Escapo

Por
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Edición original: Escapo, julio 2014, Z2 Comics, reeditando material originalmente autopublicado por el autor en 1999.
Guión, dibujo y tinta: Paul Pope.
Color: Shay Plummer.
Formato: 160 páginas a color editadas en cartoné.
Precio: 24,99 $.

 

Hay días que levantarse es un suplicio. Hay semanas cuyas mañanas deambulas casi muerto en vida, preguntándote si verdaderamente lo que haces conduce a alguna parte. El sentido de la vida se te escapa de entre los pliegues del cerebro y cuando parece que encuentras el recoveco adecuado donde anidar a gusto, el destino te juega una mala pasada, como si tu devenir estuviera guionizado por un escritor con muy mala uva, uno de esos tipejos con una alta querencia por el Schadenfreude de los alemanes, esa extraño placer que encuentran algunos en el sufrimiento ajeno, placer que, por otra parte, fundamenta el noventa por ciento de nuestras ficciones. De ahí que nuestras propias vidas caigan bajo la reflexión de si no resultaremos más que el divertimento de otros que escudriñan nuestro día a día como nosotros nos enganchamos a la serie de turno. Posibles actores en obras que no pedimos representar, tal vez, u hormigas con exceso de ego, esto más que seguro, el ser humano deambula, digo, por el planeta buscando un sentido en ese anadeo torpe la mayor de las veces que supone vivir. Es entonces cuando los sentidos, los sentimientos, nos exigen la búsqueda de ciertos placeres, pequeños, que dignifiquen nuestras horas, que rompan la piñata de la ilusión en pos de un hedonismo necesario, de un ocio que nos aleje del regusto amargo de unos trabajos que no nos llenan o unas vidas que sin duda aparecen vacías. ¿A qué viene esta perorata? ¿No es esto una reseña de un simple tebeo? Créeme que todo lo que cuento tiene un porqué.

Desde una perspectiva ombliguista y del todo personal, reconozco que no puedo escribir sobre la obra de Paul Pope desde una visión parcial de articulista guía. No, lo siento. El buen cómic, a mí, me salva la vida. Le da un sentido, una ilusión, un empuje. Sí, desde luego ese arranque lo encuentro en otros aspectos de la vida, es cierto. Pero el arte secuencial tiene algo que en mí toca fibras viscerales, me arranca vehemencias y me vapulea a veces de una manera similar, imagino, a como un hincha siente los colores de su equipo. Así, cuando descubro la obra de un artista que toca ciertas teclas, las necesarias, me convierto en devoto, en fan absoluto. De modo que cualquier ejercicio de ese arte, de ese artista, tendrá mi completa atención. Como un parroquiano escuchando el sermón de su sacerdote favorito. Tanto es así, que si el tebeo fuera una religión, Paul Pope sería uno de sus apóstoles.

Y no es para menos, pues desde hace unos veinticinco años, el neoyorquino lleva creando, con mayúsculas, una obra única, personal, el ejemplo perfecto de cómo asimilar referencias para luego fagocitarlas en algo del todo particular. El dinamismo del manga, la finura europea y la narrativa de género se funden en Pope para regalarnos obras de la intensidad de Heavy Liquid, Batman Año 100, 100 % o la más reciente Battling Boy. Como si de una isla única en medio del mar se tratase, la habilidad como narrador del creador de The One Trick Rip-Off no encuentra parangón. Sus referentes pueden otearse, claro. Hay algo de Toth, bastante de Tardí, otro poco más de Pratt y una cantera de artistas manga que no podría acreditar. Es evidente. Pero, como si de un Picasso del tebeo se tratase, Pope trasciende a sus maestros, arrambla a su paso con su poderosa personalidad y apabulla al lector con un arte cuyo estilo sentará cátedra y, esperemos, generará una cantera de clones. Me repito, lo sé. Pero sí, el genio de Pope es una verdad irrefutable.

Después de la loa, volvamos al sentido de la vida. En 1999, Pope autopublicó en blanco y negro el material incluido en el volumen a reseñar. Escapo, la sencilla historia de un escapista inusual, vivió dos aventuras cuyo bagaje fue difícil de seguir debido precisamente a esa autoedición. Veinte años han pasado ya, parece mentira, y Pope es ahora una figura del medio. De modo que la editorial Z2 Comics ha tenido a bien reeditar este material, con multitud de extras, como la obra exige, y coloreada para la ocasión. Además, en tamaño álbum europeo que es la manera canónica y única en la que se debería poder disfrutar de la obra de Paul Pope. Y si no, ojead las ediciones de Battling Boy; ¿no piden a gritos una reedición a mayor tamaño?

