Milligan o Mulligan
«Acabo de experimentar la primera navidad terrestre. Ha sido algo raro.»
El personaje
Shade es un personaje ficticio creado por Steve Ditko para DC Comics en 1977. Su debut tuvo lugar en el número 1 de Shade: The Changing Man, publicado en junio de aquel año. La serie narraba la historia de Rac Shade, un fugitivo del planeta militarizado Meta. Shade escapaba equipado con un “Chaleco M” —o Chaleco Miraco, llamado así por su creador—, un dispositivo robado que generaba un campo de fuerza protector y le permitía proyectar la ilusión de transformarse en una versión gigantesca y grotesca de sí mismo.
Este héroe fue el primer personaje que Ditko creaba para una gran editorial tras muchos años. Antes de volver a colaborar con DC, había trabajado en figuras como Mr. A. Shade supuso, por tanto, su regreso al cómic de superhéroes, aunque inicialmente no estaba conectado con el Universo DC. Michael Fleisher fue el encargado de escribir la serie a partir de los argumentos y dibujos de Ditko.

La colección se publicó de forma bimensual y alcanzó ocho números entre 1977 y 1978, hasta que fue cancelada abruptamente durante la llamada “implosión DC”, un recorte masivo que supuso la desaparición de aproximadamente un tercio de sus títulos.
En Crisis en Tierras Infinitas reapareció y llegó a formar parte del Escuadrón Suicida.
Entonces llegaron Milligan y Bachalo.
Peter Milligan fue el autor del mes de nuestro magazine de noviembre, podéis leer allí una estupenda biografía pero que aquí os resumimos:
Nacido en 1961 en Londres, Milligan es un autor destacado por su estilo innovador, arriesgado y transgresor. Formó parte de la “invasión británica” en DC Comics, dejando una huella profunda especialmente en la línea Vertigo.
Comenzó su carrera en los años 80 escribiendo para 2000 AD, donde destacó con Bad Company, su primer gran éxito. A finales de los 80 y principios de los 90 llegó a DC, donde firmó obras clave como Skreemer, la que hoy os reseñamos: Shade, el hombre cambiante (duró unos setenta números), Enigma (una serie de culto sobre identidad y sexualidad), Blanco Humano (de las favoritas de Tristan Cardona), Hellblazer y etapas en personajes clásicos como Batman (Zinco lo acreditó como Mulligan en una ocasión), Superman o Green Lantern.
Su estilo es complejo, exigente y lleno de profundidad, centrado en temas como la identidad, la moralidad y la condición humana, lo que a menudo lo convierte en un autor difícil y críptico.
En Marvel, brilló sobre todo con los Allred en X-Force y X-Statix, versiones satíricas y cínicas del mundo superheroico, además de una etapa en Elektra. En el ámbito independiente destacan American Ronin y la serie histórica noir Britannia, con Juan José Ryp.
Ha recibido varios premios, incluidos dos UK Comic Art Awards al Mejor Escritor (1991 y 1994). Actualmente, sigue vivo y visible en redes, donde también expresa su pasión futbolera por el Tottenham Hotspur.
Por su parte, Chris Bachalo (1965) es canadiense y dibuja comics. Ahí es nada, Famoso por su estilo semi caricaturesco, dulce, atractivo y por sus composiciones de página pop. Estudió arte gráfico en la California State University de Long Beach, donde empezó a ilustrar cómics underground.
Su primer trabajo profesional fue The Sandman #12 (1989). Poco después se convirtió en el dibujante regular de la serie que nos ocupa, Shade, the Changing Man, que le dio un área de culto, con virutas mainstream. Aquí es donde su estilo dio el salto que lo hizo reconocible, con influencias de Sam Kieth o Bill Sienkiewicz hacia un trazo más sencillas, de líneas gruesas y composiciones saturadas de pequeñas viñetas. Y sobre todo, sus narices con rallitas de borrachín.
Dibujó la bella Death: The High Cost of Living (1993), lo que le dio fama más allá del circuito más culto. En 1994 pasó a Marvel, donde ilustró Ghost Rider 2099 (también es pa verla, de lo mejor de la línea 2099, aunque el guion era otra cosa) y, sobre todo, cocreó Generation X (aix las modas) junto a Scott Lobdell.
