ZN entrevista a Jorge García, parte 3 (Incluye previas de sus nuevos trabajos)

Por
6
760

TB– ¿Te sientes más cómodo en los relatos cortos que en las historias largas?

JG– Me encantan las distancias cortas porque te obligan a observar con rigor la máxima de “menos es más”. La emoción y la intensidad resultan esenciales para contar algo en pocas páginas. Durante unos segundos puedes suspender la atención del lector y mantenerlo en un estado de ánimo muy especial. A este respecto, estoy muy satisfecho con las historietas que componen el álbum Hacerse nadie que Fidel y yo hemos elaborado para Ariadna Editorial y que saldrá en breve al mercado. Son ocho historietas que se desarrollan en los Estados Unidos entre 1919 y 1960. Si bien el contexto varía en cada historia, los temas profundos son siempre los mismos: traición, remordimiento y muerte. No podía ser de otro modo si tenemos en cuenta que se trata de un homenaje a las figuras y ambientes de la serie negra. Son historietas donde pasan muchas cosas en muy poco espacio.

Por ejemplo, la historieta “Hacerse nadie” cuenta la lucha de un desertor del ejército japonés por recuperar la autoestima en un entorno peligroso y violento.

“Fantasmas” describe la ruptura de una amistad entre dos presos cuando el cáncer se interpone en su camino.

“La última espera” es la crónica de un desamor, el fin del romance entre dos atracadores de bancos.

Creo que Fidel ha hecho un trabajo extraordinario. Estamos ante un artista superlativo y el tiempo se encargará de demostrarlo.

También estoy muy contento con un trabajo corto que he escrito recientemente para Pedro Rodríguez sobre la muerte del saxofonista Lester Young. Será publicado en catalán por la revista Benzina con traducción de Quim Pérez. En este caso, he intentado que la “voz en off” y la secuencia dibujada discurran en paralelo hasta converger en la última viñeta. Por cierto que a veces tengo la impresión de que abuso de la “voz en off”. La densidad de las historias requiere, en mi caso, muchas palabras, pero me gustaría ser capaz de contar las cosas sólo con silencios, diálogos concisos y elementos fuera de campo, como lo hizo el cineasta Monte Hellman en su magistral película Carretera asfaltada en dos direcciones. Sin embargo, aún no tengo el arrojo, la pericia o la experiencia necesaria para hacerlo… Y tal vez nunca los tenga.

A propósito, otro motivo por el que me encantan las historietas cortas es por el valor que en ellas adquiere el silencio. Para mí, el silencio forma parte del diálogo y expresa lo “no dicho” verbalmente. De hecho, hay silencios más elocuentes que todos los textos del mundo. Por otra parte, la palabra se ha devaluado tanto últimamente que, paradójicamente, el silencio nos ayuda a combatir el vacío del lenguaje. Cuanta razón llevaba el escritor John Berger cuando sostenía que, sin el silencio, el mundo se saturaría de palabras. En el cine, por ejemplo, determinados directores levantan una auténtica muralla de sarcasmo y verborrea frente al espectador. No es un recurso inocente. En realidad, esa artimaña encubre el vacío y la ausencia de ideas. En ese sentido, el silencio es nuestro mejor aliado contra el “ruido ambiental”. Además, nos prepara para enfrentarnos a ese otro gran silencio, presente en muchas de mis historietas, que es el silencio de la muerte.

TB– ¿Existe la posibilidad de que tus historietas seriadas en diversas revistas sean recopiladas de alguna forma?

JG– ¡Ja, ja, ja! ¿Lo preguntas en serio?

TB – Desde el punto de vista del comprador, muy en serio. Prefiero el álbum unitario a la revista. Y me da la impresión de que, hoy día, esa es la tendencia generalizada.

