Asesino: crónica del final de un mito

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Hiroshi Hirata es uno de esos autores aclamados por la crítica, admirados por el público y cuya carrera ha ocupado un lugar importante en la historia del manga, pero al cual esta no ha correspondido sus méritos. Tal vez es el hecho de que toda su producción sean relatos de samuráis, o del Japón medieval en general, lo que lo haya encasillado de tal manera que esa crítica, ese público y esa historia lo estén olvidando poco a poco. Pero debemos hacer memoria por un autor así, uno de los mayores exponentes del gekiga, que recordemos es el término que Yoshihiro Tatsumi acuñó a finales de los cincuenta para referirse a un cómic que se alejaba de los estándares infantiles de la época. Desde que EDT dejó de publicar su obra, no ha habido otra editorial que se atreva o le interesen estos fantásticos relatos, y aunque disponemos de bastantes volúmenes de los que disfrutar, su obra es bastante más amplia de lo que sea ha visto en España, además de ser uno de esos autores que a pesar de su edad siguen trabajando y ofreciéndonos más historias a día de hoy. Ahora que en vísperas del Salón del Manga EDT ha relanzado Asesino a precio reducido, es un buen momento para hablar sobre esta obra y acordarnos de un autor que, aunque algo olvidado, ha sido admirado por autores tan importantes como Stan Sakai o Yukio Mishima.

Como Jordi T. Pardo ya habló en su día de ella, he intentado darle a esta reseña un toque distinto y analizar algunos detalles que en una reseña normal se pasarían por alto por ser menos importantes. Por eso mismo pienso centrarme de manera muy breve en los pormenores políticos y sociales que envuelven la obra para poder entender mejor un periodo difícil para Japón y la clase samurái, pero sumamente interesante para nosotros, tanto para nuestra faceta historiadora como para la que está en busca de buena ficción.

Mathew G. Perry (centro) fue uno de los responsables de la apertura de Japón.
Mathew G. Perry (centro) fue uno de los responsables de la apertura de Japón.

Hablar de samuráis o de una obra de samuráis es por lo general un hábito bastante poco preciso. Si hablamos de Los siete samuráis estamos hablando, valga la redundancia, de un relato de samuráis, sí, pero si nos fijamos es una película situada en el siglo XVI; la leyenda de los 47 rônin, de la que se han servido cientos de veces como base para hacer películas, cómics o novelas, sucedió a principios del siglo XVIII, y Harakiri, la película de Masaki Kobayashi, nos cuenta la historia de un samurái que comente el seppuku en el siglo XVII. Por lo tanto, no podemos hablar de samuráis sin especificar una época, pues estos estuvieron presentes en la cultura japonesa desde el siglo X hasta finales del XIX.

Si hablamos de manga, una de las obras que más se acerca al periodo del que data Asesino es Ruroni Kenshin, que no pocos conocerán. Asesino comienza en 1862, pocos años antes de que se instaurase en 1878 la “ley de desarme” que prohibiría a los samuráis portar katanas. El mítico guerrero Kenshin, creado por Nobuhiro Watsuki, inicia sus andanzas precisamente en ese año en el que se prohíbe la posesión de armas. Es ese un momento clave en la historia japonesa. Ieyasu Tokugawa, el famoso shogun del que ya hablé el otro día, estableció en 1639 tras su ascenso al poder un cierre hermético que prohibiría a Japón el comercio y contacto con otros países. De este modo se garantizó durante dos siglos y medio la paz, pero se condenó al país a un estancamiento en su desarrollo, que impediría su avance tecnológico pero también social, pues se mantuvo durante todo ese tiempo el sistema de castas que favorecía a las clases superiores: la clase samurái.

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La época en la que empieza Asesino, por tanto, es una época de cambio, pero también de guerras y facciones: por un lado, el Bakufu, contrarios a la modernización del país y a favor del modelo de gobierno que Tokugawa instauraría 250 años antes; por otro lado, están los guerreros Ishin Shishi o Guerreros de la Restauración Imperial, que estaban a favor de la modernización y el retorno del emperador al poder. Asesino empieza en 1862, el año del asesinato de Tôyô Yoshida; es decir, en mitad de los enfrentamientos que conducirían en 1868 a la victoria de la facción anti-bakufu; una época de guerras y lucha civil que enfrentaron a los defensores de los ideales pasados contra aquellos en busca de la modernización.

