Marvel Limited Edition. Especial Hombre Cosa

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Colección inclasificable. Clásico desconocido. Estos son algunos de los calificativos que podríamos asignar la cabecera de los primeros años setenta protagonizada por el Hombre Cosa, recopilada en dos Marvel Limited Edition, cortesía, como es habitual, de Panini y SD Distribuciones. Aclaramos que todavía nos queda pendiente un tercer MLE con nuestro monstruo del pantano pero hemos decidido separarlo por motivos editoriales evidentes. La razón es que estos dos tomos forman una unidad, con el nacimiento del personaje y el periplo del alma mater del proyecto, Steve Gerber. Aquí localizamos las aventuras de Adventure into Fear y los veintidós números de Man-Thing, la serie madre, más cruces varios, relatos narrativos y todos los Giant Size, tan habituales de la época. El tercer volumen comprende, en cambio, el segundo intento de cabecera con el personaje, apariciones episódicas varias y la serie póstuma de Gerber. A pesar de esto último, el tono y su esencia se aleja bastante de los otros dos por lo que será reseñado cuando haga acto de aparición en las tiendas. Con la seguridad de contemplar lo mejor que se ha hecho con el Hombre Cosa, procedemos a analizar los dos MLE como una crónica unitaria de la vida y milagros de Ted Sallis, alter ego de la criatura.

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Iniciamos pues un viaje en el que, bajo el paraguas del género de terror, asistimos a una amalgama de sátira social, sublimación lo absurdo, críticas varias e historias repletas de fantasía. Y para regocijo nuestro, funciona de una manera realmente intrigante, atrapando al avezado espectador de forma instantánea. Resulta que todo esto choca de frente con la concepción del personaje, uno de las flamantes rarezas que surgirán a lo largo de los setenta. Veamos cómo se encontraba el panorama del horror en la Casa de las Ideas por aquellos días.

La vuelta del terror a la Casa de las Ideas

El sueño de la razón produce monstruos. Grotescas figuras que trastocan nuestro lógico discurrir con historias terroríficas que atrapan a todo buen lector. En las oficinas de Marvel en los setenta lo sabían bastante bien pero tenían un problema realmente gordo, la censura. Toca hablar brevemente del Comics Code Autorithy y de cómo afectaba a una editorial mainstream. Tras el convulso juicio acaecido en la industria en los cincuenta, buscando monstruos donde no los había, las principales editoriales, para frenar la sangría que suponía la polémica, decidieron instaurar un organismo que gestionara unas reglas básicas sobre el “buen gusto”. Este organismo se dedicaría a testar la conveniencia o no de publicación de las revistas de cómic, en arreglo a máximas como ausencia de sexo, nada de violencia desatada o el nulo trato con géneros perniciosos (asesinatos, terror, etc.). Tanto editores como puntos de venta se tomaron muy en serio este tema y por muchos años (demasiados) el sello del Comics Code fue requisito indispensable. Que se lo digan a Bill Gaines, propietario de EC Comics, obligado a cerrar su compañía ya que tuvo los arrestos de no plegarse a la entidad censora. Desde 1954 hasta 1971 ese statu quo se mantuvo pero la década de los setenta venía con unos aires de libertad difíciles de obviar.

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Para comenzar, dejamos constancia de un fenómeno espejo en el campo del noveno arte. La editorial Warren con su revista Creepy, lanzada en 1969, estaba alcanzando un gran éxito comercial. Con temática basada en el horror, mostraba bien a las claras que había un público para el género esperando en los puntos de venta. Lo que permitía a Creepy circular sin el Comics Code es su calificación como revista para adultos, mientras que el catálogo de Marvel seguía constando para el organismo regulador como infantil-juvenil. Por aquel entonces, Stan Lee, como máximo mandatario editorial, ya estaba en guardia, buscando nuevas formas de expandir la producción Marvel pero contaba con un impedimento extra, aparte de la molesta censura, el de su jefe, Martin Goodman. A finales de los sesenta trató de publicitar un magazine con Spiderman en blanco y negro pero el dueño se opuso a esa maniobra, que quedó en un par de números solamente. A la altura de 1971 el departamento de sanidad le hizo llegar una proposición para alertar a los jóvenes del peligro de las drogas, lo que Lee transformó en una saga en tres partes ubicada en la cabecera estrella, Amazing Spider-man. El Comics Code paró aquello en seco, pues obviamente estaba prohibida cualquier mención a los estupefacientes en un tebeo para jóvenes, pero esto no frenó al editor Marvel que lo publicó sin el sello. La Trilogía de las Drogas fue un gran triunfo porque demostró que se podía luchar contra la censura. Y ésta decidió rebajar sus exigencias. Pronto, un género casi olvidado volvería a resurgir con el nacimiento del primer vampiro Marvel, Morbius, aprobado milagrosamente por el organismo censor, lo que suponía la bajada definitiva de una barrera y el inicio del camino para los tebeos de terror en la majors americanas.

Resaltar que una de las claves con respecto a la relación entre la Casa de las Ideas y el género de terror es el formato magazine. Goodman era un empresario que regentaba un pequeño negocio de publicaciones, entre las que se encontraba nuestra editorial favorita de superhéroes pero también una parte que se encargaba de lanzar revistas de todo tipo. El caso es que Martin nunca vio necesario utilizar ese formato para la publicación de empijamados. Tumbó el intento de Lee de sacar una con Spidey y siguió en sus trece cuando, tras peripecias varias, Marvel obtuvo los derechos de Conan el Bárbaro. Roy Thomas, entusiasta del personaje, tenía en mente una versión más grave del cimmerio y pensó en darle salida en una revista para adultos. Stan le dio su bendición y como resultado tenemos en mayo de 1971 (fecha de portada) la publicación de Savage Tales#1, rápidamente cancelada por las altas instancias marvelitas. Goodman contraatacó con una orden directa: nada debía ser publicado sin el sello del Comics Code Autorithy. Y aquí localizamos el meollo de la cuestión pues se podían haber publicado multitud de historias y temáticas más “fuertes” sí Goodman hubiera dejado a los creadores jugar con el formato magazine, ya que éste no requería la aprobación del Comics Code, pero nunca estuvo dispuesto. Por cierto, en la citada cabecera antológica tenemos el debut del Hombre Cosa pero su carrera se vio abruptamente cortada, de momento, por la cerrazón del gran jefe. El cambio definitivo de rumbo vino con la entrada como parte de la sociedad de Cadence Industries, conglomerado que se encargaría de ir relegando al hasta ahora dueño poco a poco. Stan Lee sería designado presidente en 1972 y Roy Thomas asumiría el puesto de director editorial. Se avecinaban cambios importantes.

