B.P.R.D. Hell on Earth

Por
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Edición original: Dark Horse
Guión: Mike Mignola, John Arcudi
Dibujo: Guy Davis
Color: Dave Stewart
Formato: rústica, 144 págs.
Precio: 19.99$

 

(¡Ojo! Esta reseña comprende los volúmenes New World, Gods And Monsters y Russia, material en parte aún por publicar en España)

B.P.R.D. es un rara avis en el mercado del tebeo norteamericano. Una serie nacida como spin off de un éxito de culto, que ha alcanzado unas cotas de calidad superior al del título padre. Y es que en ésta encontramos algo muy cercano a las series de TV de alta calidad: personajes tan bien definidos que parecen personas, tramas y subtramas que se desarrollan a lo largo de gran cantidad de números, situaciones que aparecen siempre con una finalidad, con la intención estudiada de crear expectación, puntos de enganche a través del drama interno de unos personajes que van cambiando, evolucionando, cuyo status quo no es una broma de la continuidad –tipo Marvel o DC, donde todos sabemos que no hay cambios drásticos perpetuos, ni muertes que tomarse en serio- Aquí, todo parece cercano, real, verosímil dentro de su propio universo de fantasía. Johan Krauss me ha provocado momentos de mayor empatía que todo el elenco de personajes de Gotham City en toda su trayectoria. Kate Corrigan aún está esperando que la invite a un café y le conteste los twitters. Abe Sapien aún sigue sin aceptar hacerme la entrevista. No es que me haya vuelto tarumba –bueno, quizás sí-, es que el grado de cercanía y precisión de cincel en la creación y evolución de estos personajes a lo largo de estos cerca de cien números de serie ha llegado a cotas inauditas en el tebeo yanqui, hasta el punto que el lector puede llegar a tenerlos muy cerca.

Así pues, el nivel de coherencia y mimo con el que Mignola y Arcudi han tratado esta colección es digno de toda alabanza, tratando a su público con el respeto del agricultor que no quiere sino sacarle el mayor partido a su plantación de patatas. Y que con el deseo de que estas patatas no sean sólo un alimento pasajero, logra crear fidelidad hacia su producto. Y vaya si lo han logrado.

Pero no sólo de coherencia vive el lector. El hecho de que el equipo creativo se haya mantenido constante a lo largo de tantos números es otro de los elementos a favor de la serie. Tras su también larga trayectoria en la magnífica Sandman Mystery Theatre -¿a qué esperas para hacerte con ella? ¡corre, que la están saldando!-, un Guy Davis pletórico definió el aspecto visual del título de manera harto específica y personal. El trazo sucio pero vibrante, la expresividad por encima del espectáculo –que también lo hay-, la atmósfera por encima de la pulcritud, aspectos todos estos más cercanos a un saber hacer europeo que al estilo botarate y cojo, habitual de los artistas norteamericanos más Hot, víctimas de poses y postureos, incapaces de crear individuos, sino clones inamovibles de anatomías imposibles y articulaciones atrofiadas. Aquí, el trazo de Davis es de todo menos infantil. La composición de sus viñetas destila sabiduría, gusto, elegancia y sobretodo intuición y conocimiento para contar una historia. Sus personajes sienten, dudan y sufren, pero también sonríen, se excitan y se ruborizan. El lector lo percibe a base de sutilezas en los gestos, en las miradas, perfectamente dibujadas. Gracias a la pluma de Davis, sus individuos se saben sentar, tomar un café, andar, conmover y conmovernos, pues el dibujante logra estampas plausibles en un entorno ficticio. Algo que aunque parezca increíble no es la norma en el tebeo estadounidense, donde lo común es abrir un tebeo y observar cómo el dibujante famoso de turno es incapaz de lograr que sus personajes hagan algo más que posar y morder mandíbula. Y es que a mi modo de ver, desde una perspectiva totalmente personal, Jim Lee y sus secuaces hundieron la estética y narrativa del cómic americano en los noventa y han regresado con fuerza para volver a hundirla. Y si no, abrid el Previews y temblad, jóvenes, temblad.

Gracias a los dioses, B.P.R.D. es una isla en medio de un océano de terrores visuales. Y de otro tipo de terrores visuales se alimenta la serie: aquellos pergeñados por la mente viscosa del propio Davis, quien bajo la batuta del maestro Mignola, ha sabido desarrollar sus habilidades como diseñador de pesadillas para entregarnos criaturas del todo particulares, creando con acierto un universo de horror totalmente reconocible. Y es que como demiurgo de atrocidades, Guy Davis no parece tener parangón. Con los pies en Lovecraft y el alma nadando bajo los pliegues del cerebro de un Rob Bottin puesto de ácido, el británico disemina la serie de unas criaturas desagradables, tremendas en su imposibilidad, casi obscenas, que te agarran los párpados y te fuerzan a mirar. Otro hurra por el buen hacer del creador de The Marquis.

