Serial Experiments Lain

A finales de la década de los 90 todo el mundo alucinaba con producciones como Matrix y como abría la puerta a un mundo que en ese momento estaba en ciernes, el mundo digital. 1 año antes de su estrenos aparecía en Japón, Serial Experiments Lain, un anime con temática sci-fi y cyberpunk, rompedor y ambicioso, que vaticinó con escalofriante precisión como sería el mundo bajo las garras de la red de redes. Una obra de culto que repasamos brevemente en Zona Negativa.

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Lain_Portada

Dirección: Ryutaro Nakamura.
Guión: Chiaki J. Konaka.
Música: Reichi Nakaido.
Animación: Triangle Staff.
Formato: Serie de 13 capítulos de 25 minutos.
Nacionalidad: Japonesa.

 

Cuando hablamos del concepto “obra de culto” solemos hacer referencia a producciones culturales que pese a tener una tibia acogida, incluso nula, en el momento de su creación, con el paso del tiempo logran un estatus de casi veneración popular, maximizando sus virtudes en el imaginario colectivo. Esto se produce por su capacidad innovadora o rompedora, por su formato, por su trama, su producción, su significado histórico, el tratamiento de temas controvertidos o el enfoque que hacen de otros más convencionales, saliéndose de la norma y aportando al consumidor una nueva visión acerca de los mismos. En el mundo del anime, las obras de culto también suelen llevar implícita la etiqueta de clásicos, y habitualmente el factor nostalgia juega a favor a la hora de considerar una serie o película como de culto. En este caso concreto, hay muchas producciones de los años 90 que entran dentro de este término, no solo por sus bondades sino también por ese puntito nostálgico, ese hito que supone ser la primera obra que te adentro en el mundillo, o la primera en atreverse a mostrar según qué cosas o contarlas de tal o cuál manera.

En esa época noventera a todos se nos vienen a la cabeza títulos considerados de culto dentro de, sobre todo, el género de la ciencia ficción, pudiendo nombrar obras como Akira (que aunque se estrena en 1988, a España llega en 1992), Ghost in the Shell, Evangelion… Creaciones que por primera vez llevaban mucho más allá el uso del anime como un medio para contar una historia entretenida o derrochar virguerías técnicas, sino que se arriesgaba a jugar con el ritmo y el enfoque narrativo para mandar un mensaje filosófico, crítico y profundo. Historias con empaque que invitaban al espectador a no simplemente sentarse a ver el espectáculo sino que requerían una implicación un poco mayor en un escenario plagado de simbolismos y metáforas que encerraban algo más detrás de lo simplemente inmediato. Y dentro de esa época surge un anime que quiso dar un pasito más, y que se atrevió no solo a usar todas esas herramientas filosófico-narrativas de las que habló, sino que incluso tuvo el arrojo de lanzar ciertas “predicciones” y reflexiones sobre como la casi recién nacida red de redes podría llegar a afectar al ser humano. Por todo ello, y aprovechando que el próximo mes de junio Selecta Visión va a lanzar una nueva edición de la misma, vamos a hablar un poco de un anime que no deja indiferente a nadie que lo ve: Serial Experiments Lain.

Serial Experiments Lain es una serie anime de 13 capítulos creada en 1998 por el director Ryutaro Nakamura y el guionista Chiaki J.Konaka y producida por el estudio Triangle Staff que, como dije anteriormente, quisieron dar una vuelta de tuerca más a la manera de narrar una historia, usando la animación simplemente como herramienta para lograr un impacto visual de apoyo para lo verdaderamente importante que tiene la obra, que es la multitud de mensajes que lanza a su espectador para que sea él mismo el que junte las piezas del puzle. Un puzle que realmente parece más bien estar en blanco, ya que aunque la historia tiene un principio y un final, aporta tanta información y tantas preguntas que invitan a una reflexión profunda y personal, que incluso después de varios visionados puedes descubrir nuevos interrogantes, replantearte los que ya habías “solucionado” o descubrir como el paso del tiempo y la experiencia provoca que la visión que tenemos de una misma cosa sea distinta. Por eso en Lain, pese a que como digo tiene una línea argumental que se puede seguir y que queda más o menos cerrada y entendida, lo verdaderamente importante es aceptar el juego de reflexión y debate interno que proponen sus creadores, dejándonos solos ante un maremoto de información que perfectamente podría estar firmado por uno de los grandes pensadores de la historia.