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Lee enseguida se apresuró a buscar nuevas vías de publicación, a intentar recabar autores de las escena independiente y dio luz verde para que el género de terror tuviera una amplia representación en el mercado, ya fuera en formato magazine o en comic-book. Porque era evidente que un público latente se encontraba esperando renovadas y terroríficas aventuras. Tras la versión científica del vampirismo que representa Morbius y la breve aparición del Man-Thing en 1971, seguimos el festival del horror con la creación de Werewolf by Night (fecha de portada febrero de 1972), la versión Marvel del Hombre Lobo, aquí un atribulado Jack Russell, creado ex profeso para la ocasión. Continuamos con el vampiro por antonomasia, por fin con cabera propia, Tomb of Dracula (fecha de portada abril 1972); quizás la mejor representación del género en esta década de los setenta. Poco más tarde tendríamos las peripecias de un especialista de circo poseído por un demonio infernal o lo que es lo mismo, el famoso Ghost Rider. Y así podríamos seguir con el monstruo de Frankenstein (que ya había sido introducido en X Men y en Silver Surfer como antagonista, con dispares resultados), la Momia (The Living Mummy), el Hermano Vudú, el Hijo de Satán, el Golem, Satana o la Legión de los Monstruos. Todo un variado catálogo de rarezas, monstruos y elementos sobrenaturales que supieron dar lustre, con mayor o menor éxito, a un género como el de terror…..al estilo Marvel.

Este último es un detalle a resaltar pues la editorial amoldó el catálogo de sus rarezas a las características básicas que le estaban convirtiendo en la compañía a seguir. Hablando en plata, no hablamos de horror, ni terror sensu estricto. En Marvel sabían que era difícil competir con la producción de Warren, donde maestros de la talla de Archie Goodwin, Alex Toth o Bernie Wrightson daban muestras de su buen hacer con tramas cortas pero realmente inquietantes. Stan Lee lo sabía, de hecho admitía ser lector de las mismas y sentía una importante veneración por esas obras; y, muy probablemente, todo el Bullpen lo sabía. La solución fue hacer todas estas colecciones a la manera Marvel, muchas veces mezclando narrativa superheroica con un cierto tratamiento suavizado de personajes, al mostrarnos a estos elementos sobrenaturales como caracteres con pies de barro. Drácula tenía que matar para sobrevivir y de hecho no deja de hacerlo en toda la serie, pero se muestra de una forma muy light e incluso, por momentos, se nos enseñan instantes de un pasado donde se humaniza y se trata de comprender al malvado Conde. Por no hablar de los secundarios, donde la maldición de la sangre o la persistencia del antagonista nos muestran matices muchos más interesantes que el vampiro en sí. Russell, el Hombre Lobo, sufría tremendamente por sus acciones como licántropo, a pesar de no tener control sobre su destino. Qué decir del Motorista Fantasma, sin duda un superhéroe, rodeado de elementos sobrenaturales, pero superhéroe al fin y al cabo (tanto que llegaría a recalar en un equipo como los Campeones). O la diatriba utilizada para Frankenstein no dejaba de recordar a la utilizada por Lee y Kirby en su recreación de Hulk o la Cosa, tal y como estos recorrieron el camino inverso con la obra de Mary Shelley para tomar referencias en el nacimiento de esos mismos personajes. En definitiva, nos encontramos ante una “marvelización” de diferentes criaturas sobrenaturales, con los defectos y virtudes que acarrea este dato, lo que viene a significar la inclusión de todos ellos en la continuidad tradicional, llegando sus aventuras y desventuras hasta el tiempo presente. Pero nunca fueron tan populares como durante este periodo, una época de experimentación, de novedades en muchos aspectos. Una era de posibilidades.

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De toda esa amalgama de referencias sobrenaturales y rarezas nos vamos a quedar con el Hombre Cosa. Siguiendo nuestro razonamiento anterior, su origen es tan de manual que es imposible no localizar una pauta. Ted Sallis es un científico que trabaja para el gobierno de los EEUU en una importante investigación. Recluido en los pantanos de los Everglades de Florida, no está dispuesto a que su trabajo sea utilizado para fines militares, por lo que lleva consigo la única muestra disponible de sus investigaciones. Desgraciadamente, Ted es traicionado y no le queda otra opción que una huida desesperada. Y, sobre todo, en su cabeza solo le ronda la idea de que nadie se apodere de su experimento por lo que acaba por inyectárselo. Consecuencia, el suero hace efecto mientras que termina accidentado en uno de los numerosos pantanos de la zona. Lo que emerge de sus aguas ya no es Ted Sallis sino un puñado inerte de musgo, barro y limo, sin capacidad de raciocinio o comunicación. Hemos sido testigos de una trascendente unión entre el ser y el paraje, que va a determinar su esencia y su futuro a largo plazo. Ha nacido Man-Thing. Esa misma mística del pantano lo define como un ser empático, atento no a las palabras sino a las emociones más básicas. Todo aquel que sea invadido por el miedo arderá al contacto con el Hombre Cosa. Curioso personaje que carece de diálogos o de pensamiento propios, y que permanece ajeno a todo a su alrededor mientras que no invadas sus dominios. Por lo menos, podríamos catalogarlo como ciertamente original. ¿O no? Si echamos un vistazo a la Distinguida Competencia observamos otro monstruo con innegables similitudes, presentado apenas un par de meses después, The Swamp Thing. En House of Secrets#92 conocemos a un científico llamado Alex Olson. Éste sufre un accidente en su laboratorio, auspiciado por un compañero que no es trigo limpio. Es echado al pantano como si fuera basura; error fatal pues Alex conseguirá volver a la vida como un terrorífico engendro compuesto por elementos del fangal. Bien, las semejanzas son evidentes y eso nos va a llevar a adentrarnos un poco en los vericuetos editoriales que determinaron el nacimiento de ambos personajes.

