Aviso de Spoilers: El artículo que sigue a continuación trata información de actualidad en Estados Unidos, por lo que puede desvelar detalles argumentales que todavía no han sido abordados en la edición española.

Cuando este 30 de septiembre llegue a las tiendas The Amazing Spider-Man #1000, buena parte de la conversación fandom no va a girar en torno a Peter Parker, ni a Ravage, el villano que promete protagonizar el enfrentamiento central del número, ni siquiera al aluvión de leyendas —Slott, DeMatteis, Bendis, Frank Miller— que firman las historias de aniversario. Va a girar en torno a una anciana de pelo blanco que, en el número anterior, terminó ingresada de urgencia tras un ictus. Y apostaría a que una fracción nada desdeñable de esa conversación va a tener el mismo tono de siempre: por fin, ya tocaba, a ver si esta vez se muere de verdad.

Llevo años viendo ese runrún cada vez que la tía May pasa por un mal trago editorial, y llevo años pensando que es de las opiniones peor fundamentadas que circulan sobre el universo Spiderman. Así que aprovecho la excusa perfecta —un número mil, una encrucijada vital para el personaje— para decir alto y claro lo que creo que hace falta decir: la tía May no es un lastre. Es, de largo, uno de los aciertos de guion más sostenidos de todo el mito arácnido, y buena parte del desprecio que arrastra viene de haber entendido mal para qué sirve.

El malentendido de fondo

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La objeción de fondo contra May casi siempre se resume así: es un personaje pasivo, frágil, que no aporta nada a la acción y que solo existe para meterse en líos y necesitar que la rescaten. Es una lectura que confunde no tiene superpoderes ni lanza golpes con no cumple ninguna función. Bajo esa vara, Jonah Jameson tampoco pintaría nada en el cómic, ni Mary Jane durante media docena de etapas en las que no hace mucho más que sufrir por Peter entre bambalinas. El error es medir a un personaje de apoyo con la regla de un superhéroe.

May Parker nunca fue concebida como pieza de acción. Desde que Stan Lee y Steve Ditko la crearon en 1962 como la tía sobreprotectora y enfermiza que vive con Peter tras la muerte de sus padres, su función narrativa ha sido otra: ser el ancla emocional que convierte a Peter Parker en alguien con algo que perder. Sin ella —y sin el tío Ben, claro— Amazing Fantasy #15 no tendría ninguna tragedia que contar, y la frase un gran poder conlleva una gran responsabilidad sería una vacía en lugar del motor moral de sesenta años de historias. La tía May, desde el minuto uno, es la responsabilidad hecha persona. Cuidarla, protegerla y mentirle sobre la doble vida de Peter es, literalmente, la responsabilidad que Peter Parker carga sobre los hombros cada vez que se pone la máscara.

Ese diseño funciona exactamente igual sesenta años después. Lo que ha cambiado —y esto es clave— es que los guionistas han ido añadiendo capas a esa función original hasta convertirla en mucho más que la señora que se preocupa en casa.

De la anciana de cartón a persona con agencia propia

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Durante buena parte de las décadas de 1960 y 1970, sí, May era un personaje limitado: frágil de salud, siempre a un paso del desmayo, motivo recurrente de angustia para Peter pero con poca vida propia en la página. Es la May que la gente recuerda cuando dice que estorba. El problema es que juzgar al personaje de 2026 con esa fotografía es como juzgar a Peter Parker por cómo se comportaba en los primeros números de Amazing Fantasy.

