfraz, fue solucionado por el guionista inglés en New Avengers vol.4 #16, donde ambas Tigre Blanco lucharon mano a mano contra los Revengers. A la conclusión de este ciclo, en el #18USA, las dos integrantes del clan deciden abandonar el traje y el propósito que comenzó Héctor, allá por los años setenta. El medallón místico había traído demasiados problemas a la familia.

Ava Ayala, Tigre Blanco

Hete aquí que Bendis no es que sea un guionista muy respetuoso con la continuidad, por lo que recurrió al White Tiger para el más reciente volumen de Defensores (Defenders Vol.5 #9, enero de 2018, fecha de portada). Lo curioso es que no recoge a “su versión”, que sería Ángela, sino que prefiere incluir a Ava Ayala en una asociación de héroes callejeros, dispuestos a luchar contra Diamondback. A día de hoy, no sabemos si Ava continúa con sus ocupaciones justicieras, por lo que esperamos noticias de ella, a no muy tardar. No está nada mal para un concepto que nació gracias al empeño de un joven de origen boricua que soñaba con una representación hispana en la producción de tebeos Marvel.

Como hemos avanzado líneas arriba, Hijos del Tigre y Shang-Chi fueron los primeros espadas de la revista, en su comienzo. Con el paso del tiempo, otros personajes consiguieron despuntar, como el ya comentado White Tiger o como nuestro siguiente invitado, Danny Rand, más conocido como Puño de Hierro. Ideado por Roy Thomas y Gil Kane, Rand es un joven estadounidense que se vuelve un maestro en artes marciales, practicando en el reino imaginario de K’un-Lun, llegando a convertirse en una especie de arma viviente. Hijo de un importante hombre de negocios, Danny se moldeó bajo las duras condiciones de un entorno entregado al Kung-Fu, hasta que decidió regresar a su Nueva York natal, transformado en la más alta representación del reino, el Puño de Hierro. Las primigenias historias del personaje se produjeron en el terreno del comic-book, debutando en Marvel Premiere#15 (mayo del 74, fecha de portada). Como era norma habitual, consiguió su propia cabecera, Iron Fist, en octubre del 75, donde continuaría expandiendo su mitología particular. En ese ínterin, logró su oportunidad en el terreno adulto, debutando en The Deadly Hands of Kung Fu#10 (fecha de portada, marzo de 1975), manteniendo su idiosincrasia particular, heredada del formato comic-book.

Iron Fist es un personaje hijo de su tiempo. El misticismo típico de los setenta se ve reflejado en el entorno de K’un-Lun y sus particulares habitantes. Por otro lado, es obvio que es un producto surgido en base a la moda de las artes marciales. En unos días donde el racismo era palpable, tal y como ha declarado alguien que vivió dentro de la editorial, Steve Englehart (al que “sugirieron” que Shang-Chi no fuera totalmente chino, sino un mestizo), la lógica indicaba que ese futuro artista marcial fuera de raigambre oriental. Pero no, se optó porque fuera caucásico, por los consabidos motivos comerciales. Esa decisión volvió a ser resucitada en forma de polémica con la reciente producción de Netflix, donde hubo un movimiento por redes sociales donde se solicitaba a la compañía que obviara su origen clásico, debido a lo desfasado de sus principios, y se tuviera el arrojo de apostar por un Iron Fist asiático. Al final se prefirió mantenerse apegado al modelo original, lo que también nos deja una reflexión final, al considerarse como una perpetuación de los estereotipos que los orientales sean siempre los expertos en artes marciales. Ya sabemos cómo acabó el proyecto, con Finn Jones interpretando a Danny Rand y dejando uno de los mayores fiascos de la Marvel Television.

Surgidas directamente de los secundarios del Puño de Hierro, la Hijas del Dragón también pudieron probarse, de forma breve, en el terreno del magazine para adultos. Misty Knight y Collen Wing son un dúo bien avenido de luchadoras contra el crimen, que dejaron su impronta en Deadly Hands, tan válida como la de sus colegas masculinos. Pero se puede decir que en este caso la asignatura ya está cubierta con anterioridad. Las aventuras de Collen y Misty, pergeñadas por Chris Claremont y Marshall Rogers, han sido publicadas recientemente en el MLE titulado Mujeres Marvel. Por tanto, dudamos que ese material vuelva a ser repetido en breve.

Haciendo recapitulaciones, Hijos del Tigre, Tigre Blanco, Shang-Chi, Puño de Hierro y las Hijas del Dragón son los grandes nombres que conformaron The Deadly Hands of Kung Fu. Tenemos disponibles en tiendas los dos que corresponden a Sons of the Tiger y a White Tiger, por lo que nos quedarían pendientes tomos correspondientes al hijo de Fu Manchú y al campeón de K’un-Lun (contando que las Hijas del Dragón ya se encuentran en otro MLE). Pese a ese claro reparto, queremos hacer un llamamiento final a cierto material, que no pertenece a los grandes espadas, y que no debiera quedar olvidado. Como rara curiosidad, en el #5 de la colección, hay una reedición en blanco y negro del Capitán América, en lucha con Batroc (Tales of Suspense#85), escrita por Stan Lee y dibujada por Jack Kirby. El mercenario francés es un especialista en el savate, que en ciertos círculos se considera otra rama más de la familia de las artes marciales. En ese mismo número, localizamos un argumento de Mary Skrenes y arte de Paul Gulacy donde conocemos a Ts’ui Sang, experto en kung-fu y filosofía taoísta. En el #16 tenemos una trama, sin visos de continuación, centrada en el mundo de los samuráis. Seguimos los pasos de Matsuura Kazehama en un hilo argumental donde no faltan demonios ancestrales. Otro caso análogo lo observamos en el #25, un número en el que el lejano Japón se transforma en el eje del magazine. Shimuru Karasu es la aportación a este entorno de Bill Mantlo y Pat Broderick, mientras que John Warner y Sanho Kim (artista coreano que trabajó brevemente en Marvel) crearían a Kwang-Che Yu. Este último tendría lo que podríamos llamar un pequeño serial dentro de la cabecera, puesto que añadió tres apariciones más a la revista (en el #26, #27 y #30). Por último, el número 28 estuvo dedicado a Bruce Lee, con la traslación al cómic de su vida y milagros, cortesía de Martin Sands (guion), Joe Staton (lápiz) y Tony DeZuñiga (tintas, con algo de ayuda de The Tribe). Este material no es accesorio y debe ser recuperado para que el aficionado español pueda disponer en su grandeza del Deadly Hands.