El dilema del huevo y la gallina

Todos conocemos la comparativa, por lo que huelga hacer metáfora al respecto, ¿qué fue primero el Hombre Cosa o la Cosa del Pantano? Resulta como mínimo intrigante que dos seres tan atípicos surgieran en el panorama editorial con tan poco espacio de diferencia. A estas alturas, sabemos que la escena del cómic norteamericano durante los sesenta y setenta se había llenado de autores que aspiraban trabajar en el medio. Marvel y DC se erigían como las grandes compañías donde encontrar una carrera en el noveno arte. Y las dos pusieron sus esfuerzos en localizar savia nueva para sus oficinas. El movimiento de autores entre ambas era habitual, por lo que no era extraño estar colaborando con la Casa de las Ideas un día y al siguiente en la Distinguida Competencia. Esa profesionalización del medio repercutió en que se creara un cada vez mayor tejido industrial. También sabemos que el ambiente entre creadores era envidiable; no importaba que trabajaras para Marvel o para DC, la interacción entre los profesionales era muy cercana. Como ejemplo, es justo recordar la clásica historia de la creación del Escuadrón Siniestro, un trasunto de la Liga de la Justicia surgido en una fiesta nocturna por el deseo de dos autores, Roy Thomas y Denny O’Neil (cada uno en una editorial), de dar salida a un crossover imposible en aquellos instantes. ¿Por qué? Porque disfrutaban con las posibilidades y porque podían permitírselo. Libertad, creatividad, diversión. Volvamos al problema de fondo.

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El Hombre Cosa debuta en un magazine episódico de la editorial Marvel, junto a otros ilustres como Conan el Bárbaro o Ka-Zar, en mayo de 1971 (fecha de portada). Savage Tales#1 es el nombre de la publicación y los créditos del Man-Thing son atribuidos a Roy Thomas y a Gerry Conway, respecto al guion, junto al dibujante Gray Morrow, encargado del apartado artístico, recordamos, en estricto blanco y negro. La Cosa del Pantano nace en House of Secrets#92, revista igualmente antológica, y sus creadores originales son Len Wein y Bernie Wrightson. La fecha de salida oficial (siempre hablamos de la portada) es Julio de 1971. Fin de la discusión, parece. Pues no, el tema no está tan claro como pueda aparentar a simple vista. Resulta que Wein y Conway eran conocidos, con un trato frecuente y habitual. Es casi normal que, en un momento dado, cambiasen impresiones acerca de la posibilidad de éxito de un personaje monstruoso surgido de una ciénaga. ¿O quizás se inspiraron en algo más?

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Estamos dando demasiadas vueltas, ¿qué fue primero el Hombre Cosa o la Cosa del Pantano? Respuesta final, ninguno de los dos. Hay que introducir en nuestro relato una variante inesperada pues toca hablar de The Heap, origen de ambos personajes. Nacido nada menos en 1942, en la revista Airboy, propiedad de Hillman Periodicals, es otro de esos villanos surgidos en la típica producción pulp. Un gigantesco amasijo de tierra de marismas que antes fue un piloto alemán caído durante la I Guerra Mundial. La unión entre su cuerpo y el pantano provocó la eclosión de esta criatura, adoptando durante mucho tiempo el rol de figura monstruosa dedicada al género de terror o villanesca según Hillman lo necesitara. Como se puede apreciar, las analogías con la Cosa del Pantano y el Hombre Cosa son bastantes claras. Bueno, pues los creadores de la idea, en este caso Bill Woolfolk y Carmine Infantino, a su vez se basaron en una historia corta publicada en 1940 por Theodore Sturgeon llamada simplemente “It”. Básicamente, versaba sobre un hombre corriente que muere en un pantano pero que resucita como una vengativa fuerza de la naturaleza, mitad humano, mitad vegetación del susodicho pantano. Vamos, como nuestros tres protagonistas anteriores. Todavía nos faltaría hacer referencia a un villano surgido en All-American Comics#6, en 1944 más concretamente, en la editorial DC. Hablamos de Solomon Grundy, un personaje que hizo escasas apariciones durante la Golden Age, más consolidado en la actualidad, pero cuyo origen viene determinado por la unión con un pantano. Asesinado en el siglo XIX, fue revivido de forma sobrenatural y partes de ese mismo pantano pasaron a formar parte de su cuerpo. Parece que en la Distinguida Competencia tomaron algunos elementos de The Heap de forma adelantada antes de conformar The Swamp Thing.

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Resulta bastante obvio, con todos estos precedentes, que es tema baladí dilucidar quién de los dos apareció con antelación cuando ambos son copias veladas de The Heap. Ahora bien, puedo prometer y prometo que todavía hay más sugerentes cosas que analizar. Es necesario recordar que el proceso por el que un cómic salía a la luz podía tardar entre tres y cuatro meses, lo que puede reducir bastante la distancia entre ambas publicaciones. Más datos curiosos es que ninguno de los dos personajes obtuvo la aprobación inmediata. Es decir, debutaron en 1971, en un único número, pero no se supo nada más de estas criaturas hasta el año siguiente. En el caso de Marvel, sabemos que la vida de Savage Tales fue cortada con antelación por Martin Goodman. El Hombre Cosa volvería a recuperarse como estrella invitada en Astonishing Tales#12-#13 (fecha de portada junio y agosto de 1972, respectivamente), en el segmento dedicado a Ka-Zar. En manos de Roy Thomas, el guionista no quiso olvidarse de su co-creación y la incluyó en una aventura del Señor de la Tierra Salvaje. El apartado específico dedicado al Man-Thing estaba escrito por Len Wein, paradójicamente, el co-creador de Swamp Thing. Lo que no es muy conocido es que esa parte fue readaptada pues en 1971 ya se había comenzado a trabajar en un Savage Tales#2 que nunca salió a la luz. Por tanto, se puede casi asegurar que Wein estaba trabajando con los dos personajes al mismo tiempo. Esta colaboración recordó al personal la existencia del Hombre Cosa, con buena aceptación por parte del lector, por lo que paso a protagonizar de forma continuada Adventure into Fear a partir de octubre de 1972. Justo es esa misma fecha la elegida por DC para publicar la serie epónima de la Cosa del Pantano. Los dos autores que le dieron forma y origen, Wein y Wrightson, vuelven a las andadas para actualizar su origen. La parte humana del personaje pasa a ser Alec Holland (recordamos que nació como Alex Olson), un científico que se halla trabajando en una importante fórmula y que es asesinado por una panda de elementos nada deseables. Más de lo mismo.