Tras su etapa en Generation X, Bachalo dibujó Uncanny X-Men (1997–1998) y más adelante intervino en varias series mutantes como Ultimate X-Men o New X-Men. En el año 2000 creó Steampunk con Joe Kelly, una serie en Cliffhanger.
Hechas las presentaciones, vamos al cómic.
El tomo de Panini: Shade, el Hombre cambiante
En la introducción del tomo Milligan explica que antes de escribir Shade, realizó un viaje por Estados Unidos y que, de alguna manera, Shade hace lo mismo, como extranjero en América.
Lo que vemos en el cómic es como la presencia del personaje rompe las barreras de la realidad tal y como la entendemos, y se solapan diferentes planos psíquicos en uno solo. El subconsciente de los personajes emerge dando lugar a escenas surrealistas pero que tienen una firme base psicológica.
Los traumas supuran, se fusionan y mezclan con la cotidianidad. Los protagonistas se ven superados al no entender que está ocurriendo. Milligan explica poco y expone mucho. Asistimos a situaciones difíciles de digerir repletas de dobles lecturas. Aprovecha el viaje para explorar los traumas de América, los conflictos no resueltos, un subconsciente burbujeante de represión y complejos. Shade permite explorar estos elementos debido a su “superpoder”. Y mucha violencia.
En el primer capítulo de la serie, cuando Kathy viaja a Luisiana para presentar su novio negro a sus padres, la historia ya trata (como hizo Gaiman en Sandman) algunos de los grandes hechos diferenciales de los Estados Unidos: los asesinos en serie y racismo sureño.
Kathy asiste al asesinato de sus padres. El novio es asesinado por la policía al ser identificado, por error, como si fuera el agresor.
Milligan expone con crudeza una crítica feroz al racismo americano. Algo que podría ser vigente en un cómic actual, visto lo visto.
La ejecución en la silla eléctrica de Troy Grenzer abre una vía para que Shade llegue a nuestra realidad, también huyendo de la suya.
Kathy le ayuda a escapar a pesar de tener la apariencia física del asesino de sus padres. Empieza un viaje por USA. Shade emerge, nace, en la silla eléctrica. Uno de los emblemas norteamericanos.
La primera parada es Dallas. Allí anida uno de los grandes traumas nacionales. El asesinato de JFK. EL epicentro es Duane, que está escribiendo el enésimo libro para desentrañar quién mató a Kennedy. Duane vuelca toda su ansiedad, a causa de la muerte por cáncer de su hija, en la obsesión por el magnicidio.
Duane se solapa con los testimonios y voces autorizadas con el caso, dando lugar a una criatura múltiple rebosante de información sobre Kennedy y su asesinato. De la acera de Dallas surge, además, una figura gigantesca de JFK que reclama saber la verdad.
A su manera, libre y loca, Milligan rastrea el caso y la locura (palabra clave en Shade) que arrastra, creando caos y desconcierto.
Posteriormente, y antes de la siguiente parada del viaje americano, vemos parte la trama del planeta Meta. Parece como si Milligan se hubiera acordado de golpe de la parte que menos le interesa de la obra. Shade ha absorbido el poder de su chaleco y ha poseído el cuerpo de Troy, mientras el suyo permanece muerto. Vemos parte de su historia que iremos retomando a mediada que continuamos el trayecto por EEUU.
Continuamos hasta California en busca de atajar el Grito Americano que está generando la distorsión de la realidad. Una primera parada en Hollywood donde la irrupción de Shade distorsiona la filmación de un blockbuster provocando que emerjan todas las miserias reprimidas de la meca del cine.

Productores que basan su casting en favores sexuales, actores de ego desmesurado, actrices enfermas por trascender, adictos a la fama, periodistas pedantes y misántropos… la tierra de los sueños que funciona, con toda lógica capitalista, a partir de la dinámica de las ansias de fama, dinero y poder.
El camino al éxito que es rehén de unas elites que exprimirán su fuente de riqueza para su beneficio personal.
La siguiente parada es San Francisco, donde asistimos a una cruel critica del sueño hippie. La ideología de la paz y del amor aguanta perfectamente el embate del Grito Americano. A pesar de como la parodia Milligan, ésta deja de mostrarse tal y como es. Es un tema que ya vimos en la Cosa del Pantano de Moore. No en vano, esta generación de autores ingleses asistió al movimiento hippie en su infancia.
