ONE PIECE: DEL MANGA A LA PANTALLA
Hablar de One Piece es hablar de uno de los mangas más longevos de la historia. Comenzó a publicarse en Julio de 1997, es decir, hace casi treinta años.
Por tanto, hay personas que nacieron después de que One Piece comenzara a publicarse, que se hicieron fans de dicho manganime en su adolescencia, y que a día de hoy, continúan leyendo los nuevos capítulos o viendo las nuevas entregas de la serie en su plataforma de streaming favorita.
Con One Piece, Eiichiro Oda creó un shonen clásico pero muy original en el que su protagonista, Monkey D. Luffy se proponía convertirse en el Rey de los Piratas y obtener el mayor tesoro que existe: El One Piece.
Por tanto, estamos ante un mundo muy original, que podríamos apodar como Piratepunk, en el que la humanidad ha alcanzado su mayor progreso en la era de la piratería, con barcos de vela que surcan los cuatro mares principales del mundo y el Nuevo Mundo, el gran mar que se alcanza tras cruzar el Grand Line y en el que los individuos a batir son cada vez más poderosos.
Sin embargo, en este mundo pirata existe maquinaria robótica de un futuro imposible que encaja perfectamente en el mundo construido por Eiichiro Oda, su autor, y además unos curiosos manjares llamados Frutas del Diablo, que dotas a quienes los come de extraños poderes, a cambio eso sí, de no poder sumergirse en el agua, puesto que si lo hacen, morirán ahogados al no poder nadar (lo cual resulta un hándicap para nada baladí en un mundo que consiste en un archipiélago gigante).

El protagonista de esta obra, Monkey D. Luffy, comió en su infancia la fruta Goma-Goma que le permite estirarse de manera parecida al líder de Los Cuatro Fantásticos, pero con unos resultados imposibles y muy originales que solo tienen cabida en un manganime de esta clase.
A fecha de publicación de esta crítica, One Piece cuenta con 1.176 capítulos de salida semanal o quincenal, en función de cada momento, sin que Eiichiro Oda haya apenas haya descansado en estos casi treinta años, llegando siempre puntual a la cita con sus lectores. El manga lo publica en España, desde su salida Planeta Cómic, editorial que además de continuar publicándolo en formato tankobon, está reeditando toda la serie en formato 3 es 1, o lo que es lo mismo, en tomos que suponen el triple de un Tankobon y por tanto son un 50% más grandes que un Kazenban.
El anime por su lado, lleva emitiéndose desde el 20 de Octubre de 1999, contando actualmente con 1.155 episodios, estando ya en desarrollo una versión nueva y revisada del anime, que además de contar con medios de animación más actuales, parece que resumirá bastante más la historia, acercándose más al manga que adapta.
One Piece es un fenómeno del que todo el mundo ha oído hablar, aunque no se haya acercado a él, que a día de hoy sigue llenando las librerías, alimentando suscripciones de Crunchyroll y Animebox en España y que incluso tiene unos cuantos videojuegos muy divertidos como Odissey o la saga Pirate Warriors que nos demuestra que se trata de un producto que como Dragon Ball, forma parte indisoluble de la cultura pop.