Con la lucha por la pole entre Man-Thing y Swamp Thing no nos olvidamos del dato si cabe más llamativo. A la altura de marzo de 1971 (fecha de portada) se pone a disposición de los lectores americanos Psycho#8, una revista basada en el género de terror y publicada por una pequeña compañía llamada Skywald Publications. Su gran reclamo resulta ser…. ¡¡The Heap!! Sí, el “papá” de la Cosa del Pantano y el Hombre Cosa es relanzado con grandes fastos dos meses antes de la salida de Savage Tales#1. Tanta, tanta casualidad es imposible. Tres personajes prácticamente idénticos en tan corto espacio de tiempo solo pueden indicar una conexión cósmica única en el espacio-tiempo o directamente ser copias descaradas.

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No hay datos ni declaraciones al respecto de los implicados que nos ayuden a delimitar mejor la cuestión. El que escribe estas líneas simplemente puede imaginar a los autores intelectuales de las criaturas, Thomas, Conway y Wein, en una de esas fiestas pobladas por gente del medio que se estilaban en Nueva York, comentando alegremente en torno a The Heap, de su vuelta a la arena en Skywald (las noticias en el mundo editorial corrían raudas y veloces), de lo bien que se lo pasaban cuando lo leían en Airboy y que no estaría mal darle una vuelta de tuerca al personaje. Y eso, señorías, es el mejor alegato del día. Libertad, creatividad, diversión.

La carrera de estos dos personajes ha sido bien distinta. Mientras que el surgido en DC Comics ha gozado de continuidad, de etapas para el recuerdo, no se puede celebrar de la misma forma la trayectoria del monstruo versionado por Marvel. La Cosa del Pantano es un clásico de la Distinguida Competencia, con una respetable trayectoria a sus espaldas, comenzando por la etapa de Wein y el maestro del terror Bernie Wrightson, y llegando a su techo con el paso de Alan Moore por la cabecera. La época del mago de Northampton se puede considerar como uno de los mejores tebeos del género, de todos los tiempos. Su implantación en el tejido de la editorial ha sido una constante, pasando por reinvenciones y llegando hasta el tiempo presente, paseando por sus páginas guionistas de la talla de Brian K. Vaughan, Scott Snyder o Charles Soule. Además, no se puede obviar que incluso llegó a ser trasladada al séptimo arte en una muy olvidable cinta a cargo de Wes Craven en 1982. Menos suerte ha tenido su contrapartida marvelita, pues quitando su etapa inicial setentera, sin duda lo mejor que se ha hecho con el personaje, ha pasado más bien desapercibido de cara al aficionado medio. Tras la cancelación del primer volumen, a cargo mayoritariamente de Steve Gerber, se le concedió un segundo a finales de 1979. Michael Fleisher y Chris Claremont intentaron que el Hombre Cosa volviese a brillar pero sus esfuerzos apenas duraron 11 números. Parecía que el destino del personaje quedaba reducido a secundario o alguna historia suelta en cabeceras episódicas. De hecho, no es hasta finales de los años noventa cuando se le da un nuevo voto de confianza, con J.M. DeMatteis y Liam Sharp como autores. Desgraciadamente, vuelve a ser un fracaso estrepitoso pues es cancelada al octavo número. Cada vez se hacía más patente que el destino del Hombre Cosa estaba sellado.

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El último intento data del año 2004, con una mini serie de tres números bajo el paraguas del sello Marvel Knights, una de las referencias de la Era Quesada. Dibujada por Kyle Hotz y guionizada por Hans Rodionoff, esta colección venía a celebrar un feliz acontecimiento con el personaje, su salto al celuloide. Al igual que su hermano la Cosa del Pantano, el Hombre Cosa fue adaptado al cine en una película de terror con hechuras de serie B bastante acusadas. La cinta fue una rotunda decepción de crítica y público pero eso no impidió a Marvel intentar promocionarla sacando al mercado un cómic que se acercaba bastante en tono a la película, no en vano estaba escrito por el guionista de la misma, el ya nombrado Rodionoff. Después de esto, migajas para el bueno de Ted Sallis. Alguna inclusión en grupos como los Thunderbolts o los recientes ( y ya cancelados) Comandos Aulladores de Dum Dum Dugan, o un pequeño especial relacionado con Miedo Encarnado donde era protagonista destacado. Poco más que añadir a los grandes éxitos de un caracter que pocos han sabido comprender a lo largo del tiempo. Su mejor valedor, aquel que más acertadamente supo dirigir sus destinos, fue Steve Gerber. Y eso son palabras mayores pues hablamos de un tipo muy peculiar, con una personalidad arrolladora y un talento extraordinario para la narración. El escritor que, en palabras de Rafa Marín, era “la segunda encarnación previa de Alan Moore”, que no es poco elogio. Un autor, por otro lado, no tan conocido tal y como ocurre con otros grandes, por lo que consideramos necesario dedicarle unas breves palabras.

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Steve Gerber. Ese escritor…

Gerber, el creador de Howard el Pato. ¿Y ya? No, por supuesto que no. Hay más, mucho más, entre ello dar vida a los cómics que ahora tenemos entre manos. Stephen Ross Gerber nace en Saint Louis (Missouri) en 1947 y desde bien pronto se reconoce como un ávido lector de historietas. Podemos rastrear una misiva suya en Fantastic Four#19, como ejemplo de su entusiasmo y de su pertenencia al temprano mundo de los fanzines. Tras su periplo universitario, trató de ponerse en contacto con su paisano Roy Thomas, a la sazón un destacado miembro del Bullpen marvelita. Curiosamente, era una época de cambio, de expansión en la Casa de las Ideas, y Thomas pronto sería designado Director Editorial. Así que consiguió una prueba que consistió en dialogar unas páginas de Daredevil. El texto agradó al bueno de Roy, que contrató a Steve en 1972 por 25 dólares a la semana en tareas variopintas, lo que venía a designar su puesto, editor asociado. Pero claro, hablamos de un momento de expansión. La cantidad y variedad de producción Marvel, a la que recientemente se habían unido los magazines, necesitaba de escritores por lo que Gerber, que venía de hacer pinitos en una agencia de publicidad como redactor, pronto se vio inmerso en la tarea de guionista. Por el mismo precio, proponía argumentos, revisaba el trabajo de otros compañeros, hacía correcciones, recogía colecciones que a nadie le interesaban… Pero alguien con el arrojo y la personalidad del autor acogía los retos como una nueva oportunidad. En palabras literales, “no me describiría a mí mismo como temerario, pero pienso que tienes que aceptar la posibilidad del fracaso si quieres conseguir algún objetivo, en cualquier campo”.