JG– Ojalá hubiera más lectores empeñados en leer esas historietas, pero mucho me temo que, hoy por hoy, no sean suficientes para justificar un tomo recopilatorio. Al menos, ningún editor me ha insinuado nada al respecto. Además, habría que expurgar severamente muchos de esos materiales. Entre las historietas que he hecho existen trabajos muy malos y no es justo que el lector pague dos veces por mis pecados. En cambio, hay historietas de las que me siento muy orgulloso y que nunca se han publicado. Es el caso de un trabajo corto sobre el genocidio de Ruanda dibujado por mi gran amigo Luis García; o el de una historieta breve sobre los prisioneros españoles en el campo de concentración de Mauthausen dibujada por el gran Miguel Ángel Bejerano. Me gustan mucho esas dos colaboraciones, pero la coyuntura no ha sido favorable para ninguna de ellas. A pesar de todo, como soy muy testarudo, tarde o temprano encontraré al romántico las publique.

En cuanto al “Enviado especial”, Fidel y yo hemos pensado en recopilar sus historias cortas, añadiendo material inédito, en un álbum de la “colección Humo”. Nos hemos encariñado tanto con el personaje que vamos a continuar la serie al margen de Humo. No obstante, tenemos serias dudas acerca de que alguien quiera publicar regularmente sus aventuras, así que tendremos que saltar sobre la ocasión cuando ésta se presente. Para empezar, es posible que Mirek aparezca en un número especial de Dos veces breve. Acto seguido, lo embarcaremos en su primera aventura larga, que vamos a contextualizar en Madrid durante el golpe de estado del 23-F. Cruzo los dedos porque todo salga bien y Mirek tenga una larga vida editorial.

TB– Durante este Saló del Còmic de Barcelona a Pedro Rodríguez y a ti se os concedió el Premi Josep Coll, premio que os permitirá desarrollar el proyecto que presentasteis. ¿Qué nos puedes explicar de este proyecto? ¿Cómo surge? ¿Cómo has recibido el premio?

JG– Las buenas noticias siempre son bienvenidas. En cuanto al proyecto, lleva por título “Las aventuras imaginarias del joven Verne” y es una serie a la que Pedro y yo hemos dado vueltas durante casi dos años.

Verás, conocí a Pedro en 2003 durante la inauguración de la muestra de seleccionados del certamen de Injuve. Yo ya conocía y admiraba su trabajo en Dos veces breve. De hecho, “Omar el navegante” me parecía lo mejor de la revista. Congeniamos enseguida y Pedro me comentó que estaba buscando un guionista para continuar la serie. Aprovechando la coyuntura, escribí una historieta corta de Omar que Pedro debe guardar todavía en algún cajón. Nunca llegó a dibujarla porque entonces estaba muy ocupado con ese álbum maravilloso que es Jinn-el-Rais. Pero entonces ocurrió algo muy curioso: nos hicimos amigos. A partir de ahí comenzamos a hablar en serio de trabajar juntos y poner en pie un proyecto orientado al mercado francés que nos permitiera ganarnos la vida.

Yo no tengo grandes ideas y la viabilidad comercial de lo poco que se me ocurre es casi nula. En cambio, Pedro posee una imaginación desbordante y lo que surge de su cabeza tiene muchas posibilidades de éxito. Una noche de invierno me llamó y me contó una anécdota por si podíamos desarrollarla y convertirla en una serie. Tenía que ver con la infancia de Jules Verne. Según la versión oficial, cuando Verne aún era un crío, estaba perdidamente enamorado de su prima Caroline Tronson. Un buen día decidió abandonar su casa en Nantes y enrolarse en un navío con destino incierto. Quería regalarle un collar a su prima y demostrarle que era un hombre valeroso y arrojado. Al parecer, el padre de Verne descubrió sus intenciones e irrumpió en el navío antes de que éste se hiciera a la mar. Verne fue obligado a regresar a casa. Su padre, además de castigarle físicamente, le obligó a jurar que a partir de entonces no viajaría más que con la imaginación. Cuando Pedro terminó de contarme todo esto, me dijo: “¿Por qué no hacemos un Verne aventurero, el Verne que pudo haber sido?”. Y me pasé la noche en vela pensando en las posibilidades que tenía su idea.

