Superman/Batman/Wonder Woman: Metropolis

Tres Otros Mundos que rompen con la imagen predefinida que tenemos de la Trinidad de DC. Tres especiales que, por estética, van a llevarnos donde nunca antes hemos estado.

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2018
 

Edición original:Superman’s Metropolis USA, Batman: Nosferatu USA, Wonder Woman: The Blue Amazon USA .
Edición nacional/ España: ECC Ediciones.
Guión:Jean Marc Lofficier, Randy Lofficier.
Dibujo:Ted McKeever.
Entintado:.
Color:.
Formato:Rústica, 208 págs. A color.
Precio: 18,95 euros.

 

La corriente cinematográfica conocida como expresionista se asocia al estreno en 1920, en Alemania, de la cinta El Gabinete del Dr. Caligari. Una película que trasciende al género por su puesta en escena, su iluminación, su ambientación distorsionada, su rotura con los formalismos y sobre todo por la atmósfera que su director, Robert Wiene, imprimió de forma opresiva a todo el metraje, dando pie a todo un estilo que se asentaría con la llegada de Nosferatu (1922), Metrópolis (1927) y El Angel Azul (1930), base sobre la que se asientan los tres especiales Otros Mundos que recopila ECC en un solo tomo y que conforman la trilogía realizada por los escritores Randy Lofficier y Jean-Marc Lofficier y el dibujante Ted McKeever. Un trío de historias compuestas por Superman: Metrópolis, Batman: Nosferatu y Wonder Woman: La Amazona Azul.

Randy Lofficier y Jean-Marc Lofficier son dos escritores con experiencia más que probada como novelistas, ensayistas, guionistas, editores, traductores y divulgadores, con trabajos en series tan importantes para DC en los años 90 como The Fury Of Firestorm, Blue Bettle, Action Comics o The New Teen Titans. Por tanto, no es de extrañar que en 1996 se dispusieran los astros de tal forma que se hicieran cargo del primer número de esta trilogía expresionista aderezada con las figuras más relevantes del panteón de héroes de DC.

En Superman: Metrópolis se sigue un patrón muy similar al propuesto en la película. Una sociedad con una minoría de privilegiados que sustentan su poder sobre una inmensa mayoría de trabajadores que se encargan, en turnos agotadores, de mantener la maquinaria que soporta el estilo de vida de los afortunados que pueblan las altas torres de Metrópolis. Una historia que se ve sacudida cuando el amor entre el hijo del arquitecto jefe y María, una de las trabajadoras, amenaza con destruir el orden establecido.

Las tres portadas de estos peculiares comics.

Randy y Jean-Marc Lofficier usan el mismo concepto para su historia, añadiendo un punto diferenciador a la misma y es la presencia de Superman y su elenco de secundarios, a fin de dar forma a esa misma historia de amor entre un privilegiado y una desfavorecida, capaz de cambiar lo que parece inalterable para la inmensa mayoría de pobladores de la ciudad de Metrópolis. Un relato bien construido en el que se van insertando o, mejor dicho, fusionando lo establecido en la película con el particular universo ficticio de Superman. Un ejercicio elegante que va desarrollándose de forma muy orgánica, con una adecuada caracterización y una serie de misterios que ayudan a que la lectura resulte más interesante al añadir un punto diferenciador con la película de 1920. Los elementos propios de Superman se funden en un todo con la propia escenografía e historia de Metrópolis hasta completarse mutuamente. Sin lugar a dudas la mejor historia de las que conforman esta trilogía.

Y es que, a partir de este momento, dejamos atrás a Superman y nos lanzamos de lleno al mundo de las sombras. Han pasado tres años desde el lanzamiento de Superman: Metrópolis y su equipo creativo se disponen a abordar la segunda parte de esta obra expresionista. El turno ahora es para Batman y la película Nosferatu, de la que toma la idea central, y se lanzan a elaborar una historia mucho más alejada de la matriz cinematográfica del vampiro.

