Capitán Meteoro Cap. 13: Secuelas de guerra (Parte 5, de 5)

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Por José Antonio Fideu Martínez con ilustraciones de José Antonio Fideu

“¿Puede haber algo más ridículo que la pretensión de que un hombre tenga derecho a matarme porque habita al otro lado del mar y su príncipe tiene una querella con el mío aunque yo no la tenga con él?”.
Blaise Pascal (1623-1662) Científico, filósofo y escritor francés

“Los muertos son los únicos que ven el final de la guerra”.
Platón (427 AC-347 AC) Filósofo griego.

En unas horas todo se complicó. Los rusos se tomaron el ataque de Berit Köller muy mal. Era lógico, casi les cuesta un primer ministro, y en el pasaporte de la pobre mujer figuraba una calle del Berlín Occidental como su lugar de residencia… De poco valieron las reiteradas disculpas del gobierno de la República Federal Alemana, la tensión se multiplicó, si hubiéramos tenido termómetros para medirla, habrían reventado… Mientras desde el Kremlin se daban órdenes a las tropas de todos los países del éste para que ocuparan posiciones defensivas cercanas a las fronteras con los territorios capitalistas, los americanos ponían en marcha los engranajes de la OTAN para prepararse ente la inminencia de una nueva guerra… Las conversaciones terminaron rápidamente y cada uno de los reyes del mundo volvió a su casa con excusas suficientes como para desencadenar otra masacre internacional. Debieron haberse disculpado por su ineptitud, ambos se mostraron incapaces de llegar a un acuerdo de paz, y sin embargo, lo que escuchamos a través de la televisión y la radio no fueron más que reproches hacia el otro bando, culpas que siempre eran del vecino, nunca errores propios…

En las calles se produjo inmediatamente una doble reacción que fue similar en varios de los países que visité. Los hombres, aunque nos creemos únicos, somos seres bastante parecidos, solemos reaccionar de manera semejante ante estímulos idénticos: por un lado pequeños grupos de exaltados entraron en frenesí y se lanzaron a la calle pidiendo a gritos una retribución de los agravios sufridos; querían guerra, querían bombas, querían la sangre de sus enemigos aunque para ello tuvieran que derramar también la suya propia. Gritaban en nombre del comunismo, de la democracia, en nombre de la verdad y la justicia, con palabras distintas y, sin embargo, me parecieron todos iguales. De sobra los conocéis; inconscientes y estrechos de miras que aparecen siempre en tales circunstancias, utilizando cualquier justificación para dar rienda suelta al odio y a la frustración que emponzoña su vida… Y frente a ellos, la mayoría de la gente, la gente buena y sencilla, que se quedó muda de espanto. Se miraban unos a otros si saber qué decir, se paraban en los escaparates de las tiendas de electrodomésticos y en los quioscos sin apartar la vista de las mismas noticias, aterrados ante la posibilidad de que surgieran nuevas todavía peores…

A las ocho de la mañana supe que John Huet había subido en su avión con rumbo desconocido y se había alejado de allí…Yo decidí quedarme y visitar a Berit Köller. La mujer agonizaba en un hospital de Berna con la cabeza agujereada… Tuvo mala suerte hasta en eso. No perdió la conciencia ni un segundo, pudo darse cuenta perfectamente de que se moría…

-Me engañó –hablaba articulando las palabras con dificultad, como si le pesara la lengua y las ideas de su cabeza se diluyeran rápidamente… apenas pude entenderla-. Nos ha engañado a los dos, Meteoro… A ti también…

No supe bien qué contestarle. A veces te encuentras con verdades tan rotundas y dolorosas que pierdes la capacidad de alegar nada en su presencia. Las palabras parecen huecas.