El ajuste de cuentas de Milligan, repasa la biografía del movimiento, muy a su manera. Por lo que asistimos a la destrucción tóxica del hipismo a su infección de egoísmo, control, chantaje emocional y drogas, mostrando el reverso (o la resaca) de su ideología.
El siguiente número se centra en una micro historia en Crystal Falls (Michigan). Los autores se despachan a gusto criticando la doble moral, las ligas de la decencia y la normalidad WASP suburbial. Un relato contenido donde vemos al típico padre de familia adorador de las cosas “como Dios manda” emparanoiado (gracias al Grito Americano) con todo lo que sale de la norma. Milligan nos da una pista de por dónde irán los tiros al mostrar como este anónimo ciudadano está viendo La Invasión de los Ladrones de Cuerpos, que tiene una temática similar al capítulo.
Se trata de uno de los mejores momentos de la serie, los autores van madurando el estilo, depurando sus habilidades y cogiendo el tono. Saben usar las características del personaje para hablar de los temas que les interesan.
Es un breve paréntesis porque volvemos a la trama principal con el regreso de un asesino en serie que se dedica a matar a personas cuyo nombre empieza por K. Es el regreso de Troy. Nuestro héroe ya había avisado (Milligan se guardaba esa carta) que parte de la esencia del psicópata se quedó en el propio Shade. Entronca aquí la obra con uno de los temas esenciales de Milligan: la identidad. Quiénes somos, hasta dónde llega quienes somos, qué nos define. Tema recurrente y en el que una propuesta como Shade se encuentra como pez en el agua.
Milligan purga esa parte de la serie (de momento) en una aventura introspectiva, llena de psicología “barata” (dicho con respeto) y es que es muy difícil hacer entendible una trama sobre el subconsciente lleno de traumas de un asesino en serie.
Bryan Talbot aparece para dibujar un número y uno se da cuenta lo bien que ha estado Bachalo hasta justo el momento antes.
Bachalo empieza la serie de forma bastante tosca, como un ilustrador bastante convencional, por no decir vulgar. A pesar de lo que dice Milligan (y ya sabemos lo amables y correctos que son los ingleses con sus colaboradores) el dibujante no le da nada especial a la serie. Parecía uno de tantos de los dibujantes de la primera Vertigo, superados por unos guiones de primerísimo nivel.

Poco a poco Bachalo va depurando su estilo y empieza a parecerse al autor que todos identificamos, con sus atractivos planteamientos gráficos, su estructura de página elegante, con recursos embellecedores y evocadores, y, sobre todo, con su manera de caracterizar a los personajes. Su estilo empieza a ser reconocible e identificable, la serie da un salto gráfico considerable.
Es una transición lenta. Las fechas de entrega y la exigencia de un guion tan poco convencional, seguramente impedían que Bachalo desarrollara todo su potencial mucho antes.
Pasamos a los números 16 y 17 donde Shade descubre la auténtica identidad del grito americano, al que se enfrenta en un poblado del oeste postmoderno. En lugar de cabezas de ganado tenemos bienes de consumo desechables. El western y el consumismo, se dan la mano como elementos ineludibles de la auténtica esencia de América.
Milligan ironiza sobre los tópicos del western, en una historia llena de humor negro y soterrado.
En paralelo avanza la otra trama de la colección, la relación entre Kathy y Shade. Es especialmente curiosa la representación de este personaje femenino que va dando bandazos y que va pasando de los brazos de un hombre a otro (de su novio a Shade, pasando por Troy además del acoso de algún que otro personaje).
Es como si Kathy fuera un pelele a la que se le ha quitado la voluntad o al menos la capacidad de distinguir lo que es real y lo que no, en algún momento parece incluso una persona drogada por “la locura” de la trama. Es muy poco verosímil su tratamiento psicológico teniendo en cuenta que en el primer número ha asistido al asesinato de sus padres y de su novio, para luego liarse con alguien que tiene el aspecto del asesino de su familia.
