Coleccionable Marvel Héroes. La Patrulla X: Hijos del Átomo.

Joe Casey, Steve Rude, Michael Ryan, Paul Smith y Esad Ribic revisan y actualizan los orígenes de la Primera Clase del Instituto Xavier.

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Edición original:X-Men: Children of the Atom y X-Men nº 1, 38 y 43.
Edición nacional/ España:Panini Comics.
Guión:Joe Casey, Stan Lee y Roy Thomas.
Dibujo:Steve Rude, Michael Ryan, Paul Smith, Esad Ribic, Jack Kirby y Werner Roth.
Entintado:Andrew Pepoy.
Color:Paul Monts.
Formato:Libro en tapa dura, 156 páginas.
Precio:10 €.

 

Orígen. Una palabra que cuando está referida al género superheroico suscita tanto expectación como miedo. El origen es aquello que define al superhéroe en cuestión; y por ello, debe resultar impactante, demoledor, y a la vez, plasmar unos ingredientes lo suficientemente potentes como para que justifiquen el qué, cómo y quién del personaje, pero sobre todo su por qué. Y es que, no en vano, la historia de origen es aquella que no solo justifica las razones que llevan al vigilante a luchar por la justicia en detrimento de sí mismo, si no que será aquella historia a la que la editorial volverá en innumerables ocasiones por diversas razones, ya sea para actualizar conceptos, para justificar por la vía de la continuidad retroactiva la aparición de nuevas tramas y personajes, o, simplemente, por mero guiño al lector.
Sin embargo, y como bien apunta Julián M. Clemente al inicio de su introducción a este tomo del extinto y muy recomendable coleccionable Marvel Héroes, si revisamos y repasamos los orígenes de los distintos superhéroes de Marvel o DC tal y como fueron concebidos en la edad de oro o a la de plata de los cómics (a la que pertenecen la mayoría de los títulos clásicos de Marvel), recibiremos una ejemplificativa lección de historia del cómic. Y es que, esos orígenes de personajes, anclados la mayoría de ellos, si no circunscribimos a Marvel Comics en la década de los sesenta, en poco más de diez o doce páginas, nos presentan al personaje principal antes de conseguir sus poderes, señalan el accidente o catalizador que lo convierte en un ser especial, y se presenta al villano que será, probablemente, su némesis definitiva o, al menos, uno de sus enemigos acérrimos.

Es lo que ocurría con los primeros números de Spider-Man, El Increíble Hulk, Iron Man, e incluso de Los Vengadores, que peleaban entre ellos y se reunían para combatir al enemigo común, a Loki, en tan sólo un número. Sin embargo, esa no era si no hija de la época que le vio nacer, en un momento histórico en el que los cómics vendían un entretenimiento que se caracterizaba por su ligereza e inmediatez, constituyendo un medio para contar historias que todavía no había alcanzado ni madurez como arte, ni la etiqueta de cultura que tendría a partir de la década de los 70 y, desde luego, ya en los ochenta con la aparición de obras por todos conocidas como Wathcmen (Alan Moore y David Gibbons), Batman El Regreso del Caballero Oscuro (Frank Miller), Batman Año Uno (Frank Miller y David Mazzucchelli) etc.
Esa dinámica de resumir algo tan capital para los personajes como su origen en un mero puñado de planchas era como digo, algo que afectaba a la inmensa mayoría de títulos, pero que, desde luego, resultaba todavía más sangrante en La Patrulla X, sobre todo si cometemos el error culpable del que este redactor es consciente de valorar dichos cómics con los criterios artísticos actuales.

Hank Mcoy lidia con la histeria mutante a una edad muy temprana.

Y es que, en un solo número, se nos explicaba que existían los mutantes, que eran el siguiente paso en la escala evolutiva, que por eso mismo la humanidad los temía y que el Profesor Charles Xavier (telépata y mutante), cual Martin Luther King, luchaba por integrarlos en la sociedad. Por otro lado, se narraba que Magneto, como un Malcolm X comiquero, buscaba que los mutantes asumieran el dominio de la humanidad tal y como les estaba predestinado, forzando la extinción del homo sapiens y, por si todo eso fuera poco, se presentaba a esa primera clase de mutantes entrenados por Charles Xavier: Warren Worrington III (Ángel), Jean Grey (Chica Maravillosa), Bobby Drake (Hombre de Hielo), Hank McCoy (Bestia) y Scott Summers (Cíclope).
Es decir, de este modo, y haciendo un maravilloso uso de las técnicas narrativas del momento, Stan Lee y Jack Kirby condensaban toda esa batería de datos en el hoy mítico X-Men nº 1, con fecha de portada de Septiembre de 1963 que, a modo de guiño y de ejemplo de la comparativa entre las distintas maneras de contar el origen de un grupo de superhéroes con el paso de los años, se incluye en este tomo del Coleccionable Marvel Héroes.

El Ángel patrulla las calles, impartiendo justicia.