Pero como digo, más allá de lo que hace única y especial, lo que le da el estatus de culto a esta serie, que radica en su mensaje y crítica, en Serial Experiments Lain tenemos una trama que podemos resumir fácilmente, si bien no deja de escapar también a convencionalismos y resulta interesante desde el comienzo. En Serial Experiments Lain seguimos los pasos de Lain Iwakura, una adolescente japonesa que vive en un Tokyo a caballo entre lo futurista y lo contemporáneo en el que la tecnología, y más concretamente los ordenadores e internet, forman parte indispensable de la vida de toda la sociedad. Lain, como es casi tradición en las obras japonesas que versan sobre estos asuntos, es una chica introvertida y reservada, con evidentes problemas de socialización tanto con el mundo exterior como con su familia, e incluso con ella misma. Un día tanto Lain como varias de sus compañeras de instituto reciben un correo electrónico de Chisa, otra de las alumnas. Hasta ahí todo normal, si no fuese porque Chisa se había suicidado y en el mensaje habla sobre su muerte como un paso de transición para abandonar “su carne” para romper sus ataduras con el mundo terrenal y poder estar con Dios en el nuevo mundo que forma parte de la red.

Tras el enigmático suceso, Lain instala un nuevo Navi, un ordenador de última generación, apoyada por su padre que considera que la tecnología puede ayudar a su hija a acabar con sus problemas sociales y ser un poco más feliz y completa. Lain comienza a utilizar cada vez más y más el Navi, adentrándose sin remedio en una vorágine de tecnología, hackers, grupos secretos, conspiraciones, lugares y personas de dudosa recomendación con el objetivo de desentrañar los misterios alrededor de la muerte de Chisa y su enigmática advertencia desde el más allá. Una vorágine que se convertirá en un viaje lisérgico y paranoiquizante en el que tanto Lain como los propios espectadores terminaremos cuestionándonos acerca de la existencia, Dios, la vida y la muerte, la sociedad, los peligros y bondades de la red, las difuminadas líneas que separan pasado, presente y futuro, la soledad…

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Como podéis ver la historia de Serial Experiments Lain es atrayente per se, sobre todo para aquellas personas ya aficionadas a las temáticas de ciencia ficción, distopía o cyberpunk, que tanto se prestan a realizar historias que sean a la vez muy cuidadas audiovisualmente, muy enrevesadas e interesantes y a la vez estimulantes a la hora de proponer ideas o debates filosóficos o existencialistas. Esto, a la vez de una bondad, también provoca que Lain no sea un anime sencillo, no uno de esos que te sientas a ver para pasar el rato. Lain es una serie que exige un poco a su espectador, que estimula su atención bombardeando con información que a primera vista parece inconexa o innecesaria, pero que al final termina hilándose de manera magistral con el resto de piezas del rompecabezas. La trama se desarrolla de manera muy lenta y más allá de la línea argumental principal, parece que el resto de elementos guardan poca relación unos con otros, llevando incluso a hacer pensar al espectador que la carga argumental que nos pone sobre los hombros no es para nada proporcional a la duración de la misma, como si quisiese abarcar más de lo que puede. Pero esto no es para nada así finalmente, ya que aunque suene pelín pedante o, como se dice últimamente, gafapasta, Lain es una serie que elige a su espectador.

