La espada salvaje de Conan (coleccionable) vol.1

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La espada salvaje de conan_planeta_portada

Edición original: Savage Tales #1-5 (Marvel, 1971-73).
Edición nacional/ España: La espada salvaje de Conan (Planeta, 2015).
Guión: Roy Thomas.
Dibujo: Barry Smith, Gil Kane, Jim Starlin.
Entintado: Barry Smith, Pablo Marcos, Neal Adams, Vince Colleta, Al Milgrom.
Color: B/N.
Formato: Tomo cartoné 144 págs..
Precio: 3€.

 

Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades, y los años de aparición de los hijos de Aryas, hubo una edad no soñada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul de las estrellas: Nemedia, Ophir, Brythunia, Hyperbórea, Zamora, con sus mujeres de cabellos negros y sus torres de terrorífico misterio; Zingara, con sus caballeros; Koth, que hace frontera con las tierras de pastos de Shen; Estigia, con sus tumbas guardadas por sombras; Hyrkania, cuyos jinetes llevan acero, seda y oro. Pero el más orgulloso reino del mundo es Aquilonia, que reina suprema en el dormido occidente.

Y allí llegó Conan, el cimmerio, cabello negro, adustos ojos, espada en mano, ladrón, asaltante, asesino, de grandes tristezas y grandes alegrías, preparado para pisotear con sus pies calzados con sandalias los enjoyados tronos de la tierra.”
[Las crónicas Nemedias]

Con este poema arrancaba cada número de La espada salvaje de Conan, acompañado de un mapa de los reinos ficticios en que se movía el personaje alumbrado por Robert E. Howard (1906-1936). Sin duda la estampa trae recuerdos al lector. La serie duró en USA 235 números (171 en su edición española, que destinaba material de esta publicación a otras cabeceras, como SuperConan) entre 1974 y 1996. Sin embargo, no fue el principio de la historia de Conan en los cómics… ni siquiera en las revistas en blanco y negro.

A estas alturas incluso el lector más casual sabe que Conan, apodado “el bárbaro” por haber nacido en las inhóspitas tierras de Cimmeria, fue creado por el escritor Robert E. Howard en 1932. En los cuatro años anteriores a su suicidio, a la edad de 30 años, Howard pergeñó unas dos docenas de sus aventuras, publicadas todas ellas en la revista pulp Weird Tales. La popularidad del personaje fue creciendo desde entonces, gracias a las reediciones, sobre todo a las de Lancer en los ’60 del pasado siglo, con apabullantes portadas del maestro Frank Frazetta. En esta tesitura, Marvel Comics se interesó por el género de la espada y brujería y, tras alguna tentativa con personajes espurios (Starr el asesino con dibujos de… ¡Barry Smith!), decidió hacer una oferta a Glen Lord, albacea de los herederos de Howard. Pese a las modestas condiciones económicas, este aceptó, seducido por la propuesta de Roy Thomas (entonces director editorial de la compañía). A fin de cuentas, hasta ese momento los tímidos intentos de popularizar en los cómics a los héroes de fantasía heroica (la pionera novela gráfica Blackmark había pasado sin pena ni gloria pese a las ilustraciones de Gil Kane; la editorial Warren había rechazado adaptar los personajes de Howard a sus revistas) no habían cuajado. ¿Qué se podía perder?

la espada salvaje de conan - BWS

Fue duro el primer año de la serie Conan el bárbaro. Thomas, sucesor de Stan Lee en los principales títulos superheroicos de la empresa, quería a John Buscema o a Gil Kane para retratar al hosco bárbaro de Howard pero la dirección (Martin Goodman) no estaba dispuesta a pagar sus tarifas. El elegido, sabido es, fue un joven talento británico llamado Barry Smith, quien ya había firmado algunos trabajos influidos por Jack “el Rey” Kirby para la compañía. Aunque la serie pronto se granjeó elogios y menciones en premios, y los dibujos de Barry Smith mejoraban a ojos vista, las débiles ventas, tras un prometedor primer número, la situaban al borde de la cancelación. A partir del nº 8, poco a poco, se asentó en el mercado y, a la altura del nº 16, logró el paso a mensual, que ya no abandonaría.

