Los Cazadores de Pterodáctilos en la Ciudad Dorada

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Edición nacional/ España: Abril 2013, 001 Ediciones.
Edición original: 2010, Top Shelf Productions .
Autor: Brendan Leach.
Formato: Álbum de 48 páginas en B/N editadas en cartoné.
Precio: 15 €.

 

El novel Brendan Leach, ganador del premio Ignatz por esta misma obra, presenta un relato de la suficiente calidad y madurez como para llamar la atención del lector interesado en algo más que explosiones y fuegos artificiales. No hay más que echar un ojo a Los Cazadores de Pterodáctilos en la Ciudad Dorada para descubrir en sus páginas un estilo de trazo y composición tan particular como atractivo, que le enmarcan con fuerza en el panorama actual del cómic independiente norteamericano, con esa simplificación de las formas y esa tendencia a desgranar las emociones en detrimento de la acción. Y es que el tebeo se centra en las vicisitudes de uno de esos cazadores ante su promoción profesional, dándole menor importancia a la caza en sí. Aún así, hay hueco para la aventura y la ensoñación bajo el ataque de unas criaturas imposibles, donde la ucronía se convierte en disfraz para contar algo más que la batalla de turno.
Declan, el joven hermano del afamado y valiente Eamon, debe enfrentarse a los miedos que le supone convertirse en aquello que a priori anhelaba, exponiendo así el mensaje popular de que hay que tener cuidado con lo que se desea pues se puede convertir en realidad. Declan, ante su posible promoción, descubre que el temor a la lucha es superior a las ganas que tenía de desempeñar esta labor, víctima de su timidez y de su temperamento desleído. Pero cuando su hermano, titular del cargo de cazador en la ciudad que da título a la obra, es herido, no le queda más remedio que afrontar sus miedos y sustituirle. Leach aprovecha esta premisa para hablar, con pinceladas sutiles, del proceso de maduración, de la concreción de los deseos, de la fuerza del destino y de los angustias de la falta de carácter. Con calma, son suavidad, sin malabarismos formales ni pedanterías, con sumo gusto en definitiva, el autor logra sintetizar en pocas páginas un relato cargado de todos esos conceptos, pero lo hace sin apabullar al lector. La única pega, o no, es que los personajes, a pesar de ser clichés, están tan bien construidos que cuarenta y ocho páginas saben a poco. Y cuando se termina una lectura con esta sensación, es símbolo de la que la obra tiene calado.


Pero no esperéis melodrama a la altura de Taniguchi o bizarrismos intelectuales a la Charles Burns, por citar dos autores que han analizado recientemente la adolescencia como definición del adulto que vendrá. La manera de narrar –e incluso dibujar- de Leach recuerda a la sinceridad tranquila de un Jeff Lemire o a la objetividad de Matt Kindt, razón de más para emparentar al autor con el tebeo indie norteamericano de mayor actualidad. Afortunadamente, Leach es mejor dibujante que las dos influencias antes comentadas, aunque si bien comparte con ellos esa concreción y contención de trazo, sus líneas resultan algo más expresivas, menos inseguras, más simétricas. E incluso, en ocasiones, también es más sucio, manchando de negros las viñetas y sombreando con acuarelas desatadas, que escapan de las figuras de manera expresiva.


Obra de apariencia para paladares selectos, pero que merecería mejor suerte que caer sólo en la saca del hipster de turno. Cualquier aficionado a las aventuras de Invencible o a las diatribas de Peter Parker sabría disfrutar de los anhelos y tragedias de este muchacho que aún no sabe si lo que está destinado a ser es lo que debería ser de veras. ¿Os suena, atribulados adolescentes?

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Lo estuve ojeando el otro día en la librería. Al final se quedó allí, pero sí que tiene una pinta de lo más curioso.
A mí el dibujo me recuerda a Ted Mckeever (¿se escribía así?)

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Lapsus.
Quería decir Teddy Kristiansen.

Sputnik
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A Ted McKeever no se parece mucho, no. Pero sí a Ted McKean, el hermano mellizo malvado de Dave McKean que le hace los tebeos mientras este último está ocupado hciendo alguna composición fotográfica ochentera.
Buena pinta el tebeo. Me lo apunto en el brazo.