Pásame el timón, Capitán. Necesitas dormir. Empiezas a tener sueños raros…

El camino que recorrió el cómic franco-belga hacia su asunción del estatus de medio para adultos fue largo y no exento de dificultades. Los principales obstáculos fueron comerciales, empresariales y de un cierto conservadurismo ideológico. Es verdad que los acontecimientos del Mayo del 68 francés desencadenaron una revolución temática y formal en el seno de las revistas semanales juveniles de la bande dessinée, pero no es menos cierto que anteriormente ya se habían dado algunos pasos significativos con series que buscaban salirse de las rígidas normas de las principales editoriales, con avances que mostraban realidades más complejas y menos edificantes, que incluían argumentos más elaborados y menos timoratos, además de contar con personajes menos angelicales; más imperfectos, más falibles y más humanos.
La vía más fácil para conseguir esta consideración de obra adulta, y también la más transitada, fue la del erotismo enfocado a los varones heterosexuales como con Barbarella (1962-1995) de Jean Claude Forest; Blanche Épiphanie (1967-1990) de Jacques Lob y Georges Pichard; Pravda la Survireuse (1967) de Pascal Thomas y Guy Peellaert o Scarlett Dream (1965-198), de Claude Moliterni y Robert Gigi que son ejemplos de calidad contrastada a diferencia de la mayoría de sus homólogas contemporáneas no tan interesantes ni rigurosas.
Otro itinerario bastante concurrido fue el del humor de vis crítica con revistas como la pionera Hara-Kiri (1960-1989) o Charlie Hebdo (1970-act.), también con series como Les Frustrés (1973 à 1981) de Claire Bretécher o los trabajos de Gotlib, Wolinski, Lauzier o Reiser.
Y, finalmente, surgió dentro de la industria comercial una corriente renovadora interna que, creando series con apariencia de convencionales o usando series ya establecidas, dinamitó los férreos códigos temáticos imperantes y acabó con las normas gráfico-narrativas más caducas e infantiles, pero usadas durante décadas. Teniente Blueberry (1963-2005) de Jean-Michel Charlier y Jean Giraud y también Las aventuras siderales de Lone Sloane (1966-2003) de Philippe Druillet o, por supuesto, Los náufragos de tiempo (1968-1983) de Jean-Claude Forest y Paul Gillon son ejemplos de series renovadoras de nueva creación; en cambio Bernard Prince (1966-2010), de Greg y Hermann, es el principal exponente de la segunda tendencia más reformista.
Una escena particularmente representativa de la temática y de la atmósfera de la serie Bernard Prince la encontramos en el álbum La isla en llamas (1974) cuando el protagonista, empeñado en rescatar unas 500 personas atrapadas por un pavoroso incendio en una isla cerca de la costa canadiense, deambula por un paisaje completamente calcinado. De golpe, de las cenizas aún candentes, surge un enorme oso abrasado, ciego y enloquecido que no consigue detectar al asustado capitán del Cormorán al no poder ver, pero tampoco consigue olerle a causa de las cenizas y el terrible hedor del paisaje quemado. El protagonista lo abate con un hacha por la espalda. de esta manera evita el peligro que supone dejar suelto a un animal enfurecido, completamente desquiciado por el dolor y más peligroso que nunca. Al final del enfrentamiento, Bernard Prince se encuentra con la cría del oso que acabará adoptando…
Los autores reflejan con esta escena las terribles e inesperadas amenazas que podemos encontrar al enfrentarnos con la naturaleza desbocada y nos muestran la inevitable crueldad que debe aplicarse en cada situación, para poder sobrevivir y para que no corran peligro los demás. Es la ley de la vida salvaje.
La anterior es una escena terriblemente significativa, pero hay muchas más como las partes más intensas de La llama verde del Conquistador, cuando los protagonistas están asediados y a punto de achicharrarse en el desierto, en medio de una parrilla de cristales en forma de arena o la pavorosa nube de mosquitos de La frontera del infierno; la enorme morena de La ley del huracán, un pez anguiliforme especialmente peligroso y siniestro; también la intrincada selva, cruzada por un rio y rematada por una cascada del país ficticio llamado Monteguana en Guerrilla para un fantasma… Son escenarios y peligros naturales que, curiosamente, suelen volverse más devastadores con la intervención humana.