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El sentido de la vida, ya voy a eso, no me he olvidado. Escapo cuenta, como decía, las aventuras de un escapista, uno salvaje, cuyos actos de desafío a la muerte rayan la ciencia ficción. A priori, la trama no podía ser más simple: Escapo está enamorado de la funámbula del circo y trata de conquistar su amor. Hasta aquí puedo leer sin spoilers. Esto para el primer relato. El segundo parece que tiene más chicha: en uno de sus actos más temerarios, Escapo, a punto de morir, recibe la visita de la mismísima Parca y se juega con ella su porvenir. Interesante, pero anecdótico. Pero lo que en manos de otros podría resultar un mero entretenimiento visual, Pope logra darle un giro argumental. Enfrentando a su criatura al amor y a la muerte, el autor consigue hacernos reflexionar sobre el motor de la vida, sobre la utilidad de los actos y lo inefable que resulta existir. Sin pedantería, con cierta poesía y, a Dios gracias, sin épicas de melodrama hortera. Al contrario, con la sutileza de un Taniguchi o la ironía del mejor Pratt, Pope logra hablar de los fantasmas del amor y la muerte con la fuerza de un maestro. Tal es el poder de sus poderosas imágenes, unas estampas que juegan con los símbolos sin plegarse a metáforas baratas. El escapista es un símil del periodo vital, desde el nacimiento hasta la muerte y su profesión permite al autor jugar con estos conceptos de manera sutil. No en vano, el tebeo arranca con la gestación del protagonista y una gráfica viñeta nos lo muestra saliendo de la vagina de su madre. Y esa salida del útero, ese escape del lugar de vida y muerte, se repetirá a lo largo del tebeo bajo el ejercicio simbólico que supone cada set de escapismo, donde Escapo suele terminar su función siendo escupido por cañerías anegadas de agua, como si para desafiar a la muerte, soportara de nuevo el proceso del nacimiento. Estos renacimientos lo son también en sentido figurado: después de cada show, algo cambia en el pensamiento del artista de circo, cierta reflexión nace en su mente y marcará un antes y un después en su vida. Por tanto, otro mensaje que Pope se permite el lujo de sugerir, el riesgo como puerta a la evolución. La suerte, como dicen, favorece a los valientes. La suerte y la adrenalina, esa sustancia que recorre la lectura del tebeo, pues su autor, como si de un thriller de acción se tratase, desentraña cada show, cada acto de fuga, con todo detalle, vigilando no sólo el diseño concreto de cada función sino del tempo necesario para que el lector ansíe la resolución del mismo. Este deseo es la base del disfrute de espectáculos semejantes, por lo que trasladar este concepto a la narrativa de un tebeo resulta una proeza que quizá se pierda en una lectura rápida, pero que se antoja un logro absoluto si prestamos atención a la cadencia de las viñetas y al dinamismo de las escenas de riesgo.

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Y es que Pope nos mueve a su antojo. El control que posee sobre las líneas cinéticas y sobre el tempo dramático nos zambulle en una trama, que a ojos poco analíticos puede antojarse poco elaborada. Como he explicado, nada más lejos de la verdad. Pero si esto no fuera suficiente como para aplaudir a rabiar esta obra, Pope es un tipo con gusto. Sus diseños, que bailan entre los grotesco de un freakshow y la idealización circense de Fellini, bailan por las páginas regalando imágenes de tremenda belleza, envueltas, como digo, en una progresión dramática, en una secuencialización digna de los más grandes.

Y por tanto, sí, el sentido de la vida, al final, nos viene a decir Pope, con razón, no es otra cosa que aquello que uno decida de manera individual. Para ello, el camino para llegar a semejante reflexión está repleta de actos de valentía y temeridad. Pero, al final, nada como poder decidir por uno mismo.
¿Quién se anima a publicar esta maravilla en España?

Por último, me gustaría dedicar esta reseña a David Fernández, uno de los mejores articulistas que han pasado por esta santa casa. Un colega del que podría pasarme días leyendo sus artículos y un sabio del tebeo, cuyo gusto elegante debería ser un referente para todos los que pasan por aquí de vez en cuando.

  Edición original: Escapo, julio 2014, Z2 Comics, reeditando material originalmente autopublicado por el autor en 1999. Guión, dibujo y tinta: Paul Pope. Color: Shay Plummer. Formato: 160 páginas a color editadas en cartoné. Precio: 24,99 $.   Hay días que levantarse es un suplicio. Hay semanas cuyas mañanas deambulas…

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Guión - 8
Apartado Gráfico - 10
Interés - 10

9.3

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guolberin
guolberin
Lector
16 julio, 2014 9:33

Hombre, justo acabo de recoger de la oficina de correos un paquete con este cómic. Paul Pope es garantía de calidad, a ver qué tal.

Beta Ray Bill
Beta Ray Bill
Lector
16 julio, 2014 12:52

Yo también lo compré en cuanto salió a la venta. A ver si editar también THB.