A partir de los 80 y sobre todo en los 90 y 2000, los guionistas empezaron a dotarla de biografía propia: su pasado con Ben, su breve y desastroso matrimonio con Nathan Lubensky, su relación con Doctor Octopus — quien se presentó formalmente como el doctot Otto Octavius— durante la etapa de Roger Stern, su papel activo dirigiendo un refugio de acogida en la etapa de J.M. DeMatteis. Es en esa etapa, precisamente, donde nace uno de los grandes momentos reivindicativos del personaje: el descubrimiento de que May conocía la identidad de Spider-Man desde hacía tiempo y había optado por callar para proteger a Peter, revelado con toda su fuerza dramática a mediados de los 2000. Ese giro no la convirtió en superheroína, pero sí demostró algo que los detractores suelen pasar por alto: May no es ingenua ni está ahí de adorno. Es una mujer que sabe más de lo que aparenta y que toma decisiones deliberadas, con las mismas cargas morales que cualquier protagonista. Ahí es donde se vuelve interesante hablar del Mefistazo.

El Mefistazo no es culpa de May

One More Day, la etapa de 2007 en la que Peter y Mary Jane pactan con Mefisto borrar su matrimonio a cambio de salvarle la vida a May tras un disparo, sigue siendo, con razón, una de las decisiones editoriales más contestadas de la historia de Marvel. Pero hay que ser justos con la distribución de culpas: la controversia es sobre el mecanismo narrativo —un trato con el diablo que deshace un matrimonio de veinte años de continuidad— no sobre el personaje de May en sí. Y sin embargo, en el imaginario colectivo del fandom, ese rencor acabó salpicando a May de una manera que no se merece. Se la empezó a ver como la excusa recurrente, la vida que siempre hay que salvar a cualquier precio, el cabo suelto que la editorial nunca se atreve a cortar del todo.

Si queréis, le doy la vuelta a esa lectura: si May sigue siendo, número tras número, la vida que Peter está dispuesto a salvar al precio que sea, no es un fallo de guion que se repite por pereza. Es la prueba de que el personaje sigue cumpliendo exactamente la función para la que fue diseñado hace más de sesenta años. Un héroe que deja de tener algo irrenunciable que proteger deja de tener conflicto real. La tía May es, en ese sentido, el contrapeso humano y mortal frente a un protagonista que se pasa la vida esquivando balas, radiactividad y villanos interdimensionales. Que su vulnerabilidad genere tramas de alto voltaje emocional no es un defecto de la escritura: es la escritura funcionando como debe.

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El matrimonio con Jay Jameson: la May que se merecía ser feliz

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Uno de los tramos más infravalorados de la historia reciente del personaje es su matrimonio con John ‘Jay’ Jameson, el padre de J. Jonah Jameson, en la etapa de Dan Slott. Es una subtrama que muchos lectores pasan por alto porque no tiene villanos ni cataclismos, pero que hace algo que pocas veces se le permite hacer a un personaje de reparto de tantas décadas: crecer hacia la felicidad. May no se queda congelada en el rol de viuda eterna esperando la próxima tragedia; encuentra un compañero, se vuelve a casar, construye una vida que no gira exclusivamente en torno a los problemas de su sobrino. Y cuando esa felicidad se ve amenazada —primero por el diagnóstico de cáncer de Jay, después por su muerte—, el dolor golpea con más fuerza precisamente porque el guion se había tomado la molestia de construir algo real antes de destruirlo.

Ese es, para mí, el mejor argumento contra la acusación de que May solo está para sufrir: los mejores guionistas que han pasado por el personaje se han preocupado de darle vida antes de darle tragedia. La tragedia sin vida previa es manipulación barata. La tragedia después de haber visto a alguien reír, enamorarse y llevar un refugio de acogida es, sencillamente, buen drama.

Por qué la gente pide su muerte (y por qué se equivoca)

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Hay que ser honestos sobre el origen del hartazgo: parte de la afición lleva pidiendo la muerte de May desde hace tanto tiempo que se ha convertido casi en un chiste recurrente de la comunidad, alimentado por la sensación de que la editorial la usa como un botón de emergencia narrativo cada vez que necesita generar tensión rápida. Es una crítica legítima cuando se dirige a la ejecución concreta de una trama floja. Deja de serlo cuando se convierte en un desprecio genérico hacia la existencia del personaje.