-Lo viste por la televisión, ¿verdad? Era mi Garin –dos lágrimas comenzaron a descolgarse lánguidamente por las mejillas descoloridas de Berit Köller. Una de ellas, la del lado derecho, se mezcló en su descenso con restos de sangre seca que había quedado pegada a la cara de la anciana, perdiendo su pureza cristalina, volviéndose oscura… Recuerdo que en aquel momento pensé que aquellas lágrimas contenían el alma de la madre de End Panzer, todo su amor, y sentí que se perdieran-. Me han engañado… pero me da igual… Mi Garin está vivo, y eso es lo importante –me agarró del brazo con la poca fuerza que le quedaba-. Dile que estoy aquí, Meteoro. Dile que me muero… ya verás como viene a verme… Nada podrá impedir que mi Garin venga a darme un beso…

A eso de las doce, un avión espía americano fue abatido sobre espacio aéreo cubano por una escuadrilla de Hijos del Pueblo… A las doce y media fui llamado a la casa Blanca… Llegué antes que el propio Huet y lo esperé sentado en un rincón oscuro.

-Soy el Capitán Meteoro –se sobresaltó al escucharme, acababa de encender la luz y no esperaba encontrarme allí.

-Buenas noches, Capitán –por mi expresión ya supo que algo había cambiado entre nosotros y me contestó preocupado…

-Tengo poder suficiente como para arrasar esta ciudad en unas pocas horas. El país entero si me lo propusiera… Sabes que no alardeo, ¿verdad? La energía infinita del cosmos me sustenta…

-¿Qué ocurre…? ¿A cuento de qué este discurso…?

-Siempre he estado a tu lado John Huet, lo he dado todo por mi país, incluso parte de mi alma, y nunca te he pedido nada a cambio…

-En eso consiste ser patriota, amigo –el presidente de los Estados Unidos permanecía inmóvil frente a mí, de pie, mirándome asustado, sin saber muy bien qué derroteros terminaría tomando aquella conversación, barruntando lo peor.

-Bien, pues en ese caso dejaré de serlo por un día… Creo que ya no me deberé a un país, hoy voy a ponerme del lado del hombre… sin banderas.

-¿Qué quieres, Capitán?

-Quiero la verdad…

-¿Qué verdad? ¿De qué hablas…?

-Quiero que me digas qué hicisteis con End Panzer… ¿Acaso crees que soy idiota…? -me detuve un momento, me puse en pie y di un paso hacia la posición de Huet antes de continuar hablando-. E intenta no mentirme, porque te juro que si noto el veneno del engaño saliendo por tu boca de nuevo, acabaré contigo…

-¿Hablas en serio? ¿Me vas a pegar, Capitán? ¿Vas a matar al presidente de tu propio país? –Huet contraatacó muy seguro de si mismo, creyéndose protegido por la armadura de su cargo-. No sé que mosca te ha picado grandullón, pero no me asustas…

Di otro paso más… la lógica presión en el pecho apareció. Una fuerza invisible intentaba evitar que avanzara. John Huet se acercó lentamente hacia su mesa sin apartar la mirada de mí…

-Escucha Capitán, estás ofuscado… No sé que es lo que te pasa, lo que te han contado o lo que le han hecho a tu cabeza, pero, sea lo que sea, podemos discutirlo –fingiendo más esfuerzo del que en realidad me costaba, di otro paso al frente-. ¿Lo notas? Es un campo de fuerza que me protege, lo genera un dispositivo en mi reloj… Medidas de seguridad básicas… No podrás tocarme, Capitán, sé razonable… Antes de que te des cuenta, daré la alarma y todos los héroes del país caerán sobre ti. Tú ya no serás uno de ellos… te habrás convertido en otro villano…

-Me has mentido demasiadas veces Huet. No sé si la primera fue cuando mataste a Sammer, o el día en que quitaste de en medio al Señor Austin… Seguro que la mitad de tus hazañas en la guerra fueron también mentira –Huet quedó tan sorprendido que ni siquiera pudo contestarme-. Lo que sí tengo claro es que ésta será la última vez que me mentirás… No hay ningún dispositivo en tu reloj. No hay más dispositivo que tu siniestra cabeza…

