El cineasta

Memoria y cultura

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Edición original:Avec Édouard Luntz. Le cinéaste des âmes inquiètes FRA, Futuropolis
Edición nacional/ España:Astiberri Ediciones
Guion:Julien Frey
Dibujo:Nadar
Formato:Cartoné, 184 Páginas
Precio:19€

Pero mi cultura se basa sobre todo en el cine. Yo pienso en las películas. Tal vez por eso tengo miedo de que desparezcan.

El cineasta es la cuarta novela gráfica de Nadar, la segunda que realiza para el mercado franco-belga tras ¡Salud!, que confirma todo lo bueno apuntado en sus anteriores trabajos. En está ocasión ilustra un guion de Julien Frey, que usa como base para construir la historia una experiencia autobiográfica que tuvo junto al director Édouard Luntz. Apareció originalmente en 2018 de la mano de Futuropolis y es la obra con la que Astiberri comienza a publicar en el 2020.

Julien Frey es un cineasta y guionista de cómic francés nacido en 1977. Dentro del cine ha trabajado en varias series de animación y en otros proyectos de carácter más personal. En 2014 aparece Un jour il viendra frapper à ta porte su primer guion para el cómic dibujado por Dominique Mermoux. Una obra con carácter autobiográfico al igual que El cineasta. Posteriormente publica Míchigan (Ponent Mon) dibujada por Lucas Varela. En febrero de este año aparecerá en el mercado franco-belga L’œil du STO su nuevo trabajo con Nadar y de cara al futuro están preparando un nuevo proyecto titulado Fatty.

Nadar, seudónimo de Pep Domingo, es un historietista nacido en 1985 en Castelló de la Plana. Su entrada en el mundo del cómic se produce ganando varios concursos a lo largo de la geografía española como Portugalete, Cornellà, CAM o INJUVE. Su debut de mamera profesional se produce en la revista Dos veces breve. En 2012 gana la beca de AlhóndigaKomik para realizar una estancia en la Maison des auteurs en Angoulême. El resulta es Papel estrujado, su debut en las historias largas. Su siguiente obra es El mundo a tus pies que le vale varias nominaciones en el Salón del Cómic de Barcelona. Ambas aparecen el mercado franco-belga y posteriormente en 2017 pasa a trabajar directamente en ese mercado con la aparición de ¡Salud! con guion de Philippe Thirault y a la que sigue El cineasta. Todos sus trabajos largos han sido publicados en España por Astiberri Ediciones.

Cuando Julian Frey era un joven estudiante de cine en busca de su primera oportunidad conoció a Édouard Luntz que se ofrece a producirle un trabajo, aunque nunca lleva a producirse un segundo contacto. Luntz le contó que su carrera había sido destruida por Darryl F. Zanuck, el productor americano de su película Le grabuge. Años después durante una clase de guion el nombre del director vuelve a aparecer en su vida y descubre que su obra es prácticamente inencontrable. Así que Frey emprende una búsqueda para poder sacarlas a la luz y bucear en la vida y obra del director. La búsqueda de sus películas le llevara a entrevistar a personas cercanas a él como su hijo o alguno de sus colaboradores además de a viajar por filmotecas e instituciones de varios países.

Lo primero que hay que señalar es que estamos ante una obra biográfica del guionista que se basa en su encuentro real con el director “maldito” Édouard Luntz (1931-2009), un autor revolucionario que fue el primero en tratar la vida de los jóvenes en los suburbios marginales de París. De ese encuentro surge la obsesión de Frey por encontrar y ver sus obras. Los puntos de interés de esta novela gráfica son múltiples, por un lado, la vida de director nos sirve para ver las interioridades del mundo del cine y su lucha porqué su trabajo no se vea alterado por las injerencias por parte de los productores además existe una reflexión sobre la pervivencia de la cultura. Pero también estamos ante la historia de dos obsesiones y sueños: la del guionista por recuperar la obra del director y la de este por llevar a cabo su película tal y con él la veía.

La narración está estructura en una serie de flashbacks que se entremezclan para contarnos de manera paralela la búsqueda de Frey y la realización de la película Le grabuge. Esto hace que estemos saltando adelante y atrás en el tiempo constantemente, creando una historia de un ritmo endiablado. Quizás se encuentre a faltar un momento de pausa y la lucha por el montaje final de la película entre Luntz y Darryl Zanuck (1902- 1979) daba para mucho más, pero en general la historia te arrastra por las más de ciento ochenta páginas sin que te des cuenta.