Pero vamos al grano. Después de esta larga loa a los números que preceden, después de una saga que duró la friolera de quince volúmenes, ¿qué de nuevo tienen que ofrecernos Mignola and Co.? ¿Por qué el cambio de nombre de la serie? ¿A qué viene ese subtítulo tan perenne como ominoso de Hell on Earth? Pues porque a eso se han atrevido. A ofrecernos la crónica, tanto micro como macro, de la llegada del Infierno a la Tierra. Después de lo acaecido en la saga de la guerra contra las ranas, todas las amenazas sobrenaturales que han ido plagando la trama se confabulan para recuperar el planeta para ellos. Un planeta que está destinado a evolucionar sin la raza humana, que por supuesto debe ser eliminada. O como mínimo, mutada. El fin del mundo llega así en forma de tremendas erupciones volcánicas o inmensos behemots que asolan ciudades enteras. La Agencia para la Investigación y Defensa de lo Paranormal se ve sobrepasada por la situación, por supuesto, mientras que sus propios miembros se ven sometidos a la presión de sus miserias particulares. Kraus sigue en su búsqueda ansiosa y egoísta de un cuerpo con el que poder recuperar sensibilidad humana. Abe debe soportar las sospechas de sus subordinados respecto a su posible papel mesiánico en el Apocalipsis que se avecina, al tiempo que empieza a sentir los efectos de una posible mutación mientras la Parca le hace una visita inesperada. Kate, abrumada por la burocracia, debe lidiar con liderar un equipo de mentes bizarras, viendo peligrar su relación amorosa, único bastión de cordura en medio de semejante momento. Al tiempo que algunos viejos personajes reaparecen –no os lo cuento, spoiler free zone-, otros nuevos hacen acto de presencia- y parece que han venido para quedarse. Desde una niña con habilidades clarividentes, cuyo peso en la historia parece que va a ir creciendo, hasta el director de la agencia ocultista rusa, cuya cercanía con Johann provocará más conflicto del esperado.

Y si unos llegan, otros se van. Guy Davis abandona la serie en manos de un Tyler Crook que va ganando en habilidad según pasan los números. Su trazo, más limpio que el de su antecesor, bebe de fuentes de línea clara europea, pasadas por el filtro de un Tomine alocado o incluso del Clowes más mainstream. Salvando las distancias, eso sí.

Si no nunca te has acercado a esta serie, hazte un favor, trata de conseguir los tomos publicados por Norma, o agénciate los omnibus de Dark Horse y zambúllete en un universo particular y asombroso, de lo mejor que se publica por entregas desde hace unos años.

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I´m with a Skrull!
Lector
17 octubre, 2012 15:19

De verdad nadie se anima a comentar? aunque solo sea para agradecer semejante reseña; macho, has conseguido que me den ganas de acercarme a esto gracias a ese mimo a la hora de redactarla, a pesar que no esté de acuerdo en como inclinas la balanza en contra del dibujo americano de superheroes. la única duda que me queda es: ¿no tiene nada malo esta obra? en serio?

Cassidy
Cassidy
Lector
17 octubre, 2012 15:37

¿no tiene nada malo esta obra? en serio?

 

mmmm……no! xD

 

A mi me encanta, aunque como fan de Hellboy no soy muy objetivo. En algunos aspectos supera al propio Hellboy porque aqui los acontecimientos estan más ligados y todo transcurre de forma más orgánica.

 

Por cierto, felicidades por la reseña. En cuanto al tipo de dibujo, pienso que a cada género se le adecua más un tipo de dibujante o estilo que otro. No me imagino a Jim Lee dibujando Sandman por ejemplo, sin embargo en el género superheroico si me gusta su dibujo llamativo y espectacular.

Shinzaemon
Shinzaemon
Lector
17 octubre, 2012 17:07

 Debe ser uno de los mejores textos que he leído en esta página en mucho tiempo, lo que es yo estoy totalmente de acuerdo con los sablazos al cómic más mierdosamente mainstream y me voy a sumergir en B.P.R.D. ahora que Norma va a sacar los integrales.

chirripitiflautico
chirripitiflautico
Lector
17 octubre, 2012 18:16

    Yo tengo una pequeña duda con esta serie, y es que pasó de ser una de mis favoritas a hacerseme cansina con una guerra de ranas que para mi gusto se alargó demasiado.

    ¿mejora en algo al terminar la guerra?¿mantiene el mismo tono? porqué la verdad que el rollo este del infierno no es lo mío y viendo Hellboy y algun precedente tambien en BPRD temo que la historia de demasiada importancia al misticismo y olvide la base aventurera/cifi que a mí tanto me gusta (además de los geniales personajes)

     Para quien tenga dudas no puedo más que recomendar que pruebe esta serie, aunque para mi gusto mejor empezar por “Una plaga de ranas” que por el principio.

    Saludos!

batlander
batlander
Lector
18 octubre, 2012 12:54

Hola, yo estoy haciendo BPRD a traves de los integrales que van sacando y me gustaria saber; esto se supone que es la continuacion de Plage of Frogs? Es que mirando por Amazon parece que es una serie a parte o algo asi, ya que no comparte la misma numeracion y diseño de cabezera que los TPBs de BPRD anteriores.

valis
valis
Lector
21 octubre, 2012 12:04

 ¿Sabéis de cuántos tomos se compone esta última saga? Dudo si empezarla o no, porque como sea tan larga como la de las ranas…Gracias.