Pasado ya el tema resumen, donde hemos visto a grandes rasgos como estaba configurado el magazine, toca meterse en harina con los volúmenes publicados. Comenzamos con los Hijos del Tigre, para finalizar la entrada con el Tigre Blanco.

Los Hijos del Tigre

“Cuando tres son llamados, se alzan como uno…como uno lucharán, se hará su voluntad….¡pues cada uno nace de nuevo, el Hijo del Tigre!”

 

Edición original:. The Deadly Hands of Kung Fu #1, #3-4, #6-14, #16-19, The Deadly Hands of Kung Fu Special #1, Marvel Team-Up #40
Edición nacional/ España:.Panini y SD Distribuciones
Guión:.Gerry Conway, Bill Mantlo y otros
Dibujo:. Dick Giordano, George Pérez y otros
Entintado:. V.V.A.A.
Formato:. Tomo en tapa dura
Precio:.

47,95 euros

 

Conocemos de primera mano la estructura de la publicación The Deadly Hands of Kung Fu y cómo van a ser diseccionadas sus partes en España, cortesía de Panini Cómics y SD Distribuciones. Es momento de pasar a ver en profundidad el tomo que corresponde a los Hijos del Tigre. En un ambiente donde las artes marciales se tornaron sensación para la juventud norteamericana, la creación de nuevos personajes era toda una patata caliente. La flamante revista para adultos de la editorial debía descansar sobre dos pilares básicos, uno contrastado, Shang-Chi, y el otro por probar, Sons of the Tiger. Roy Thomas, a la sazón Editor Jefe, puso sus esperanzas en el talento literario de Gerry Conway y en las aptitudes artísticas de Dick Giordano. A ese respecto, no se puede decir que la confianza depositada en Gerry por parte de Roy, que no paraba de otorgarle encargos, fuese debidamente compensada. Conway solía abandonar nada más comenzar o incluso antes de echar a andar las aventuras, dejando esbozados pequeños trazos que sus continuadores se veían obligados a ampliar. Este caso de los Hijos del Tigre se puede decir que no es una excepción.

Conway debía salir con una idea que fuese acorde con el nuevo movimiento de las artes marciales. Por lo que echó un vistazo a lo más reciente que tenía y se dio de bruces con “Operación Dragón”. En ella un grupo multicultural de guerreros luchaban en un extraño torneo, aunque el lucimiento quedaba reservado para el protagonista principal, la leyenda viviente Bruce Lee. Una colección con un elenco variado, no solo asiáticos, unidos en su defensa de la senda del kung-fu y en busca de venganza por la muerte de su maestro….. eso sonaba la mar de prometedor. Por lo que el guionista pronto designó la variada terna como discípulos del maestro Kee: Lin Sun, el oriental del grupo; Abe Brown, afroamericano criado en los barrios pobres; y Robert Diamond, el caucásico triunfador. Más tópicos, imposible, pero bien montadas las tramas, la idea podía dar su juego.

Conway y Giordano, abren fuego con los personajes

El escritor piensa en este serial como la traslación a viñetas de estas populares películas del kung-fu, que tan en boga estaban en aquellos días. Frenesí, golpes, venganza y mucha violencia. De este tono acaba contagiado el dibujante, Dick Giordano, un artista de innegable talento capaz de imprimir un ritmo cinemático a la narración. Acción que empieza desde su práctica presentación, puesto Lin Sun llega a su dojo para verse atacado por desconocidos ninjas y observar a su maestro, moribundo, a punto de fenecer. Tras los instantes trágicos, toca la revelación del medallón. Lin, uniendo sus destinos a Abe y a Bob, se transforman en los Hijos del Tigre, con la venganza por la muerte del sensei Kee como único objetivo. Rápidamente, descubrimos que tras el asesinato del mentor se esconde una misteriosa organización llamada “los Silenciosos”, que utiliza esbirros de toda clase y condición para hostigar a Lin y a sus compinches. Conway parece indicar que se trata de una asociación criminal, al estilo de una mafia china, ya que también hay asuntos de drogas involucrados con la malévola asociación.

La unión del tándem Conway-Giordano se rompe demasiado pronto. Tras el #1, el siguiente ejemplar se dedica exclusivamente a Shang-Chi, dado que el bueno de Dick no pudo arribar a las fechas de entrega. El #3 sería el último del equipo creativo, debido a que para el #4 mantenemos al escritor pero perdemos al dibujante, sustituido por un Don Perlin que lo intenta, pero que no llega a la sombra de su antecesor. Pasando al #6 (en el número cinco no hubo trama con los Hijos del Tigre), ya nos olvidamos de todo rastro de Gerry Conway, pues se acredita a un tal Jim Dennis como responsable literario, que no es otro que Denny O’Neil, que ni siquiera quiso firmar con su nombre este guion. Se trata de un fill in desesperado, manteniendo el trasfondo de los Silenciosos, donde lo más destacado es la inclusión de un nuevo artista para la cabecera; su nombre, George Pérez.

Mantlo y Pérez los sustituyen

Pérez era un reciente fichaje de la Marvel de los setenta. Un dibujante que empezaría con asignaciones fijas en 1975. Algún segmento en Unknowns World of Science Fiction, en magazines, o en Creatures on the Loose, en el apartado comic-book, se unen a estos Hijos del Tigre como ejemplo de sus primeros trabajos. Pese a ser un debutante en estas lides, se notaba que el joven George contaba con habilidades para el lápiz. Lo mejor que se puede decir es que, aun sin ser el creador original (honor que corresponde a Dick Giordano), la imagen icónica de estos personajes es la suya, prueba de que los hizo propios de forma inmediata. También puso en marcha una manera arriesgada de concebir la página. En vez de ceñirse a las típicas cuadriculas, Pérez rompía las viñetas en diversos tamaños y orientaciones, exigiendo algo más de esfuerzo al lector. Otra de sus características destacadas es la capacidad cinética que logra imprimir en las escenas de acción, algo de lo más necesario en un tebeo de artes marciales.

