Invencible 23: Una familia moderna

Reseñamos el vigésimo tercer tomo del Invencible de Robert Kirkman, en el que sus protagonistas deben hacer frente a uno de sus mayores retos: la responsabilidad de tomar decisiones ante su nueva situación.

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Edición original: Invincible números 115-120 USA (Image Comics/ Skybound).
Edición nacional/ España: Aleta Ediciones.
Guión: Robert Kirkman.
Dibujo: Ryan Ottley.
Entintado: Cliff Rathburn, Ryan Ottley.
Color: Jean-Francois Beaulieu.
Formato: Libro rústica, 152 páginas.
Precio: 17, 95 €.

 

El mundo ha cambiado. La mayoría de la gente normal puede notarlo, aunque no sepa cuál es el motivo por el que todo parece ir mejor: el crimen, las guerras, las dictaduras, la pobreza… todo ello está empezando a ser cosa del pasado mientras que los recursos se destinan de manera racional a energías alternativas, reparto más equitativo de la riqueza, así como a educación y sanidad gratuitas y universales. Las personas de a pie se preguntan qué ha hecho cambiar la voluntad política de los líderes del planeta de esta manera, y ninguna encuesta, documental o investigación periodística sabe dar con la respuesta. Pero efectivamente, todo está siendo, si no una utopía todavía, sí bastante mejor.

Mark Grayson (alias Invencible), Atom Eve y el resto de la que queda de la comunidad superheroica saben qué hay detrás de todo este avance: el golpe de estado clandestino que su antiguo amigo Rex Robot llevó a cabo hace unos meses, en el que muchos de los compañeros que tenían murieron luchando para impedir que el bienintencionado pero megalómano superhéroe se hiciese, en diversos frentes, con los poderes tras bambalinas que mueven el mundo. Una dictadura secreta se ha establecido con un noble objetivo: mejorar las condiciones de la humanidad, librarla de sus lacras y guiarla a su potencial; pero ha tenido un coste enorme, y en el fondo priva a la población del libre albedrío. Además ¿qué impediría a Rex tomar decisiones draconianas más adelante? A los superhéroes que han sobrevivido, les duele más toda esta situación que si hubiese sido un plan orquestado por un villano que por fin les hubiese vencido. Especialmente porque algunos empiezan a tener dudas, vistos los espectaculares resultados de la gestión de Rex.

Paralelamente, en un planeta lejano, el ser conocido como Battle Beast da por fin con su anhelada presa, el único individuo que ha conseguido vencerle en combate personal: Thragg, el sanguinario y poderosísimo antiguo líder de los extraterrestres Viltrumitas. La brutal contienda que van a librar, merced al peculiar y enajenado sentido del honor y la gloria de Battle Beast, será de proporciones épicas, arrasará un mundo entero y solo se saldará con la muerte de unos de los contrincantes.

Ajenos a todo ello, Mark y Eve tendrán que tomar decisiones sobre lo que harán a partir de ahora con respecto al nuevo mundo de Rex, considerando que ahora tienen la responsabilidad que conlleva la paternidad de su hija recién nacida, a la que todavía ni han podido poner nombre. Quizás deban reunir aliados y liderar el movimiento que derroque al benévolo pero firme régimen de Rex. O quizás sea el momento de apartarse de todo, cambiar de aires y acercarse más a otros amigos y a otra rama de la inusual familia que Mark tiene.

Invencible sigue siendo, si no el mejor, uno de los más destacados cómics de superhéroes del panorama. En Estados Unidos su andadura ha finalizado hace poco cerrando la historia e hilos argumentales que Robert Kirkman, su creador y guionista, ha ido trazando durante 144 números, pero aquí en España, gracias al retraso que Aleta Ediciones lleva respecto a la versión norteamericana, todavía tenemos disfrute para rato. Todas las apuestas suben: la libertad que Kirkman tiene para agitar y cambiar el status quo de sus superhéroes de manera real, con calado y consecuencias permanentes, es una baza que contrasta con los universos ficticios compartidos de las dos editoriales majors, y el escritor de The Walking Dead sabe sacarle jugo. Los dilemas morales, las decisiones que los personajes toman y las reacciones de sus allegados a éstas, se leen reales, y uno no puede evitar empatizar en mayor o menor medida con todas las posturas expuestas.

La extraña vida cotidiana en la que Mark, Eve y su pequeña (sí, a mitad del tomo se decidirán por un nombre para ella) se ven inmersos, parece emular muy bien cómo sería la paternidad día a día en un entorno como el que se desarrolla. Miedo, alegría, humor escatológico, problemas de adaptación, todo está ahí bajo el prisma de lo superheroico y la ciencia ficción. Y por fin, la traumática experiencia que Mark sufrió a manos de la Viltrumita Anissa dejará de ser un secreto para su pareja, y se convertirá por fuerza en una grave cuestión que deben afrontar para su vida en común. El gusto de Kirkman planteando un tema tan escabroso, los sentimientos del destrozado por dentro Mark y de la horrorizada ante la revelación Eve, son reseñables, y sirven al autor para exponer su punto, haciendo una inversión de roles que quizá sirva para que alguien vea con más claridad de la que debería ser evidente las secuelas de un trauma así, tirando abajo discursos cuñados. También aprovecha el guionista para colar referencias a la polémica del Breastfeeding en público, o al debate que suscita entre algunos lectores determinadas situaciones de las dos grandes editoriales norteamericanas.

Y además tenemos el acierto de no quedarse en estos temas y convertir el tebeo en lo que algunos podrían ver como un panfleto o una tribuna desde la que Kirkman alecciona, no dejando de lado el disfrute genuino del género: el combate entre Thragg y Battle Beast, distribuido mediante cortes de escenas a lo largo de todo el tomo, es simplemente sensacional, a la altura de las mejores escenas de acción sanguinaria que ya hemos podido ver durante la serie, pero con el hallazgo de esa estructura que sirve para subrayar los tempos.

A nivel visual, ya resulta casi cansino reiterar el talento y la espectacularidad del dibujo y narrativa de Ryan Ottley, pero es de justicia insistir en ello. Parece que en Marvel han estado hábiles sabiéndolo ver y dándole el trabajo de dibujar el próximo relanzamiento de Spiderman, encargo que nos parece que se adapta casi como un guante al estilo del artista; aunque echaremos de menos toda la hemoglobina y atrocidad que despliega en Invencible y que lógicamente no veremos (o estará infinitamente contenida) en las páginas del Hombre Araña.

En este tomo Ottley se entinta en varios tramos a sí mismo, complementando la soberbia tarea que Cliff Rathburn viene desarrollando habitualmente sobre sus lápices. Al color, tenemos — sustituyendo al asiduo John Rauch— a Jean-Francois Beaulieu, y le vamos a dar el mayor elogio que creemos que se puede dar a esa labor: apenas se nota diferencia con el espectacular coloreado con el que Rauch nos ha venido deleitando en la serie.

El lector español ha estado sufriendo una sequía durante bastante tiempo de unos de los títulos esenciales, más adictivos y de mayor calidad de lo que se publica en USA. Afortunadamente, Aleta lleva unos meses poniéndose las pilas para tratar de subsanar esa situación y acortar un tanto la distancia entre ambas ediciones. No se permitan perderse esta nueva oportunidad de seguir leyendo las andanzas de Mark Grayson y su abultado elenco de secundarios. Si ya creían que Invencible era una cabecera espectacular, los orgánicos derroteros que su transcurso está tomando de cara al maravilloso desenlace que ya se ha visto en Norteamérica, no hacen sino aumentar aún más, si cabe, el disfrute de su lectura.

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