El cineasta nos ofrece un magnifico retrato del proceso de producción de una película y tanto en Francia como en Hollywood. Vemos los procelosos momentos previos a empezar a rodar, con todas las dificultades que hay que afrontar y la locura descontrolada en las que muchas veces se convierte un rodaje. Las tiranteces entre el director y el productor marcan el desarrolla de las partes que suceden en el pasado. Asimismo, está muy bien reflejado el impagable trabajo que las distintas instituciones (filmotecas, bibliotecas, etcétera) encargadas de preservar la cultura realizan. Muchas veces sin contar con los fondos que precisan.

Entre las investigaciones de Frey y la filmación de Le grabuge vemos la importancia que tiene la conservación de la cultura y la facilidad con la que una obra desaparece del mapa. Es triste comprobar como una productora americana puede borrar de la faz de tierra la obra de un autor francés con la aquiescencia de las instituciones francesas. La mercantilización de las obras provoca que su presencia en el mercado sea fugaz ya que enseguida sean sustituidas por otras, algo en lo que no tiene nada que ver la calidad que atesoren. Algo que sobre todo sucede en el cine donde cada vez es más normal ver películas que solo se estrenan en un puñado de salas y solo duran una semana en cartel. Capitalismo puro y puro. Pero la cultura es algo más ya que no nuestra la forma de pensar y de sentir de una sociedad en punto temporal concreto y es algo que debemos preservar y atesorar por todos los medios.

En el apartado gráfico vemos una evolución en el estilo de Nadar con respecto a sus trabajos previos ya que vemos como los rostros de sus personajes han vuelto algo más caricaturescos. Algo que es un acierta ya que los dota de mayor expresividad. Nadar sabe sacar todo el provecho a las posibilidades que da el blanco y negro, que parece sentarle mucho mejor a su estilo que el color. Narrativamente es una obra muy bien contada dentro de los parámetros habituales de la BD. Sin duda es su mejor trabajo hasta la fecha, algo que por suerte siempre le ha ocurrido ya que cada nuevo trabajo es un progreso. Algo que nos hace esperar con ganas la salida del siguiente.

La edición de Astiberri tiene la calidad habitual en sus producciones tanto de reproducción como de diseño, aunque en esta ocasión han optado por reducir ligeramente el tamaño. Algo que no perjudica al dibujo de Nadar pero que es una práctica que no agrada nada. Esperemos que nos traigan los próximos trabajos de la pareja y que recuperen la primera obra de Frey.

En El cineasta, Frey y Nadar hacen es un sentido y merecido homenaje a Édouard Luntz y al cine. Un viaje que nos transporta a un rodaje y los entresijos del mundo del cine. Al mismo tiempo nos ofrecen una más que interesante reflexión sobre la importancia de preservar la cultura. Una obra que consolida a Nadar como uno de nuestros autores fundamentales y que nos deja con ganas de leer los próximos trabajos de la pareja.

Edición original:Avec Édouard Luntz. Le cinéaste des âmes inquiètes FRA, Futuropolis Edición nacional/ España:Astiberri Ediciones Guion:Julien Frey Dibujo:Nadar Formato:Cartoné, 184 Páginas Precio:19€ Pero mi cultura se basa sobre todo en el cine. Yo pienso en las películas. Tal vez por eso tengo miedo de que desparezcan. El cineasta es la…
Guión - 8.5
Dibujo - 8
Interés - 8.4

8.3

Cine

El cineasta cuenta la realización de la película Le Grabuge de Édouard Luntz, pero sus autores también hacen una reflexión sobre la memoria y la pervivencia de la cultura.

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Nacido en Barakaldo en 1977 donde sigo viviendo. Descubrí los cómics en una librería de barrio con Tintin, Asterix, SuperLopez y los personajes de Ibáñez. En 1989 descubrí los superheroes de la mano de Stern y Buscema con el numero 73 de la edición de Forum de Los Vengadores. A estas lecturas se fueron incorporando la novela gráfica y el manga, de los cuales, a diferencia de los superheroes, nunca me cansé. Todavía sueño con ser agente Espacio-Temporal y de Planetary, con visitar mundos de fantasía con el señor T., Philemon, Lord Morfeo, Arale y Thor. Viajar con Reed, Ben, Susan y Johnny al futuro y pasear por el cuartel de la Legión. Recorrer la antigua Roma con Alix y una cantimplora de poción mágica. Buscar Mú, perderme en un viaje al corazón de la tormenta, contemplar el Olmo del Cáucaso mientras paseo por un Barrio Lejano leyendo El almanaque de mi padre. Conseguir beber la sangre del Fénix. Leer, al fin, algún articulo de Tintín y de Fantasio sin que me molesten los absurdos inventos de Gastón. Perderme por las murallas de Samaris, mientras de la pirámide flotante de los inmortales cae John Difool. Enamorado de la chica de los ojos rojos y de Adele. Y cabalgar hacia el amanecer con Buddy Longway, Red Dust y el teniente Blueberry. Con un poco de humo azul en los labios...

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