El Castigador: el regreso de gran nada

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Edición original: Marvel Comics-Epic Comics – enero 1989
Edición España: Comics Forum – febrero 1991
Guión: Steven Grant
Dibujo: Mike Zeck
Entintado: John Beatty
Color: Mike Zeck, Ian Teatrault, Phil Zimmelman
Portada: Mike Zeck, Phil Zimmelman
Precio: 825 pesetas (novela gráfica de sesenta y cuatro páginas)

 

La tercera entrega del segundo volumen de la colección de novelas gráficas marvelianas publicada por Comics Forum supuso la edición en España de una publicación mucho más reciente y protagonizada por uno de los personajes del momento (finales de los ochenta, principios de los noventa del siglo pasado): el Castigador. Return to big nothing o El regreso de gran nada, como se tradujo, supuso un doble reencuentro: el de Frank Castle con su pasado como soldado en la guerra de Vietnam y el del personaje con el equipo creativo que le había llevado a la gloria en la miniserie Círculo de sangre: Steven Grant, Mike Zeck y John Beatty.

El justiciero armado hasta los dientes había sido creado por Gerry Conway y Ross Andru en los años setenta, en el seno de la colección The Amazing Spider-Man. Sin embargo, sería gracias a la mencionada serie limitada que se auparía a la primera línea, sosteniendo durante varios años una franquicia tan prolífica como podían serlo las protagonizadas por el mentado trepamuros o la Patrulla-X. Eran los días en los que se exaltaba en todos los ámbitos de la ficción estadounidense al antihéroe que creía que el fin podía justificar cualquier medio. Eran los tiempos en los que Ronald Reagan tensaba la cuerda de la guerra fría e intentaba sacudir de la mente colectiva de la sociedad norteamericana el peso del conflicto bélico en Indochina. Desgraciadamente, Círculo de sangre (como se indica en los comentarios de esta reseña) no fue finiquitada por el equipo principal, debiendo ser terminada por un equipo de circunstancias que, sobre todo en la parte gráfica, no estaba a la altura de su precedesor. El regreso de gran nada era también una forma de reivindicar el buen trabajo de Grant, Zeck y Beatty, permitiendo que contaran una historia en la que desplegar todo su talento.

Uno de los datos que hay que tomar en consideración a la hora de acercarse a esta novela gráfica, es el detalle de que fuera editada bajo el sello Epic, que durante aquella década había servido para albergar toda suerte de experimentos que se alejaban de los estándares habituales del género superheroico. Obras en las que sus autores conservaban los derechos relacionados con la propiedad intelectual; ediciones para el público estadounidense de tebeos reverenciados en otras partes del planeta; historias protagonizadas por personajes de la casa que necesitaban salirse de los rígidos canales del sello genérico… como esta novela gráfica.

La historia que cuentan don Steven y don Mike profundiza en el pasado de Frank Castle, trabajando con uno de esos datos que a largo plazo resultan un lastre para quienes gustan de controlar el transcurso del tiempo en el universo marveliano. Una vez, antes de vestir el negro ornamentado y embarcarse en una guerra perpetua, el Castigador fue un hombre que vivió de uniforme los desastres de otro conflicto bélico que marcó profundamente al país bajo cuya bandera sirvió. La guerra de Vietnam no fue como la de la Corea o la segunda mundial. La derrota generó en la sociedad estadounidense todo tipo de sentimientos y reacciones, los cuales se plasmaron en toda suerte de obras, fueran o no de ficción. David Morrell crearía a John Rambo, el hombre convertido en una máquina de matar al que el regreso a casa únicamente arroja a la condición de paria; Sylvester Stallone prestaría su rostro al antiguo boina verde y desencadenaría un alud de antiguos combatientes, unos más tragables que otros: desde los alegres “bandoleros” del Equipo A al barbudo coronel Braddock. Paralelamente, se crean otras franquicias en las que convencidos pacifistas como Paul Kersey se convierten en hábiles amigos de las armas de fuego para tomarse la justicia por su mano ante la pasividad e impasibilidad de las leyes y sus ejecutores oficiales. El “justicierismo” se convierte en una filosofía de vida concretada en la forma de ciudadanos preocupados o policías cuya labor comienza donde termina la de la justicia. En cierto modo, el Castigador de los años ochenta es un punto en el que esas dos tendencias confluyen para crear a un personaje preparado para ganar el favor del público.

Todos los antihéroes de los años ochenta sellaron su elección por causa de un hecho traumático en su vida, no siendo Castle una excepción. De antiguo era conocida la tragedia de su familia, pero Grant y Zeck vienen a considerar que el asesinato de su familia no fue el único hecho que determinó el destino de Frank, sino el último y definitivo. El periplo del Castigador antes de ser Castigador se asemeja bastante al del protagonista de la canción de la Trinca “Masacre y aniquilación”: un hombre que sólo necesita un empujoncito en la dirección adecuada para liarse a tiros.

“Gran nada” hace referencia al lugar donde los ideales de Castle se derrumbaron y a su propia persona. “Gran nada” es también el apodo que le propinan sus antagonistas de la novela gráfica. Frank descubrirá el lado más siniestro de algo tan oscuro como es una guerra. La violencia de la instrucción; la brutalidad del conflicto vietnamita y, sobre todo, la existencia de redes de corrupción en el seno del cuerpo expedicionario. El regreso de / a la gran nada supone el retorno del Castigador a este pasaje del pasado de la vida de Frank Castle. Sus antiguos compañeros de armas piensan que éste es el mismo “gran nada” de los días de uniforme. Ignoran que esa persona murió con su familia y que sólo queda un justiciero inmisericorde.

El regreso de gran nada compensa sobradamente el mal sabor de boca que dejó el “coitus interruptus” de Círculo de sangre, dándonos una historia que gustará a la afición al personaje y a sus autores.

Ilustración de la cubierta
El Castigador, por Mike Zeck

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Disfruté leyendo esta etapa, pero no es ni por asomo Punisher Max de Ennis.

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Hay que tener en cuenta la diferencia en el tiempo entre uno y otro.
Por no decir que en el 89 todavía había Comic Code que regulaba muchas cosas.

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Joe que articulo tan corto para una Novela Gráfica (buenísima) que da mucho de si….