Con la llegada de Pérez teníamos el primer paso para el cambio. El siguiente fue la entrada de Bill Mantlo a los guiones, en el #7. Mantlo era un interno de la compañía que había comenzado en labores de producción, llegando a hacer alguna cosilla en el campo artístico del color. La salida de Conway le puso en posición de hacerse cargo de su primer guion en The Deadly Hands of Kung Fu, primero pensado como un fill in y luego de forma permanente, ya que los editores no lograron que nadie se interesase por la cabecera. Por tanto, estamos ante el trabajo seminal de uno de los escritores más prolíficos de una era y esa historia comenzó con los Hijos del Tigre. Gerry Conway había marcado un tono violento con los personajes. Su única razón de ser era la venganza contra los Silenciosos y no tenían ningún tipo de pudor en utilizar la fuerza letal. Frases como “también voy a darte muerte” o acciones como provocar un accidente de avión (cierto, lleno de esbirros malvados, pero no dejan de ser personas) nos pueden dar la medida de como de pasados de vueltas iban Sun, Brown y Diamond en sus primeras aventuras. Mantlo rebajará y mucho el tono de los protagonistas, sin renunciar a la violencia intrínseca, pero dejando claro el camino del héroe. El bueno de Bill era conocido por ser una persona liberal, al que horrorizaba por ejemplo una figura como la del Punisher, el justiciero por su cuenta, al que siempre que podía lo mostraba de forma paródica.

Algo que el guionista no podía cambiar, de entrada, era la trama de los Silenciosos, aunque le dio carpetazo en cuanto le fue posible, transformando a ese enemigo invisible con forma de organización criminal metida en drogas a algo de carácter místico, en un paso que no es que fuera muy orgánico pero sí bastante atrevido. Este aspecto lo mantuvo, de inicio, pero vemos cambios importantes desde su misma llegada. Se abandona San Francisco en favor de Nueva York, una tierra más propicia para el género de acción al estilo Marvel. Casi a renglón seguido, aporta un nuevo miembro a la formación, en este caso el elemento femenino, Lotus Sinchuko, con una triste historia detrás con los Silenciosos y con un inteligente giro argumental, que sorprenderá a más de uno. La llegada de Lotus da inicio a un triángulo amoroso a tres bandas, con Lin y Bob en pugna por el corazón de la dama, que traerá insospechadas consecuencias a la agrupación.

Como decimos, en estos primerizos argumentos de Bill Mantlo se le pueden ver muchas costuras pero desde luego no se puede argüir que sean acomodaticios. Mantlo arriesga, tratando de otorgar algo de trasfondo a los personajes. Tras la conclusión de la problemática de los Silenciosos en el #11, comienza un ciclo muy inspirado por parte de guionista y dibujante. Tres episodios independientes, cada una centrado en los diferentes miembros de los Hijos del Tigre, variando el tono y las historias. Abe Brown se enfrenta a una intriga basada en la corrupción de las grandes corporaciones, acompañado de un nuevo secundario que se hará recurrente, el detective privado Blackbyrd. Bob Diamond, con Lotus haciendo de sidekick, tiene un asunto policial que aclarar con unos asesinatos en su lugar de trabajo, los platós de cine. Por último, Lin Sun afronta una fábula introspectiva en la que el propio escritor admite querer hacer un homenaje a Kurosawa. Tras bastantes páginas donde los personajes eran más planos que una tabla, solo con la palabra venganza grabada en sus labios, por fin alguien trata de darles algo de tridimensionalidad.

La caótica llegada de Lotus

Estos ejemplares son parte de un crescendo que se verá corroborado con la saga en dos partes que acontece entre los números dieciséis y diecisiete. Los Hijos del Tigre (Lotus inclusive) se ven inmersos en un motín carcelario. Mantlo era un guionista concienciado y recordaba perfectamente el escándalo que supuso el motín de la cárcel de Attica (Buffalo, Nueva York) en 1971. Aquel incidente venía precedido de informaciones acerca del maltrato a presos, casi en su totalidad de raza negra y latina, y como esa rebelión se finiquitó con el sonrojante asalto de la Guardia Nacional, provocando una masacre sin precedentes que recayó sobre los hombros del gobernador del estado, Nelson Rockefeller. La opinión pública no vio con buenos ojos tamaña acción, sin duda desproporcionada. Y entre esos contrarios tenemos a nuestro guionista de cabecera, Bill Mantlo.

Cuatro años después del suceso, en septiembre de 1975 (al ser fecha de portada, se presupone que el cómic estaría disponible un par de meses antes), Mantlo utiliza a los Hijos del Tigre como nuestros cicerones en una prisión del estado de Nueva York, donde se abusa de los presos, sin ningún tipo de paños calientes. Blackbyrd está informado de la situación y emplea al grupo marcial como caballo de Troya para desmantelar la indecencia. Como pueden imaginar, el entramado rápidamente salta por los aires, con la revuelta de la mayoría de reclusos, recurriendo el alcaide a fuerzas mayores, como el temible gobernador. No se puede negar que el guionista tuvo los arrestos necesarios para tocar un tema, que recordaba a algo tan controvertido como el conflicto de Attica, en un tebeo supuestamente inocuo sobre artes marciales.

Probablemente nos encontremos ante el pico de calidad de la cabecera. Desde su llegada al serial, guionista y dibujante no han hecho más que mejorar en cada nueva aventura. Pero parece que el sino de los Hijos del Tigre ya estaba marcado para esas fechas. Y eso que se trató de unir sus destinos con un personaje con solera, como era Iron Fist (The Deadly Hands of Kung-Fu#18) pero Mantlo ya había planeado su práctico final. Una separación en la que no participan villanos, ni organizaciones criminales; simplemente, su unión estaba cogida con alfileres y el más nimio roce finiquitó la formación, antes incluso de concretar su sueño de montar un gimnasio sobre kung-fu en la Gran Manzana. El caso es que no por ser una separación por motivos “realistas” aleja el tono de una crudeza pocas veces vistas en el noveno arte de aquellos días. El final es duro, áspero, dejando una sensación de liviana tristeza en el lector, antes de que Mantlo y Pérez nos muestren sus verdaderas intenciones, la creación del Tigre Blanco.