Izô Okada (1832-1865).
Izô Okada (1832-1865)
Hay en estas páginas dos elementos fundamentales a la hora de entender la obra. El primero es el propio protagonista: Izô Okada, un campesino pobre que no recibió educación y cuyo único talento fue su habilidad con la espada. Okada fue un personaje que vivió en una época que no le correspondía; su gran habilidad era un arte en extinción, y su final no es más que la confirmación de su destino y el de Japón. Fue uno de los cuatro hitokiri del Bakumatsu, asesinos a sueldo bajo las órdenes de una facción extremista defensora de la Restauración Imperial. Okada creyó en los nuevos valores que se establecerían en Japón, aquellos que llevaba consigo la modernización del país y por los cuales cualquier hombre, fuese de la casta que fuese, tendría derecho a prosperar. Okada creyó en ese ideal y luchó de la única manera que supo: asesinando con su espada a todos lo que se oponían a ello.

El otro elemento importante en la historia aparece tan solo en tres viñetas: una pistola que utilizan en un momento dado para amenazar a Okada. Este momento es importante por lo sorprendente que es; la aparición de un arma de fuego en un relato de samuráis parece un anacronismo, pero en realidad es la confirmación de que el cambio se está produciendo en Japón. Izô Okada, a pesar de estar a favor de ese cambio, es hijo de otra época en la que las artes clásicas se imponían a la modernización. Que además se use esta arma contra Okada representa con mayor exactitud la aparición del cambio: Okada, un ente del pasado, se enfrenta indefenso al poder del futuro. Es una lucha que se le queda grande, y su final, ejecutado, será el único posible. Otra escena que muestra muy claramente este cambio de época la podemos encontrar en las primeras páginas, cuando Okada intenta vender una armadura de samurái heredada, un auténtico tesoro según él, una basura según el tendero que rechaza comprársela. Okada se aferra a lo único que tiene, su herencia del pasado, para sacar algo de dinero, pero se encuentra con un cambio de valores que no tiene miramientos con su situación.

Asesino no es lo mejor de Hiroshi Hirata; carece de la fuerza de otras historias como Satsuma Gishiden o sus relatos del volumen Héroes Anónimos, y está a mitad de camino entre el estilo que adquiriría en esa época y el algo más simplón que utilizó años antes en obras como Zatoichi. Pero la importancia de esta obra y el interés para el lector, sobre todo para el lector occidental interesado en la historia japonesa, reside en el contexto: una época en plena transición, de cambio de valores, de guerras y asesinatos. Hombres que como Izô Okada se encuentran en medio de esos dos valores, víctimas de la transición. Asesino es sublime como representación de esta época. Los clanes Satsuma y Chôsû se hicieron con el poder que antes acaparaba el shôgun, y este manga muestra cómo la lucha por un ideal u otro no son a veces más que la lucha por el beneficio propio. Okada fue un asesino, un terrorista político que luchó con convicción porque no supo hacer otra cosa; engañado y utilizado por un poder superior que lo desechó llegado el momento. Hiroshi Hirata lo sabía, y aquí nos cuenta su historia como un paralelismo a la historia de los samuráis: una historia de un hombre que no supo o no pudo adaptarse a los nuevos tiempos.

Hiroshi Hirata es uno de esos autores aclamados por la crítica, admirados por el público y cuya carrera ha ocupado un lugar importante en la historia del manga, pero al cual esta no ha correspondido sus méritos. Tal vez es el hecho de que toda su producción sean relatos de…

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Guión - 6
Dibujo - 7
Interés - 8

7

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AlbierZot
AlbierZot
Lector
31 octubre, 2014 11:31

La pluma salvaje de Hirata. Inconmensurable autor, una puerta abierta de par en par al Japón medieval.

dhaldon
dhaldon
Lector
1 noviembre, 2014 14:08

Yo me lo leí ayer y la verdad me ha parecido confusa por momentos, con tantas referencias a partidos y facciones políticas de la época, pero en conjunto es una buena historia de un pobre hombre que no entiende el mundo en que le ha tocado vivir ni su lugar en el, y por 6 euros merece la pena. También me compre Zaitochi, del mismo autor, que aun no me he leído pero me ha sorprendido el cambio de estilo en el dibujo, parecen dos dibujans distintos.

wizard
wizard
Lector
1 noviembre, 2014 20:53

“El otro elemento importante en la historia aparece tan solo en tres viñetas: una pistola que utilizan en un momento dado para amenazar a Okada”.
Pues la verdad don Javier, no entiendo por que dices que es un elemento importante, ya que cualquiera que lea manga sabe que un pistolero no tiene nada que hacer contra un maestro espadachín, porque, podría desviar las balas con su katana sin problemas XDDDD.
Bromas aparte, lo que me suele echar para atrás en este tipo de mangas es la cantidad de datos históricos y momentos importantes en la historia del Japón feudal, aparte de innumerables clanes, señores feudales, shogunados, etc, y me suelo perder casi siempre por mi total desconocimiento de ellos, y eso, en definitiva es lo que me mantiene alejado de grandes obras como esta y otras del estilo como las que mencionas