Bestiarius 4

Reseña del cuarto y último volúmen (por el momento) de Bestiarius, la saga de fantasía épica romana de Masasumi Kakizaki.

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Edición original: Tojushi Bestiarius VOL. 4, Shogakukan 2013.
Edición nacional/ España: Milky Way Ediciones 2017.
Guión: Masasumi Kakizaki.
Dibujo: Masasumi Kakizaki.
Traducción: Marc Bernabé.
Formato: Tomo manga rústica con sobrecubierta 172 páginas.
Precio: 8€.

 

Masasumi Kakizaki quiso probar suerte en el mundo del shônen con Bestiarius, una obra que partía de la interesante premisa de un Imperio Romano en el que humanos y subhumanos luchaban a muerte en las arenas de gladiadores al mismo tiempo que convivían tensamente en las provincias más alejadas la capital imperial. Con muchos altibajos Kakizaki ha ido sacando adelante la serie hasta este cuarto y por el momento último tomo que nos ocupa hoy. Y de nuevo, el tomo par parece reportar una mejoría respecto al impar anterior, ya que el mangaka es capaz de introducir personajes nuevos algo más interesantes a los que nos tiene acostumbrados y una historia algo más sólida y entretenida, aunque igualmente repleta de obviedades y bastante predecible.

El tercer tomo concluía con la liberación de Elaine, Arthur, Pan y Galahad del anfiteatro de Roma gracias a la intervención de los imbatibles Finn y Durandal, que una vez más aparecían de la nada para salvar el día. Tras esta intervención todos se van en un final de “fueron felices y comieron perdices” a Britania, a la pequeña aldea de los muchachos cerca del Valle de Hebden donde instauran una comunidad mixta de humanos y subhumanos que conviven en paz y armonía. Con esta historia aparentemente cerrada, el cuarto tomo abre con una espectacular batalla entre la Legión romana y unos lagartos humanizados en los bosques de Germania. Uno de los centuriones que dirigen la batalla es Lucius Diasu, un soldado enteramente leal a Roma, pero demasiado honesto para poder enfrentarse a la cruda realidad de la campaña. Y es que cuando Lucius pregunta al líder de los lagartos porque no pueden convivir en paz con ellos, este subhumano le contesta que los causantes de la guerra no son otros que los humanos enviados por el malvado emperador Domiciano. Pese a sembrar la semilla de la duda en Lucius, el comandante Soronius remata al lagarto e insta a Lucius a quemar los bosques para impedir que huya algún enemigo, algo que debe cumplir para demostrar la lealtad y ayudar a Soronius a ascender a senador a su vuelta a Roma.

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Pese a que Lucius es un hombre sencillo y su único deseo es volver a su casa con su mujer y su hijo, su buen hacer en la campaña germana le reporta un ascenso a la guardia pretoriana de Domiciano. Una recompensa que resulta ser un regalo envenenado: debe acompañar al emperador a Britania para ayudarle a erradicar junto a 1200 legionarios una aldea rebelde que esconde a subhumanos que planean asaltar el Imperio. Obligado por su nuevo cargo, Lucius no tiene más remedio que viajar al oeste. Mientras tanto, en Hebden, Arthur y sus amigos han conseguid edificar un oasis de paz dentro del estado general del mundo, con los subhumanos siendo cazados y erradicados de todas las provincias. Allí, humanos y bestias colaboran para sacar adelante su medio de vida, con ayuda ocasional de Finn y Durandal, que siguen viviendo en el valle. El nivel de vida y felicidad es tal que la propia Elaine se ha quedado embarazada de Arthur y esperan un hijo que todo el pueblo espera con ansia. Pero como ha demostrado otras veces Bestiarius, la alegría no dura para siempre y Arthur, en una excursión en busca de recursos con un pequeño subhumano llamado Chiko, descubre con horror la gran columna de soldados con el emperador y Lucius al frente en busca de su aldea.