No quiero decir con esto, de una manera prepotente, que hay espectadores de primera y segunda categoría, y que solo a los primeros les pueden llegar los mensajes de Lain. Pero si que afirmo que este es un anime que requiere de un espectador con cierta mentalidad y predisposición a ir un poco más allá, un espectador al que le guste más reflexionar y preguntarse cosas durante el visionado que simplemente sentirse satisfecho con lo inmediato. Si ves Lain esperando respuestas rápidas, directas y al pie, tienes que tener claro que este no es tu anime, y que pese a que la trama principal vas a entenderla en líneas generales (si aguantas hasta el final el ritmo pausado y los escasos avances de esa trama), vas a quedarte sin entender o procesar un gran porcentaje de todo lo que el guión te arroja más o menos veladamente al cerebro. Es un anime que requiere de un espectador activo y despierto, y sobre todo curioso. Si es tu caso, ver Serial Experiments Lain puede ser una experiencia perfecta para ti, pues pocas series tienen un desarrollo de la trama y los personajes tan magistral, apoyado por multitud de valientes recursos audiovisuales, lingüísticos, filosóficos y metafísicos, que partiendo de una situación simplemente extraña acaba consiguiendo formar una auténtica obra maestra crítica e interpretativa que otorga una enorme libertad al espectador a la hora de hacerla suya.

Serial Experiments Lain es una serie enmarcada dentro de la demografía seinen, pero dentro de esta podemos considerarla como una amalgama de varios géneros que hila y vincula a la perfección. En este sentido me gusta hacer un paralelismo con internet, uno de los ejes vertebrales de la obra. Y es que al igual que la red de redes, Lain es eso mismo, una gran entidad formada a su vez por multitud de pequeñas entidades, en forma de géneros, tramas y mensajes que conforman el todo. Lo más evidente es que nos encontramos ante una producción que bebe de la ciencia ficción y el cyberpunk, aunque no de una manera agresiva, ya que tanto visual como narrativamente se establece un contraste claro entre el abrumador reinado tecnológico que impera en el mundo de Lain y que convive con la aparente normalidad contemporánea del resto de elementos. En este sentido es una serie hija de su tiempo y podemos considerarla hermanada con obras como Matrix, obras que muestran esa vena cyberpunk no tanto por la estética (que en Lain es muy única como para encasillarla y compararla con otras) sino por el entendimiento del cyberpunk como un mundo saturado y dependiente de la tecnología y una sociedad que acepta esa condición, con una tendencia clara a caer en la distopía.

Lain_Chisa

En Lain, al igual que en Matrix, la presencia del sci-fi no se reduce solo a hablar de la red y de ordenadores, y como buena obra de finales de los 90 tiene bien presente la figura enigmática e hiper valorada del hacker, ya sea como persona, grupo o mundillo que es considerado como especial dentro de una sociedad de gente que únicamente tiene como objetivo seguir al resto del rebaño. Gracias a ese aspecto, Lain también nos muestra un par de géneros que tiran hacia la investigación y el misterio, con pequeñas tramas que son protagonizadas por estos hackers, grupos secretos y conspiraciones varias que van enmarañándose con la trama realmente principal que es la filosófica y existencialista de la que hablaré posteriormente.

Otro de los géneros que se abarcan en esta serie es el drama, especialmente representado en la soledad que vive Lain y que a muchos hará sentirse identificados. Un drama que se personaliza en Lain pero que se acaba vinculando al ser humano en general y la búsqueda de su encaje y de entender el porqué de las cosas y de sí mismo. También encontramos pinceladas de terror psicológico, breves momentos de acción dentro de la calma general de la serie, conspiranoia y elementos sobrenaturales… Un compendio de géneros y temáticas que se van hilando entre si y que acaban siempre desembocando en los grandes pilares maestros de Serial Experiments Lain: la filosofía, la psicología, la religión, el ser humano, la sociedad y la red, y como están vinculados entre sí para acabar formando parte de un todo en el que las preguntas sobre uno de los temas pueden hacerse también para el resto.