Mientras, debido al éxito contrastado de las revistas de Warren, Marvel Comics quiso probar suerte en el mercado de los magazines en blanco y negro (no sujetos a las opresivas reglas del Comics Code) con títulos como Dracula lives! o Savage Tales, en cuyo primer número vio la luz la celebérrima La hija del gigante de hielo, una de las historietas más reeditadas del cimmerio tanto en esta versión como en la censurada del citado Conan el bárbaro nº 16. Así lo recordaba el escritor Roy Thomas para la edición española de Clavos Rojos en Conan el bárbaro nº 22:

A finales de 1970/ principios de 1971, cuando las buenas ventas de Conan the barbarian hicieron creer que este género de cómic podía ser un éxito inmediato, Stan Lee había decidido (tras un breve flirteo con Kull) que Conan había de ser el protagonista del primer cómic en blanco y negro de Marvel que se saltara el Code. Sin embargo, aunque no hubiera verdaderos problemas de ventas, sí los hubo de distribución y, además, Martin Goodman, que entonces era el Publisher de Marvel, no estaba entusiasmado con la idea de sacar un cómic en blanco y negro que no se ajustara a los requerimientos del Code. En cuanto surgieron problemas, dejó morir a Savage Tales. Dos años más tarde, Conan the barbarian -tras un período de malas ventas que se prolongó desde el nº2 hasta el nº7- empezó a mejorar, y finalmente alcanzó una posición moderadamente buena. Al mismo tiempo, Stan decidió que Marvel tenía que editar de nuevo revistas en blanco y negro. Al cabo de muy poco tiempo, aparecieron Dracula lives!, Monsters unleashed, Vampire tales y Tales of the Zombie… ¡Y una versión corregida y aumentada de Savage Tales!

Savage Tales, aún conteniendo clásicos como Clavos Rojos (publicado por partes entre los números 2 y 3), duró solo once entregas, con éxito moderado, pero demostró que había público ávido de fantasía heroica en un formato distinto, abriendo la puerta, en 1974, a La espada salvaje de Conan, consagrada en exclusiva a las creaciones de Robert E. Howard (en Savage Tales habían compartido cabecera con otras promesas de la casa como Ka-Zar o El Hombre-Cosa).

Con La espada salvaje de Conan inició su división de cómics la editorial Planeta en el lejano 1982, tomando el relevo de las publicaciones de Vértice (Relatos Salvajes) que habían presentado al bárbaro cimmerio al público español. Tras más de 30 años de publicación ininterrumpida podría inferirse que este material ha sido ofrecido en todas las formas posibles y, sin embargo, jamás nos había llegado en orden cronológico, según su fecha de aparición en el mercado USA. ¿Sorprendente? El caso es que la presente colección destinada al kiosco se anuncia para rellenar ese hueco.

Tomo 1: Relatos Salvajes

Esta primera entrega contiene las historietas protagonizadas por Conan en el mencionado Savage Tales, es decir: La hija del gigante de hielo (#1), Clavos Rojos (#2 y #3), La noche del Dios Negro (#4), El morador de la oscuridad (#4; reeditada a color en Conan el bárbaro nº 12) y El secreto del río Calavera (#5).

Inspirada en el relato homónimo de Howard (restaurado para su publicación en 1953 por L. Sprague de Camp a partir del manuscrito original rechazado por Weird Tales en 1934), La hija del gigante de hielo es un clásico de Conan, a pesar de su sencillez argumental… o precisamente por eso. A Roy Thomas y Barry Smith les bastan 12 páginas (de las cuales la primera es una splash page muda y las dos siguientes una doble con un combate en los páramos helados) para sugerir una aventura poética e inmediatamente inolvidable. En ella, Conan, superviviente de una escaramuza fronteriza con soldados de Vanahein, persigue con lascivia a una joven semidesnuda y se enfrenta a sus hermanos, los gigantes de hielo, a quienes mata, antes de ser rescatado, como si de un sueño se tratase, por compañeros de armas. Smith construye una historieta de gran belleza formal basada en planos con abundante “aire” en sus típicos paneles verticales, en donde Conan, a menudo empequeñecido, semeja una hormiga entre la nieve. Sintomático es que solo en dos de las doce páginas emplee las tres filas (que tienden a las viñetas cuadradas salvo en las distribuciones en 3×3 o superiores), ambas para mostrar la persecución libidinosa de la muchacha por parte de Conan (págs.14 y 17). La hija del gigante de hielo supone un tanteo para superar -tímidamente- los límites del Comics Code con desnudez velada y un protagonista con calenturas infrecuentes en su bienpensante colección de cómics a color. Cuando la historieta fue reeditada en comic book el organismo censor exigió algunos retoques, según recuerda Thomas, “Porque la versión de La hija del gigante de hielo aparecida en Savage Tales #1 contenía varias imágenes de desnudos y semidesnudez en la persona de la bella Atali a la que aludía el título de la historia. Así, aunque Robert E. Howard hablaba al final de su relato de “un finísimo velo… un jirón de gasa” que había quedado atrapado en el puño de Conan, tuvimos que hacerlo lo bastante opaco para que el lector no pudiera ver a través. Tuvimos que añadir algunos otros retoques para cubrir su cuerpo más todavía. Así, en el momento en que Conan le arranca sus atavíos durante la persecución, Barry tuvo que dejar una parte del velo en manos de Atali, así como añadir mechones de cabello estratégicamente situados.”

