Siempre tendremos 20 años

Días de música heavy, cómics y barrio.

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Portada de Siempre tendremos 20 años Jaime Martín

Edición original:Nous aurons toujours 20 ans FRA, Dupuis
Edición nacional/ España:Norma Editorial
Autor:Jaime Martín
Formato:Cartoné, 156 Páginas
Precio:25€

Aun queda un largo camino por recorrer y el cielo está lleno de pájaros negros.

Siempre tendremos 20 años es el cierre de la trilogía, aunque cada uno de los tres álbumes se pueden leer de manera independiente, que Jaime Martin (1966) ha dedicado a contarnos la historia de su familia. Pero que también sirve como repaso de los sucesos más relevantes que han sucedido en España desde el golpe de Estado que provocó la Guerra Civil sumiendo al país en una época negra con unos vencedores que se dedicaron a aplastar a los vencidos y todas las conquistas sociales que se habían conseguido en la Segunda República. En Las guerras silenciosas nos contó la historia de sus padres en plena dictadura tomado como base la estancia de su padre en Ifni mientras hacia el servicio militar; en Jamás tendré 20 años la de sus abuelos maternos en la Guerra Civil y postguerra; y en esta ocasión nos cuenta su historia desde la muerte del dictador hasta que aparece en Francia publicado Las guerras silenciosas, lo que supone el cierre de un círculo que une pasado y presente y debe dar paso a una nueva etapa en su trayectoria. En ninguna de las tres nos muestra los grandes acontecimientos desde primera línea, como hacen los libros de historia, sino que nos nuestra las repercusiones en la gente a pie que estaba muy lejos de las esferas donde se tomaban las grandes decisiones. Historias como las que nos ha contado Jaime Martín en su trilogía suponen un relato mucho más veraz de España que el que encontramos en el NODO. Los testimonios que encontramos en los dos primeros volúmenes son muy valiosos puesto que nos hablan de sucesos y pequeñas historias de la manera más realista y cruda. Un ejercicio de memoria histórica que la dictadura siempre quiso borrar, igual que hacen sus herederos en la actualidad, pero que se antojan imprescindibles si no queremos repetir los errores del pasado.

A diferencia de los dos primeros volúmenes de la trilogía que nos contaban los recuerdos de sus abuelos y padres, en este Jaime Martín nos relata la historia en primera persona, ya que se trata de sus recuerdos. Seguramente por eso se aprecia una cierta incomodidad, o quizás timidez, en el relato que no veíamos en los anteriores. Algo que tampoco vemos entre los grandes autores de obras autobiográficas que parecen orgullosos de mostrar sus vidas.

Este álbum comienza con una escena maravillosa en la que la familia del autor escucha como Arias Navarro da la noticia de la muerte del dictador fascista. La forma que tiene de mostrar la manera en que la reciben cada una de las tres generaciones es sublime. Vemos como se entremezclan el miedo de los abuelos a los últimos coletazos del régimen, la esperanza de los padres en futuro de libertad y la indiferencia de los niños que no entienden nada. Algo que, aunque el protagonismo recae sobre Jaime, vemos en otros momentos del álbum, que trata de mostrar el día a día durante la Transición en los barrios humildes de todas las generaciones. En esta ocasión no hay ninguna contienda militar que impregne a la historia de más dramatismo, ya que casi toda la historia sucede en Hospitalet, pero está impregnada de ese espíritu de barrio que se vivió en los extrarradios de las grandes urbes. El mismo que Jaime Martín había retratado en su serie Sangre de Barrio (Norma). Conociendo a su grupo de amigos es muy fácil ver de dónde surgió la inspiración para crear a los personajes principales de esta serie y de Los primos del parque (La Cúpula), otra de sus series más conocidas.

En Siempre tendremos 20 años, vemos todos los avances en términos de libertad, jalonados de problemas políticos y sociales, que ha afrontado España desde la Transición. Desde el proceso previo a la celebración de las primeras elecciones libres, hasta la crisis económica del 2008. Pasando por el miedo que recorrió el país con el Golpe de estado del 23F, la votación para la entrada en la OTAN o la crisis económica de los años ochenta, etcétera. También vemos como elementos ideológicos de la dictadura todavía seguían presentes en los centros educativos y en el ejército, elementos que, por desgracia, todavía están presentes. Jaime Martín hace mención especial a la mili, que robaba a los jóvenes un año de su vida en que sufría abusos físicos y verbales con el fin de enseñarles a ser soldados y poder matar a sus semejantes. Una obligación nefasta, que, por suerte, solo es un mal recuerdo. Además, vemos todos los problemas sociales que se vivieron en esos años como la plaga de la heroína, el paro, la precariedad laboral, la violencia y la delincuencia que eran el día a día de los barrios obreros.

En este difícil contexto se desarrolla la infancia y juventud de Jaime Martín, que, además de en su familia, encuentra refugio en su compañera (Isa), sus amigos (Jordi, Bodi, David y Muñeco), el rock y los cómics. De la misma manera que hace con sus familiares, la obra se convierte un sentido homenaje a su grupo de amigos y a su compañera. Los retrata con tanto amor y realismo que resulta imposible no quererlos, aunque no sean modélicos. Ni falta que les hace.