En un acto de sacrificio sin igual, Arthur intenta comprar tiempo para Elaine y sus amigos y vecinos y decide emboscar el solo a la Legión mientras Chiko avisa al pueblo y Durandal y Finn evacuan a las máximas personas posibles. Contra todo pronóstico, Arthur consigue aguantar las acometidas y finalmente llega a la altura de Domiciano y Lucius, con el objetivo de descabezar al ejército y provocar su retirada. Aterrado, el emperador cae de su caballo y se desmaya mientras que Lucius hace gala de su responsabilidad y continúa luchando contra Arthur a pesar de insistir en que no tiene porque acabar mal. Tras una épica batalla, Lucius resulta herido y es atendido en la aldea de Hebden, donde descubre que la realidad no es como la pintan desde Roma y que los subhumanos pueden ser igual o más bondadosos y generosos que los propios humanos. Con su escala de valores puesta patas arriba y todo en lo que creía y a lo que debía lealtad roto, Lucius vuelve de incógnito a Roma. Allí descubre que le han dado por muerto y todo el mundo abusa de su familia por considerarle un cobarde, por lo que acude en presencia de Domiciano y Soronius para explicarles la realidad de los subhumanos e instarles a acabar con su genocidio. El emperador escucha su petición y le asegura que juntos buscaran una solución pacífica al conflicto, pero en realidad no es más que una trampa más. Lo que en realidad quiere es reabrir las arenas de lucha para enfrentar a Lucius con un enemigo que supera todas las expectativas: el general cartaginés Aníbal Barca, que no murió tras la destrucción de Cartago y ha sido prisionero de Roma durante 300 años convertido en un horrible gigante.

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El cuarto volumen de Bestiarius sigue bebiendo mucho de la cinematografía. Ya en la escena de apertura tenemos un paralelismo con el arranque de Gladiator y su famoso “a mi señal, ira y fuego” en los bosques germanos, pero cambiando a las tribus bárbaras por unos lagartos salidos del mejor sueño del Doctor Connors. Pese a que como decimos, la serie sigue moviéndose entre clichés y tramas repetitivas y, sobre todo, predecibles, es justo decir que la introducción del personaje de Lucius Diasu es todo un acierto por parte de Kakizaki, ya que por primera vez tenemos un personaje que, sin ser gris, cuestiona en todo momento su moralidad y la legitimidad de las cosas que hace, y se encuentra en profundo conflicto interno entre su lealtad al Imperio y hacer lo correcto. Además es también el primer personaje romano que tiene un papel protagónico sin ser del todo uno de los “malos”, algo similar a la aparición de los asesinos subhumanos de Germania del tomo anterior, indicando que no todos los romanos son malos, ni todos los subhumanos buenos. Aun así, es obvio que la obra sigue moviéndose argumentalmente gracias al tratamiento de temas como el no dejarnos llevar por las apariencias, la necesidad de empatía, el valor de la amistad y el amor, o incluso la importancia del orgullo y ser fiel a uno mismo y a los suyos. Por otro lado, el tomo también envía un mensaje claro, que la historia la escriben los vencedores.

Kakizaki establece un paralelismo enorme entre el Imperio Romano (al menos el representado aquí en Bestiarius) con el nazismo, con un Domiciano desquiciado y megalómano buscando el holocausto de todos los subhumanos, que son recluidos en las arenas y en las minas para matarlos y exterminarlos de raíz. Y al mismo tiempo enmascarando lo reprobable de sus acciones gracias a la propaganda racista del miedo y el odio a lo diferente. En el otro lado tenemos la aldea de Arthur, Elaine y compañía, a los que Kakizaki otorga un comportamiento un tanto naíf. Con todo lo que han vivido y sabiendo la vena vengativa de Domiciano, siguen soñando con una utopía de paz en la que la gente no empuñe espadas y en la que reine la armonía y el respeto. Al menos Finn y Durandal podrían haberles advertido de que no descansaría hasta acabar con ellos. Al final, esta inocencia y este sueño solo es una manera de provocar que se precipite el sacrificio de Arthur, que a su vez sirve para inspirar a un Lucius que se ve obligado moralmente a mantener viva la memoria y el sueño de Arthur y los suyos.

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La historia está bastante mejor narrada que en el tomo anterior, aunque como siempre queda la sensación de precipitación y de improvisación por parte de Kakizaki. Quizá si pretende mantener la serie por varios tomos más debería sentarse y plantear unas líneas argumentales maestras y dar más tiempo a momentos como la infiltración de Lucius en Roma estando aparentemente muerto o darnos a conocer algo más de la vida de Finn y Durandal en el valle y no ser siempre el deus ex de turno. La trama no es mala, pese a ser predecible en su mayor parte, pero con algo más de paciencia podría quedar más redonda y que esos valores a los que apela el libro calen más en el lector. Por otro lado este volumen soprende gratamente por el uso en su favor de la historia romana con la mención a las guerras púnicas y la introducción del personaje de Aníbal Barca, aunque en forma de bestia. Es algo que no te esperas para nada y que a todo amante de la historia le dejara un buen sabor de boca, pese a que es algo extraña la transformación del general en gigante capaz de sobrevivir 3 siglos y no parece que se le vaya a dar ninguna explicación. En resumen, la historia de este tomo está mejor construida y mejor narrada, con unas escenas de acción más espectaculares y dinámicas que redundan en un gran ritmo que hace perdonable la eterna queja sobre los clichés en los guiones de Kakizaki.