la espada salvaje de Conan la hija del gigante de hielo page

Curioso ejercicio comparar ambas versiones para certificar la pacatería del mainstream USA sobre lo que no abundaré por constituir ya un tópico. Sí señalaré, en cambio, que, como todo ensayo, La hija del gigante de hielo y, por extensión, los relatos de Conan publicados en Savage Tales apenas vulneran las directrices del severo Comics Code, solo son un pelín más permisivos, pero lejos -muy lejos- de las escenas a que se atreverían pronto en La espada salvaje de Conan, con Buscema y otros.

Por desgracia, la reproducción de esta historieta en el coleccionable que nos ocupa no está a la altura de sus méritos. Planeta Comic sigue la reedición de Dark Horse, actual poseedora del material original realizado por la Marvel, en vez de volver sobre la que anteriormente emplearon, con resultados óptimos, para La espada salvaje de Conan nº 12 (edición española), cuyo único defecto es que el papel transparentaba un poco pero línea y grises aparecían impecablemente reproducidos. Dark Horse parte de escaneos de peor calidad, que aclaran los grises y quiebran la delicada línea de Smith. Tal defecto está incluso ahondado en la reproducción del coleccionable actual, donde los grises son excesivamente claros (a veces casi se extinguen). Por hacernos una idea, el trabajo de Smith en La hija del gigante de hielo debería lucir semejante al de El morador de la oscuridad, con una amplia gama de grises… aunque este también se observe sensiblemente más claro que el original, cosa que ocurre, en mayor o menor medida, en casi todas las historias impresas entre el primer y el cuarto tomo de este coleccionable.

La historieta de Conan más difundida, tal vez, célebre incluso entre los lectores menos asiduos al bárbaro, Clavos Rojos, cima artística de Barry Smith, fue publicada a caballo entre Savage Tales #2 y #3. Thomas se basó en un relato preexistente de Robert E. Howard para estas 58 páginas de virtuosismo al pincel por parte del dibujante británico. Un texto que, para Howard (según comentaba en una carta a su amigo Lovecraft): “Es el último relato que le he vendido a Weird Tales, y tal vez sea la última obra de fantasía que escribo; una historia seriada, en tres partes, de Conan. La historia fantástica con más sangre y sexo que haya escrito.” Clavos rojos anticipa la estructura que se impondrá en el futuro en el magazine, con historias más largas y un ritmo menos estresante que el del comic-book, apuntalado por la dosificación en capítulos que obedece al interés de la trama y no a la división mensual. Tras una portadilla de presentación con el título y Conan en pose para la batalla, Thomas y Smith principian con Valeria dando de beber apaciblemente a su caballo y paseando por el bosque donde, sin embargo, se intuye algún peligro en los huesos blanqueados de un desdichado anónimo. Conan no se muestra hasta la tercera página (cuarta si contamos la portadilla) y la amenaza asoma al final de la cuarta plancha (quinta si contamos la portadilla) en forma de una suerte de Stegosaurio carnívoro que obliga a Conan a mañas que pueden remitir al Príncipe Valiente de Hal Foster. El monstruo no será eliminado definitivamente hasta la página 10 (once si contamos la portadilla) lo que -fijémonos- sería la mitad de un comic-book tradicional y estaríamos solo en el prólogo, porque Clavos Rojos va de lo que pasa a continuación. El propio Stan Lee expresó a Thomas su disgusto por este derroche de páginas, sin entender que Clavos Rojos no era un comic-book ni debía someterse a sus reglas. Thomas y Smith, por supuesto, tenían razón.

la espada salvaje de Conan Clavos Rojos

Smith nunca tuvo -ni tendrá, probablemente- la solidez anatómica de Buscema o Kane. Frecuentemente, sus figuras se retuercen en posturas extrañas y es fácil encontrar fallos en las simetrías de los rostros. No obstante, Clavos Rojos lleva su manierismo prerrafaelista al paroxismo, con planchas que cortan el aliento. Las viñetas congelan los instantes, da igual que sea Valeria oteando el horizonte con mirada inescrutable o Conan asestando la estocada mortal a un feroz reptil antediluviano. A cada rato tropezamos con imágenes asombrosas que conjugan sabiamente el barroquismo, el claroscuro y los espacios en una mixtura tan desconcertante como personal y seductora.