Aparte de la colección en sí, Deadly Hands, tenemos un par de episodios extras que complementan la recopilación. El más evidente es el The Deadly Hands of Kung Fu Special, que como su nombre indica, es un especial de 1974, cuando Gerry Conway todavía era el guionista oficial. En este caso, Gerry no participa en la confección del argumento. La trama gira en torno a Fu-Manchú; el diabólico Doctor organiza sus maquinaciones habituales, siendo resueltas por separado por los tres elementos típicos de las artes marciales, a saber, Shang-Chi, Puño de Hierro y los Hijos del Tigre. Como decimos, nunca llegan a coincidir en el mismo espacio, pasando a ser el hilo conductor de la historia la siniestra figura de Fu-Manchú. Se encargan del guion gente como Doug Moench (Chi y Rand), Tony Isabella (para la intro y el epílogo) y Chris Claremont (los alumnos del maesro Kee). El arte viene firmado por Frank McLaughlin, Herb Trimpe, Mike Vosburg y algo de John Buscema.

El segundo de los extras es la inclusión de los Hijos del Tigre en la continuidad tradicional gracias a su paso por Marvel Team-Up#40. Mantlo llevaba apenas tres ejemplares como guionista titular de la cabecera en la que el trepamuros compartía aventuras con otros héroes del Universo Marvel. Y vio que tenía un hueco para sus artistas marciales, por lo que organizó parte la colaboración con la ayuda del responsable gráfico de la serie, Sal Buscema. El #39 había marcado como eje argumental una lucha entre el Gran Hombre y el Señor del Crimen por el dominio de los bajos fondos, en la que se habían inmiscuido Spidey y la Antorcha Humana. Muchos enemigos para nuestros protagonistas por lo que los Hijos del Tigre, que se encontraban en pleno proceso de montaje del dojo, les echaron un cable ante tamaña desventaja. Ha sido de las escasas veces en que los Hijos del Tigre han sido vistos en terreno del comic-book.

Con todo esto, damos cerrada las perpiecias de Lin, Abe y Bob en este MLE. Se trata de una colección que comenzó como una sublimación del cine del Kung-fu, en manos de Conway y Giordano, para pasar a algo más complejo y elaborado en manos de Mantlo y Pérez. Un guionista que trató de variar los enfoques, sin estancarse en el monotema que se había trazado de inicio, aunque distan mucho de ser tramas perfectas. Hay que ser conscientes de que se trata del primer trabajo como guionista de Bill Mantlo, por lo que difícilmente podemos decir que sea un cometido redondo. De todas formas, su atrevimiento en ciertos temas y su desparpajo deberían ser de agradecer por parte del lector actual. El apartado gráfico mantiene un nivel estable, primero por el buen hacer de un veterano como Dick Giordano, y luego por la innegable progresión de un artista de talento como George Pérez. Con la difícil labor de encontrar un entintador que tratara de forma correcta sus lápices (Bob McLeod, Mike Esposito, Dan Adkins o Frank Springer), la entrada de Jack Abel en esas funciones supuso el inicio de una colaboración que se mantendría hasta el siguiente serial. Es una delicia verle progresar como dibujante a lo largo de las páginas de este tomo.

Concluimos con el apartado más importante del magazine, el que corresponde a las peripecias en viñetas. Pero es algo público y notorio que las revistas en blanco y negro contaban con abundantes textos de apoyo que hacían las delicias de los amantes a la temática. En este caso, tenemos el surtido habitual; algunos escritos aguantan mejor que otros el paso del tiempo, pese a la calidad de los nombres implicados (John Warner, Don McGregor, Tony Isabella, David Anthony Kraft, etc.). El problema viene por la profusión de los mismos, debido a la gran extensión que ocupan dentro de este MLE. El caso es que la inclusión de los artículos tiene su sentido cuando reproduces las revistas de forma íntegra. Se supone que en este caso se han recopilado por personajes para hacer la lectura más orgánica. Cosa que no ocurre cuando terminas el #1 y te adentras en el #2…..para descubrir que no hay nada de cómic y la totalidad del ejemplar que se incluye en el tomo son artículos. La sensación que queda en el lector es de profunda extrañeza y dificultad para seguir las aventuras de los Hijos del Tigre. Y si no parece suficiente con los artículos propios del magazine, también se añade The Deadliest Heroes of Kung Fu #1, un curioso experimento, que se había probado previamente con los monstruos del cine, y que se trataba de una revista Marvel exclusivamente para textos sobre artes marciales (películas del género, Bruce Lee, David Carradine, Kung Fu….). El resultado es que la experiencia lectora se transforma en algo farragoso, cuando una solución podría haber sido mandarlos al final del volumen, marcando su procedencia en una pequeña nota a píe de página. No ha sido así y tengo la sensación de que para muchos lectores estos artículos van a ser un hándicap para su adquisición, más que un acicate.

El fin de los Hijos del Tigre

Los Hijos del Tigre vienen con las calidades habituales de la línea Marvel Limited Edition. Un formato robusto y un papel excelente para la degustación de estas obras clásicas. Como ocurre cuando hablamos de la producción Curtis, las portadas vienen dispuestas según su orden original, en forma de blanco y negro, dejando las versiones a color agrupadas en su totalidad al final de la recopilación. Aquí tenemos muestras de artistas de la talla Neal Adams, Bob Larkin, Earl Norem, Luís Domínguez, Harold Shull o Nick Cardy. Brillantes postales para enmarcar. La reproducción se puede decir que es bastante aceptable, pero hay algún punto negro que vamos a remarcar. El #6, un episodio histórico, por la presentación de George Pérez en el serial, tiene graves deficiencias que afean el producto. Los grises y sombras aparecen fuera de lugar, por no señalar que hay viñetas con fondos negros tan intensos que apenas nos permiten seguir la acción. Es el mayor debe en cuanto a su reproducción, debido a que el resto se mantiene en los límites de lo permisible. Por otro lado, recordamos que estos tebeos venían publicados a un tamaño mayor al comic-book, cosa que Panini y SD nos tienen acostumbrados a no respetar, por lo que a estas alturas ya no nos extrañamos.