Sentí crecer la potencia del campo de fuerza… John Huet trataba de frenarme para que no pudiera llegar hasta él. Sabía que un segundo le bastaría para dar la alarma, por eso, anticipándome a él, disparé un rayo de energía concentrada y el tablero de la mesa quedó desintegrado. Un agujero humeante sustituyó al botón de aviso oculto… Sorprendido por mi último acto, bajó la guardia un instante y yo aproveche para lanzarme sobre él. Antes de darse cuenta, era ya mi prisionero. Lo agarraba por el cuello con la fuerza justa, no quería que escapara ni que gritara, y aunque tampoco pretendía herirlo, deseaba que él creyera todo lo contrario… Los objetos a mi alrededor comenzaron a vibrar. Algunos se elevaron como si por arte de magia hubieran perdido todo su peso. La habitación se transformó, de repente, en una gran pecera en la que los muebles flotaban, eran todos de corcho…

-Escúchame Johnny, puedes lanzar la Casa Blanca entera sobre mí, y no sentiré nada… pero tú sí: sentirás vergüenza y miedo; el peso de tus pecados cayendo, de golpe, sobre ti. Todo el mundo conocerá tu secreto… Me encargaré de contarlo, llevaré unos informes médicos que tengo a la televisión y a los periódicos… Investigaré tus hazañas de guerra… Todos sabrán que el presidente Huet no es más que un embustero…

-El país está en peligro –jadeó con voz ronca-. Eres un idiota Meteoro, no entiendes nada…

-¿Qué tengo que entender…? ¿Que así debe ser?

-¿Quién eres…?

-Soy tu conciencia, amigo –apreté mi presa. Los objetos que me habían amenazado comenzaron lentamente a descender. Huet perdía fuerza-. ¡Habla! Dime qué ocurrió con End Panzer y te ayudaré una vez más. En vez de matarte, que es lo que me gustaría, guardaré silencio y te defenderé de los rusos… Nadie sabrá lo que eres, la puta mentira que eres…

-Está bien… Tú ganas.

Lo solté de golpe y Huet cayó sobre su sillón, derrotado. Apenas había tenido tiempo de recuperar el resuello cuando la puerta del despacho se abrió. Un hombre vestido con traje oscuro asomó la cabeza y preguntó si todo iba bien. Era el agente Clarke, siempre diligente, siempre atento. Huet le dijo que sí y haciendo una seña con la mano le ordenó que saliera. El guardaespaldas del presidente tardó todavía un par de segundos en obedecer, le extrañó verlo todo revuelto, encontrarlo a él jadeando, medio tirado sobre su trono, despeinado y tan azorado, pero ante la insistencia del gran jefe no le quedó más remedio que obedecer y salir… Cuando la puerta se cerró, Huet aún esperó un poco más antes de continuar hablando…

-Eres Jerome… El Capitán Meteoro es el tonto de mi amigo Jerome… Igual de ingenuo que siempre. ¿Sabes una cosa, Capitán…? En realidad no he hecho nunca nada que no debiera hacerse. Puede que haya condenado mi alma con ello, pero os he salvado a todos vosotros… y sigo haciéndolo aunque tú no te des cuenta. Yo he tenido el valor que os ha faltado a los demás –se detuvo un momento para colocarse bien la corbata y adecentarse el cuello de la camisa-. ¿Recuerdas aquel día de la pelea con los Sammer? Sí seguro que te acuerdas, el día que les ganamos aquel partido…

-Claro…

-Pues yo me acuerdo más que tú… ¿Sabes por qué? Porque mientras tú mirabas, ese pequeño bastardo me pateaba la espalda…

-No es motivo para que lo mataras…

-Me dejó inválido –cerró los ojos y bajó cara. Quizás recordar aquel día le causaba tanto dolor que no se atrevía a mirar al pasado directamente-. Desde ese día no pude volver a sentir nada de ombligo para abajo. Me levanté del suelo con el poder de mi mente, y a partir de entonces caminé colgado de mi propia fuerza de voluntad como una marioneta… No te puedes imaginar el esfuerzo que ha supuesto mover mis piernas así durante todos estos años… y sin embargo lo doy por bien empleado. Cada paso que he dado ha servido para un bien… Xavier Sammer era un bastardo asesino. Evité que hiciera daño a otro crío… Austin también se merecía morir, y todos los nazis que maté en la guerra… He matado a muchos hombres, Meteoro, más de los que imaginas. He matado a mujeres y a niños y no me arrepiento de haberlo hecho.