La narrativa de Clavos Rojos puede asemejarse en ocasiones a una sucesión de fotos fijas (compruébese en pág. 38, por ejemplo), lo que dota a la obra de un tempo denso e irreal. Smith conjura también imágenes perturbadoras como el muestrario de cabezas decapitadas (treinta años antes que el Gobernador de Los muertos vivientes) de la página 65 o la enajenación increíble de la que es capaz de dotar a las apariciones de Tolkemec con la técnica de agrandar los ojos y desdibujar el final de la barbilla. El acabado, empero, no es uniforme. Thomas revela que Smith necesitó ayuda para finalizar las páginas: “Barry tuvo un problema de tiempo al terminar las primeras 21 páginas de la historia. Por ello, aunque raramente se haya comentado este hecho, le pedí (con permiso de Barry) al dibujante Pablo Marcos que ayudase a entintar las últimas páginas. No estoy seguro de qué páginas (o partes de páginas) entintó Pablo, pero, si halláis que algunas están hechas con más prisas, con menor atención al detalle, sabed que este es el motivo.”

Curiosamente, pese a mostrarnos imágenes de gran violencia (como los chorros mágicos que atraviesan los cuerpos o la decapitación de la página 46), Clavos Rojos cumple mayoritariamente los preceptos del Comic Code, a despecho de la intención consciente de Thomas y Smith por vulnerarlo: las espadas no atraviesan los cuerpos (excepto en pág. 61), la desnudez femenina -cuidadosamente sombreada- es aún más timorata que la exhibida en La hija del gigante de hielo, etc. Thomas presume del espectáculo sangriento desarrollado en Clavos Rojos y de las resonancias lésbicas ya presentes en el texto original (Thomas afirma: “El contenido sexual de Clavos Rojos no llamaría la atención a la mayoría de los adultos de hoy en día, pero era bastante fuerte para los años treinta. Todavía en 1973, cuando Barry Smith y yo la adaptamos para Savage Tales 2 y 3 sabíamos que la Comic Code Authority podría haber rechazado nuestra obra.”), pero tal parece que escritor y dibujante, pese a todo, aguardaban la futura publicación de Clavos Rojos en comic-book a color (lo que finalmente sucedió en 1983, sin cambios ostensibles).

Smith hace triplete en este tomo con El morador de la oscuridad, una historieta asimismo excelente opacada solo por el brillo de las citadas. Destaca por un par de decisiones curiosas atribuidas por Thomas a Smith: el rostro vagamente humano de la criatura de las alcantarillas, lo que le aleja del horror lovecraftiano tentacular, y la violencia de Conan hacia la reina Fátima -displicente y cruel como suelen serlo los monarcas de la fantasía heroica- quien paga caras las afrentas al cimmerio. De nuevo, la semidesnudez del personaje puso nervioso al organismo censor cuando la historieta fue reproducida a color en la cabecera Conan el bárbaro.

Completan este primer volumen dos interesantes relatos: La noche del Dios Negro y El secreto del río Calavera, este último una de las pocas intervenciones del gran Jim Starlin (Warlock, Dreadstar, Batman: las 10 noches de la Bestia) en el serial del bárbaro, con unos lápices bisoños ocultos tras las tintas de Al Milgrom. Pese a todo, se observan intentos de resultar original, como la escena de amor de la pág. 130 (reminiscente de Steranko) o la curiosidad de ver los rostros villanescos de Starlin, normalmente asociados a la ciencia ficción, en un relato de fantasía heroica. Sin embargo, tal vez lo más recordado del episodio sea la broma final cuando Conan prefiere montar un caballo que le aleje del pueblo a quedarse con la sonriente doncella que le aguarda con los brazos abiertos. Este episodio había sido editado ya en España en el nº 11 de La espada salvaje de Conan.

Más satisfactoria es La noche del Dios Negro, donde el férreo guion de Thomas (en una historia de rescate y venganza) se ve adecuadamente secundado y embellecido por el lápiz de Gil Kane y las tintas de varios profesionales (Neal Adams, Pablo Marcos, Vince Colleta). Desde el principio (desde la misma portadilla) percibimos que se trata de un cuento trágico (adaptado libremente del relato de Howard El hombre oscuro) donde el triste marino que presta la embarcación a Conan oficia de augur. La trama, bastante tópica, alza el vuelo por la convicción sombría de la prosa y el eficacísimo arte, sobre todo en las páginas simbólicas, como aquellas en que Conan rememora sus lances (pág.86) o en fogonazos de violencia descarnada (pág.101). Por desgracia, si la reproducción de La hija del gigante de hielo era demasiado clara, esta es, por contra, demasiado oscura, con los negros quemados y la ausencia total de las tramas de grises, como puede comprobarse fácilmente en ediciones anteriores de esta obra (La espada salvaje de Conan nº 1, Grandes Autores de Conan: Neal Adams). El defecto, según puede atestiguarse, procede de los escaneos de Dark Horse para la reedición, como otros mencionados.

