Alba Editorial anunció hace unos días que la ilustradora vitoriana Amaia Arrazola había fallecido a los cuarenta y un años.

Publicista de formación, abandonaría ese mundo para centrarse en el de la ilustración y en un momento determinado de su carrera pasó a ser autora completa, poniendo imágenes a sus propios textos. El resultado fueron libros como Wabi Sabi (donde narra sus vivencias en una estancia de estudios en Japón), El meteorito (en la que cuenta sus experiencias con la maternidad) o Totoro y yo (una biografía de Hayao Miyazaki que trata la influencia del estudio Ghibli en la cultura).

Artista versátil y todoterreno, sus ilustraciones estaban -están- llenas de colores, ternura y alegría, en palabras del periodista de El País Tommaso Koch. La literatura infantil, el muralismo o la cerámica fueron solamente algunos de los campos en los que desarrolló su talento.

Página oficial de Amaia Arrazola.

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