-Eres un loco hijo de puta…

-End Panzer sobrevivió a vuestra pelea, pero lo maté también… Así me lo ordenaron, y yo cumplí con la orden. Cuando se tomó Berlin los rusos reclamaron su parte del pastel: media Europa, la mitad de los sabios de Alemania, oro y, por supuesto, la mitad de los prisioneros dotados con poderes superhumanos. Fue una lástima que el número fuera impar. A End Panzer hubo que congelarlo y partirlo por la mitad… Reclamaron hasta el último gramo…

-No puedo creerlo…

-Pues sí, créelo porque así fue… Los rusos se quedaron con la mitad del cadáver de ese cabeza cuadrada y nosotros con la otra –lentamente fue alzando la mirada. Sabía que no podía dañarme, que jamás levantaría un dedo contra mí, y sin embargo sentí miedo-. Ellos han aprovechado mejor el tiempo por lo que parece… Han creado una raza entera de Panzers y ahora nos amenazan con ella. Nosotros tampoco hemos estado parados, pero nos faltan todavía unos meses para completar el proyecto… Necesitamos un poco más de tiempo… unas semanas más y habremos creado también a nuestro supersoldado definitivo… Cuando eso ocurra, regresará el empate, el equilibrio, y con él, el statu quo…

-A partir de ahora estaré vigilándote siempre… Intenta arreglar este desaguisado lo antes posible. Si es necesario deja que el primer ministro ruso te dé por culo, pero no declares una nueva guerra o te juro que te perseguiré hasta la mismísima puerta del infierno… Johnny.

No relataré aquí mi aventura de las siguientes horas, sería demasiado aburrido hacerlo. Baste decir que hablé con unos y otros durante el resto del día buscando soluciones al problema. Llamé a todos mis amigos y les rogué que pidieran cordura a sus gobiernos y que me ayudaran a evitar la guerra… Traté de crear una tela de araña de tranquilidad y sensatez que protegiera el planeta… El plan, si no lo lograba, sería viajar por el espacio hasta la guarida de Zhortan El Neganauta, más allá del planeta Góntar, para traerlo de vuelta aquí. Sería una última apuesta arriesgada, pero esperaba que cuando los hombres vieran aquella monstruosidad alienígena proyectando su inmensa sombra sobre nuestro planeta, amenazando con devorarlo, se unieran y olvidaran sus rencillas. Sabía que esta opción podía costar la destrucción total de la Tierra, que era tan peligrosa casi como la otra, pero se perdía poco… Daba igual que el planeta quedara calcinado por los misiles nucleares o por la furia imparable del poder del Neganauta …

Cuando anocheció salí volando muy bajo hacia una granja de Rusia a la que me habían invitado unos días antes… De camino, me desvié hacia el desierto de Arizona, y visité a los chicos del área cincuenta y dos. No llevaba autorización y algunos de los guardias creyeron que era su obligación el intentar detenerme… Lo era; no lo consiguieron, claro está. A pesar de los cañones de ultrasonidos, de las armaduras con motor de quantum (diseñadas por mi amigo Daniel Rivers), de la presencia allí de un batallón de Guerreros Alfa y de todas las cerraduras que trataron de impedírmelo, llegué al corazón del complejo en menos de media hora… El horror del progreso me sorprendió. Sabía lo que se hacía allí. Había tenido informes que hablaban de la mezcla de genes humanos y alienígenas, de la experimentación con fármacos y sueros, de la inducción de mutaciones por exposición a la radiación… Lo malo es que yo, hasta aquel día, no me había encontrado más que con la cara de aquel trabajo, con los hombres modificados que sobrevivieron a los tratamientos. Ese día conocí la cruz, conocí los fracasos… Quedé horrorizado ante algunas de las cosas que encontré allí, y todavía, al recordarlas, siento nauseas: Cientos de seres horribles encerrados en probetas gigantes. Medio hombres, medio niños, monstruos, algunos de ellos todavía seguían vivos, embalsamados pero vivos… y me miraban desde el otro lado del cristal sin entender nada…