Los dos autores belgas se centran en las difíciles relaciones entre los seres humanos y el entorno natural. Una lucha fratricida e inútil que en la segunda parte del siglo XX ya empezaba a decantarse a favor de la una humanidad destructora y que amenaza con llegar a una situación de colapso definitivo, cuando seguramente el planeta que habitamos reaccionará para defenderse y nos proporcionará el golpe definitivo y ganador que nos abatirá como especie.
UN INCIO CONVULSO
Bernard Prince es una rara avis dentro de la historieta clásica europea. Nace como una serie policiaca con su protagonista ejerciendo de agente de la Interpol y sin embargo – por presiones de la editorial (Le Lombard) reticente a tener otra serie de estas características que compitiera con Ric Hochet de André-Paul Duchâteau y Tibet – la saga acaba convirtiéndose en un relato de aventuras náuticas donde la naturaleza ocupa un lugar más que predominante. No existen precedentes de una obra semejante en el cómic europeo, si acaso hay que buscarlo en series similares entre las tiras de prensa norteamericanas más clásicas como Captain Easy/Wash Tubbs de Roy Crane o incluso Johnny Hazard del gran Frank Robbins. Por el contrario, Corto Maltese de Hugo Pratt no es un referente puesto que nació un año más tarde y no alcanzó su pleno desarrollo hasta bien entrada la década de los setenta. Lo mismo que Bernard Prince.

Bernard Prince está compuesta por 18 álbumes regulares y un tomo especial que agrupa las historias cortas iniciales, además de otros relatos breves posteriores. Los creadores del personaje, Greg y Hermann, se ocupan de catorce volúmenes; concretamente de los 13 primeros y del Bernard Prince HS. D’hier et d’aujourd’hui, el mencionado recopilatorio de relatos breves. Los siguientes, del 14 al 17, corren a cargo de Greg a los guiones, con Dany – en los dos primeros – y Édouard Aidans – en los dos posteriores – encargándose del arte. El último tomo publicado hasta la fecha, el 18 de la colección, corre a cargo de Yves H al guion y cuenta con el arte del propio Hermann.
La primera aventura se publicó en la revista semanal Le journal de Tintin el 4 de enero de 1966 con el título de Billet surprise (Ticket sorpresa). Es un relato bastante convencional de 4 páginas donde Bernard Prince y Djinn se enfrentan a unos traficantes de drogas. Se suceden varios relatos breves (concretamente 5 más) y no es hasta el número del 14 de agosto de 1966 de la misma revista cuando aparece el barco llamado Cormorán que será fundamental en la saga. La historia de 6 páginas se titula L’évasion du Cormoran (La evasión del Cormorán) y supone la refundación de la serie.

Ya a principios de 1967 los autores emprenden las dos primeras aventuras de cierta extensión que se titularán Les pirates de Lokanga y Le général Satan de 23 y 22 páginas respectivamente que empezarán a conformar el espíritu de la saga. En la primera historia aparece el personaje de Barney Jordan con lo que el cuarteto de protagonistas queda completo. Se trata de Bernard Prince, propietario y capitán del buque; el joven Djinn de origen pakistaní o indio, según los relatos; tenemos también el veterano marino australiano Barney Jordan que ejerce de contramaestre, mecánico y navegante y por último el propio barco llamado Cormorán que se comporta como un personaje más. Son los pilares básicos de la serie. El quinto elemento omnipresente en la saga es la naturaleza, en cada una de sus facetas, con todo su esplendor, con todas sus amenazas y peligros.

El argumento de estas dos primeras historias es similar y lleva a los protagonistas a destinar su navío al transporte de material de dudosa procedencia. En el primer caso se trata de recuperar la carga de un avión siniestrado rio arriba en plena selva africana y en el segundo episodio deberán abastecer un fuerte militar asediado por unos piratas temibles. En ambos casos sus empleadores utilizarán métodos de persuasión nada amables, en ambos casos los peligros serán enormes y en ambos casos la tripulación del Cormorán conocerá antagonistas temibles y recurrentes como Kurt Bronzen y el General Satán.