Con esta filosofía no le tembló el pulso cuando accedió a hacerse cargo de Adventure into Fear, una cabecera protagonizada por un atípico personaje, que no disponía ni de pensamientos ni de habla, abandonada por un Gerry Conway enfadado con la editorial. Hablamos claro, de su trabajo con el Hombre Cosa, su primer encargo acreditado en la compañía. El inicio de un recorrido que le llevaría a rellenar huecos en The Incredible Hulk o hacer frente a la serie propia de Shanna, la Diablesa. Un personaje este último que hacía referencias a la típica producción pulp referente al ser humano y su relación con la salvaje selva. Gerber ya comenzaba a dejar perlas considerables, indicando que el atrevimiento era marca de la casa. Era algo del todo impensable que ese tipo de tebeo se poblase de reflexiones metafísicas acerca de la esencia del individuo y de subtextos críticos con el propio género, sin ningún tipo de miedo a mostrar sus miserias: “¿Qué hago aquí, retozando por la selva como si fuera una diosa de película de serie B de los años 40? Vine aquí para escapar de la ciudad… de su violencia… ¿Y qué hago? Me construyo una choza que rivalizaría con el Plaza, ¡y fomento una relación adolescente con Patrick!”. Con ese mismo espíritu afrontó Adventure into Fear, pues el género del horror, expresado en sus propios términos, le parecía un coñazo. Así, pasó por experimentar diversas vías de narración, alternando un sutil toque de crítica social, con una elevación del absurdo, junto con fantasía de corte épico. Todo un cóctel explosivo de ideas, algunas de ellas lo suficientemente atrevidas como para que el fantasma del despido pasease por su puerta. Para no ser un fan del horror, de todas formas, hizo varias aportaciones a la temática, sobre todo en los rutilantes magazines que surgían cada vez más a menudo en la Casa de las Ideas.

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Steve entró con fuerza en la editorial. No pocos miraban de reojo a este nervioso y temperamental autor con un gusto por la sátira demasiado acusado. Rápidamente, se hizo su pequeño grupo de afines entre los que podemos citar a Don McGregor, Steve Englehart, Frank Brunner o Jim Starlin. Otros integrantes del Bullpen, como el propio Thomas, Len Wein o Marv Wolfman, sudaban tinta cuando intentaban meterlo en vereda. Entre ellos Stan Lee, que convocó al escritor para despedirlo fulminantemente por la parodia de Superman que tuvo el arrojo de colar en la serie del Hombre Cosa, aunque las aguas terminaron por volver a su cauce. El propio Englehart se sorprendía de la capacidad de Gerber y sus historias, más cuando no hacía uso de ningún extra en forma de psicotrópicos: “era una de esos tíos que militaba en contra de alterar tu conciencia. La rareza de Gerber surgía directamente de su subconsciente”. Y es que se había declarado abiertamente contrario, por ejemplo, al movimiento hippie: “siempre fui demasiado académico, demasiado conscientemente crítico como para entregarme por completo. Me parecía que la filosofía era un poco superficial y que más allá de eso había incluso mucha violencia asociada a esa cultura”. Podemos decir que ninguna ideología, ni conservadora ni progresista (si hubiera algo que catalogar así en los EEUU) estaba a salvo de su pluma y es que su integridad no le permitía pasar por alto cualquier dislate, viniese de donde viniese. Personajes como el FoolKiller (el Exterminador de Tontos) eran toda una declaración de intenciones.

A pesar de que su perfil no era el más adecuado para escalar en la carrera editorial, su indiscutible talento le fue granjeando el trabajar con personajes de más renombre: Daredevil, Namor, Iron Man, Defensores o incluso el Capitán América. Aquí nos dejó una clara muestra de su insatisfacción con el mundo que le rodea con la creación de Víbora, un villano cuyo trabajo en publicidad lo había llenado de amargura (tal y como ocurrió con el mismo Gerber). Pero de aquellos momentos su triunfo más dulce es la creación de Howard el Pato, como secundario del Hombre Cosa. Recuerda la génesis del palmípedo más famoso de Marvel como reacción a una situación incómoda. Volvamos a sus palabras, que nadie como él para traerla a colación: “Vivía en Brooklyn en aquellos días y la ventana de la habitación donde trabajaba daba a unos patios traseros. Alguien en el barrio debió comprarse un potente equipo de música y no paraba de dar la tabarra con algún tipo de música salsa. El estéreo tenía que ser muy caro porque estaba claro que solo le dejo agenciarse un disco, pues el tipo ponía la misma canción una y otra vez. Creo que entré en una especie de trance hipnótico y lo siguiente que sé es que estaba escribiendo sobre un pato extradimensional estilo cartoon”. Dentro del ambiente alocado que se vivía en Adventure into Fear un pato proveniente de un universo de animales antropomorfos no desentonaba en demasía. Algunos lo amaron al instante; otros no comprendieron su esencia. Entre ellos Roy Thomas, que no alcanzaba a entender la presencia de un furry animal en una colección de la gravedad del Man-Thing. Así que la orden fue dada; había que deshacerse del pato. La editorial se vio sobrepasada por la cantidad de lectores que exigieron la vuelta de Howard. Stan Lee en persona volvió a recabar la presencia de Gerber a su despacho, como meses antes lo había hecho para apercibirle severamente. En este caso, Steve consiguió un reconocimiento a su labor con la consecución de serie propia para Howard y la luz verde para un proyecto muy especial (e incomprendido en la época) como Omega el Desconocido.