Pedir la muerte de May en nombre de que por fin pase algo es, en el fondo, pedir que Spiderman deje de tener un ancla civil. Sin May, o con May reducida a un cadáver narrativo del pasado, Peter Parker se queda como un superhéroe más sin lastre emocional cotidiano, sin nadie a quien mentirle sobre por qué llega tarde a cenar, sin nadie por quien elegir, una y otra vez, cargar con el peso de la doble vida en lugar de abandonarla. Eso no libera al personaje: lo empobrece. Los mejores Spiderman de la historia del cómic —la etapa Lee/Ditko, Roger Stern, DeMatteis, Slott en sus mejores momentos— son, precisamente, los que más se han tomado en serio la vida doméstica de Peter, y May es la columna vertebral de esa vida doméstica.

Lo que se juega ahora mismo, en el número 1000

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Aviso de Spoilers: El siguiente apartado contiene comentarios referenciando las primeras páginas de The Amazing Spider-Man #1000. Si no quieres saber nada, sáltate este apartado.

Lo que ha planteado Joe Kelly en el arranque hacia The Amazing Spider-Man #1000 —un ictus, una hospitalización de urgencia, y la posibilidad, apuntada en las previews de las primeras imágenes del número, de que May ni siquiera reconozca a Peter cuando este llegue a su lado— es de lo más honesto que se ha escrito con este personaje en mucho tiempo. Por primera vez en décadas, la amenaza que pesa sobre May no viene de un símbiote, un villano con superpoderes o un trato demoníaco: viene de la biología, de la edad, de algo que le puede pasar a cualquier persona real y que no admite ningún truco mágico de última hora para deshacerlo del todo. Es, en cierto sentido, la etapa más adulta que ha vivido el personaje, y llega justo cuando el propio cómic celebra su número mil.

No sé, mientras escribo esto, cómo va a resolverse la historia el 30 de septiembre. Puede que Marvel opte por el golpe definitivo y May no sobreviva al número aniversario. Puede que la deje viva, pero cambiada, con una memoria dañada que obligue a Peter a reconstruir su relación con ella casi desde cero, lo cual sería, narrativamente, todavía más rico que matarla. Lo único que espero, sea cual sea el desenlace, es que se trate el momento con la dignidad que el personaje se ha ganado en más de sesenta años de historia, y no como el cumplimiento de un deseo de fandom cansado de verla en pantalla.

Una defensa, no una nostalgia

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No escribo esto por nostalgia hacia la anciana frágil de los años 60, ni para negar que hayan existido tramas flojas construidas en torno a ella —las hay, y bastantes—. Escribo esto porque me parece que la tía May, sacada del corsé de personaje irritante que nunca muere, es en realidad una de las piezas mejor diseñadas de todo el andamiaje de Spiderman: el recordatorio constante de que el gran poder de Peter Parker solo significa algo si hay alguien concreto, mortal y querido al otro lado de esa responsabilidad. Cada vez que alguien pide su muerte para que ya no estorbe, está pidiendo, sin darse cuenta, que le quiten a Spiderman la mitad del motivo por el que sigue siendo Spiderman.

Por eso, mientras el resto del fandom especula sobre Ravage o sobre qué leyenda del cómic firma qué historia de aniversario en el número mil, yo voy a estar pendiente de una sola cosa: qué le pasa a May Parker. Después de sesenta años, se lo ha ganado.

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8 Comments
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Eddie Brock
Eddie Brock
Lector
22 septiembre, 2026 10:16

No he acabado de leerlo por tema spoilers. Lo que se es que tuvo una muerte muy digna real y dolorosa. Una de las mejores muertes que se pueden tener dentro de lo que cabe. Una realista. Morir en cama por edad sin dolores y rodeada de seres queridos en el ya lejano amazing 400 y ahí debería haberse quedado. Su resurrección fue uno de los primeros mazazos que recibí en tema de resurrecciones imposibles en comics.
Podría haber seguido saliendo en flash backs menciones fotos o recuerdos para recordarnos que siempre estará ahí. Como el tío Ben
Y no niego que no haya tenido alguna buena historia desde su resurrección. Pero no debería haber resucitado.