Sin embargo, ella acaba emergiendo como una persona con voluntad propia y deja a Shade, en un bonito capítulo narrado a partir de una carta escrita por Kathy. Milligan aprovecha para volver al asesinato de su anterior novio y darle algo de trama introspectiva. Es como si el guionista, de golpe se acordara de ella.
En el número 18 finaliza el Grito Americano. Shade vuelve a Meta para destruir su fuente, su antiguo mentor: Wisor.
Cierra el tomo el número 19. Tenemos otra vez dos aspectos determinantes de la vida americana como son los asesinatos en masa y la navidad. Milligan vuelve a diseccionar con crueldad (y humor negro) la vida en una pequeña población (Belén, en este caso) y la de un sociópata con ínfulas de gran hombre, ganas de trascender y mesianismo patológico.
Shade resuelve el sangriento incidente mientras reflexiona sobre su relación con Kathy.
Conclusión.
En estos primeros 19 números de la colección vemos como Milligan reinterpreta el viaje que realizó por EEUU, tocando alguno de los principales aspectos de la cultura y de la sociedad americana.
Milligan usa el motor del personaje (la locura) para explicar América (o su visión de América) a partir de sus traumas, inhibiciones, omisiones y represiones El autor usa la analogía del cáncer que infecta toda la nación, pero releer esta colección tantos años después uno no deja de ver como lo que hace el inglés es abrir en canal el país y hacer que emerja toda su psique, que interaccione con la realidad rompiendo las barreras freudianas (superyo).
Una crítica mordaz y cruel sube a la superficie, pero no deja de ser también autocritica no en vano, EEUU es quien está transformando a su imagen y semejanza la cultura occidental, por lo que sus referentes nos son tan cercanos, como si fueran propios.
Todo lo que expone Milligan tiene un epicentro, un sumidero al que todo desemboca: la violencia. Tenemos asesinos en serie, asesinos de masas, violencia policial, racismo, sadomasoquismo, agresiones sexuales, duelos con pistolas, rivalidades, abuso de poder… el punto central es la violencia y la locura que le subyace. Causa y consecuencia o viceversa.
Se ha dicho que esta es una obra difícil o exigente. Es cierto que cuando uno se enfrenta a un cómic cuya trama navega sobre la corriente de la “locura” (así en genérico) puede sentir temblar sus rodillas. Sin embargo, es una lectura bastante sencilla, que da que pensar, cuyas inferencias son bastante evidentes. Con la perspectiva de los años, quizás ha perdido esa mordiente transgresora que suponía leer un comic Vertigo, pero ha ganado en profundidad, madurez y uno le ve la solidez que posee por debajo de las chiribitas y los demenciales planteamientos de Milligan y Bachalo.
La identidad personal es uno de los tema recurrentesde Milligan y aquí profundiza en la doble «personalidad» del cuerpo que ocupan Shade y Troy, con Kathy como contrapunto al pesonaje.

El guionista tiene un lienzo enorme lleno de posibilidades. No se arruga en la tarea y aprovecha las posibilidades que le da un planteamiento tan abierto. Milligan mezcla diferentes técnicas narrativas y se muestra como un narrador polivalente, lleno de frases ingeniosas, evocadoras, bellas, significativas y poderosas.
Juegos de palabras, diálogos ocurrentes, giros verbales, narrativa original… Milligan saca provecho a los recursos del cómic para mostrarse como un excelente “prosista”. Mucha de su “prosa” en Shade sería bastante poco fluida y atractiva en un novela. Sin embargo, aprovecha al máximo las posibilidades del tebeo (dialogo interior, diferentes narradores, diarios personales, pensamientos, cartas…) para “narrar” y hacerlo de forma atractiva.
No se “embolica” en técnicas complejas que enreden la lectura, si bien la estructura es original, busca siempre la eficiencia. Explicar el mensaje de la mejor manera. El efecto preciso.
La estructura cambia si trata de la parte de la trama realista/racional (con páginas y viñetas mucho más simétricas), de la “delirante” (donde vemos una organización más libre, más flexible e innovadora) o la “emocional” (donde la página se disgrega para transmitir la intensidad del momento).
Como pega podríamos decir que Milligan usa la locura como elemento narrativo y motor de la trama, pero sin dejar salir de una locura genérica, delirante, que, a pesar de su relación con la realidad y el entorno, no suele tener matices (salvo contadas ocasiones) sobre el “tipo” de locura.