El arte de Hermann va madurando lentamente y ya nos regala algunas páginas de acción espectaculares, alternando momentos algo más descuidados y bisoños. Estas dos primeras aventuras se publicarán posteriormente agrupadas en un solo álbum titulado Le général Satan (Éditions du Lombard,1969) que conformará el primero de la colección.
A partir de la siguiente aventura, bajo el título de Tonnerre sur Coronado (07/1967), la serie adquiere su formato convencional de 44 o 46 páginas por episodio y las historias ofrecen más profundidad, apreciándose también una lenta pero constante evolución gráfica hacia una majestuosa madurez. En este caso los protagonistas se encuentran en un territorio indeterminado de la América Central. Debido a una avería en el motor del buque deben hacer escala en un puerto privado de la isla de Coronado, allí les reciben de manera hostil y sin quererlo se involucran en una revuelta popular contra el régimen establecido por un viejo conocido, el empresario y criminal llamado Kurt Bronzen. La acción alterna paisajes pintorescos con recepciones y fiestas palaciegas. Esta historia se convertirá en el segundo álbum publicado en 1969 por Le Lombard. A partir de entonces la serie adquiere su cadencia más habitual de presentación de la aventura en Le journal de Tintin y posterior publicación en álbum, alrededor de un año más tarde.

LAS ETAPAS DE LA SERIE
En la serie podemos distinguir tres etapas. La primera, la de formación, comprende tres álbumes que van desde el segundo titulado Trueno sobre Coronado al cuarto con título de Aventura en Manhattan (1971). Son tres relatos bastante convencionales donde los protagonistas se enfrentan a diferentes complots o conflictos sociales y donde su tendencia a hacer lo correcto, a favorecer al desvalido les conduce inevitablemente hacia terrenos peligrosos. Es una primera fase que comprende desde aventuras en parajes exóticos hasta otras más urbanas donde empezamos a familiarizarnos con los personajes; en el caso de Aventura en Manhattan, Barney Jordan adquiere el estatus de protagonista del relato en un thriller de identidades confundidas que prueba la versatilidad de Hermann tanto en el terreno gráfico como en el narrativo. En la historia titulada La frontera del infierno (1970) el dibujante belga empieza a dar muestras de su talento para ilustrar los peligros naturales como las lluvias torrenciales o – más aún – las nubes de mosquitos, todo ambientado en unos paisajes pantanosos realmente dantescos.
La segunda etapa comprende desde el quinto tomo titulado L’oasis en flammes (1972) hasta el décimo que lleva por título Le soufle de Moloch/El soplido del Moloch (1976). Es un segmento más extenso que incluye las historias más destacadas de la serie. Ya en el citado El oasis en llamas, el dibujante belga hace gala de un mejor acabado artístico y nos encontramos con un relato trepidante ambientado entre las dunas y los oasis de las áridas planicies saharianas, pero es en el siguiente álbum La ley del huracán (1973) cuando la Naturaleza – con mayúsculas – adquiere un rol de protagonista absoluto. Ubicada en una ficticia isla del Pacífico, la acción se centra entre los cultivadores de perlas, una ocupación arriesgada que excita la avaricia de los humanos, algo con lo que han de lidiar nuestros tres protagonistas, a parte de enfrentarse a una enorme morena y a la furia desbocada del huracán. Es la primera de las grandes historias de Bernard Prince que se despide con un hermoso atardecer, a la espera de la próxima amenaza.

Las dos siguientes álbumes, La isla en llamas (1974) y La llama verde del Conquistador (1974), nos conducen hacia las verdes costas canadienses y hacia las tórridas tierras venezolanas, respectivamente. Son dos episodios ejemplares de esta saga donde Prince, Djinn y Barney han de rescatar a un grupo de personas atrapadas por un pavoroso incendio (La isla en llamas) o han resolver viejas rencillas en el seno de una familia de terratenientes cafeteros (La llama verde del conquistador), desavenencias agravadas por la amenaza de unos bandidos especialmente crueles y por la desbocada codicia humana que despiertan siempre las piedras preciosas.
