VENENO DE VIUDA
«Antes era el Eddie Brock de la derecha, Wilde.. Pero quiero ser el Eddie Brock del centro, Meridius.»
Arrancamos una nueva entrega de nuestro repaso al último volumen de la cabecera de Veneno. En esta tanda de cinco números el equipo creativo se mantiene considerablemente constante, Al Ewing continúa como guionista junto a Torunn Grønbekk, regresando al sistema que antes llevaba a cabo junto a Ram V: Ewing se encarga de la historia de Eddie mientras que Grønbekk hace lo mismo con Dylan, obviamente intentando mantener la continuidad entre ambas mitades. El retorno a este esquema tiene sus partes buenas y sus partes menos buenas, pero todo pasamos a reseñarlo a continuación.
La historia de Dylan continúa más o menos donde lo dejamos, después de que él y Bren Waters, el humano ligado al simbionte conocido como Toxina, rescataran a unos niños secuestrados por una organización misteriosa que parece tener interés en Bren por el trabajo de su padre en Alchemax. Veneno y Toxina unen fuerzas en la guerra contra la organización, para la que encuentran inesperados aliados, un simbionte recién nacido y la espía internacional conocida como la Viuda Negra. Por su parte, Eddie Brock ha regresado al Jardín con la intención de romper el ciclo de evolución que lleva a los Eddies de una identidad a otra y destronar así a Meridius.

El guion tiene luces y sombras. La parte de Grønbekk mejora sustancialmente sobre lo que vimos en la tanda anterior, principalmente ayudado por no sentirse como una interrupción repentina. La historia y sus protagonistas y antagonistas se desarrollan un poco más. Sin embargo, aunque la introducción de Viuda Negra es cuanto menos interesante, lo que se hace con ella se siente más como un truco publicitario que difícilmente parece pertenecer a esta cabecera. Además, la desconexión entre las dos líneas argumentales del título se siente aquí más prevalente que nunca. El guion de Ewing, aunque no hay mucho que juzgar en esta tanda, construye y construye, y sigue manteniendo el perfil exigente que la cabecera mostraba en sus primeros números. Aunque ya no hila tan fino, se ve un hilo conductor poderoso pero la decisión de alternar entre ambos Brock no ayuda al seguimiento de esta vertiente de la etapa.

En el dibujo tenemos por un lado a Julius Ohta a los lápices, con tintas propias y de Rafael Pimentel y colores como es habitual de Frank D’Armata para ilustrar la historia de Dylan. Ohta es un artista solvente, y aunque no destaca particularmente en ninguna secuencia pienso que su estilo encaja bien en la cabecera junto a CAFU como sucesores de Hitch. Lo que no termina de convencerme es la pareja que forma con D’Armata, que no parece sentirse cómodo en las escenas en las que hay una mayor iluminación. Como comentaba CAFU regresa una vez más para la parte de Eddie, con colores de nuevo de D’Armata. Está claro que CAFU está comodísimo en estas páginas y entrega un trabajo más que sólido y sin fisuras, haciendo un tándem mucho más compenetrado con D’Armata, que hace el arte más expresivo. Es una lástima que para el último número de esta tanda el español no parece terminar a tiempo y Pimentel se encarga de unas páginas que contrastan bastante en estilo y calidad.
En definitiva, una mezcla irregular. Soy ávido defensor y fan acérrimo de lo que Ewing hace con Eddie en esta etapa, me parece un ejercicio considerable de creatividad y de cultivar y enriquecer una continuidad que aprovecha a cada instante que puede. Dicho esto, hay quizá una última capa que echo en falta, unos últimos detalles por pulir para que el conjunto fluya mejor y como ya he dicho antes, las dos vertientes del título se han separado en exceso llegados a este punto. Grønbekk parece haber decidido hacer la guerra por su lado y sin la interconectividad de las dos tramas principales la lectura número a número se resiente.
Lo mejor
• Ewing sigue construyendo su historia.
Lo peor
• Las dos vertientes del título parecen más desconectadas que nunca.
Inconsistente
Guión - 7
Dibujo - 7
Interés - 7
7
Una mezcla irregular.