Last edited 1 día atrás by Eddie Brock
Raúl López
Admin
En respuesta a  Eddie Brock
22 septiembre, 2026 10:57

Me conocéis y soy más de Spiderman que Stan Lee. Y, como me pasa con Alfred en el caso de Batman, me parece un error prescindir de ambos personajes simplemente por tener una historia TOP en la que se acaba con su vida. Hay pilares que no habría que tocar, y Tía May, Mary Jane o Jonah Jameson son dos fundamentales en la vida de Peter.

Dicho si, si subsanar un error (por más que la muerte de May en el ASM 400 estuviese a la altura), implica recuperar de la muerte y mirar hacia otro lado, pues no me parece mal, todo sea por no hipotecar historias futuras.

Eddie Brock
Eddie Brock
Lector
En respuesta a  Raúl López
22 septiembre, 2026 12:19

Lo de Alfred me dolió, pero como no sigo tanto a la distinguida competencia me dolió menos. Lo del amazing 400… Es que antes de rejuvenecerla era el final perfecto para esta señora. El final que dije arriba.
Al final se trata de decisiones. Cuando se toma una tan trascendental el editor tendría que pensar bien en el peso que tendría su ausencia, merece la pena si, no… Y si decides que si pues adelante con todo y asumir las consecuencias.
Aunque es verdad que ha tenido grandes historias (la conversación por ejemplo, también desecha por cierto) no creo que hayan tenido el peso que tuvo su muerte. Me duele más ahora que cuando leí en su momento lo de su vuelta que menuda trolleada a los lectores. Esperábamos una May de vuelta pero no está May. Momento de efecto whatthefuck y pensar bueno solo son comics no te enfades…

Manin
Manin
Lector
En respuesta a  Eddie Brock
23 septiembre, 2026 16:48

No puedo estar más de acuerdo. May nunca debió volver después de ese 400. Y Alfred, que me jodió sobremanera porque sí me parece un personaje todavía más imprescindible para el murciélago y totalmente gratuito su final, espero que no vuelva tampoco nunca, sinceramente

Suso1975
Suso1975
Lector
En respuesta a  Eddie Brock
22 septiembre, 2026 22:49

A favor

Willi
Willi
Lector
22 septiembre, 2026 16:58

Tal vez un porcentaje de aquella fanaticada que pide la muerte de May Parker está motivada no por el menosprecio hacia el personaje, si no que por la demanda de presenciar un cambio o desarrollo permanente en la vida ficticia de Peter Parker/Spider-man.
Recuerdo un artículo (o artículos) de esta web en el que se analizaba el sino del personaje: el eterno retorno a los orígenes o back-to-basics. Peter Parker «no funciona» si no es un adulto joven que equilibra a duras penas los problemas de su identidad civil con los de su identidad secreta. Sin importar cuanto pueda ser desarrollado en una o varias etapas, los lectores de Spiderman tiene la certeza de que Peter Parker volverá a ser incapaz de mantener un trabajo estable, volverá tener problemas monetarios, volverá a juntarse y separarse de Mary Jane, volverá a sentir ansiedad por ser un hijo/sobrino lo suficientemente presente para May, volverá a enfrentarse a Norman Osborn en un duelo en el cual estará en riesgo la vida de un ser querido, volverá a lidiar con la desconfianza de los habitantes, la prensa y las autoridades de New York, y un largo etcétera de eventos canónicamente periódicos.
Y por ende, May, como personaje secundario de Spiderman, también sufre por ese deshacimiento de cualquier desarrollo, siendo periódicamente reducida a una anciana indefensa y poco avispada a través de la cual hacer daño a Spiderman.
Con todo también hay que reconocer que dicho problema es más o menos general respecto de los personajes longevos que existen en la industria del comic americano, pero por alguna razón destaca especialmente en el caso del Hombre Araña.

