El poder de la letra impresa o cómo un gran poder conlleva una gran responsabilidad, por Alejandro M. Viturtia

No hace tanto tiempo, cuando recabar datos sobre obras, autores y ediciones era una tarea artesanal (sino titánica) me encontraba a menudo con referencias a productos que no existían. Y sabía que no existían después de una ardua investigación. Pero ¿de dónde salían estas referencias? Pues en más de una ocasión el origen estaba en un error de picado en un artículo o una confusa maquetación en un listado. Hasta ahí no hay nada nuevo; esas cosas pasan. El verdadero problema venía cuando en artículos posteriores, autores menos cuidadosos tomaban ese dato erróneo como correcto sin cotejarlo. Y como eso sucedía en varias ocasiones, ese dato erróneo, al aparecer en diferentes artículos se daba por correcto de una manera tácita. La situación llegó a un punto donde aquellas obras fantasmas que todo el mundo mencionaba pero nadie había visto nunca se convirtieron casi en mitos. Afortunadamente, el tiempo fue poniendo en su sitio las cosas, y esos errores se fueron aclarando. ¿Por qué pasaba esto? Pues por muchas y diversas razones pero detrás de todo esto se agazapa el poder de la letra impresa. Un dato erróneo impreso varias veces mediante un curioso mecanismo psicológico se nos antoja como verdadero mientras que si ese mismo dato en lugar de leerlo se nos hubiera comunicado de manera verbal, probablemente no nos parecería tan verdadero. Y es que no es lo mismo decir, “…he leído en…” que “…me han dicho que…”. Una actitud perfectamente normal.

Curiosamente, uno de los factores que más ha contribuido a eliminar este tipo de errores ha sido la aparición de Internet. Como mercado de ideas y comunicación a nivel global, Internet ha permitido que aficionados, investigadores, libreros, artistas, etc. al poder compartir información de una manera rápida, fiable e interactiva, listados, bibliografías, datos, etc. cada vez estén más contrastados y sean más fiables. Por eso siempre he defendido Internet y, sobre todo, la labor que desempeñan los blogs.

Comentario

Pero ese gran lado positivo a menudo se ve empañado por cierta tendencia que estoy detectando en algunos blogs. Y es la de confundir información con opinión o el dato contrastado con el chascarrillo de Salón (nunca mejor dicho). Ya lo he explicado en diversas ocasiones. No es que me importe que las reseñas sean cortas, o largas, positivas o negativas, oportunas o inoportunas. No. Evidentemente para hacer una buena reseña has de estar bien informado y ofrecer datos contrastados pero gran parte de las conclusiones son subjetivas. ¡Y eso es fantástico! Cada uno tiene (tenemos) diferentes sensibilidades, puntos de vista, filias, fobias, etc. Y poder compartirlas, debatirlas, analizarlas, etc, de una manera tan fácil e inmediata es valiosísimo.

Lo que me importa es cuando se abordan temas como la situación del mercado, los productos más significativos de un año o de una editorial, evolución de las ventas, etc. la subjetividad o los datos sin contrastar ya no valen. Y sin embargo no dejo de leer artículos de este tipo donde los gustos, anhelos e ideas propias de los que escriben son presentados como hechos. ¿Cuán importante es este problema? Sea cual sea el punto se vista o del tema que se trate pero yo creo que siempre es importante. Es importante porque esta información a veces trasciende a la prensa generalista y así me encuentro con situaciones tan surrealistas como las del primer párrafo. Por ejemplo, un aficionado escribe sobre la situación del mercado. Supongamos que lo hace basándose en un par de datos que le ha dado un editor en un Salón, un artículo de un blog y unos comentarios que le han hecho un par de libreros. Como, suponemos, es un tipo hábil, procesa esa información y la presenta de manera ordenada y coherente. Y lo que es más importante, sus conclusiones sobre las ventas, las políticas editoriales, los formatos o las licencias pueden ser del gusto de otros. De esta manera ese artículo empieza a correr por la web con la bendición de todos o casi todos. Llegará el momento en que periodistas o investigadores buscarán información y encontrarán ese artículo y lo darán por bueno. ¡Hemos cerrado el ciclo! Un artículo llena de errores y conclusiones falsas ha adquirido el rango de “verdad”.

Hemos vuelto a la misma situación que vivíamos veinte años antes. Y que nadie se engañe: eso no es bueno. Quizá deberíamos pedir más responsabilidad pero ese no es el problema. Estas situaciones no se hacen con mala idea o segundas intenciones; simplemente suceden. Pero sí lo que tenemos que pedir es más claridad a la hora de presentar hechos y diferenciarlos de las opiniones. Hasta que eso no sea nos costará no sólo analizar el mercado del cómic sino que nos tomen en serio.