Estas tres aventuras de Bernard Prince conforman una trilogía que se sitúa en el cénit de la colección. El perfecto equilibrio entre aventura y humor, la siempre decisiva intervención del paisaje así como de los cambios climáticos y accidentes geográficos, todo combinado con la pulsión fratricida y destructora de los humanos convierten cada episodio en un torbellino de sucesos, en una cascada de emociones donde Hermann nos ofrece algunas de las mejores secuencias de, al menos, la primera mitad de su carrera.

Esta segunda etapa de completa madurez se cierra de manera también brillante con Guerrilla para un fantasma (1975) y El soplido de Moloch (1976). Dos episodios de gran calidad donde los antagonistas se vuelven más humanos, las amenazas más mundanas y donde la tripulación del Cormorán se ve envuelta en conflictos que les son ajenos, pero en los que no podrán evitar involucrarse.
Finalmente, el tercer segmento comprende los tres últimos álbumes realizados por el dúo Greg/Hermann. Son La fortaleza de las brumas (1977); Objetivo Cormorán (1978) y El puerto de los locos (1978), además del álbum recopilatorio de relatos cortos de todas las épocas titulado Bernard Prince de ayer y hoy (1980).
Es la etapa de cierre donde, a pesar de rayar a gran altura, el dúo de creadores denota un cierto cansancio. La circunstancia más destacada es la completa destrucción del Cormorán que obligará a Bernard Prince a emprender la construcción de un nuevo navío. Esto propicia unos episodios más terrestres o aéreos y que los dos protagonistas adultos se separen momentáneamente del joven Djinn. La violencia humana se vuelve más presente y la venganza, las drogas o la rivalidad entre criminales son los motores argumentales de este tríptico donde el estilo gráfico de Hermann se vuelve mucho más ligero, menos centrado en la mancha y más parecido a trabajos suyos posteriores – y en solitario – como Jeremiah o Las torres de Bois-Maury.

El mencionado álbum recopilatorio Bernard Prince de ayer y hoy, completa la colección reuniendo los primeros episodios cortos e incluyendo varias aventuras breves que se han ido publicando puntualmente en revista durante los casi 25 años de trabajo conjunto entre Greg y Hermann. Estos últimos son episodios secundarios, que se fijan en aspectos colaterales de los protagonistas y que tienen la gracia de darnos informaciones algo más íntimas y desconocidas de los protagonistas.
Bernard Prince se ha publicado en España de varias formas y en períodos distintos. Primero en revista, luego en álbumes sueltos – de una manera algo desordenada, descuidada e incompleta – y finalmente en una colección integral de cuatro tomos a cargo del sello Ponent Mon que es la opción más recomendable para alguien que quiera acercarse por primera vez a esta magnífica serie, o recordar lecturas pretéritas. Lo malo es que esta colección está agotada según la web de la editorial.
Es curioso recordar que en las primeras publicaciones en castellano de esta serie se cambió el nombre del personaje – y por ende el título – por el de Daniel Ross, más anglosajón y seguramente más atractivo en opinión de los imaginativos editores de la época.
LA NATURALEZA COMO ARGUMENTO
En su conjunto Bernard Prince se distingue poderosamente de otras series contemporáneas por la originalidad de sus planteamientos argumentales. En la parte central y primordial de la saga, los protagonistas no buscan tesoros perdidos, no pretenden resolver grandes injusticias y no emprenden cruzadas desesperadas en busca de venganza. A lo sumo pretenden salvar, arriesgando sus posesiones y su vida, a varios centenares de personas en peligro o llevar algún cargamento necesario para ciertas poblaciones. Greg se esfuerza en involucrara sus héroes en situaciones no deseadas, en empresas que realizan coaccionados, secuestrados u obligados. Es un empeño que busca dejar patente la condición de personas normales de sus protagonistas. No son jóvenes de espíritu noble y altruista ni profesionales del orden público, no son soldados o mercenarios… el trio protagonista son profesionales de la mar que intentan realizar su trabajo de manera digna, segura y eficaz. Lo que suele pasar es que por mor del creador de Achille Talon suelen tener muy mala suerte en sus encuentros con sus clientes, con banda de criminales o con las autoridades locales y parecen poseer un poderoso imán que atrae todo tipo de catástrofes naturales y del clima. Es la maldición de ser grandes personajes de historietas de aventuras, para nuestra diversión y nuestro deleite.