Si con Superman se nos presenta al héroe que ha de encargarse de velar por el futuro de la ciudad de la luz, ahora toca mirar hacia los rincones más oscuros de esa ciudad y descubrir que hay asuntos que escapan del control de Superman. La ciudad necesita un nuevo protector que pueda enfrentarse a esas criaturas que habitan en el sótano de Metrópolis. Para ello se introducen los principales elementos de Batman y conocemos al polémico Dr. Arkham y su singular institución para enfermos mentales, en una historia en la que asistimos al origen de este peculiar Batman expresionista. Los Lofficier aquí se muestran mucho menos inspirados, más rígidos, sin asumir demasiados riesgos (aunque pueda parecer que si los toman al dejar de lado la trama de Nosferatu), en detrimento de esa fusión de conceptos tan bien lograda en su cómic de 1996.

Batman se enfrenta al Joker, al Dr. Arkham y delimita las fronteras entre el mundo de Superman y el submundo que crece y respira en los cimientos de Metrópolis. Algo que sí es fiel a la relación que tienen Batman y Superman por los diferentes métodos que usa cada uno para luchar contra el crimen. Un número mucho más denso de leer, no por aportar ideas complejas, sino por no estar tan equilibrado, lo que le pasa factura al conjunto en forma de tempos descompensados que hacen de la historia algo más tedioso de leer.

Damos un nuevo salto y nos plantamos en 2003 para cerrar esta trilogía con la llegada de la figura de Wonder Woman al expresionismo. Aquí se dan la mano dos películas de la época, la ya citada El Angel Azul y el Dr. Mabuse, con unos más que evidentes lazos argumentales que ponen el broche a una trilogía que se acaba por desinflar por completo con la llegada de este tercer especial.

Como ya es habitual en este número se recuperan personajes y tramas que enlazan con los dos anteriores de tal forma que todo queda convenientemente cosido como un todo de tres partes. El problema es que en este número aparece algo que hasta ahora no se había visto y es que la historia genera confusión en su planteamiento, desarrollo y desenlace. La figura de Wonder Woman, oculta tras la fachada de una bailarina dominada por un maquiavélico Dr. Psico, renace de su prisión mental cuando las circunstancias así lo requieren. Es un argumento con ciertas similitudes al de Superman, pero está orquestado de forma torpe y desganada.

Si Superman se encarga de velar por la Metrópolis que brilla al amanecer, Batman del submundo, Wonder Woman se eleva por encima de ellos hasta una ciudad flotante, denominada Cielo, en lo que sin duda es una analogía del Cielo, la Tierra y el infierno cristiano. Un concepto muy interesante que no tiene fuerza alguna por el pobre desarrollo de la trama.

¿Y qué decir de la parte artística de la obra?

Pues que su dibujante, Ted McKeever, borda su trabajo. Su estilo es rabioso, sucio, muy sucio, brutal, desgarrador, con una línea muy gruesa que remarca y capta a la perfección el estilo expresionista de la obra. Sus figuras humanas de ángulos rectos, casi geométricos por su abuso de la línea recta, aportan ese sabor a humo, hollín, lágrimas y sudor que parece impregnar cada viñeta del cómic. Su trabajo es tan personal y está tan distanciado de lo que uno espera de un cómic donde aparecen Superman, Batman y Wonder Woman, que de primeras asusta, para luego ir calando en el lector que pronto comprende que no hay nadie mejor que McKeever para dibujar estas tres historias.

Una trilogía que empieza con enorme fuerza y que hace esperar lo mejor de este tomo, pero que cae pronto en el tedio y la confusión. Una oportunidad perdida para poder integrar más y mejor un género cinematográfico fascinante y muy influyente, con un medio como es el cómic y unos personajes tan icónicos como son Superman, Batman y Wonder Woman.

  Edición original:Superman's Metropolis USA, Batman: Nosferatu USA, Wonder Woman: The Blue Amazon USA . Edición nacional/ España: ECC Ediciones. Guión:Jean Marc Lofficier, Randy Lofficier. Dibujo:Ted McKeever. Entintado:. Color:. Formato:Rústica, 208 págs. A color. Precio: 18,95 euros.   La corriente cinematográfica conocida como expresionista se asocia al estreno en 1920,…
Guion - 6.5
Dibujo - 8
Interés - 8

7.5

De más a menos.

Una trilogía que traslada el cine expresionista al Universo DC y más concretamente a sus tres iconos referenciales. Una obra que pierde fuerza a cada número, tras un muy prometedor arranque.

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