En mis ojos

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Edición original: Dans mes yeux (Casterman, 2009).
Edición nacional/ España: En mis ojos (Diábolo Ediciones, 2010).
Guión, Dibujo y Color: Bastien Vivès.
Formato: Tomo cartoné 136 págs.
Precio: 17’95€.

 

Después de irrumpir como un ariete en el panorama historietístico con la deslumbrante El gusto del cloro, la expectación por las siguientes obras de Bastien Vivès era máxima. ¿Se trataba de un talentoso artista en evolución, destinado a heredar el cetro del cómic franco-belga, o -como tantos otros- se agotaría en un destello fulgurante, genial, condenado a vivir bajo el brillo de aquel único acierto? La siguiente apuesta, En mis ojos, no despejó la duda.

Aunque argumentalmente anclada -como la anterior- en los tópicos del amor juvenil, En mis ojos tiene una concreta voluntad de experimentación formal. Por lo pronto, el título es literal. Asistimos al breve romance con la pelirroja universitaria como si el protagonista (elíptico) hubiese conectado sus globos oculares a una pantalla de televisión. Para reforzar el efecto, las viñetas carecen de marco y las acciones son presentadas como en secuencias de cámara indiscreta o fotomatón, moviendo al personaje central sin variar el eje de visualización. Lo de “cámara indiscreta” viene muy al caso. Y es que el ojo, de forma natural, es mucho más inquieto y dinámico: rara vez sigue a una persona u objeto con la pleitesía del cine. Vivès parece ignorar este punto y cada página es un monumento a su idilio adolescente hasta límites incluso chocantes. Por ejemplo: cuando la invita a almorzar en una cafetería ni una sola vez mira la comida de su plato (pág.24-26). Vivès prueba algunas técnicas para reforzar el subjetivismo (por ejemplo: cambiar el enfoque de la chica a las figuras del fondo en la última viñeta de la pág.24 o emborronar imágenes y texto para representar su exclusión de una conversación en las pág.29-31). Sin embargo, la excesiva dependencia de la representación fílmica falsea el experimento, nos lo vuelve ajeno y un tanto impostado. En el clásico episodio “El asesino” (The Spirit, 8 de diciembre de 1946), Eisner, además de menos radical (el capítulo combina la visión subjetiva con la narración omnisciente), solventó mejor las deudas con el lenguaje cinematográfico potenciando una de las especificidades del cómic: la capacidad de congelar el momento relevante en una viñeta. La intención de Vivès es muy otra: quiere imitar la filmación casera, con pequeños sketch como recuerdos, con estructura casi de álbum de fotos, de diario escrito sobre la marcha, minúsculas piezas recortadas y encadenadas ténuemente. No satisfecho con esta premisa, adopta otra audacia. Vemos lo que ve el protagonista, pero no escuchamos su voz; sólo conocemos lo que dicen los demás. Y aquí es donde el relato naufraga. La historia se vuelve innecesariamente enigmática, a la vez que -para no hacerse incomprensible- se simplifica hasta la anécdota. Al renunciar a demasiados elementos enriquecedores (el punto de vista, el diálogo, etc.) pierde pegada. El autor se da cuenta. Para evitar caer en la mundanidad opta por bruscas elipsis que, paradójicamente, reducen aún más la historia a lo episódico. El obvio deleite que siente el autor en perseguir cada gesto, cada mohín de su criatura raya la obscenidad o el acoso, quizá por ser un poco insincero, demasiado pudibundo (obsérvese la diferencia con La espinaca de Yukiko, de similares intenciones y resultados más certeros) en lo que es, a fin de cuentas, un típico affaire estudiantil.

Vivès persigue obsesivamente cada instante de su amada


El trazo suelto, casual, de Vivés convive aquí con las témperas y los lápices de colores, un túrmix de un cierto amateurismo encantador, enfocado a la ensoñación y la melancolía. Es el punto fuerte del álbum. Si poco añade temáticamente (incluso repite tics de su obra anterior, como la omisión de los nombres de los protagonistas), si la experimentación técnica acaba con tantas luces como sombras (cierto que hay momentos divertidos y excitantes, pero el conjunto resulta demasiado reiterativo), lo que rescata En mis ojos y lo convierte en estimable es la habilidad artística del joven dibujante. Queda claro -él mismo lo confiesa- que le gusta dibujar mujeres y, pese a algunas complacencias, admitamos que lo hace muy bien, dotándolas de vida y especificidad, en lugar de limitarse a reimprimir sus fantasías personales, como tantos otros creadores. Como ya observamos en El gusto del cloro, la pasión de Vivès se ha profesionalizado y pueden detectarse en sus ilustraciones tanto la soltura y despreocupación del hábito como la precisión y el cuidado del bosquejo del natural. En mis ojos es un álbum bonito de mirar, pero no tanto de leer. Un impass que, afortunadamente, superaría pronto (Polina, La gran odalisca).

En mis ojos fue publicado por Diábolo Ediciones en 2010 en un precioso volumen en cartoné.

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Reverend Dust
Reverend Dust(@reverend-dust)
Lector
2 octubre, 2013 10:15

Gracias, Javier, por este tipo de reseñas, de otras «olvidadas» o al menos «no recordadas a cada instante». Ha llegado un punto en el que ya no te odiaría ni aunque reseñases obras descatalogadas. Será el «idilio juvenil» que tuve anoche con UN PEQUEÑO ASESINATO (como te he dicho en su propio hilo) pero esta reseña me ha vuelto a conquistar y ahora necesito leer esta obra.

Siempre igual, Javier, siempre igual. Sigue así 😉

Pikodoro
Pikodoro(@pikodoro)
Lector
2 octubre, 2013 18:12

Dibuja muy bien, domina la técnica como nadie, pero el tebeo es un cubo de azúcar con melza y una oda al pajillerismo.

pocoZ
pocoZ(@pocoz)
Lector
2 octubre, 2013 21:54

Realmente no es la mejor de sus obras, pero que siga sacando cositas de este nivel… melaza incluida….. y como cambia de registro este chico. Saludos a todos. Primer post..pero ya llevo un tiempo leyendo por aquí y en fin

Retranqueiro
Retranqueiro(@retranqueiro)
Lector
29 enero, 2014 8:46

Me lo he leído hace un par de días. Y me ha gustado.

Es cierto que la historia queda algo coja al conocer sólo los diálogos de ella pero la historia es lo bastante simple (y cotidiana) para seguirla sin problemas. De hecho, hay una forma muy divertida de leer este tebeo. Y es eliminando al autor y pasar de lector a protagonista; llenar esas cuencas oculares ante las que transcurre la historia y rellenar mentalmente los espacios en blanco con nuestros propios diálogos. Eh… Vale. Suena raro. Pero probad, en serio.

Y el dibujo… Una pasada. Me encanta el dibujo de este tipo.

Tras leerme El Gusto del Cloro, Hollywood Jan y este En Mis Ojos, a mí Vivès me tiene ganado.