A partir de esa pepita, la historia fue creciendo. Al principio, yo estaba aterrado. Nunca había hecho semejante ni había escrito nada que superara las doce páginas. Me pasaba el día leyendo novelas de Verne y libros infantiles y juveniles, a ver si descubría la forma de escribir una historia larga en ese registro. Al final, encontré lo que buscaba en la espléndida literatura de Mark Twain. Nuestro Jules sigue el patrón de Tom Sawyer: es un soñador cuya imaginación transforma su realidad y la de quienes lo rodean. El corazón de la historia, que mezcla marineros jacobinos y druidas celtas, late con la tensión que existe entre nuestros deseos y nuestras necesidades. Es un proyecto por el que Pedro y yo sentimos un cariño inmenso y que, hasta el momento, nos ha proporcionado muchas satisfacciones.

TBCuerda de Presas ha sido editada en Francia. ¿Cómo ha ido el proceso y qué esperanzas tienes depositadas en esta edición?

JG– Bueno, el “proceso” tiene dos nombres propios: Laureano Domínguez, por parte de Astiberri, y Latino Imparato, al frente de Rackham Editións. Por lo que me han contado, Imparato estaba realmente enamorado del libro, pero le costaba dar el salto y comprar los derechos porque el tema resultaba demasiado localista para el público francés. Fue Laureano quien, a fuerza de insistir, lo convenció y nos dio la gran alegría de tener una edición francesa de nuestro primer álbum. A partir de ahí, Fidel y yo nos mantuvimos al margen para no molestar a Imparato y su equipo. Y salvo un par de mensajes de correo electrónico para preguntarnos por detalles de la traducción y el diseño de portada, no hemos sido necesarios en ese proceso. Por cierto que habría que elogiar a la traductora francesa por encontrar ese título tan rotundo: Chaînes (Cadenas). Ojalá se me hubiera ocurrido a mí, la verdad.

En el capítulo de las esperanzas, Fidel y yo tenemos los pies bien plantados en el suelo. Mientras preparábamos el álbum, soñábamos con comernos el mundo. Yo era tan ingenuo (y tan mal conocedor del mercado francés) que pensaba en Casterman como posible comprador. El tiempo nos ha curado la candidez y ahora nos contentamos con que Imparato venda más o menos bien la tirada y no se arrepienta de habernos comprado el libro.

TB – ¿Algún otro proyecto sobre el que quieras hablarnos?

JG– Sí, estoy preparando un álbum junto a mi amigo Gustavo Rico. Es un trabajo con la mitología escandinava como telón de fondo. Cuenta la historia de un anciano que, a las puertas de la muerte, viaja al Ásgard en busca de las manzanas que rejuvenecen a los dioses. Cuando llega a esa tierra mítica se topa con el fin del mundo, el terrible y definitivo “Ragnarokk”. Es una historia apocalíptica a medio camino entre la épica y el terror. Como es la primera vez que me muevo en este registro, estoy cuidando mucho los textos y ensayando una “voz en off” más literaria que de costumbre. Para documentarme, además de las clásicas Eddas escandinavas, estoy leyendo cuanto puedo referente al fin del mundo, desde Stephen King a Stephen Hawking. Por su parte, Gustavo está demoliendo los cimientos del Ásgard con su soberbio trabajo. Vale la pena pasarse por su “blog” y echarle un vistazo a su visión del Valhalla.



Por otra parte, Pedro Rodríguez me ha propuesto retomar las aventuras de “Omar el navegante” en cuanto acabemos la primera entrega de “Las aventuras imaginarias del joven Verne”. En teoría, escribiremos a medias el segundo álbum con el fin de venderlo directamente en Francia. De momento, Pedro me ha lanzado una batería de ideas maravillosas, cualquiera de las cuales podría ser el germen de más de un álbum.

