Edición original: Absolute Batman #1-#6 USA (DC Comics, 2024-2025)
Edición nacional/España: Absolute Batman #1-#6 (Panini Comics, 2025)
Guion: Scott Snyder
Dibujo: Gabriel H. Walta y Nick Dragotta
Entintado: Gabriel H. Walta y Nick Dragotta
Color: Frank Martin
Traductor:: Santiago García
Corrector: Enrique Acebes y Marcos Muñoz
Diseño y rotulación: Fanhunter, Nuria Moreso y David Carro
Formato: Grapa. 24 páginas. 3,30 €

Aviso de Spoilers: Este comic no está absolutamente libre de Spoilers, avisado estás.

Trepidancia

«Tío, solo soy un niño.»

Finaliza el primer arco de Absolute Batman (Zoo) un mes más tarde que sus compañeras de publicación (WW y Superman) ya que en la colección del murciélago nos encontramos con un fill-in dibujado por Hernandez Walta y así Dragotta puede mantener un cronograma que le permita cumplir con las fechas que DC tiene planificadas.

Este arco supone la presentación de Batman como nuevo defensor de Gotham. Conoceremos a Bruce, a Alfred, a Martha, a Jim, a Bullock y a la panda de amigos de Bruce (que en nuestro universo habitual son mayoritariamente su galería de villanos).

Zoo hace referencia al lugar donde nació Batman (no Bruce) ya que allí murió su padre heroicamente en un tiroteo masivo. El murciélago nace en cautividad pues se trata de un héroe urbano. Snyder nos lo pone fácil.

Tenemos a un Bruce atormentado, canallesco, mucho más cercano a los bajos fondos, a demostrar su rebeldía con una ciudad corrompida dirigida por una elite corrupta. Desconfianza absoluta contra las autoridades y las élites de una Gotham de pesadilla.

Se plantea de dónde saca un “working class hero” como este Batman el dinero para lucir un tanque como Batmóvil y la moto de Akira, además de los cachivaches de su traje (¿le podemos llamar ya armadura?) … la serie pero no va de eso. Las respuestas son de trazo grueso, esto va de acción.

batman absolute

Acción brutal, extrema, descomunal, trepidante…. y muy, muy exagerada.

Absolute Batman bebe directamente del manga y la exageración es la norma. Empezando por el antagonismo del repugnante Máscara Negra y sus alocadas e hiperviolentas huestes. La violencia de las bandas es heredera de los mutantes de DK. No hay motivación más allá del mal por el mal. 0 empatía.

Snyder sube la intensidad. La crueldad de los Party Animals (así les llaman) es más punzante que las de los secundarios de la obra de Miller. Es tan exagerado que parece que no haya fin, llega a ser un punto paródico (atentados contra guarderías, por ejemplo)

El nivel de asco que genera el villano es directamente proporcional a la intensidad de las peleas y a la crudeza que muestra el propio Batman que aquí mutila, amputa, hiere, rasga, corta… sin freno… matar no mata, pero bueno. Está claro que Snyder pone el límite mucho más allá de lo habitual.

Dragotta dibuja unas escenas de acción que en algún momento parecen cómicas (el espagat-doble patada, el kick-off al animal enano…) pero que sobresalen como lo mejor del tebeo. La presencia de Batman es tremebunda, es una apisonadora irreal de músculos que se sale de las viñetas, que hace temblar las páginas por la violencia de las hostias tortas que reparte.

La apuesta es fuerte porque ya sabemos cómo acabará la cosa. La chulería y (presunta) invulnerabilidad de Sionis son un tour de force de antagonistas marisabidillos que siempre tienen una respuesta ingeniosa para todo hasta el clímax final y enésimo gadget ultraviolento del traje.

En paralelo a la trama que supone derrocar a Máscara Negra tenemos los flashbacks que nos explican que hizo que Bruce se convirtiera en Batman. Se agradece que una cosa explicada mil veces sea descomprimida y funcione en paralelo. Snyder no está para soltarnos la chapa, si no que busca pisar gas a fondo.

También conocemos el entorno de Bruce con sus amigos/compinches/compañeros de poker, la relación amistosa y crepuscular de Martha Wayne y Jim Gordon o el enésimo Alfred experto en operaciones especiales.

Un entorno lleno de macarrismo, dureza emocional, silencios, ceños fruncidos e “ingeniosos” diálogos de comic con guiños al legado de los protagonistas.

Los personajes son construidos a hachazos, con la profundidad de un plato de ducha y aglutinando tópicos… pero funciona, porque el cómic no va de eso. No busca reconstruir un personaje si no modernizar un ideal que estaba encontrando sus dificultades en el mundo actual. A Batman le encaja mucho mejor ser un héroe de la clase obrera que un multimillonario con acceso a dinero ilimitado.

Además de mezclar a Batman con el manga desde un nuevo punto de vista.

Muchas cosas ya las hemos visto. La dureza a lo Charles Bronson, la falta de comprensión de la mente criminal, los massmedia a lo DK, los mutantes, Alfred como supersoldado, hay cosas del Thor de Simonson también, desconfianza con la administración, cierto tufillo fascistoide en el comportamiento de un Batman ultraviolento… pero Snyder no disimula porque Snyder es un DJ que coge de aquí y de allí para montar una fiesta. Y desde luego que monta una, y tremenda.

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Esto no es un cómic. Es puro entretenimiento, pura adrenalina, dinamita, testosterona a tope… un producto sintetizado, licuado hasta su expresión más precisa. En su género es un producto perfecto. Da lo que promete, no hay falsas expectativas, no engaña.

Por otra parte, está el fill-in de Walta. Se agradece y mucho que si hay que cambiar de dibujante este esté al nivel del (o supere al) titular. Se trata de una historia auto conclusiva de este Batman absoluto en el que nos explican cómo empezó su carrera contra el crimen.

Volvemos al Snyder “reciclator”, que nos recuerda a otra cosa con el Batman titubeante y patoso de sus primeras aventuras, aunque lleno de odio y rencor… como el de Tierra Uno, donde también había un Alfred agente secreto de la reina o similar. Emociones sencillas, fáciles, explicadas de un plumazo. Y a otra cosa.

Cerramos pues el primer arco de una colección explosiva y violenta, de trazo grueso, con pocos matices, que nos sintetiza un Batman heredero de mil tradiciones. Una lectura ágil y burbujeante. Grapas que se devoran en un suspiro, por su capacidad de síntesis y por su frenesí. Uno pasa más tiempo leyendo los textos de apoyo de Panini que ayudan a ampliar los conocimientos sobre DC que las páginas de Snyder. Y esa es su virtud.

Es un cómic perfecto para leer en grapa.

Con el fin del primer arco tenemos otro fill-in (de dos números) con un enorme dibujante invitado: Marcos Martín.

Lo mejor

• El ritmo.
• El número de Walta.
• Es puro entretenimiento.

Lo peor

• Es inevitable verle un punto paródico.

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