Además del repaso por la historia reciente de España, Siempre tendremos 20 años sirve también como repaso a la música rock en España. Sus páginas están plagadas de canciones de Los Ramones, ACDC, Motörhead o Judas Priest, entre muchos otros. Pero sobre todo es una crónica de la historia reciente del cómic español, gracias al repaso que Jaime Martín hace de su carrera. Desde su niñez cuando soñaba con ser pintor, el dibujo siempre fue su método de evasión de la realidad, de expresión y su vehículo para comunicarse. Desde muy pequeño contó con el total apoyo de sus padres para perseguir sus sueños. Su familia, en particular su madre, y algunos profesores le descubrieron a grandes de la pintura como Velázquez, Modigliani o Goya y sus primeros cómics. Un medio por el que se termina decantando por la posibilidad de contar historias, además del momento de efervescencia creativa que vivía en los años ochenta. Somos testigos de cómo van evolucionado sus lecturas desde los iniciales cómics superhéroes y clásicos de las tiras de prensa como El príncipe Valiente, hasta el brutal impacto que sufre al descubrir a Moebius y a los autores de El Víbora. Con todas esas referencias comienza a introducirse en la industria del cómic español. En su trayectoria juega un papel capital el inmenso Josep Maria Beà que le permitirá publicar sus primeros trabajos en las revistas de su editorial Intermagen. Posteriormente pasa a publicar en revistas infantiles del grupo Z, hasta que termina por formar parte de los autores de El Víbora, primero ilustrando guiones de Alfredo Pons, Onliyu y posteriormente propios, en los que trataba sobre todo su realidad cotidiana con historia de barrio. Allí sigue hasta que el cierre de la revista y la crisis del medio en España que le obligan a dar el salto al mercado francés de la editorial Dupuis. En este paseo por su trayectoria vemos todas las dudas e incertidumbres que siente, tanto a la hora de crear como por su futuro laboral, pero la pasión por contar historias termina por derrotarlas. Gracias a esa pasión podemos disfrutar de trabajos como este.

Gráficamente la obra está al gran nivel que Jaime Martín ofrece en todos sus trabajos. Su estilo está plenamente consolidado con sus fondos detallados que nos transportan a los lugares en los que transcurre la historia, lo que contrasta con los rostros de sus personajes que son caricaturescos, quizás excesivamente en las figuras negativas, lo que las hace demasiado fácil de identificar. Su dibujo está compuesto de unas líneas muy limpias y con un gran color que sirve para enfatizar lo que sucede en las viñetas. Narrativamente es un tebeo que se lee muy bien, quizás el lector acostumbrado a las novelas gráficas lo encuentre es muy clásico y no vea grandes alardes a la hora de componer las páginas, algo que, seguramente, sea debido a sus influencias clásicas y a las exigencias del mercado francófono.

Si al principio de la reseña destacábamos la escena inicial no podemos finalizarla sin decir que la última escena es tan triste y dolorosa que es imposible no leerla sin que broten las lágrimas. Un momento tan terrible, emocionante y bello como la vida.

La edición de Norma es de gran tamaño y buena reproducción, además contiene un dossier histórico que repasa los acontecimientos más relevantes que se produjeron en el mundo mientras transcurría la historia de Jaime, su familia y amigos. Ojalá que en breve ellos, o alguna otra editorial, reediten alguno de los trabajos que Jaime Martín realizó para España que llevan mucho tiempo agotados como La memoria oscura, Infierno o Invisible.

Siempre tendremos 20 años es un perfecto cierre a la trilogía, una prueba del enorme talento y honestidad que encontramos en la producción de Jaime Martín y que lo consagra como un autor imprescindible. Un trabajo vital para comprender el último siglo de la historia de este país y la situación actual. Una obra contada con pasión, crudeza y objetividad, pese a ser la visión personal del autor.

Edición original:Nous aurons toujours 20 ans FRA, Dupuis Edición nacional/ España:Norma Editorial Autor:Jaime Martín Formato:Cartoné, 156 Páginas Precio:25€ Aun queda un largo camino por recorrer y el cielo está lleno de pájaros negros. Siempre tendremos 20 años es el cierre de la trilogía, aunque cada uno de los tres álbumes…

Siempre tendremos 20 años

Guión - 9
Dibujo - 8.5
Interés - 10

9.2

Jaime Martín nos relata la crónica sentimental, social y política de una época de cambios entre tebeos y música rock. Una obra imprescindible para comprender la Transición.

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Nacido en Barakaldo en 1977 donde sigo viviendo. Descubrí los cómics en una librería de barrio con Tintin, Asterix, SuperLopez y los personajes de Ibáñez. En 1989 descubrí los superheroes de la mano de Stern y Buscema con el numero 73 de la edición de Forum de Los Vengadores. A estas lecturas se fueron incorporando la novela gráfica y el manga, de los cuales, a diferencia de los superheroes, nunca me cansé. Todavía sueño con ser agente Espacio-Temporal y de Planetary, con visitar mundos de fantasía con el señor T., Philemon, Lord Morfeo, Arale y Thor. Viajar con Reed, Ben, Susan y Johnny al futuro y pasear por el cuartel de la Legión. Recorrer la antigua Roma con Alix y una cantimplora de poción mágica. Buscar Mú, perderme en un viaje al corazón de la tormenta, contemplar el Olmo del Cáucaso mientras paseo por un Barrio Lejano leyendo El almanaque de mi padre. Conseguir beber la sangre del Fénix. Leer, al fin, algún articulo de Tintín y de Fantasio sin que me molesten los absurdos inventos de Gastón. Perderme por las murallas de Samaris, mientras de la pirámide flotante de los inmortales cae John Difool. Enamorado de la chica de los ojos rojos y de Adele. Y cabalgar hacia el amanecer con Buddy Longway, Red Dust y el teniente Blueberry. Con un poco de humo azul en los labios...
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