En este segundo integral de
En esta serie, a pesar de ser histórica, en ningún momento hay intención de narrarnos grandes aventuras ni sucesos relevantes. Es más, Hermann apenas nos dice la fecha ni donde se desarrollan exactamente los álbumes. Lo que si consigue es mostrarnos el día a día de los habitantes de esa época, en particular de las persona que solo son números en los libros de historia. Lo hace sin juzgarlos nunca, simplemente exponiendo los hechos, con toda su crudeza, probando la incapacidad del ser humano para convivir con sus semejantes y más en una época de carencias a todos los niveles. El único modo de conseguir lo que se quiere es la violencia y Hermann la nuestra tal cual, sin recrearse, pero sin disfrazarla. Algo que es también el tema principal de Jeremiah, su otra gran obra como autor en solitario. Todo ello le sirve para convertirse posiblemente en el mejor y más realista cómic histórico jamás producido.
Leyenda viva
El primer ciclo de Las torres de Bois-Mauri es la gran obra de Hermann como autor en solitario, donde pudo demostrar toda su habilidad como guionista, demostrando todo lo que había aprendido de su colaboración con Greg en Comanche y Bernard Prince, además de su enorme talento como dibujante. En los álbumes que componen el integral demuestra toda su habilidad como narrador, en particular en Sigurd, que tal vez sea su mejor trabajo antes de pasarse al color directo. Pero toda la obra destaca por su enorme documentación, convirtiéndola en la más certera aproximación gráfica que se ha realizado nunca a esta época. Lejos quedan las visiones idealizadas de los cantares de gesta o el romanticismo y la épica del cine de aventuras.












Simplemente maravilloso, la gran obra de un autor en lo más alto de su arte como autor completo.Y queda el tercero que es otra maravilla.
Es una joya. Hermann dando lo mejor de si mismo