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El tema es que, al principio, muchos no comprendieron que ese pato era algo más que un simple animal parlante. El personaje era un vehículo para que el guionista diese lustre a toda la máquina satírica que tan bien manejaba. Tan pronto disparaba a temas importantes como la violencia en los medios de comunicación como giraba a aspectos más ligeros de la cultura popular (como por ejemplo parodiar Star Wars). Gerber estaba realmente cabreado con la sociedad que le rodeaba a finales de los setenta y así lo reflejan sus caracteres y sus palabras: “algo le ha pasado a este país en los últimos diez años. Nos hemos vuelto más complacientes en aceptar cualquier cosa. La verdad se ha convertido en algo inaguantable. Hay una terrible apatía que ha engendrado un nuevo movimiento que clama encerrarse en uno mismo. La sociedad parece haber aceptado la noción de que pasando a ser inconsciente de lo que pasa fuera de nuestro propio yo, la miseria va a desaparecer”. Así pues, el autor tenía claro que, mientras le dejaran, Howard The Duck no sería un título al uso. De hecho, fuera ya de Marvel, declaró que el mejor medio para desarrollarlo hubiese sido un magazine para adultos, cosa que nunca consiguió y sí su continuador Bill Mantlo. Fuera como fuese, en cómic o tira de prensa, su creación fue un rotundo éxito y le granjeó fama inmediata. De Howard hablaremos más y mejor en posteriores entregas, ya que está más que confirmada su salida en Marvel Limited Edition.

Este mismo triunfo pasó a convertirse en su más amargo fracaso. El nivel de acritud y atrevimiento de Gerber fue creciendo hasta que Jim Shooter no tuvo otro remedio que despedirlo. Y aquí comenzó un declive del que nunca se recuperó totalmente. Trabajó en otras editoriales como DC, Malibú o Eclipse, se paseó por el mundo de la animación y la televisión, e incluso volvió circunstancialmente a trabajar en Marvel en los ochenta, con renovado acercamiento a Howard en la serie de Hulka (que él mismo consideró años después como apócrifo) o el intrigante proyecto para Epic, Void Indigo. Pero se le recuerda principalmente por el contencioso que mantuvo con la Casa de las Ideas por los derechos de Howard, al hacerse público su posible futuro cinematográfico. Steve pasó a convertirse en un símbolo de la lucha de los autores contra las grandes compañías, como también lo fue Jack Kirby. Él siempre tuvo muy claro su posicionamiento y ya en su primer despido de Marvel habló de forma muy cristalina de lo que pensaba con respecto a la industria: “lo que más me molesta es que los escritores y dibujantes han traído, en gran parte, ellos mismos esta situación. No quieren saber nada acerca del fin último del negocio. Prefieren permanecer ignorantes. Ellos han permitido que los editores les convenzan de que en realidad son una panda de ineptos sobreviviendo gracias a la buena voluntad de las compañías”. Más alto es probable que pudiera decirse pero no sé si más claro.

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Durante el nuevo siglo continuó trabajando en pequeños proyectos, entre los que cabe resaltar un nuevo volumen en la Línea MAX con Howard o una vuelta al mundo del Hombre Cosa, que fue publicado de manera póstuma. Steve Gerber murió en 2007 tras una convalecencia por enfermedad pulmonar. Pocos ya le recordaban como el gran creador que fue, un autor de compromiso ejemplar y convicciones de hierro. “Espera nada y así nunca te verás defraudado” es una de sus frases que he podido leer en alguna entrevista y que mejor puede recoger ese espíritu único, extraña mezcla de héroe trágico y rebelde con causa. Una leyenda que dio su pistoletazo de salida, recordamos de nuevo, en las tramas y aventuras del extraño monstruo conocido como Man-Thing.

El Monstruo del Pantano. Regeneración.

 
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Edición original:.Savage Tales#1, Astonshing Tales#12-#13, Adventure into Fear 1-19, Man-Thing 1-22, Giant Size Man-Thing 1-5,Marvel Two-in-One#1, Monsters Unleashed 5,8 y 9, Rampaging Hulk#7 y Marvel Team Up#68 USA
Edición nacional/ España:. Panini y SD Distribuciones
Guión:. Stever Gerber y otros
Dibujo:.Val Mayerik, Mike Plogg y otros
Entintado:. V.V.A.A.
Color:.V.V.A.A.
Formato:.Tomo en tapa dura
Precio:.

42.95 cada uno

 

Cómo puede cambiar la vida de un día para otro. En un momento eres Ted Sallis, un brillante científico que trabaja para el gobierno, y sin comerlo ni beberlo te transformas en una criatura monstruosa que carece de alma o pensamientos, únicamente unida al mundo que te rodea por la empatía. Difícil papeleta para el renovado personaje e igualmente difícil para los guionistas implicados. Bueno, vale, los autores materiales de la idea, Roy Thomas y Gerry Conway, tomaron prestados muchas de sus características de un monstruo de la Golden Age, The Heap. Pero si en algo ha destacado Marvel es por imprimir un sello característico a sus protagonistas, tuvieran o no influencias más o menos claras de otros personajes. Su debut no podía tener mejor marco, pues lo conocemos en uno de los primeros intentos de abordar el mercado de revistas por parte de la editorial, el magazine Savage Tales#1, cuyo principal reclamo es el Conan de Roy Thomas y John Buscema. Una pequeña historia de apenas diez páginas donde Thomas y Conway nos muestran el destino de Sallis y nos marcan el tono, muy cercano al terror, de la deriva del Hombre Cosa. Dibujado por Gray Morrow, artista al que se conoce principalmente por dar forma al Man-Thing y al primer El Diablo de DC (un jinete del salvaje oeste, nada que ver con su imagen actual), en elegante blanco y negro, es una trama concisa pero intensa, que sabe atrapar de forma eficiente al lector. Se abría un futuro brillante para el personaje.