En definitiva, se trata de un tomo que puede gustar a todos aquellos que se declaren como amantes de las artes marciales, pues sus protagonistas no han tenido incidencia en el Universo Marvel. Es cierto que pueden venir rodeados con una suerte de aura mítica, debido a que no hemos tenido reedición de los mismos desde hace cuarenta años. Pero tampoco debemos cegarnos ante tal dato. Son cómics entretenidos, con su punto de violencia, como revista para adultos, y cuyo mayor problema se localiza en la exagerada profusión de artículos. Su calidad total es más bien irregular, aunque hay que recordar que hubo un equipo creativo, el formado por Bill Mantlo y George Pérez, que intentó sacarlo de la mediocridad, aportando tramas más complejas, elaboradas y con algo de subtexto, además de tratar de indagar en el fondo de los personajes. Un fin del todo loable, que quizás llegó un poco tarde, puesto que la dupla artística tenía depositadas sus esperanzas en un nuevo personaje, denominado el Tigre Blanco, cuyas vicisitudes pasamos a analizar en el punto siguiente.

El Tigre Blanco

 

Edición original:. The Deadly Hands of Kung Fu #20-24, #26-27, #29-32, Peter Parker: The Spectacular Spider-Man #9-10 y #49-52
Edición nacional/ España:. Panini Cómics y SD Distribuciones
Guión:.Bill Mantlo y Roger Stern
Dibujo:. George Pérez, Keith Giffen y otros
Entintado:. V.V.A.A.
Formato:. Tomo en tapa dura
Precio:.

44,95 euros

 

Los caracteres que encarnan los Hijos del Tigre prácticamente se evaporan del magazine, quedando desplazados por un nuevo personaje denominado the White Tiger. Este flamante justiciero obtiene sus poderes por la conjunción del abalorio místico que sus anteriores dueños portaban por separado, otorgándole habilidades sobrehumanas pero también hurtándole su personalidad cuando el poder del medallón hace acto de presencia. Héctor Ayala, el muchacho que hay bajo la máscara, desconoce lo que es capaz de hacer el dichoso colgante, por lo que su vida superheroica trastoca y confunde a la gente de su alrededor. Aun así, el empeño de su alter ego por hacer el bien en los bajos fondos de Nueva York le granjeará una breve pero jugosa trayectoria repleta de aventuras. Es básicamente esto lo que recoge el MLE, sus apariciones estelares en la revista The Deadly Hands of Kung Fu, más una muestra de su aportación al entorno de Spider-Man, al que se vería asociado tras la conclusión del magazine. Se puede decir que con este tomo tenemos concentrado casi todo su recorrido clásico, puesto que el Tigre Blanco no es que haya sido muy pródigo en las filas de Marvel Comics.

Contamos con el mismo equipo creativo que había cerrado las peripecias de los Hijos del Tigre: Bill Mantlo, George Pérez y Jack Abel. Por lo tanto, la línea puede parecer continuista pero pronto veremos novedades al respecto. Lo más importante es que vamos a observar de cerca la realidad de una familia latina en un barrio conflictivo como es el Bronx sur. El influjo de los portorriqueños en el Nueva York de los setenta es algo más que evidente. La migración de esta población comenzó en los años cincuenta, generalmente gente del campo, no cualificada, que trataban de labrarse su propio sueño americano. Como resultado, se establecieron en los apartados de la economía con bajos ingresos, concentrándose en zonas propias de inmigrantes, como el ya mentado barrio del Bronx. Conocidos como foreigners, people of color o más coloquialmente, boricuas, se las ingeniaron para salir adelante en una sociedad muy distinta a la de su Puerto Rico natal. En la época de publicación del magazine Deadly Hands, varias generaciones ya son ciudadanos estadounidenses de pleno derecho, sin renunciar a sus raíces y su cultura. Uno de ellos es el dibujante George Pérez. No cuesta trazar una línea de acontecimientos, al conocer el carácter de guionista implicado y concienciado de Bill Mantlo. Las conversaciones entre dos jóvenes creadores alrededor de la problemática latina dieron lugar al primer superhéroe con ADN hispano de la editorial.

Héctor Ayala, un joven latino del Bronx, trata de ayudar a sus seres queridos en la supervivencia más dura, la del día a día. Su padre, Néstor, trabaja de sol a sol en varios empleos para traer el sustento a casa. Su madre, María, ejerce la función de sufridora ama de casa. Awilda, la hermana, es claramente el pegamento de la familia, mientras que Filippo, el hermano menor, ocupa el desagradecido arquetipo de la oveja negra del clan. De momento, no tenemos noticias de Ava, que es un personaje que surgió vía retrocontinuidad ya en este siglo, por lo que nos olvidamos de ella. En esta tesitura, el chico localiza un medallón abandonado en un solitario callejón. Esta herencia proviene de los Hijos del Tigre, personajes a los que Mantlo no dejará olvidados en el serial, cediéndoles un jugoso espacio donde se desarrollan subtramas paralelas a la historia del Tigre Blanco. Una vez vestido con el abalorio místico, una misteriosa personalidad sustituye a Ayala, transformado en el justiciero que se hace llamar the White Tiger.

El equipo creativo trata de dotar de una idiosincrasia diferenciada a las aventuras de este renovado héroe callejero. Tras unas tramas perfiladas por otros creadores, donde se sentía de cerca el influjo del kung-fu, Mantlo y Pérez acercan la narrativa de la serie a una cercana a la superheroica. Comienza con un tema con su enjundia, como es el influjo de las bandas callejeras en la comunidad, pero pronto se tira de rudimentos del género con el enfrentamiento con el Merodeador y con la Sota de Corazones, un personaje de nuevo cuño que tendrá su recorrido de importancia en el Universo Marvel. Lo cierto es que esos feudos están más bien cogidos con alfileres, dado a que no hay motivos de peso para tales desencuentros. Con Hobbie Brown se haría encaje de bolillos para asociarlo a Abe Brown, uno de los Hijos del Tigre, que terminó siendo su hermano en viñetas y el cara a cara con Jack of Hearts solo nos sirve para la entrada en escena de la Corporación, una asociación villanesca con un peso esencial en el desarrollo del protagonista.

