Es interesante como el arte puede ser un fiel reflejo de la realidad. O incluso ese espejo, más o menos distorsionado de nuestra existencia, puede incluso llegar a predecir algunos de los hechos que se darán en el futuro. La política que se nos plantea en Este del Oeste, cada vez me recuerda más al mundo real, en el que grotescos monstruos sin alma nos gobiernan mientras hacen negocios con esa gente que llama enemigos y que agreden de forma constante los derechos fundamentales de las personas que los votan de forma constante y sadomasoquista, en una estructura social que parece pedir a gritos una eutanasia.
Si obviamos todos los detalles fantasiosos y artificiosos, que no son pocos (y sirve, sin lugar a dudas, para enriquecer el mundo y hacerlo más rico y estimulante) y nos quedamos con la capa principal, nos quedamos con un mordaz mensaje en contra de las conspiraciones de las élites políticas cuyas intenciones son explícitas en este caso.
Todos sirven para los jinetes del apocalipsis, con lo que se subraya están ahí para acabar con el mundo, los políticos son destructores, no creadores, exterminadores, no salvadores. Y están en conflicto constante entre unos y otros, lo cual conduce de forma irremediable a una ansiada guerra que supone uno de los puntos fuertes de este tercer tomo, el detonante de esta.
Tenemos probablemente la que sea el cónclave más tenso e intenso de la serie. Creo que es un buen planteamiento de cómo comienza cualquier guerra. Ha habido una escalada de tensión previa, pero si atendemos a como está planteada la escena dilatada del conclave, vemos perfectamente que funcionaría perfectamente si aislásemos esa pieza. Y es que si forzamos a reunirse a personajes con motivaciones e implicaciones potentísimas que chocan entre ellas en una misma sala, es evidente que es una bomba a punto de estallar, y que tan solo se necesita un pequeño evento que encienda la mecha. Y con todo ello, llegamos a un miniclimax en el que
Donde sí noto algo más de irregularidad es en los siguientes números, en los que, tras la impactante conclusión del precedente tomo, Muerte tiene que hacer frente al brazo ejecutor que truncó sus planes. Si bien, también son unos números a los que se les dota de un enfoque particularmente convencional (tal vez demasiado) si nos atenemos en los términos sobre los que suele navegar esta serie.
Sin lugar a dudas, de todos los giros que narra, respecto a esta segunda trama que recoge este tomo, seguramente sea en el que sucede en el último número donde mayor interés dramático y potencialidad se produce (porque todo lo que tiene que ver con Muerte, poco le ha hecho avanzar como personaje ni tampoco su trama). Sin embargo, en el último número (como si de una temporada de Juego de Tronos se tratase) hay una sorpresa de gran impacto y que, sin lugar a dudas, también va a marcar el devenir de ese personaje. Y es que su hijo, finalmente ha “despertado”, y al fin comienza ser verdaderamente un personaje y no un recurso de la trama.
La labor de
Por otro lado, la labor de
La edición de Norma Editorial, aparte de los cinco números y sus separaciones y páginas introductorias (arquetípicas en la obras de
Concluyendo, tenemos este tercer números tenemos una serie de números en el que el guionista pone el freno para estudiar cosas que no le había dado tiempo hasta ahora. Sin embargo, los hechos se siguen sucediendo, y la historia, aunque no tenga demasiada peripecia, sí que dan unos giros y avances muy significativos de lo que está por venir. La guerra ha comenzado. Y puede que sea la última.