Salí de allí todo lo rápido que pude cargando con la mitad del cadáver de End Panzer. Me costó dar con él, lo habían diseccionado y habían separado las partes en distintos recipientes, al menos ocho proyectos hacían uso de sus restos. Lo introduje todo en un contenedor y escapé llevando también en la caja la vergüenza de la raza humana, sin detenerme a pensar… Hice bien en no pensar en aquel momento. Si lo hubiera hecho, muchos habrían muerto… Enterré los restos en el cementerio de su ciudad natal y pasé el resto de la madrugada hablando con Iván Glezarov…

-Está bien, camarada Meteoro, pero hay que hacerlo de manera que no se note… Tengo familia… No les temblará el pulso si sospechan lo más mínimo. Los deportarán a Siberia… o algo peor. ¿Estás seguro de que esto es lo mejor…?

-Dijiste que debíamos confiar en nuestro propio buen juicio. Eso estoy haciendo…

Berit Köller murió al día siguiente, por la tarde. Antes de eso, su hijo fue a visitarla y se despidió de ella. El muchacho se sentó en la cama y cogió la mano de la anciana moribunda, le habló con amor sobre la vida que tendrían cuando ella se recuperara, y la acarició hasta que se durmió. Cuando el hálito gélido de la muerte invadió la habitación, el cadáver de Berit Köller sonreía plácidamente. El camarada treinta y tres de los Hijos del Pueblo salió de allí satisfecho y entristecido. No aceptó mi agradecimiento, me dio las gracias él a mí… Luego, El Centinela Rojo y yo nos reunimos en la tumba de End Panzer. Él había robado la otra mitad del cadáver que faltaba. Lo juntamos con la que había traído yo, y enterramos a Berit Köller con su hijo… En la misma fosa pudieron reunirse… por fin.

Al día siguiente comenzó una pelea histórica en la plaza de Brandemburgo. El Centinela Rojo, defensor del pueblo soviético, y el Capitán Meteoro, capeón de la democracia y del estilo de vida americano, se enfrentaron sin darse tregua. El adalid del comunismo retó al pueblo americano a un combate y yo acepté orgulloso el desafío… Nada ocurriría, nadie se movería de su sitio hasta que la justa concluyera… La pelea en la que se dirimirían todas las diferencias entre los dos grandes imperios del siglo veinte, la que decidiría finalmente al vencedor de la Guerra Fría, comenzó a eso de las ocho y terminó a las nueve… casi dos meses después.

-Bueno, Capitán, creo que es la hora… Intenta no hacerme trampas esta vez o me lo tomaré muy a mal…

-Espera, Iván… Un chiste: “Resulta que empieza la Tercera Guerra Mundial y dos misiles nucleares intercontinentales, uno ruso y otro americano, se cruzan sobre Alaska.

-Hola camarada –saluda el misil ruso-, ¿tú, a dónde vas?

-Pues yo a Moscú, a ver si me cargo el Kremlin y a todos esos gordos tristes que mandan en tu país. Y tú, ¿qué planes tienes, socio?

-Pues nada, ya ves, de camino a la Casa Blanca… Más o menos a lo mismo… Oye, que bueno que nos hayamos conocido, ¿no? ¿Por qué no lo celebramos tomando unas copas en un bar que hay a unos tres mil kilómetros de aquí?

-Buena idea, vamos allá.

Total, que entran los dos misiles en un bar perdido en mitad de Alaska y empiezan a beberse hasta el agua de los floreros: primero cerveza, luego güisqui, después vodka de garrafón, y claro, el misil americano se agarra una trompa de tal calibre que no se tiene sobre sus cohetes… Entonces el misil ruso le dice:

– Bueno camarada, me voy, que tengo trabajo.

– Yaahh… Drabajooooo –le contesta malamente el americano.

– Oye, ¿te encuentras bien?

– Nooo…

– A ver, ¿a dónde ibas?

– No recuerdooo…

– Venga camarada, deja que te lleve a tu casa, anda…”.

Iván Glezarov me miró muy serio.

