Crónica de la XIII Japan Weekend de Barcelona

Hablamos de nuestra experiencia en la Japan Weekend de Barcelona este año, un evento centrado en la cultura japonesa, el anime y los videojuegos

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Este fin de semana se ha celebrado la XIII Japan Weekend de Barcelona, un evento que con los años ha ganado popularidad convirtiéndose en una alternativa al Salón del Manga de Barcelona. Este año, durante los días 9 y 10 de marzo hemos podido asistir a la nueva edición de este evento que ha tenido lugar en La Farga de L’Hospitalet. Los más veteranos recordaran que esta era la antigua ubicación del citado Salón del Manga de Barcelona, hasta que fue obvio que el recinto se había quedado pequeño para acoger al festival y su espectacular número de asistentes. Esto es un punto a tener en cuenta al empezar nuestra crónica de esta Japan Weekend de Barcelona, una cita que irremediablemente nos evoca esos años del Salón del Manga, con cierta nostalgia, pero recordándonos las carencias de esas primeras ediciones.

En la Japan Weekend podemos encontrar un microcosmos orientado a la cultura japonesa, el anime, el cosplay, los videojuegos y muy residualmente al manga. Este podría ser el principal punto negativo del evento; hay manga gracias a la presencia de Norma Editorial, Ooso Comics e Ivrea con sus respectivos stands, la zona de fanzines y nada más. No hay más editoriales ni tiendas o stands en los que encontrar una buena oferta de manga, en contraposición al espacio dedicado a stands centrados en merchandising, cultura japonesa, anime y, especialmente, cosplay y videojuegos cuya presencia quizás sea un poco excesiva pese a ser la gran industria de nuestro tiempo.

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La Japan Weekend está orientada a un tipo de aficionado, pero es un evento que está en el ese punto en el que le toca dar el salto. Solo hay tres alternativas: mantenerse igual lo que a la larga puede hacerle quedarse atrasado, potenciar la dirección que ahora mismo tiene, o mejorar la oferta de cara al consumidor. En este sentido, y aunque el espacio sea limitado, deja todavía margen para un mejor aprovechamiento, dando pie a exposiciones y, sobre todo, a una programación que no solo se base en actividades más “físicas” sino también intelectuales como pueden ser mesas redondas, conferencias o presentaciones diversas. Ese es un punto débil de la Japan Weekend que se centra casi en exclusiva en el ocio, algo que puede atraer a su perfil de consumidor habitual, pero que deja fuera al resto; sin contar con el hecho de que los aficionados crecen y buscan otras alternativas.

Este año teníamos una exposición en la Japan Weekend de Dragon Ball Super Broly organizada por Selecta Visión, con ilustraciones, figuras de acción y varios photocall. También hay otra pequeña exposición de Norma Editorial llamada Manga se escribe con Ñ dedicado a otras de inspiración oriental producidas y publicadas en España. Esto es un añadido que siempre da juego, pero debería ser un extra a otros contenidos o, dicho de otra manera, no debería ser una excepción, sino que debería ser una propuesta más dentro de una más amplia que a día de hoy no existe. Aunque hay que entender que la Japan Weekend está planificada para ser proactivos, para ir a participar, para pasar el rato y hacer alguna compra. Es una manera de entender estos eventos y enfocarlos al público, a lo que se suman los medios de los que pueda disponer la organización y, obviamente, no son los del Salón del Manga.

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Para entender esto basta saber que el personal que aquí encontramos está formado principalmente por voluntarios y, pese a su dedicación, esto se hace notar a nivel organizativo. Por ejemplo, en los encuentros con invitados, en las mesas redondas, en las presentaciones editoriales, etc; no hay un personal profesional que cuide detalles como la iluminación, el sonido y otros aspectos tan básicos como marcar el tiempo a los invitados o conferenciantes para poder apegarse lo más posible a la programación establecida. Tampoco es fácil acceder a esta programación, no está al alcance de la mano y en la web de la Japan Weekend la forma de exhibirla tampoco es la más cómoda de consultar.

Respecto a la asistencia, el público ha respondido un año más, sin grandes aglomeraciones de gente, no ha habido colas en las taquillas ni en las entradas al recinto en ningún momento y pese a haber muchos aficionados en el interior se ha podido pasear en todo momento con relativa calma, visitando los stands sin problemas si esta era nuestra intención. El ambiente era lo suficiente animado para notar el aire festivo del acontecimiento, pero sin hacerse pesado ni dejar sensación de agobio en ningún momento. Los departamentos destinados a ciertas actividades podrían estar mejor señalizados, pero en comparación a la Fira de Montjuic en La Farga tenemos un espacio mucho más pequeño en el que todo está a mano y se puede encontrar con relativa facilidad sin más indicaciones.

En lo positivo, si uno va con la mentalidad apropiada, en la Japan Weekend es difícil aburrirse: talleres de todo tipo, torneos de videojuegos y partidas de TCG (Trading Card Games), conciertos de J-Pop y música tradicional japonesa, conferencias, mesas redondas y presentaciones de novedades (aunque sean los contenidos menos habituales) y muchísimo cosplay. El contraste con el Salón del Manga es evidente y aunque en la práctica puedes ir a los dos eventos y disfrutar igualmente de ellos, ciertamente la Japan Weekend está enfocado por ahora a un aficionado más joven, consumidor compulsivo de videojuegos y anime e interesado por todo lo que tiene que ver con la cultura japonesa. Pero la Japan Weekend está destinada a ser más y solo es cuestión de tiempo corroborarlo.

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Barcelona (Septiembre, 1980). Mordido por una viñeta adquirí un asombroso interés por el mundo del cómic y sus galaxias cercanas. Los Clásicos Ilustrados que adaptaban novelas de misterio y aventuras fueron mi primer pasaje a este universo. Luego llegarían Mortadelo y Filemón, Superlópez, Spider-Man, Dragon Ball y V de Vendetta. Para comienzos del siglo XXI había desarrollado una ecléctica pasión por el medio. En la actualidad, disfruto especialmente del cómic independiente estadounidense y el manga. En está, mi segunda casa, colaboro como reseñista y articulista hablando de cómics, cine y series.
(Barcelona, 1990). Nacida con la necesidad de hacer decenas de cosas a la vez; me licencié en filosofía y ahora recorro otra aventura. Entré en el mundo del manga en un buena momento: en pleno boom de principios de siglo. Cuando por televisión emitían Evangelion y el salón del manga no tenía entradas limitadas. Fascinada por la estética gótica, oscura y dantesca, mi autora de cabecera es Kaori Yuki. Pero, reconozco que los mejores mangas que he leído son de Naoki Urasawa y Osamu Tezuka. Mi máxima: las buenas historias son aquellas que dejan huella en el alma del lector.

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