Pues bien, hecha esta introducción, pasemos a analizar, La Patrulla X: Hijos del Átomo, una miniserie de seis entregas que en entre Noviembre de 1999 y Septiembre de 2000, nos regaló una versión pausada y concienzuda de la formación de los X-Men oríginales, todo ello de la mano del escritor Joe Casey (Wolverine, Deathlock, The Incredible Hulk, The Flash, Adventures of Superman y, especialmente, Cable) y de los dibujantes Steve Rude (Nexus, Batman, Fantastic Four) que ilustra los números 1,2 y 3 de esta miniserie, Michael Ryan (Runaways, Mystic, New Excalibur) y Paul Smith (American Flagg!, Marvel Fanfare, The Spirit, Starman) que acometen juntos el dibujo del número 4 de la colección, y del croata Esad Ribic (Secret Wars, Ultimates) que se encarga de finalizar la serie con el dibujo de sus números 5 y 6.

Bestia se acepta a sí mismo.

La Patrulla X: Hijos del Átomo, aprovecha todas y cada una de las seis entregas en las que se divide, las cuales utiliza para contarnos paso a paso, cuál es la vida de cada uno de los personajes que componen esa Primera Clase del Instituto Xavier para Jóvenes Talentos, antes de que conocieran al famoso telepata y de que sus vidas cambiaran por completo.

Así, Scott Summers, antes de ser Cíclope es un joven introvertido y atribulado que es utilizado por un ladronzuelo del hampa para cometer crímenes, utilizando sus poderes para ello, sin que Summers se atreva a dejar dicha vida, toda vez que este criminal le ha facilitado las gafas con las que es capaz de abrir los ojos sin poner en peligro la vida de nadie.

Cíclope decide poner fin a su calvario.

Por su parte, Bobby Drake, es un chaval medio de instituto americano, sin muchos amigos, ni talentos especiales, con los clásicos dramas del adolescente marginado que comienza a experimentar extraños sucesos que bajan la temperatura de su cuerpo, ante la atónita mirada de unos padres que ni lo comprenden, ni tratan de hacerlo.

Warren Worrington III, por el contrario, es presentado como un vigilante que antes de conocer a Xavier, ya patrulla las calles, como un vigilante enmascarado, utilizando sus alas nada fáciles de esconder para ponerlas al servicio de los más desvalidos, viniendo de una familia rica en la que los abusos al más débil están a la orden del día.

Hank McCoy, en contraposición a Bobby Drake, resulta ser el paradigma del adolescente popular. Alto, guapo, muy dotado para los deportes… nada se interpone en el camino de un joven con muy buen fondo, pero que se deja llevar por la ola de adoración que le rodea en su instituto, tratando de no aceptar que sus habilidades deportivas, así como el tamaño de sus manos y pies, no resultan en absoluto cualidades normales para un humano.

Finalmente, Jean Grey, es la única que al inicio de esta obra ya conoce a Xavier, puesto que, como en los cómics originales, conoce al profesor desde pequeña, al haber sido Charles quien le
ha enseñado a controlar sus poderes, diseñándose aquí una visión del personaje que, sin diferir en demasía de la clásica, ya nos muestra una joven fuerte e independiente que es totalmente consciente de lo que su condición de mutante supone y representa.
De este modo, se construye una interesante trama apta tanto para aficionados de los X-Men como para aquellos lectores que quieran leer algo sobre estos personajes y no sepan por dónde empezar, sintiéndose perdidos en una de las franquicias que más personajes, colecciones y formaciones distintas contiene.

En cuanto al dibujo, a pesar de que hasta cuatro dibujantes resultaron ser necesarios para poder alumbrar esta obra, el lector no percibe un baile excesivamente molesto o excesivo, todo ello, por supuesto, gracias al entintado de Andrew Pepoy y al coloreado de Paul Monts, que sirven como pegamento unificador de la serie, que cuenta con un dibujo en líneas generales bueno y cumplidor, haciéndose gala de líneas suaves y dinámicas por parte de Steve Rude (el que mejor trabajo desempeña en esta obra con la excepción de Esad Ribic, que se encarga además, de las portadas de toda la serie), Michael Ryan y Paul Smith, pero que desde luego alcanza sus cuotas máximas de calidad cuando en los dos números finales entra en escena Esad Ribic, quien en aquel momento, con su estilo tan particular y sobresaliente, desconocía que estaba llamado a hacer grandes cosas en La Casa de las Ideas.

Como colofón final, este tomo del coleccionable, que en conjunto supone uno de los mejores jamás editados por Panini en relación calidad-precio, incluye como se ha dicho, el primer número de X-Men de Stan Lee y Jack Kirby, y los números 38 (noviembre de 1967) y 43 (Abril de 1968) de Roy Thomas y Werner Roth que ahondan un poco más en la psique de personajes como por ejemplo, Cíclope.