LOS CREADORES DE LA SAGA
Michel Regnier (1931-1999)
es más conocido en el ámbito editorial como Greg. Fue un autor, editor y, sobre todo, guionista nacido en Ixelles, municipio de la región belga de Bruselas. A los 16 años, realiza las series Nestor et Boniface y Ted Aclak para la revista belga Vers l’Avenir. Como dibujante, Regnier no destaca especialmente por lo que le aconsejan pedir consejo a André Franquin que lo asesora de manera entusiasta. En 1953 presenta a la editorial Héroïc-Albums la serie Le chat que tiene una corta existencia. También publica las series Las aventuras de Caddy y Dopy et Badino en la revista Le Journal de Spirou. Un episodio que marca el inicio de su carrera es la fundación de la revista Le Journal de Paddy en 1955, un semanario, del que es redactor, dibujante y editor casi único y que solo llega al quinto número, acarreándole numerosos problemas económicos.
Su relación con Franquin propicia que escriba un centenar de páginas de su serie Modeste et Pompon, además de guionizar o coguionizar los álbumes Le Voyageur du Mésozoïque (1960); Le Prisonnier du Bouddha/El prisionero de los 7 budas (1960); Z comme Zorglub (1961); L’Ombre du Z/El retorno de Zorglub (1962) y QRN sur Bretzelburg (1966).
Paralelamente, en Le Journal Tintin ocupará el cargo de redactor jefe (del 1964 a 1973) y se convertirá en el gran renovador de la publicación semanal. Es en esta época, ya con el pseudónimo de Greg, crea y produce cerca de 250 álbumes, la mayoría como guionista. Son trabajos para Tibet (Chick Bill, Les Peur-de-Rien); para Paul Cuvelier (Corentin, Flamme d’Argent, Line); André Chéret (Domino); Édouard Aidans (Les Panthères); Mittéï (Rouly-la-Brise), Derib (Go West); Claude Auclair (Les Naufragés d’Arroyoka) Walter Fahrer (Cobalt); Dupa (Chlorophylle), Turk y De Groot (Clifton); Maurice Maréchal (Prudence Petitpas), además de 16 álbumes de Luc Orient con Edouard Paape; 11 álbumes de Bruno Brazil con William Vance; 13 álbumes de Bernard Prince con Hermann, otros 2 para Dany y otros 2 para Aidans; 10 álbumes de Comanche con Hermann; 11 álbumes de Olivier Rameau para Dany…
Su serie más emblemática como autor completo, Achille Talon, nace en 1963 y constará de 42 álbumes. En un principio consistía en una página de relleno que le encargó el guionista y editor René Goscinny para la revista Pilote llegando a alcanzar grandes cotas de popularidad entre los lectores franco belgas. Se sigue publicando en la actualidad.
A partir de la segunda mitad de la década de los setenta la actividad de Michel Regnier se diversifica en numerosas direcciones. Cuando deja el cargo de redactor jefe de la revista Tintin, emprende la tarea de director literario de la editorial Dargaud. Además se intensifica su relación con el estudio de Hergé donde colabora desde 1958. Al principio escribe dos guiones para la serie Las aventuras de Tintín, uno de los cuales Tintin et le Thermozéro está a punto de ser realizado por Hergé y su equipo. Según el creador del reportero y su perro Milú, Tintin et le Thermozéro era un libreto perfecto para ser plasmado en imágenes, pero en el último momento Hergé desistió de realizarlo porque no quería verse atado a un texto tan acabado. Greg atribuyó la renuncia a los efectos de la crisis matrimonial que estaba padeciendo en esta época el autor belga. Pero todo este trabajo le granjeó la confianza de la compañía que le encargó la adaptación al cine de los álbumes Las 7 bolas de cristal y El templo del Sol, para un largometraje de animación y, sobre todo, el guion de una aventura original que se titulará Tintin et le Lac aux requins (1972).