Sería mucho más enriquecedor para la obra si nos moviéramos a través de diferentes cuadros psicopatológicos en función del tema a tratar, el personaje o el lugar. Hay trazas de alguna cosa, pero bastante poco evidentes y poco firmes.
No es el tema de Milligan, pero quizás sea el paso que le falta a Shade para de una gran obra a una leyenda.
También en interesante valorar esta obra (tan poco editada en nuestro país) en su contexto, porque es una pieza más del mosaico que crearon los autores ingleses de las invasiones británicas y de como veían ellos a los Estados Unidos. Por una parte nos epxlican América y por otra nos hablan de ellos mismos.
De Bachalo ya hemos hablado. De un autor tosco al que apenas se le anticipan posibilidades (algo superado por el guion) a un dibujante bello, evocador, detallado, hipnótico, con un trazo carismático y un diseño de página moderno y de atractivo atemporal.

En los últimos números del tomo, Bachalo ya domina la página a su antojo y mete elementos decorativos además de atreverse con técnicas narrativas mucho más profundas y eficaces. En esta parte de la serie ya vemos su característico trazo grueso y “las texturas de sus narices”, auténtica marca de la casa de la obra.
El trabajo de Bachalo supone uno de los mejores ejercicios gráficos de esta primera fase de Vertigo.
Destacan también las coloridas y lisérgicas portadas de McCarthy y Helwett, dando a toda la serie un empaque especial, cuidado y artístico de primer nivel.
Estamos “como locos” esperando el siguiente tomo.
Lo mejor
• Una obra profunda, crítica y rica en matices y detalles.
• La escritura de Milligan.
• Ese sabor a puro cómic Vertigo.
Lo peor
• Que Milligan no haya profundizado y personalizado las psicopatologias para desarrollar los arcos.
• El dibujo del primer Bachalo.









Un cómic que número a número decae estrepitosamente.
En mi opinión el Sr. Milligan es un autor con buenos conceptos iniciales que no sabe desarrollar y hacer interesantes a la larga.
Quizá X-Statix es la excepción gracias a la narrativa y arte de Allred.
Shade es original en sus números iniciales para a continuación ser una copia mala de sus contemporáneos: Sandman, Hellblazer …..
Yo no diría tanto que decae según avanza, como que te caen cada vez un poco peor los protagonistas (Vic es un emo llorica insufrible y Kathy es insultantemente lamentable siendo generosos en este comienzo), pero la historia no está mal.
Pero dicho eso, era de las grandes pendientes que tenía y me ha gustado. La transformación de Bachalo es increíble en unos números (no llego a entender que fuera tan mediocre al comienzo, cuando entiendo que, al ser su estreno, debía darlo todosimo y no, es flojísimo). Y de repente pasa a ser elegantísimo y totalmente reconocible en una transición rapidísima (es flipante de verdad).
En fin, que en el siguiente tomo allí estaré.
Una duda, Bachalo sigue toda la serie o luego hay cambio de dibujante?
Bachalo abandona la serie en el #50, donde el rol artístico pasa por diferentes artistas (Sean Phillips primerizo, Mark Buckingham) hasta que cae en Richard Case.
Ah, y las portadas pasan a ser labor de Fegredo.
Muchas gracias. Bueno, son bastantes números y Buckngham después de Bachalo es casi tradición y el resto es reparto vertiguero de la época. La completaré seguramente
Estoy de acuerdo contigo. Una de las cosas más curiosas de Shade es asistir a la maduración de Bachalo como autor, como pasa de ser un tipo cumplidor muy justo a un autor reconocible y bastante bueno.
Supongo que ahí está la labor del editor.
Por otra parte, entiendo que un autor con poco experiencia tiene cierta dificultad para adaptarse a un guion como el de Milligan… o incluso a un guion random. Ten en cuenta, que pasar de la libreta de bocetos o tus propios guiones (donde habitualmente uno suele dibujar lo que le gusto y/o lo que sabe hacer) a un guion donde el guionista pide determinados planos, paisajes o fondos… digo yo, por especular.
y ya te han respondido sobre cuánto dura en la colección. Los números finales de Shade son un poco más flojos.
Gracias por comentar.