Portada Brunilda en la Plata de Genís Rigol

Edición original: Brunilda à la Plata (Virages graphiques, 2025)
Edición nacoinal: Brunilda en la Plata (Apa-Apa Cómics, 2025)
Guion, Dibujo y Color: Genís Rigol
Maquetación y diseño: Sergi Puyol
Dirección editorial: Toni Mascardó
Formato y precio: Cartoné. 160 páginas. 22,90€

Puro cómic entre bambalinas.

«Ha conseguido usted algo único y original, llegar a lo que debería ser cualquier forma de arte.»

¡Qué deliciosa sorpresa es cuando te encuentras con un cómic que de verdad te sorprende y te coje con la guardia baja como ha resultado la lectura de Brunilda en la Plata! Lo más increíble es que no estamos ante la obra de un autor maduro con una larga trayectoria, sino ante el primer cómic largo de Genís Rigol (Barcelona, 1982), conocido en el mundo de la animación por su corto Él corrió junto a su camarada. Una joya que ya dejaba ver un talento desbordante, al igual que sucedió con los cómics breves que había publicado en la revista Forn de calç. Pero lo que nos encontramos en el cómic maravillosamente editado Apa-Apa hace unas pocas semanas es un salto de calidad. Una de esas obras que te atrapan desde la primera página recordándote lo maravilloso que es el medio y todo lo que se puede contar en un solo cómic, siempre que los implicados tengan talento y ganas de demostrarlo en cada página. Y justo eso es lo que hace Rigol en esta extravagante, increíble e inclasificable locura que vale cada uno de los euros que pagas por ella y que a buen seguro aparecerá entre los cómics más destacados de este 2025 que se aproxima a su final.

En su cómic Genís Rigol nos propone un juego metalingüístico mientras nos cuenta las peripecias que Norman, un hombre aparentemente gris, que tiene una cita para cenar con Brunilda en La Plata. Pero para lograrlo tiene que atravesar el escenario del teatro en el que ambos trabajan donde está en marcha una obra a la que su creador, conocido como el dramaturgo, no consigue encontrar el final, así que parece que va a prolongarse en el tiempo de manera indefinida complicando que nuestro protagonista no llegue a tiempo. Una carta de amor al teatro repleta de un surrealismo y teatro del absurdo que nos remite al gran Samuel Beckett donde la realidad y lo onírico se fusionan como en los mejores momentos del Little Nemo en Slumberland de Winsor McCay. Una referencia que va más allá de lo temático para extenderse a lo visual creando uno de los cómics más bellos del año con una estructura de página y juegos narrativos impropios de un autor con tan poca obra publicada. Un apartado gráfico que bebe de los autores de las strips que a principios del s. XX inventaron el lenguaje del medio, pero donde también tiene presencia las influencias de autores de vanguardia como el fascinante Olivier Schrauwen. Una mezcla muy meditada que da como resultado un dibujo elegante, atrevido y muy trabajado lleno de geometrías visuales y narrativas que atrapan al lector haciendo que por momentos sea imposible pasar de página quedándonos hipnotizados contemplando el virtuosismo y la belleza de cada línea y viñeta.

A través del viaje de Norman entre bambalinas vamos a poder conocer a todos los que hacen posible cada obra de teatro, pero también nos invita a reflexionar sobre nuestra capacidad para convertirnos en los dueños de nuestra propia vida y ser quienes realmente tómanos cada una de nuestras decisiones. Tambien sirve para cuestionarnos que somos capaces de hacer para tratar de cumplir nuestros anhelos más profundos, perjudiquen a quien perjudiquen. De esta última idea vemos dos caras, una positiva a través de Norman y otra mucho más negativa personifica en el dramaturgo. Como muchos autores, él vive tiranizado por su miedo al fracaso y al exceso de presión que se autoimpone buscando una perfección que muchas veces es imposible de alcanzar. Unas preguntas que sin duda se ha planteado durante la realización de este cómic Genís Rigol, pero él ha sido capaz de crear una obra que no decepciona. El dramaturgo es un personaje fascinante del que conocemos su pasado gracias a algunas impresionantes escenas con un dibujo en un blanco y negro que recuerda los grabados más bellos. Pero, él no es el único personaje memorable del cómic, ya que todos tienen espacio para darnos grandes momentos, incluso la fantasmagórica Brunilda que ejerce sobre nosotros la misma atracción que sobre el resto de los personajes, pese a no saber nada sobre ella ni verla.

Como en la esencial obra maestra de McCay en Brunilda en La Plata nos encontramos ante un cómic por momentos hilarante con un sentido del humor muy particular y repleto de secuencias oníricas y llenas de elementos ajenos a la realidad que, pese a todo, parecen funcionar con una coherencia perfecta. Unos escenarios oníricos que despiertan nuestro subconsciente haciendo que cada elemento pueda ser interpretado de diferentes formas haciendo de cada lectura algo nuevo y descubriendo significados ocultos tanto en el cómic como en nosotros mismo. Algo que nos obligara a revisitarla en el futuro para ver que descubrimos nuevo con el paso de los años.

Brunilda en La Plata es uno de esos raros cómics que te dejan boquiabierto desde la maravillosa portada. Un despliegue de recursos por parte de Genís Rigol que demuestran un conocimiento del medio muy poco habitual y que se combina con una trama llena de capas e interpretaciones que nos dejan pensado en ella muy tiempo después de finalizar su lectura. Como ya hemos dicho se trata de uno de los cómics más sorprendentes y estimulantes del año.

Lo mejor

• El apartado gráfico en su totalidad, tanto a nivel de diseños, como la narrativa y el dibujo.
• El amor por el teatro que desprende cada página.
• La reflexiones sobre la creación.
• La portada.

Lo peor

• Que al ser de una editorial pequeña no tenga la campaña de marketing de cómics ultimates o absolutes.

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Diego García Rouco
Nacido en Barakaldo en 1977 donde sigo viviendo. Descubrí los cómics en una librería de barrio con Tintin, Asterix, SuperLopez y los personajes de Ibáñez. En 1989 descubrí los superheroes de la mano de Stern y Buscema con el numero 73 de la edición de Forum de Los Vengadores. A estas lecturas se fueron incorporando la novela gráfica y el manga, de los cuales, a diferencia de los superheroes, nunca me cansé. Todavía sueño con ser agente Espacio-Temporal y de Planetary, con visitar mundos de fantasía con el señor T., Philemon, Lord Morfeo, Arale y Thor. Viajar con Reed, Ben, Susan y Johnny al futuro y pasear por el cuartel de la Legión. Recorrer la antigua Roma con Alix y una cantimplora de poción mágica. Buscar Mú, perderme en un viaje al corazón de la tormenta, contemplar el Olmo del Cáucaso mientras paseo por un Barrio Lejano leyendo El almanaque de mi padre. Conseguir beber la sangre del Fénix. Leer, al fin, algún articulo de Tintín y de Fantasio sin que me molesten los absurdos inventos de Gastón. Perderme por las murallas de Samaris, mientras de la pirámide flotante de los inmortales cae John Difool. Enamorado de la chica de los ojos rojos y de Adele. Y cabalgar hacia el amanecer con Buddy Longway, Red Dust y el teniente Blueberry. Con un poco de humo azul en los labios...
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