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(Sigue mañana con el repaso de los vol.02 a 04)

  Edición original: Savage Tales #1-5 (Marvel, 1971-73). Edición nacional/ España: La espada salvaje de Conan (Planeta, 2015). Guión: Roy Thomas. Dibujo: Barry Smith, Gil Kane, Jim Starlin. Entintado: Barry Smith, Pablo Marcos, Neal Adams, Vince Colleta, Al Milgrom. Color: B/N. Formato: Tomo cartoné 144 págs.. Precio: 3€.   "Sabe,…
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Sergio Aguirre
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Plas plas plas. La espera ha merecido la pena. No me cabía duda.

Luis Javier Capote Pérez
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Lo que ha dicho Sergio vale para mí. Por cierto, que la introducción relativa al “glorioso blanco y negro” me ha hecho recordar “La reina de la Costa Negra”, un tebeo mexicano donde aparecía un Conan rubio.

emilio
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emilio

Como me temia, Planeta sigue con su política chapucera de coleccionables, mas cerca del comprador habitual de kiosko, que del coleccionista. Incluso casi estoy seguro de que partirán historias entre dos tomos.

Rasputin33
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Rasputin33

Es verdad que ha merecido la pena la espera, Javier. Gracias por un artículo de tanta calidad, y a la espera de los siguientes. A mí el coleccionable no me convence y voy a hacerme con material anterior. No por las historias, claro, que son muy buenas, sino porque parte de lo que ofrece Dark Horse y en varias ocasiones, como bien has señalado, es una reproducción muy deficiente, si se compara con los tomos rojos o los super Conan.

Jesusy
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Jesusy

Me permito indicar que hay varias incorrecciones en el artículo:

Blackmark, el personaje ilustrado por Kane no es una creación de Robert E. Howard, como insinuáis, se trata de una creación del propio Gil Kane que contó con la ayuda de Archie Goodwin en los diálogos.

La revista Savage Tales duró 11 números, no cinco.

En la historia “La hija del gigante de hielo”, los hombres que lo reaniman al final no son cimmerios, parece que son vanires y se dirigen a Conan llamándolo cimmerio.

El episodio “La noche del dios negro” en esta edición aparece sin los grises de las aguadas porque se ha utilizado el archivo de dibujo utilizado para su reedición en color, en el que se eliminaban los grises, no porque esté quemado en el escaneo de Dark Horse.

fer13
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fer13

La pregunta aquí es clara: ¿vale la pena hacer una colección tan extensa viendo que la calidad de reproducción roza el desastre?

Yo estoy dudando mucho, pero creo que me va a tocar esperar unos años más para ver una edición definitiva de esta obra que, por otro lado, era una de las colecciones que más deseaba que sacaran… Mucha penita.

Jesusy
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Jesusy

La calidad de reproducción no es un desastre, es irregular. “La hija del gigante de hielo” es el peor reproducido hasta ahora, sin embargo “Clavos rojos” está muy bien reproducido, mejor que en ediciones anteriores.

En los siguientes tomos la cosa mejora y la mayoría de las historias están bien o muy bien reproducidas, aunque en las que tienen trabajo de aguadas se nota la falta de mayor intensidad en el negro, algo difícil ya que si se pasan se puede quemar.

Rasputin33
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Rasputin33

Nacerá Una Bruja está fatalmente reproducido.

KAL
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KAL

Nadie dice nada de las portadas???
Para una vez que se van a editar todos los relatos de Conan en Glorioso Blanco y negro,como decia aquel insigne sabio,para no romper la dinamica van y editan tambien las portadas…como no EN GLORIOSO BLANCO Y NEGRO!!!!

Lord_Pengallan
Lector

La edición es mala, pero si pensamos que es de Kiosko es buena. Es barata y su calidad contenta a los menos exigentes, que son mayoría (sólo hay que ver los post laudatorios que hay cuando lo de la hija y lo de la bruja es para devolver el ejemplar). Los 3 primeros son malas ediciones en conjunto, peores de lo que había y aún se puede conseguir, pero la cosa mejorará ya que las aguadas y las líneas finas van desapareciendo de la cole. Lo que no tiene perdón son lo de las portadas y que SÓLO sean las historias de Conan de la ESC. Aunque esto es lo que tiene el tiempo. 40 años se pagan.