Lo buenos augurios fueron cortados de raíz por la cancelación de Savage Tales. La revista volvería, pero el Hombre Cosa ya no sería parte del elenco. Tendríamos que esperar un año para retomar la figura monstruosa de Ted Sallis. Roy Thomas, escritor multitarea en la editorial, tiene que cubrir expediente con una de sus múltiples asignaciones, Astonishing Tales, protagonizado por Ka-Zar, señor de la Tierra Salvaje. Así que, ni corto ni perezoso, trae de vuelta a la criatura del pantano para cruzarlo con la trama que traía en la colección, con Bobbi Morse, agentes de Shield y malvados de I.M.A. implicados. Tras el experimento, las altas instancias decidieron darle una oportunidad al Man-Thing, otorgándole una parte de Adventure into Fear a partir del #10, consiguiendo aguantar en la colección hasta obtener su propio título regular. Regresan dos de sus creadores originales, Gerry Conway a los guiones y Gray Morrow a las tintas, pues de los lápices se hará cargo Howard Chaykin. La historia nos recuerda los orígenes de la criatura, para los que no lo conozcan, y además nos acerca al pequeño microcosmos del pantano para observar de cerca el abuso y el miedo, dos temáticas que a partir de ahora serán habituales en el discurrir del Hombre Cosa. Tras este número, se despide Gerry Conway para no volver. En la editorial miraron a su alrededor y confiaron en un avispado editor asistente con ganas de ser escritor. Entraba en escena Steve Gerber.

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Es aquí donde da comienza la experiencia de verdad. Hasta ahora, tímidos acercamientos a un personaje al que, sobre el papel, poco potencial se le podía sacar. El mismo Gerber observa con ojos recelosos al Hombre Cosa pues el género de terror no se encontraba entre sus favoritos, por lo que su aproximación va a ser como mínimo peculiar. Una cabecera marginal, alejada de la primera plana de la editorial, daba lugar a la experimentación y lo peor que podía pasar es que fuese cancelada. En su primera aventura nos muestra a un par de muchachos que juegan con fuerzas místicas a las que obligatoriamente tiene que reaccionar el monstruo del pantano. Con estos dos jóvenes se abre el fuego para generar una pléyade de secundarios con los que el guionista puede introducir variantes en la narración. Y eso es algo que nos golpea desde el principio. Man-Thing no siente, no piensa, no padece, muchas veces no es más que un silencioso secundario por el que el entregado lector es testigo privilegiado del periplo de los actores del drama. Sirva como ejemplo el fantástico episodio del policía y del afroamericano, del que no podemos entrar en detalles por motivos evidentes. Por eso son tan importantes los secundarios para Gerber; necesita ángulos diferentes desde donde expandir las tramas. Unas veces se basarán en temas sobrenaturales; otras serán lúcidos análisis sobre determinada problemática social. Pongamos ejemplos al respecto. El principal problema para el Hombre Cosa es la llegada de Schist, un despiadado industrial que pretende anegar el pantano para dar vía libre al progreso. Este abyecto hombre de negocios representa lo peor de la sociedad capitalista, aplastando todo lo que le rodea a su paso. La forma monstruosa de Sallis es el único que resiste el envite, inasequible al desaliento. Por otro lado, los dos muchachos que conocimos en Adventure into Fear#11 resultan ser familiares del principal encargado de un culto ancestral, localizado en los alrededores de Citrusville, que nos abrirá la puerta a todo tipo de fenómenos sobrenaturales. El guionista seguirá en esta tesitura cuando transforme al Pantano, y por ende al Hombre Cosa, en el nexo de todas las realidades, un portal dimensional por el que acceder a variados mundos. Por aquí llegó un tal Howard a la Tierra 616, un pato antropomorfo que sin duda dará que hablar. Las posibilidades aumentaban exponencialmente conforme Steve iba elevando sus apuestas.

Tras nueve episodios en Adventure into Fear, además de darse el gustazo de abrir Marvel Two-in-One con el Hombre Cosa de co-protagonista, Gerber asume las riendas de una cabecera exclusiva con la criatura del pantano. Man-Thing constaría de 22 episodios más varios Giant Size, casi todos guionizados por el de Missouri. Con la tónica bien aprendida desde su cabecera anterior, el lector del Hombre Cosa sabía que cualquier evento podía ocurrir. Desde fantasía épica en otros planos de la realidad, hasta crítica social, pasando por historias tristes y melancólicas. Espera lo inesperado, diría Gerber. ¿Montamos historias de piratas zombis? Claro, sin problemas. ¿Sacamos a un viejo operario vestido de vikingo y gritando majaderías sobre la masculinidad? Hecho. ¿Organizamos una buena quema de libros como símbolo de intransigencia? Magnífica idea. De toda esta insana locura es testigo el Hombre Cosa, pues recordamos que debiera ser protagonista absoluto. La criatura pasa pos sus fases, a veces parece que quiere recordar algo…pero no, e incluso casi es destruida en una de esos recurrentes ataques que sufre por definición. Pero la grandeza de su serie recae en ese pequeño universo que ha montado el guionista en torno a su monstruosa persona. Todos somos conscientes de eso, incluidos los propios personajes, que, en boca de Dakimh, le agradecen sus esfuerzos en un Man-Thing#22 donde Steve es tan protagonista como sus queridos caracteres. Espera lo inesperado, estimado lector.

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Si en el apartado de guion el dominio de Steve Gerber es aplastante, no es posible establecer esa homogeneidad en lo referente a lo gráfico, donde no existe el concepto de equipo artístico estable. Como ya hemos comentado, Gray Morrow fue en el encargado de definir las características físicas de nuestro protagonista, pero no pasó de Savage Tales#1. Si obviamos Astonishing Tales, donde tiene un papel de estrella invitada (dibujado por Neal Adams, John Buscema y Rich Buckler; ahí es nada), volvemos a recuperar al personaje en Adventure into Fear, cabecera secundaria que no parece contar con un artista fijo asignado, por lo menos en su inicio. Howard Chaykin, Jim Starlin o Rich Buckler dejan sus lápices en las primigenias aventuras del Hombre Cosa, hasta la llegada de Val Mayerik. Éste será una de las caras reconocibles de toda esta etapa, haciendo equipo con Gerber durante más de diez episodios continuados, tanto de Adventure como de Man-Thing. Las capacidades de Mayerik no es que resalten demasiado, pues con precisión académica traslada los guiones del escritor al papel sin que te aporte nada significativo. No enamora, ni tampoco te saca de la lectura, dejando el partido en una inocua tierra de nadie. Le sustituye Mike Plogg, que también se mantendrá una temporada unido al Hombre Cosa. Plogg sabe imprimir su estilo propio a la cabecera, lo que denota que su entrada otorga una mejor personalidad a las aventuras de la criatura. Con un estilo que recuerda al mejor Bernie Wrightson, el co-creador de la Cosa del Pantano, sus páginas enlazan con el aspecto sucio y feista propio del género del horror. Sin duda, una mejora considerable respecto a lo anterior. Mayerik y Plogg (y quizás Jim Mooney al final del recorrido)son las banderas gráficas de los dos tomos. Después de ellos, un vaivén de artistas, sin intención de perdurar más allá de solventar la papeleta: John Buscema, Pat Broderick, Tony DeZúñiga, Alfredo Alcalá, Rico Rival, Ed Hannigan, Ron Wilson, Tom Sutton o John Byrne comparten los créditos en el último volumen. Si a eso añadimos que participaron cerca de veinte entintadores distintos (más otra buena cantidad de coloristas), quedarnos con que el apartado gráfico es simplemente correcto sería lo más ajustado. Pero no es por su dibujo por lo que estos cómics han accedido al estatus de “obra de culto”. No, es la personalidad que sabe imprimir Steve Gerber a todo lo que toca.