Pues bien, teniendo en cuenta la franquicia de la que estamos hablando y su gran importancia dentro no solo de Japón, sino del mundo occidental, los showrunners Matt Owens (Agentes de SHIELD, Luke Cage) y Steven Maeda (Lost, CSI Miami) se propusieron llevar a cabo la adaptación a imagen real de este manganime a día de hoy todavía inacabado, produciendo con Netflix una primera temporada de ocho capítulos en el año 2023, y habiendo sido estrenada hace justo una semana, la segunda temporada, también de otros ocho capítulos.
Cuando la noticia de que One Piece sería adaptado de esta manera llegó a los distintos medios, la mayoría de los lectores, entre los que me incluyo, no pudimos evitar enarcar una ceja, y es que a diferencia de lo que ocurre con los cómics, la mayoría de las adaptaciones a imagen real de obras procedentes del manga son muy mediocres. Como prueba, ahí están aberrantes productos como Dragon Ball Evolution, o series, también de Netflix, que pasan sin pena ni gloria como Cowboy Bebop, o las películas de Death Note.
Productos todos ellos que combinan estética de cartón-piedra con cosplay barato que hacían estos productos más cercanos a una parodia de Cine X que a una serie de televisión merecedora del más mínimo visionado.
Sin embargo, en Agosto de 2023, la serie fue estrenada y, como en no pocas ocasiones ah dicho al respecto mi compañero y amigo Juan Luis Daza, todos quisimos ser piratas.
Matt Owens y Steven Maeda habían conseguido llevar a cabo una serie coherente y muy divertida en la que no solo lograba adaptar con éxito los primeros ciento dos capítulos del manga, sino que lo hacía abrazando sin complejos la estética de la obra de Oda y sin que ello hiciera parecer cutre o chabacano al producto resultante. Algo que se debe, sin duda al gran trabajo de fotografía que realizan Nicole Hirsch Whitaker (Hermanas hasta la muerte), Michael Swan (Outlander), Trevor Michael Brown (Sansón) y Michael Wood (The Beatles: Eight a Week).

Y esto, queridos lectores, no es nada fácil de conseguir. Vestir a un personaje, por ejemplo, con un gorro de orejas de gato, o dotarle de nariz de payaso, al tiempo que resulta mortífero en un mundo colorido rodeado de detalles que solo funcionan en un manga, y que todo eso luzca bien en televisión, es una tarea que a día de hoy sigo considerando casi imposible de llevar a cabo y que una parte de mí, con One Piece, todavía no logra comprender que haya tenido éxito.
Owens y Maeda han comprendido y empatizado con el mundo creado por Oda y nos ha dado una serie que para los fans de One Piece resulta un canto de amor a la obra del autor y para quienes no conocen la obra, una nueva forma de acercarse a la misma, y quizás, de comenzar a consumirla en su formato original, ahora que según su autor, queda poco para su final, aunque el tiempo nos dirá si eso es cierto.

Pero no solo su genial estética es lo que hace a One Piece única en su especie. Y es que, desde el punto de vista argumental Owens y Maeda juegan con que estemos ante una obra muy larga en la que conoce lo que va a pasar después, haciendo que conceptos que Oda nos había presentado a posteriori, ahora sean esbozados para dar más coherencia al producto final.
De este modo, personajes como Dragon, Sabo o Brook, entre otros, se dejan caer aquí y allá para que en el momento en el que cobren más importancia todos los espectadores sepamos de que estamos hablando. Del mismo modo ya se empieza a nombrar al hijo de Gold Roger o a Barbanegra, a sabiendas de que son personajes muy a tener en cuenta de cara al futuro.
Igualmente, tiene mucho que ver en la trama desde la primera temporada Garp, el abuelo de Luffy, que aquí se presenta como tal casi al principio, estando muy bien interpretado por Vicent Regan a quien recordamos por papeles secundarios en películas como Troya o 300.
Y es que esta serie no sería nada sin sus actores. Unos nakamas que logran dar vida a los Mugiwara a la perfección. El cast de One Piece es una de esas pocas ocasiones en las que parece que sus actores han nacido para interpretar dichos papeles. No es que Iñaki Godoy se parezca a Luffy, es que es Luffy. De hecho, lo que nos cuesta creer es que no sea Luffy el resto del tiempo en el que no está trabajando.
Lo mismo ocurre con Mackenyu Arata como el espadachín Zoro, con Emily Rudd como Nami, Jacob Gibson como Usoop o desde luego con Taz Skylar como Sanji.
En este último caso, debemos destacar el papel de Skylar, actor de ascendencia canaria, que además de interpretar a Sanji, se dobla a sí mismo en la versión en castellano, regalándonos un Sanji muy divertido que sin desentonar en absoluto con el personaje original, cambia los modos y maneras parisinas que conocimos y disfrutamos en el anime, por dejes y expresiones canarias que hacen que ver la serie doblada al castellano resulte una grata experiencia. Además, sin renunciar a su esencia, y tratándose de un personaje que bebe los vientos por Nami y por cualquier chica guapa en general, no se trata de un baboso que a día de hoy, y si hubiera sido adaptado tal cual a imagen real, habría desentonado muchísimo con la forma en la que entendemos actualmente las relaciones de pareja y el feminismo.
Como antes hemos mencionado, la primera temporada, abarca unos ciento dos capítulos de manga, pasando por tanto por los arcos de Romance Dawn, Buggy, Kuro, Baratie y Arlong Park, y por tanto ocupándose de que Monkey D. Luffy vaya reuniendo a los miembros iniciales de su tripulación.
La segunda temporada, que acaba de emitirse, nos sitúa ya con los personajes llegando al Grand Line y enfrentándose a la Banda Baroque, con los arcos de Whiskey Peak, Little Garden y del Reino de Drum, lo que supone la introducción de nuevos personajes como la princesa Vivi, Tony Tony Chopper, el Rey Wapol, o el Almirante Smoker, dejándose ya para la tercera temporada el arco de Arabasta, el cual desconocemos si por su complicación durará una temporada entera o solo parte de esta tercera temporada que actualmente ya se está rodando y que sabemos que contará con Xolo Maridueña (Cobra Kai, Blue Beetle) en el papel de Portgas D. Ace, el hermano de Luffy.