El Tigre Blanco contra el Merodeador

Mientras que el guionista parecía que tenía cuerda para rato, tenemos que decir adiós, a las primeras de cambio, al dibujante. George Pérez estaba llamado a hacer cosas importantes en la editorial, por lo que habían comenzado las asignaciones a colecciones con solera, como Avengers o Fantastic Four. Su etapa con el Tigre Blanco, pese a ser su creador gráfico y su principal instigador, había llegado a su fin. The Deadly Hands of Kung Fu #20-21 supuso el inicio de la aventuras del Tigre y tras estos números, Pérez abandona la serie, solo retornando de manera ocasional en el #30. Toca un baile de autores en el apartado gráfico que definirán al White Tiger en siguientes ejemplares. Entre los créditos se puede encontrar a un dibujante considerado como primera espada en la compañía, tal es el caso de Gil Kane, pero la mayoría son artistas noveles, algunos con un gran futuro por delante. Así, debemos nombrar a Keith Giffen, Ron Wilson, Joe Staton o Jim Sherman como los continuadores del legado de George Pérez. Uno de los aspectos en que el Tigre Blanco sale perdiendo en relación a los Hijos del Tigre es la inestabilidad gráfica, sin decir que se trate de una mala representación.

Como hemos avanzado, uno de los ases en la manga de Bill Mantlo es acercar el contenido de una revista de kung-fu al del resto del catálogo habitual de la casa. Lo habíamos notado con la inclusión del Merodeador, un enemigo habitual de Spiderman. La creación de la Sota de Corazones, con apariencia de superhéroe y problemas de superhéroe, refuerzan esa sensación. Pero es que además se permite introducir al Daily Bugle de JJ Jameson y Robbie Robertson, en forma de cameo, fortaleciendo unos lazos evidentes con el Universo Marvel tradicional. Eso no quiere decir que se rompa con lo anterior. Ya hemos comentado que el trio de artistas marciales (más Lotus) continúa con un pequeño espacio en el serial, no en vano el encabezado sigue siendo suyo, pese a que han pasado a ser simples secundarios. Tampoco desaparece del radar de la revista el detective privado Blackbyrd y se recupera al sargento D’Angelo, policía que colaboró con Bob Diamond en la resolución de unos misteriosos asesinatos. Ambos son conocedores del abalorio con forma de tigre, por lo que cuando sigan la pista del White Tiger, que parece trazar un camino directo hacia Héctor Ayala, los dos se verán fuertemente involucrados.

Los últimos coletazos del personaje en el territorio Curtis se produjeron en los números 31 y 32. Una gran alianza entre los grandes artistas marciales del entorno compartido, a saber, Héctor Ayala, Shang-Chi y el Puño de Hierro, más la colaboración estelar de la Sota de Corazones, tiene el objetivo de hacer frente a la malévola Corporación. Al final del #32, se produce la esperada reunión con los Hijos del Tigre, cuyas subtramas se habían desarrollado de forma paralela a la del Tigre Blanco, con todavía una incógnita por resolver, el paradero de unos de sus clásicos integrantes, el Tigre Negro, perdido por tierras de África. El problema es que Deadly Hands fue cancelada en el #33, por lo que la ocasión quedaba aplazada, hasta nueva orden.

Se anuncia a …. la Sota de Corazones

Bill Mantlo había creado lazos afectivos con el personaje, de eso no hay duda. El cierre abrupto del magazine le debió causar un mal sabor de boca, pues, en cuanto pudo, recuperó su blanca figura. Peter Parker: The Spectacular Spider-Man fue ideada como la segunda cabecera del lanzarredes, allá por diciembre de 1976 (obviamos en esa consideración a Marvel Team-Up). Gerry Conway y Archie Goodwin, acompañados por un incombustible Sal Buscema, debían poner el foco sobre la vida personal de Peter Parker. Mantlo debuta en esta cabecera en el #9, todavía con Buscema como responsable gráfico, y su primera historia es la típica revuelta estudiantil universitaria. Y en ella participa Héctor Ayala, como preocupado usuario de la Empire State, por lo que el Tigre Blanco no tardará en hacer acto de presencia. Una saga en dos partes que acercará los destinos de Parker y Ayala como un claro movimiento del guionista para que el personaje no cayera en el olvido (recordatorio de los Hijos del Tigre incluido; hasta Blackbyrd asoma su ruda cara en estos cómics). The White Tiger queda asociado al entorno de Spiderman, con papel importante en varios ciclos, a partir de entonces (lucha con el Señor de la Luz en el #19-20 y contra Carroña en el #29-31 de esta serie; ninguno de estos encuentros se halla reproducido en este tomo).

Con la cabecera en otras manos, puesto que Mantlo había dejado atrás Peter Parker: The Spectacular Spider-Man, enfocado en nuevas asignaciones, otro guionista de talento trató de recuperar las mejores virtudes del Tigre Blanco. Hablamos de Roger Stern, que dentro de la colección, ofreció a los lectores pequeños complementos sobre la vida y milagros de Héctor Ayala, durante los ejemplares 49, 50 y 51. Respetando su esencia, trayendo a colación secundarios propios (el ya clásico detective Blackbyrd) y recordando su pasado con las artes marciales, lo que estaba preparando Sterno era una terrible prueba de fuego para el futuro del personaje. Esta vez, resuelta con grandes fastos en la historia principal del #52 (marzo de 1981, fecha de portada), con Spidey como invitado de excepción, para ayudar a Ayala con su feudo con Gideon Mace. Los acontecimientos son terriblemente duros para nuestro héroe callejero; ha pagado un precio demasiado alto por llevar ese medallón. En un movimiento valiente, pese a la indisoluble conexión que hay entre ellos, decide dejar aparte el abalorio y olvidar la faceta superheroica. Un futuro feliz se asoma con su enamorada Holly, deseando vivir una vida como Héctor, no como el Tigre Blanco. El colgante queda en manos de Blackbyrd, para luego pasar a formar parte de las tramas de la colección Power Man and Iron Fist. Por arte de magia, retornará a su propietario original, ya en este siglo, en el Daredevil de Bendis. Así, el guionista de Peter Parker jubila a un personaje del que no se avistaba que tuviese alguna oportunidad de brillar, con la estrella de las artes marciales totalmente apagada.