A partir de 1978 escribe para la televisión suiza los guiones de la serie juvenil L’Agence Labricole y este mismo año se traslada a los Estados Unidos, a Nueva York, como jefe de la oficina de Dargaud en aquel país. Una apuesta estratégica de la editorial para ampliar sus mercados. Allí compagina su labor editorial, que le lleva a apadrinar el proyecto de la serie Kelly Green de Leonard Starr y Stan Drake, entre otros proyectos con la colaboración en varios guiones de series de televisión norteamericanas, especialmente la titulada Vacaciones en el mar. Regresa a Francia a mediados de los ochenta. Es en esta época que escribe una serie de novelas policíacas protagonizadas por los inspectores Hardy et Lesage (1986-87) que publica la editorial Fleuve Noir. La última queda inédita.
Finalizando la década de los ochenta inicia algunas series originales y retoma otras de antiguas. Concretamente se encarga de los guiones de los dos primeros álbumes de la saga de Marsupilami creada por Franquin y dibujada por Batem. Además relanza su famoso western titulado Comanche con 5 álbumes nuevos dibujados, en este caso, por Michel Rouge; crea la serie Colby (1991-1997) que realiza gráficamente Michel Blanc-Dumont y realiza con Eddy Paape el díptico Johnny Congo (1992-1993), todo esto sin dejar de encargarse de Achille Talon un personaje característico que le acompaña todo este período.
La década de los noventa es el momento de reconocimientos, premios y recompensas a toda una carrera de éxitos. En 1988 obtiene la distinción de Chevalier de l’ordre des Arts et des Lettres y Chevalier de l’Ordre de Léopold, concedida por el rey Balduino de Bélgica; en 1990 recibe el Prix Honoris Causa en Canadá y el premio Yellow Kid del Festival de Lucca de 1994 para el conjunto de su obra, son algunas de estos galardones entre otros muchos más puntuales. En 1995 muere su mujer, Denise Stevens, un hecho que lo sume en una profunda depresión.
En 1997 cede los derechos de su serie Achille Talon a Dargaud para la realización de una serie de animación emitida por Canal+ que constará de 48 episodios, el último de los cuales se estrenó en el año 2009.
Michel Reigner muere a causa de la ruptura de un aneurisma en 1999, siendo enterrado en el cementerio de Père-Lachaise en París.
Hermann Huppen (1938)
nace en la población belga de Bévercé. En 1951 se traslada a vivir a Bruselas donde estudia ebanistería, arquitectura y diseño de interiores. En esta misma época empieza a cursas estudios de dibujo y pintura en la Academia de Bellas Artes de St. Gilles. En 1957 se traslada a Canadá para trabajar de ayudante de arquitecto. Vuelve a Bélgica en 1960 y es cuatro años más tarde cuando su vida da un vuelco; se casa con la hermana de Philippe Vandooren, futuro director editorial de Dupuis, que en esta época dirige un semanario llamado Plein Feu donde Hermann, decidido a hacer carrera en el mundo del cómic, entrega su primer trabajo titulado Histoire en able. Estos primeros trabajos llaman la atención del autor y guionista Greg que lo ficha para su estudio – donde debutan artistas como Dupa (Luc Dupanloup), Robert Pire, Dany (Daniel Henrotin) o Mittéï (Jean Mariette), entre otros – y allí el autor de Jeremiah dibuja algunos episodios de Les Belles Histoires de l’oncle Paul para la revista Le Journal de Tintin. En 1966 Greg empieza a escribir, pensando en Hermann, la serie Bernard Prince (1966-2010), convirtiéndose ambos en los creadores de la primera gran epopeya naturalista del cómic europeo y entregando los primeros 13 álbumes de los 18 que consta la saga en su totalidad. Hermann volverá a retomarla en el último tomo, con guion de su hijo Yves H, en una aventura que se titula Menace sur le fleuve (2010).