-Es para matarte –y tras decir eso se echó reír escandalosamente…

Cuando terminamos nuestro combate la tensión se había relajado. Los sabios del área cincuenta y dos habían terminado ya su proyecto de supersoldado americano y las fuerzas habían vuelto a igualarse. El día en que finalmente decidimos hacernos los muertos y dejarnos caer sobre el asfalto, la temperatura en la Tierra había vuelto a bajar. El estío de la incomprensión y la ira había pasado, y la Guerra Fría regresó con su tranquila inseguridad, con su hipocresía y su malicia, para poner tras nuestras vidas ese viejo telón de fondo en blanco y negro al que ya casi nos habíamos acostumbrado…

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Némesis
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Némesis

Final de saga con una vuelca de tuerca argumental sorprendente y fantástica. Con la mezcla de intriga política, historia bélica, ciencia ficción y drama humano se cierra una saga memorable.

Fideu, muchas gracias por hacernos partícipes de las aventuras del Capitán Meteoro y por animarnos los miércoles. Estoy esperando a la semana que viene para saber con qué nueva maravilla nos alegras.

mag_jonas
Lector
mag_jonas

¡¡¡Un final Increible!!!

He disfrutado mucho con esta saga, toda la temática desarrollada me ha encantado, así como la narración de la misma…

Y que siga así por mucho tiempo…

Jorge Iván Argiz
Lector

¡Otro arco argumental concluido y seguimos enganchados al Capitán Meteoro!

¡Qué ganas de la próxima entrega!

José Torralba
Autor

Estupendo como siempre, además de muy bien cerrado el arco… y he captado al menos dos referencias a Alan Moore, tanto en la hipotética idea de Zhortan El Neganauta (¿solución a la Watchmen? por cierto… ¿neganauta? jejejje) como en el chiste final, claro 😀

Un abrazo José Antonio. 

José Antonio Fideu
Lector
José Antonio Fideu

Hola neganautas:
Aquí acaba la saga y, la verdad, me alegra que os haya gustado. Yo he disfrutado también mucho escribiéndola…
Ojalá termine escribiendo mil páginas del Capitán. Por ahora van unas doscientas, y aunque tenga que cambiar la periodicidad de lo relatos o descansar unos meses, mi intención firme (y soy bastante cabezota),  es escribirlas… y que vosotros las leáis aquí, en esta Zona Negativa que es mi segunda dimensión (por no decir mi segunda casa).
La semana que viene historia navideña con sorpresa para los más fieles…
Y, José, has visto bien, como siempre… En todo momento tengo presente a Alan Moore, quizás el guionista que más admiro (uno de los quie más). Me gustaría llegar a ser algún día una décima parte de lo que es él: todo inteligencia, talento, sentido del humor…  y amor por los cómics. Historias como “La broma asesina”, a la que también hago referencia,  “Para el hombre que lo tenía todo”, etc, forman parte de mis mejores momentos leyendo tebeos…
Un abrazo y nos escribimos la semana que viene.

Ana
Lector
Ana

Me ha parecido apoteosico……teniendo en cuenta esta saga tengo muchas espectativas puestas en la sorpresa navideña.Muchas gracias por todo….eres un artista.
Hasta la semana que viene!!!!!!!

Bruneti DarkBringer
Lector
Bruneti DarkBringer

Muchas gracias por estos momentos tan buenos que paso leyendo las historias del capitan meteoro…es la alegria del miercoles llegar al trabajo y hacer una pequeña pausa para leer sus aventuras.Sigue asi jefe! 😉

Rogelia
Lector
Rogelia

Vaya final!!! La verdad, leyendo estas historias tan chulas, no esperaba menos!!! Espero que haya Meteoro y Fideu para rato. ¿Qué nos deparará la historia navideña? Estoy ansiosa.
Saludos para todos los lectores de zonanegativa.

kosgüorz
Lector
kosgüorz

Redondo
El mercado pide a gritos una novela! 🙂

potajacion
Lector
potajacion

¡¡JA, JA, más allá del planeta Góntar..!!
Buenísimo el relato y buenísimo el final. Menudo pedazo de cabrón el John Huet, espero que algún día reciba su merecido, por muy presidente de los EE.UU que sea (y no me refiero a que un pringadillo le tire los zapatos a los morros). Deseando estoy de leer el siguiente relato navideño. Hala, a seguir igual de bien, fenómeno.