La familia de Héctor

Podríamos dar por concluida la síntesis de contenidos de este MLE. Mantlo y Stern son los responsables literarios del volumen. Especialmente relevante es el trabajo del primero, uno de sus creadores originales. Se puede considerar un acto de valentía el impulsar el desarrollo de un superhéroe de raíz latina en el Universo Marvel en plena década de los 70. El guionista trata de huir de los arquetipos aunque es difícil no caer en ellos. “Los portorriqueños se supone que son conserjes, Héctor, taxistas, chicos de reparto. ¡Nada de riesgos, ni problemas! ¡Sobreviven!”….. este es uno de los diálogos que su hermana Awilda dedica a nuestro protagonista, advirtiendo que se está saliendo de su rol habitual. El caso es que, tras incidir en el impacto que pudo suponer en la época, el bueno de Bill tejió la estructura familiar en torno a clichés. Quitando el uso continuado del español en los intercambios de pareceres, en una mezcla de idiomas propia del Bronx sur, tampoco se indaga en la situación de los latinos de la zona. Hay bandas callejeras, camellos, drogas, maleantes, pero no hay estudio social al respecto. Otro aspecto a destacar es la relación casi simbiotica entre Ayala y el Tigre Blanco. La transformación no es placentera, al contrario, es un suplicio para el joven hispano. En sus comienzos, el pobre Héctor no es consciente de sus actividades superheroicas; parece que otra entidad domina sus pasos cuando se viste de blanco inmaculado. Poco a poco, se tiende a una convivencia consensuada entre los dos, obviando esa dicotomía en favor de las golpes y las patadas de kung-fu. En definitiva, nos quedamos con la parte superficial de un tebeo de acción. Mantlo trata de enfatizar su impacto en ese terreno, a la vez que tiene imbricar a lo que queda de los Hijos del Tigre en el serial, otorgando una narrativa separada en partes, que no tienen nada que ver una con la otra, lo que hace que se pueda considerar como un punto negativo para las consideraciones finales.

En lo que respecta a Roger Stern, su papel es más bien escaso en el tomo. Presenta unas tramas hechas con oficio, bien hilvanadas, con una dureza para nuestro Tigre verdaderamente inusitada, pero bastante alejadas de los grandes trabajos que nos ofrecerá en años subsiguientes.

El apartado gráfico es la parte valorada de manera más positiva de las revistas Curtis. El territorio del blanco y negro sacaba lo mejor de cada artista. Los dibujantes que se hicieron cargo del Tigre Blanco no son una excepción. Aparte del excepcional George Pérez, aquel que dio forma gráfica al personaje, tenemos a los muy competentes Keith Giffen y Gil Kane, junto a los efímeros Jim Sherman, Ron Wilson y Joe Staton. El acabado en el entintado de esas páginas fue asignado al grupo de filipinos con los que contaba la editorial, especialistas en este terreno. Gente como Sonny Trinidad, Rico Rival o Rudy Mesina (cuando no The Tribe, al completo) dan el toque final a los lápices de estos artistas, acercando la imagen habitual del Deadly Hands al resto de las revistas Curtis. En lo que concierne a la parte del comic-book, Sal Buscema, Denys Cowan y Rick Leonardi cumplen con nota su cometido, acostumbrados a sus quehaceres habituales.

La entente marcial por antonomasia

Pasando al tema de la edición, este MLE tiene los mismos aciertos y errores que el anterior volumen. La profusión de artículos, pese a ser extensa, se encuentra más mensurada que en el de los Hijos del Tigre, otorgando al lector una sensación de lectura más orgánica. Se sigue editando en formato comic-book, pese a que la mayoría del tomo debería ser en tamaño magazine, y la reproducción continúa siendo aceptable, con los consabidos puntos negros de rigor. The Deadly Hands of Kung Fu#20, el episodio donde debuta el White Tiger, contiene algunas viñetas con negros y sombras que no dejan advertir lo que ocurre en el fondo, además de mostrar al Tigre Blanco casi desdibujado en sus líneas. Son ocasiones no muy numerosas, pero esa situación tiende a repetirse en algún que otro caso. Pequeños detalles a los que nos están acostumbrando Panini y SD en lo que respecta a la reproducción de magazines y que, no por ocasionales, dejan de ser molestos.

El volumen del Tigre Blanco se adorna con la cualidad de navegar entre varias aguas. Por un lado, recoge la herencia del kung-fu con todo un surtido de patadas, golpes y medallones místicos por bandera. También puede verse como un cómic de tipo social, al tratar las interioridades de una familia latina y el conflictivo entorno del Bronx sur. Pero, sin embargo, no es difícil advertir la deriva superheroica de sus tramas principales. Probablemente, Mantlo fuera consciente con antelación de que la moda de las artes marciales estaba llegando a su fin; o quizás se tratara de sus editores, que fueran anunciando que las ventas del magazine no eran tan buenas como se esperaba. Y Bill, ante esa tesitura, ideara un personaje que no necesitara el trasfondo del kung-fu para integrarse en el resto del Universo Marvel. Lo realmente importante es que Héctor Ayala terminó edificando una historia de legado, en torno a ese abalorio mágico que un día perteneció a los Hijos del Tigre, aquellos que comenzaron el fenómeno en The Deadly Hands of Kung Fu#1. Lejanos tiempos que se difuminan en nuestra recuerdo.

Tanto los Hijos del Tigre como su continuador, el Tigre Blanco, son conceptos de unos momentos muy concretos. Aquellos en los que se respiraba kárate y kung-fu en cada esquina, en cada colegio, en cada gimnasio. El influjo de las artes marciales en una generación es algo muy evidente y estos tebeos son la pura constatación de unos hechos consumados. Visto con los ojos del presente, modas pasadas pueden quedar muy desfasadas. Pero aquellos que todavía tenemos la mirada de la nostalgia agradecemos sobremanera volver a revivir ciertos momentos, grabados a fuego en nuestra memoria. Solo por eso, estos Marvel Limited Edition ya valen mucho la pena.

Después de completar de manera satisfactoria la recopilación de Shang-Chi, Master of Kung Fu, con seis estupendos volúmenes que aglutinaban su trayectoria clásica (y un séptimo que era una suerte de popurrí), toca acometer la publicación de The Deadly Hands of Kung Fu, la revista para adultos que Marvel sacó…

Hijos del Tigre. Tigre Blanco

Guion (HdT) - 6.5
Guion (TB) - 6
Dibujo (HdT) - 7.5
Dibujo (TB) - 7
Interés - 7

6.8

Valoración Global

Los Hijos del Tigre y el Tigre Blanco son una digna representación del fenómeno de las artes marciales en el terreno adulto. Golpes y violencia especialmente bien retratados por un buen plantel de artistas. Su fallo más evidente es la exagerada profusión de artículos, claramente desnivelada.