Si bien Kakizaki no es muy buen guionista que digamos, donde no podemos poner nunca queja es en el dibujo. En este tomo se agradece mucho el cambio de localizaciones, dejando la mayor parte del tiempo la metrópolis romana para asistir a un espectáculo natural en los valles, bosques y montañas de Germania y Britania. El ambiente de esas zonas está muy bien conseguido y ayuda a aportar el tono algo más oscuro, épico y desesperanzador que tiene este tomo. Por otro lado, las escenas de acción, como siempre espectaculares, están mejor construidas y medidas, llevando bien el tempo de la pelea y con unos grandes planos en los que Kakizaki acierta más que nunca en qué mostrarnos y cómo hacerlo. Estamos posiblemente ante el tomo con mejores ilustraciones en splash pages simples y a doble página, con un dominio absoluto de la iluminación, el volumen, el apartado atmosférico y el dinamismo, además de demostrar una gran criterio de elección en cuanto a dónde colocarlas en la composición para dar más valor al clímax.

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Una de las cosas que más sorprende en este tomo es la mención al casi total exterminio de los subhumanos, algo extraño teniendo en cuenta que la idea inicial del autor era hacer un manga de peleas en el que las bestias tuviesen el protagonismo. Y eso se nota en los diseños y los monstruos, algo menos inspirados y con pocas apariciones. Al final del tomo hay una anotación de Kakizaki respecto al diseño que parece explicar esto, y es que el mangaka reconoce que tiene muchos problemas a la hora de imaginar y crear nuevos monstruos y personajes no humanos, y que a lo que da más valor es a la ambientación del manga en la Antigua Roma. Quizá por eso en este tomo ha optado porque el nuevo “monstruo” esté totalmente relacionado con la historia de Roma y tenga una apariencia más humana. Es posible por tanto que en los próximos tomos veamos una historia con más humanos y menos monstruos, cambiando totalmente la idea original de la obra, lo cual puede aportar más frescura argumental pero a la vez restaría espectacularidad a uno de los grandes atractivos de Bestiarius, que eran los diseños de Kakizaki. Veremos que decide su creador para la segunda parte de este “Libro del Orgullo”, como se llama este nuevo arco de la obra.

Este último tomo de Bestiarius sube un poco el nivel respecto al algo decepcionante tercer volumen. La historia sigue siendo manida y arquetípica, a menudo previsible, pero la introducción de nuevos personajes y el giro final con la aparición de una leyenda de la época de la Antigua Roma da un poco de aire al argumento. Igualmente, la mejoría en la construcción y composición de los tramos de acción, mucho más dinámicos y asombrosos, hacen que la lectura sea mucho más entretenida y se haga menos pesada e insatisfactoria. La serie de Bestiarius aun sigue abierta en Japón, y no sabemos en qué momento llegará el quinto tomo, si será el que cierre la serie o no… Hay muchas incógnitas en torno a la obra, que sin embargo sigue siendo interesante para los aficionados a su ambientación y por su genial apartado artístico.

  Edición original: Tojushi Bestiarius VOL. 4, Shogakukan 2013. Edición nacional/ España: Milky Way Ediciones 2017. Guión: Masasumi Kakizaki. Dibujo: Masasumi Kakizaki. Traducción: Marc Bernabé. Formato: Tomo manga rústica con sobrecubierta 172 páginas. Precio: 8€.   Masasumi Kakizaki quiso probar suerte en el mundo del shônen con Bestiarius, una obra…

Valoración Final

Guión - 6.5
Dibujo - 9
Interés - 7.5

7.7

Los tomos pares parecen traer suerte a Kakizaki, que sube un poco el nivel de la serie con un nuevo rumbo marcado por los nuevos personajes. Argumentalmente predecible pero entretenido, destaca y mucho en el apartado artístico y por unas batallas épicas.

Vosotros puntuáis: 8.2 ( 1 votos)
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