Last edited 1 día atrás by Willi
Suso1975
Suso1975
Lector
22 septiembre, 2026 22:49

Parece que les lectores de comics no hemos crecido y no sabemos aceptar la muerte. La culpa es de las editoriales por jugar la baza de la muerte como evento y de la resurrección como evento subsiguiente. Les lectores también hemos dado pie a ello lloriqueando porque echamos de menos a tal personaje o no nos gustó como murió. Recuerdo cuando llegué al manga y leí Death Note y dos personajes que yo creí iban a ser relevantes, morían. Será un truco pensé, luego reaparecerán vivos. Efectivamente no era truco y eso hizo la historia más relevante. Los tebeos no son la vida real, vale, los años no pasan igual y las consecuencias de las aventuras y desventuras a veces no tienen mucho sentido pero negarnos lo irreversible se la muerte es tratarnos como niños pequeños que no queremos/sabemos crecer. En general y con muy pocas excepciones, si decides matar a un personaje, no le resucites, dice muy poco de ti como guionista/editorial. Esa es mi opinión.

ipso_facto
ipso_facto
Lector
23 septiembre, 2026 11:29

Bastaste en desacuerdo con el artículo en general.

Como comenta Willi, no creo que el hartazgo de buena parte de los lectores hacia el personaje venga de su condición de «viejita frágil», y estoy de acuerdo en lo que comenta la articulista sobre lo de que May ha sido durante mucho tiempo una de las anclas morales de Peter durante mucho tiempo. Pero perpetuar su vinculación con el personaje es lo que impide ha impedido a éste madurar durante mucho tiempo, de igual modo que romper una vez tras tras otra su vinculación con MJ es devolver de nuevo a Peter a la casilla de salida a su status de eterno adolescente.

No creo que May deba morir porque sí, o por cansancio hacia el personaje, sino porque creo que ya ha cumplido su función, porque es ley de vida de los personajes evolucionen y mueran, y porque su muerte permitiría explorar dramáticamente nuevos aspectos de la personalidad de Peter. ¿Cómo será su vida una vez desaparece la que durante mucho tiempo a sido una responsabilidad adquirida?

Aunque es cierto que May ha crecido y evolucionado como personaje con el tiempo, adoptando una postura más activa y empoderada, y dejando atrás su irritante rol como abuelita frágil y víctima recurrente, perpetuar su rol como «responsabilidad adquirida» por parte de Peter se ha convertido más en lastre para impedir que éste último crezca y evolucione.

Estoy de acuerdo en que más allá de los superpoderes y los disfraces lo que enriquece este tipo de comics es el conjunto de personajes secundarios que aporta un contexto más complejo y más humano. May ha jugado un papel fundamental en ese sentido, como lo han hecho J.J. Jameson, Lois Lane, M.J., Alfred, el comisario Gordon, Moira McTaggert…. Me molesta, me irrita y me entristece cuando desprecian precisamente la cualidad humana de esos personajes haciéndoles asumir un papel que no les toca, al contrario, les perjudica (casos recientes los de M.J. o Moira). Por otro lado la muerte de un personaje se ha convertido con el tiempo en un mero golpe de efecto gratuito, un chiste irrelevante, porque a las primeras de cambio lo van a resucitar (otro golpe de efecto. Hay muchos personajes que creo que NUNCA debieron ser resucitados tras haber sufrido una muerte trágica, si, pero bien planteada, narrada de forma oportuna, y permitiendo explorar nuevos argumentos dentro del contexto que rodeaba a dichos personajes: Jean Grey, James McDonnald Hudson, Jason Todd, Barry Allen… o la Tia May. El único que no ha despertado de su tumba es el Capitán Marvel. No me importa que después se hayan escrito buenas historias sobre esos personajes resucitadas, el mero hecho de devolverlos a la vida trivializa y devalúa dramáticamente el momento de su muerte.

May no es una excepción en este sentido y creo que resistirse a matar al personaje de una manera definitiva en el fondo denota cierta cobardía por parte de los guionistas y editores a tratar un tema que, mal que nos pese, forma parte de la vida.