Porque ese es otro de los aciertos de esta serie, la división de sus tramas. Matt Owens y Steven Maeda son conscientes de que estamos ante una obra muy larga, que ahora mismo no sabremos si podrá adaptarse en su totalidad (sobre todo dado el hecho de que Netflix es muy proclive a cancelar proyectos que funcionan pero no como a la compañía le gustaría), y dedica a cada arco argumental el tiempo que considera necesaria. Por eso, en la primera temporada, compuesta por las primeras tramas, más sencillas, cada arco del manga se divide en dos capítulos, siendo ya la segunda la que dedica algo más de tiempo a algunas tramas por la complejidad de las mismas, abarcando hasta el capítulo ciento cincuenta y cuatro de la obra original.
En lo relativo a la banda sonora, la misma es llevada a cabo por Sonya Belousova y Giona Ostinelli, ambas conocidas por The Witcher, también de Netflix, realizando un trabajo perfecto para una serie de este tipo, con temas que recuerdan al anime pero que están dotados de personalidad propia.
Todo ello en conjunto hace de One Piece un producto imposible, que jamás pensamos que viera la luz con una calidad tan grande y una personalidad tan propia a la par que respetuosa con la obra original, pero que afortunadamente tenemos con nosotros, y esperamos que durante mucho tiempo.
Dirección - 10
Guión - 10
Reparto - 10
Apartado visual - 10
Banda sonora - 7.5
9.5
Imprescindible
Contra todo pronóstico, One Piece ha resultado ser no solo una gran adaptación de la obra original sino una de las series más divertidas del panorama actual.






Me gustó mucho la primera y me está gustando mucho está. La estoy dosificando no soy de maratones. Es un buen producto para ver en familia.
Realmente consigue que todos los villanos ridiculos, que lo son no se vean ridiculos y eso que a priori parecía un material dificilísimo de adaptar, de hecho casi diría imposible. Cuando lleguen a muchas partes no se cómo lo harán pero visto lo visto hasta ahora encontrarán la manera.
Al final se trata de respetar al material original y no creerse más listo que los autores originales.
Siendo realistas no creo que se llegue a adaptar el manga al completo pero disfrutemos del viaje mientras dure y cuando acabe , embarcaremos en el anime o el manga.