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Excelente articulo como siempre, don Arturo.
Un tío escribiendo que Lee murió de un edema cerebral, en lugar de por las triadas, una amante vengativa, o un golpe de “dim mak”.

Un señor que se documenta.
¡ Inconcebible !. ;-D

En lo que no vamos a estar de acuerdo, Arturo, es en lo de los articulos.
Y es que como antiguo comprador de la DOJO, encontrame con todos estos articulos “vintage” es un añadido muy especial que yo sí agradezco muchisimo. Y más siendo consciente de que era o ahora o nunca. Prefiero que haya quejas por “ir sobrado” en los tomos, que andar quejandome amargamente por lo que pudo estar o no en una edición que posiblemente no volvamos a ver reeditada a saber si en décadas.
Que entiendo -y respeto- la opinión contraría. Es fácil empatizar con un comprador que solo quiera pagar por los cómics sin tal profusión de extras, pero también me gusta pensar que si me compro “una edición de coleccionista”, esta no se base en un simple eslogan y merezca realmente dicho apelativo por “ese algo” que no tienen otras ediciones.

En fín, me espero ostías por más de un lector que pueda estar leyendo esto, pero es lo que pienso. Yo estoy encantado con estos tomos. Lo mismo que con otros como el de VAMPIRE TALES (por ejemplo) con todos esos articulos, relatos y páginas de publicidad.

P.D: Un saludo, y felices fiestas, amigo, que te tenemos muy perdido, demonios.

Sergio Aguirre
Autor

Genial artículo Arturo, sobre una serie que me toca mucho el lado emocional, y de la que reconozco no poder ser nada imparcial: de pequeño ADORABA las aventuras del Tigre Blanco que Vértice publicaba en sus revistas en blanco y negro, las cuales conseguía con cuentagotas en puestos de segunda mano de mercadillos. Le había conocido antes, en ejemplares de la serie de la misma editorial dedicada a Peter Parker, y me fascinó ese superhéroe que aparecía de manera relativamente frecuente, cuya identidad secreta había sido hecha pública arruinando su vida. Descubrir algo después parte de su pasado, dibujado por Perez y con invitados muy de mi agrado como el Merodeador y Sota de Corazones, fue algo que recuerdo maravilloso, y que realmente se ganó un lugar en mi corazón de aficionado.

Igualmente sufrí cuando leí, ya en la serie del Hombre Araña que publicaba Bruguera, la despedida de Hector Ayala de su identidad enmascarada, tras su funesto encuentro con Gideon Mace. Y me molestó cuando Brian Michael Bendis, que por lo demás estaba haciendo un trabajo ejemplar en Daredevil, utilizó a Hector Ayala dándole punto final, sin que sonase o se comportase como el personaje que yo había admirado. Era una buena historia, sí, pero no estuve conforme con que se eligiese al Tigre Blanco para contarla ni cómo se le manejó.

En fin, Arturo, que esta lectura me ha removido buenos y viejos recuerdos, así que te lo agradezco muchísimo. Solo pondré un apunte: afirmas que los Hijos del tigre nunca volvieron a ser utilizados en Marvel, y yo diría que mayormente así fue. Pero recuerdo que en la primera mitad de los años ochenta, la serie protagonizada por Luke Cage y Puño de Hierro, por lo menos en el tramo obra de Mary Jo Duffy y Kerry Gammill, Bob Diamond fue un secundario habitual que tuvo un romance con Colleen Wing. Y de hecho, los otros dos integrantes del trío de artes marciales, hacían acto de presencia cuando se revelaba la relación entre su amuleto de jade, el Maestro Khan, y K’un-Lun.

Por lo demás (que en realidad ese apunte es una anecdótica chorrada ) te reitero mi aplauso y mi agradecimiento por este articulazo. Otro más, quiero decir: eres un crack y lo demuestras cada vez.

Dynamo
Lector
Dynamo

Excelente como siempre!!!
Me reconozco un lego en todas estas historias. No se si en la época de forum esas historias del hijo del tigre en la cabecera de Peter Parker las llegue a leer, aunque me parece recordar al personaje, pero vagamente. El hecho de que los inicios de George Pérez en Marvel se incluyan debería ser un plus para este tomo. Y lo mismo con Mantlo seguramente. Aunque he de reconocer que no es mi ámbito esta lectura. De la Marvel kárateca el puño de hierro es a quien más me he acercado, disfrutando ahora mismo del tercer tomo de Bru, Fraction y Aja. Saludos!!!!

Mimico
Lector

¡Fantástica ración doble, sr. Porras! Por cuestiones de tiempo he necesitado un par de visitas para leerlo, pero lo he disfrutado igualmente. ¡Un saludo!

manolin
Lector
manolin

Pues no sé si quedará sepultado en las arenas del olvido, pero en la memoria de los que te leemos no. Magnifico curro te has pegado, como siempre. Solo un apunte/duda. En los Heroes de Alquiler de Ostrander y Pascal Ferry de finales de los 90…..¿ no había un personaje femenino relacionado con el Tigre Blanco? . Yo no seguí mucho esa serie, ni conozco los comics aquí reseñados, pero me suena ese personaje femenino vestido de blanco cuya apariencia al menos guardaba mucha similitud con Tigre Blanco, y me parecía haber oido que existía alguna relación

TheBaldRocker
Lector
TheBaldRocker

Referente a la pesadez de lectura de los dos tomos si hablamos de seguir el orden exacto de artículos y cómics, especialmente en el de “Los Hijos…” yo lo que tengo pensado hacer, vista también tu experiencia previa a escribir esta reseña, es “pasar” de los primeros y leerme seguidos los tbos, acabando el primero y comenzando enseguida con “El Tigre..” Después, si me apetece, que imagino que sí, ya repasaré los artículos aunque sea un poco por encima.
Vamos, que tampoco descubro nada nuevo diciendo esto, pero sí creo sinceramente que es una buena opción para personas como yo, que guarden muy buen recuerdo de estos cómics, pero que no se consideren tan fanáticos o apasionados del tema de las Artes Marciales.

Y excelente como siempre, Arturo. Así que esperando ya la salida de los dos que quedan del Puño y de Shang-Chi para poder leerte de nuevo, eso si antes no publicas otro, que imagino que sí, viendo los próximos lanzamientos de esta línea.
Rockeros Saludos.