También existen un par de proyectos con David Rubín que me tienen muy ilusionado; uno de ellos tendrá una gran extensión y narrará la historia más fría que puedas imaginarte. Por otro lado, he hablado con Álvaro Ortiz y con Fermín Solís acerca de hacer algo con cada uno de ellos. Sería maravilloso porque tanto Álvaro como Fermín son dibujantes extraordinarios. ¡Ah, se me olvidaba! También me gustaría continuar una serie que esbozamos mi amigo Sergio Mora y yo. Es un material muy extraño: cuenta la historia de un viajero en el mundo del inconsciente; la primera aventura se publicó en un número de Nosotros somos los muertos y es una historieta de la que guardo un recuerdo muy grato. Como siempre, Sergio realizó un trabajo soberbio.

Por último, me quedan los sueños. Hay una serie de historias que están a la espera de dibujante y editor. Son trabajos muy “pesados” sobre distintos episodios de la Historia de España: la Conquista de América, la Guerra de Independencia, el fin de la I República y el inicio de la Restauración borbónica, la guerra colonial en Marruecos, las fosas comunes en la guerra civil, las mujeres que seguían a sus maridos de cárcel en cárcel durante la posguerra… Ah, y también llevo muchos años jugueteando con la posibilidad de escribir un western, aunque sea de unas pocas páginas. Es un género que me encanta (pasión que comparto con David Rubín). En este sentido, me gustaría hacer algo en la línea de El tiroteo de Monte Hellman o Sin perdón de Clint Eastwood. Ya veremos. Por el momento, mi intención es, siempre ha sido, hacer vibrar el corazón de los lectores con las mismas cosas que me conmueven y emocionan. No es tarea fácil porque soy muy torpe con la escritura. Pero si existe un medio donde puedo conseguirlo, ese medio es sin duda la historieta.

TB– Muchas gracias por el tiempo que nos has dedicado. Está siendo un verdadero placer descubrir tu obra y te deseamos una trayectoria profesional de lo más fecunda.

JG– Muchísimas gracias a ti por la atención que me has prestado.


Entrevista – parte 1

Entrevista – parte 2

Entrevista a Pedro Rodríguez.

Entrevista a Jorge García y Fidel Martínez en Tebeosfera.

Artículo anteriorZN Exposición Negativa: X-Men reales
Artículo siguienteZN Marvel: La ascensión y caída del Imperio Shi´ar
“Me llamo Toni Boix y soy un DC-Adicto”. A pesar de que mi niñez esté inundada de Sal Buscema y mi adolescencia de Spirit, Metropol, Cimoc y Zona 84. Porque Zinco me devuelve al redil. Zinco y Wolfman y Perez y Moore y Totleben y Gibbons y Miller y Bolland y García López. Después, el ansía. La escasez. La falta absoluta de alegrías. Mueren las revistas de cómics y Zinco vegeta. Mi ilusión se marcha a hacer las Américas. Suerte del Previews… y de los cómics que se malvenden. Le pido a Raúl López que me deje escribir una reseña en Zona Negativa promocionando Fallen Angel… y el resto es esta historia.
6 Comments
Antiguos
Recientes
Inline Feedbacks
View all comments
Zelig
Zelig
13 junio, 2007 12:54

Felicidades por las entrevistas a Jorge García. No las he léido enteras pero los pequeños psajes que he leído me han parecido muy interesantes.
También me gustaría felicitar al dibujante Fidel Martinez que me parece un fuera de serie.
Supongo que lo comentaréis en la entrevista, pero me gustaría saber si las historias de Fidel están disponibles en alguna revista o si van a ser recopiladas en álgun álbum próximamente.
Supongo que el álbum junto a Pedro Rodríguez lo publicará Glénat dentro de poco.

Zelig
Zelig
13 junio, 2007 13:04

Joder, que manera más chunga de colocar algunos acentos he tenido. Ruego me disculpen.

Zelig
Zelig
13 junio, 2007 18:01

Gracias a ti por la entrevista. Antes de Cuerda de presas no conocía nada del trabajo de Fidel y creo que su estilo, una especie de mezcla entre Raul y Federico del Barrio, me encanta. Habrá que seguirle de cerca y estar atento al álbum que sacará Ariadna.

David Lafuente
14 junio, 2007 11:33

Interesantísima la entrevista, Tony. Buen curro os habéis pegado. Y excelentes pintan los proyectos de este hombre.
Un abrazo!