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Las historias de Man-Thing escritas por el de Missouri no se analizan de forma erudita, se sienten, se disfrutan, se viven. No hay un hilo conductor del que podamos tirar para atraer la atención del indeciso. Ocurren tantas cosas, a tantos niveles tan distintos. El cambio de temática y tono es muy habitual en estos dos volúmenes, pero ya sea sátira social o espada y brujería, nunca defrauda al lector. Aquellos que busquen tebeos de horror al estilo Warren sí que se pueden sentir decepcionados, por lo que toca emplazarlos a Creepy o a Eerie en busca de sensaciones fuertes. En Marvel nunca se llegó a esos estadios y Gerber en concreto no tuvo mucha intención de caminar por el terror clásico. Se lo perdonamos porque nos legó un ambiente inigualable, con grandes personajes secundarios, algunos de ellos sobresalientes (Howard sí, está claro, pero ese Vikingo, ese Exterminador de Tontos, ese Wundarr, ese Dakimh, esa Jennifer Kale), y algunas tramas dignas de enmarcar. Todo un microcosmos el del pantano, con el Hombre Cosa como eje vertebrador. Unos tebeos del todo recomendables que esperemos que sirvan para dar a conocer a un autor de talento como Steve Gerber. Y es que ya queda menos para ver realizado el sueño de tener publicado Howard el Pato íntegro en nuestro país. Y ya saben, esperen lo inesperado.

Colección inclasificable. Clásico desconocido. Estos son algunos de los calificativos que podríamos asignar la cabecera de los primeros años setenta protagonizada por el Hombre Cosa, recopilada en dos Marvel Limited Edition, cortesía, como es habitual, de Panini y SD Distribuciones. Aclaramos que todavía nos queda pendiente un tercer MLE con…

Hombre Cosa Vol. 1 y 2

Guion - 8
Dibujo - 6
Interés - 8.5

7.5

Valoración Global

Sorprendente, inusual, atípico, fuera de lo común..... Magnífica labor la de Steve Gerber al frente del Hombre Cosa. Muy, muy recomendable

Vosotros puntuáis: 9.2 ( 14 votos)

10
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magnifico articulo,arturo(y todo lo que abarcas,comics code,howard el pato,los “enfangados” de la competencia,etc,,,).

¿y que te voy a contar que no sepas?.que ya me gustaria hacerme con los trés tomacos,pero no puede ser,y me tendré que conformar con solo uno de ellos.

seguramente (no,casi seguro) que pille el tercero con los materiales de claremont para la colección.¿esto es el trabajo conjunto con byrne,no?.si es así,son unos episodios fabulosos. los del marvel team-up ,con spidey ,rulando por allí.
y tambien habia una historia con ciclope de la serie x-men,creo.
lo que me tiene “mosca”,pero muchisimo,además,es que no veo referencia alguna a la publicacion de la historia de shang-shi master of kung-fu.una historia de un solo número,con paul gulacy,y que reconozco que estaba esperando con muchas ganas.

http://buzzretro.buzzcomics.net/doop/retro/SHS_19.3.JPG

como la hayan dejado fuera,va a ser una cagada del 15,lo prometo.
por que ver,no lo veo en los creditos de ninguno de los trés tomos.

una última cosa:me resultó divertido encontrarme en un número de la extinta revista RUFUS (publicada hace años aquí en españa) una historia con guión de al milgron y dibujos de esteban maroto. marvin la cosa muerta(rufus número 3).
es lo más cerca de ver como seria una versión dibujada por maroto de el hombre-cosa,y el resultado es muy bueno.

http://www.entrecomics.com/?p=8229

p.d:y que bueno es el arte de mike ploog,a falta de un buen bernie wrightson.

Dynamo
Lector
Dynamo

Muy buena la aportación de Marvin, Frank

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es que la tenia fresca,dynamo. 🙂
compré un buen puñado de tebeos de rufus,vampus,creepys,y es abrir este número en concreto,y explotarte la cabeza.
un “pantanoso apócrifo” de maroto (y con guión de “allen” milgrón.plús añadido).
pasada.

Dynamo
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Dynamo

Qué bien acompañan los artículos del Señor Porras a la hora del Vermouth, tanto que esta vez no he podido parar de leer para preparármelo. Una vez más, gracias por el trabajo, Señor Porras.
Disfruto especialmente, creo que ya lo he dicho varias veces, de los entresijos editoriales que desvela en cada artículo. Y de las distintas personalidades que se adivinan en el bullpen. Y de las casualidades que a veces se entrecruzan para dejar para la historia editorial colecciones tan de culto que derivando de una planificación más adecuada quizás hubieran salido de modo diferente, y no para mejor precisamente.

Laurel Kent
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Laurel Kent
DayKnight
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DayKnight

Excelente artículo, Arturo! Muy didáctico y aún más entretenido. Y como también señala Dynamo, disfruto de los comentarios sobre el “detrás de escena” jaja. Por mi parte, soy fiel seguidor del Pantanoso de DC, pero la manera en que describe este personaje y sus aventuras ha hecho que me pique la curiosidad. Muchas gracias por este análisis!