En paralelo, Hermann realiza las dos primeras historias de la serie Jugurtha y en 1969, también junto a Greg, con el mismo guionista crea el western titulado Comanche (1969-2002) de los que realiza el arte de los 10 primeros tomos, hasta 1983, cuando decide centrarse exclusivamente en sus series creadas, escritas y dibujadas en solitario. La etapa de Greg y Hermann en Comanche permanece como una de las grandes epopeyas del cómic europeo y como una de los más grandes westerns de la bande dessinée.
En 1977 estrena su primera serie como autor completo, se trata de la saga postapocalíptica titulada Jeremiah que se sigue publicando en la actualidad y que consta de más de una cuarentena de álbumes. Su segunda gran serie se titula Les Tours de Bois-Maury (1982-2012) donde dibuja un enorme y magnífico fresco de la época medieval realizando 15 álbumes que se engloban en lo más interesante y espectacular del cómic histórico mundial. También se embarca en varias historias auto conclusivas o tomos unitarios como la recopilación de 4 historias breves agrupadas en un álbum llamado Abominable (1988) o los one shot titulados Missié Vandisandi (1991), Sarajevo-Tango (1995), Caatinga (1997) y On a tué Wild Bill (1999). El nuevo siglo le pilla colaborando con el gran guionista Jean Van Hamme en una durísima historia unitaria titulada Lune de guerre (2000) y a partir de entonces se dedica básicamente a dibujar los guiones confeccionados por su hijo Yves Huppen que firma como Yves H. De toda esta colaboración destaca la serie Duke (2017-2023): un western crepuscular del que se han publicado 7 álbumes; la reciente Brigantus (2024-2025), un peplum enérgico del que han estrenado dos entregas – por el momento – y varias historias unitarias como Liens de sang (2000); Manhattan Beach (2002); The Girl from Ipanema (2005); Une nuit de pleine Lune (2011); Retour au Congo (2013); Sans pardon (2015) u Old Pa Anderson (2016).
En el año 2016 recibe el Gran Premio del Salón Internacional de Cómic de Angoulême al conjunto de su impresionante carrera.
UNA SERIE FUNDAMENTAL
Bernard Prince fue un auténtico revulsivo en el empeño colectivo, desordenado e imparable de convertir la historieta europea en un medio adulto de comunicación de masas. Series y obras como Simon du Fleuve, de Claude Auclair; Buddy Longway de Derib, Jonathan de Cosey o Theodore Poussin de Frank Le Gall – por citar las más inmediatas – no se explican sin la existencia de la saga de los tres tripulantes del Cormorán.
Tanto por su aspecto más social, cuando los argumentos se centran en las míseras rencillas humanas, como cuando el desencadenante es el medio natural mucho más aleatorio, imperturbable y más arbitrario, la serie realizada por Greg y Hermann supuso una abertura a nuevos caminos argumentales, se convirtió en una ventana abierta a nuevas tramas más libres, realistas y menos convencionales.
Leída en la actualidad y por encima de cualquier otra consideración, Bernard Prince nos recuerda que, si nos empeñamos en combatirla, la naturaleza puede convertirse en nuestro enemigo más temible. Encarnado en una plaga de mosquitos, en un volcán, en una tormenta torrencial o en un desierto tórrido e impenetrable… el planeta Tierra se defiende de estos seres tan molestos, de estos engreídos habitantes que no respetan a nada ni a nadie y que seguramente acabarán pagando su enorme osadía, su codicia, su soberbia y su desidia con la extinción… Y si no, al tiempo.
Salut!
Más información aquí.





































Cómo disfruto tus artículos, Tristán. Están llenos de información y amor por las obras reseñadas. Gracias por brindarnos textos de tanta calidad
Gracias por tus palabras, Nippur. Para esto estamos, para dar a conocer o recordar buenos tebeos. Salut!
Ni lo conocía, que fuerte. Muchas gracias Tristan!