Portadas de los números 1 y 2 de X-Men
Cíclope según Roy Thomas y Werner Roth

Sin duda una obra que merece su reedición por parte de Panini, al ser un claro ejemplo de como se pueden contar historias de sobra conocidas por los lectores, aportando datos desconocidos, o simplemente, desarrollando tramas que en su origen (valga la redundancia) pecaban de aceleradas o de anodinas, juzgadas indebidamente con los criterios contemporáneos del mundo que vivimos.

  Edición original:X-Men: Children of the Atom y X-Men nº 1, 38 y 43. Edición nacional/ España:Panini Comics. Guión:Joe Casey, Stan Lee y Roy Thomas. Dibujo:Steve Rude, Michael Ryan, Paul Smith, Esad Ribic, Jack Kirby y Werner Roth. Entintado:Andrew Pepoy. Color:Paul Monts. Formato:Libro en tapa dura, 156 páginas. Precio:10 €.…
Guión - 7
Dibujo - 7
Interés - 8

7.3

Nostálgico

Joe Casey, Steve Rude, Michael Ryan, Paul Smith y Esad Ribic revisan y actualizan los orígenes de la Primera Clase del Instituto Xavier.

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shang chi
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shang chi

Pues no sé pero en mi opinión Rude es bastante más que bueno y cumplidor y desde luego sus números son los mejor dibujados de largo

Matches_Malone
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Matches_Malone

Totalmente de acuerdo. Steve Rude es un gran, y a menudo, olvidado artistazo.

Jesusy
Lector
Jesusy

Steve Rude hace un trabajo extraordinario, muy superior al del resto de dibujantes que participan en la miniserie y es el autor de las cuatro primeras portadas, Ribic se encarga sólo de las dos últimas.
Y decir que el lector no percibe al cambio de dibujantes me produce asombro, querrás decir que no lo percibes tú, Raúl, a mi se me cae el tebeo de las manos a partir del cuarto episodio, ya que Paul Smith, que no fue capaz de terminar un único episodio, no está en muy buena forma y Ribic estaba en los inicios de su carrera, lejos de su calidad actual.
Rude estaba dedicando una cantidad de esfuerzo tal al dibujo de la miniserie que pidió a Marvel que no la editara hasta no tener la mayor parte de la misma dibujada. Pero la editorial, entusiasmada con las páginas del primer episodio, las pasó a producción nada más recibirlas. Esto hizo que Rude abandonará la serie tras el primer episodio y que en las siguientes miniseries (Spiderman, Capitán América y Thor) bajara un poco el nivel de autoexigencia.
Pero esos tres primeros episodios de Children of de atom están entre lo mejor de su producción, por lo tanto entre lo mejor del mainstream súper heróico de las últimas décadas.

“desde luego alcanza sus cuotas máximas de calidad cuando en los dos números finales entra en escena Esad Ribic”. Y dicho lo anterior, no puedo estar más en desacuerdo con esta afirmación.

Jesusy
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Jesusy

Quería decir que Rude abandonó la miniserie tras entregar el tercer episodio, no el primero. Perdón.

Jack Knight
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Jack Knight

Me llama mucho la atención que prácticamente a ningún dibujante se le puntúa con menos de un 7 a poco que sepa empalmar dos líneas y se lleve Steve Rude esta nota.
Por favor, si es uno de los mejores dibujantes de siempre del cómic USA, lo que nos flipa a todos de artistas que lo están rompiendo en los últimos años como Chris Sammne o Ajá está muy en la línea de lo que hacía Steve Rude 35 años antes (con un dibujo que a día de hoy no ha envejecido ni un ápice, al revés, sigue siendo tan novedoso como cuando empezó). También muy presente en dos colosos como Bruce Timm o Darwin Cooke.

Que si, que cada uno tendrá su opinión y topo lo que queráis, pero una base de objetividad en cuanto a la reseña del dibujo debería existir (al margen de que luego uno pueda ser más de Jim Lee que de Bruce Tim).

Kubik
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Kubik

Pues verás, Raúl… Lo cierto es que Joe Casey no inventó nada. Adaptaba muy libremente el origen de los X men que ya se contó en los cómics originales. Pero no en su número 1, sino en los números inmediatamente anteriores a la llegada de Neal Adams a la colección (lo de que Jean conocía a Xavier desde niña, por cierto, no procede de esa época, fue una retrocontinuidad introducida por Claremont muchos años después). Lo que ocurre es que la versión de Casey fue tan libérrima, se tomó unas libertades tan grandes e innecesarias, en la línea de lo que hizo Bendis con el orígen de Spiderwoman, que, como este último, ha quedado totalmente fuera de la continuidad, de modo que estos comics son los menos indicados para un nuevo lector que quiera introducirse en elmundo mutante. Aquellas historias sobre el origen de cada personaje acaban de ser reescritas y contadas de nuevo por Ed Piskor. Su versión, salvo algún pequeño error de continuidad (por desconocimiento del autor), SÍ es el orígen canónico del grupo.