El contexto y la multitud de mensajes relacionados con la filosofía que contiene Serial Experiments Lain es abrumadora, y aunque ahora pase a hablar de algunos de ellos, es muy probable que me deje otros muchos tantos, o que vosotros extraigáis otras interpretaciones de los mismos, ya que con cada visionado y en cada momento que os dejéis atrapar de nuevo por la obra, nuevas preguntas cruzan seguro vuestra mente. En la serie encontramos multitud de elementos que hacen que no tenga nada que envidiar a cualquier libro que podáis obtener sobre la filosofía y el ser humano, tocando teorías que abarcan desde la filosofía más clásica de los típicos Platón, Sócrates y compañía hasta llegar a otras más contemporáneas, y vinculando y estableciendo paralelismos constantes entre ello y la existencia de una sociedad permanentemente conectada y dependiente de una red, dando validez universal en la actualidad a preceptos que se acuñaron hace siglos. De hecho esa es una de las cosas más maravillosas y casi aterradoras que tiene este anime, y es la absoluta y tremenda precisión profetizadora que tuvieron sus creadores a la hora de describir un futuro, emergente en ese momento, pero que ya estás aquí, y del que hablaré algo más tarde.

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El elemento fundamental del que partimos es el yo, y durante todo el anime nos surgirán una y otra vez preguntas y dudas que llevan atormentando al hombre desde su aparición en este planeta y la adquisición de conciencia sobre sí mismo. Y esa conciencia sobre uno mismo está muy bien representada en Lain, que desde un primer momento toma una premisa básica de las teorías socráticas: conócete a ti mismo. En esta serie damos vueltas constantemente en torno a quién somos, tanto para nosotros, como para la sociedad, el mundo o incluso para el tiempo. Esta es una premisa fundamental, ya que solo cuando conocemos nuestro propio yo, somos capaces de entender el resto de cosas que nos rodean y que forman parte de la realidad. El problema viene cuando nos damos cuenta de que dicho precepto no puede responderse de una manera categórica, ya que entronca directamente con otras teorías filosóficas, como por ejemplo el clásico “yo soy yo y mis circunstancias” de Ortega y Gasset y el hecho de que el hombre sea un animal social como decía Aristóteles, que necesita del entorno para poder definirse a sí mismo.

A partir de comenzar a plantearnos esas cosas en consonancia con lo que vemos que va ocurriendo en la serie es cuando nos empieza a explotar la cabeza. Porque Lain nos muestra que existen varios yo, y que no dependen solo de nosotros, ya que cada persona o entorno con el que interactuamos tienen una percepción distinta del yo que conocemos nosotros mismos. Es decir que al mismo momento que existe un yo en tu cabeza con unas características y una forma de ser que conoces y comprendes, hay multitud de diversos yo que no dependen de ti, sino de la visión que el resto de la sociedad tiene de ti. Una manera de complicar las cosas que sin embargo es inevitable, ya que el ser humano no puede vivir alejado de la sociedad, es parte de ella y le da forma a la vez que ella le da forma a él. Y en este punto entra en juego internet, la red, una posibilidad de mantenernos conectados permanentemente al resto de personas y aparentemente liberarnos de las dificultades que siempre encontramos para ser.

La red se convierte en Lain en la representación de otra de las teorías platónicas, que es la existencia de un mundo suprasensible, un mundo de ideas puras y libertad plena que se vincula con el paraíso regido por Dios. Un plano superior al que solo se puede acceder renunciando a “la carne” y viviendo enteramente por y para el entorno cibernético, un suicidio que en Lain tiene dos maneras de representarse, tanto de manera real, con el suicidio de Chisa, como con el aislamiento social real de Lain. Esto entronca directamente con la idea de si existe o no existe el alma, y si el ser humano es el conjunto de cuerpo y alma, y no pueden existir por separado, o si bien el cuerpo no es más que un envoltorio para ese conjunto de cosas desconocidas que nos hacen ser quién somos.

Lain_Oso

Según van avanzando los capítulos, sin embargo, todo este misticismo queda en un segundo plano cuando los creadores usan la filosofía para ser menos espirituales y obligarnos a enfrentarnos cara a cara con la realidad y con nuestros miedos. Y no hay mayor miedo del ser humano que no tener una razón para existir, que nuestra existencia sea, como decía Camus, absurda. Y esto se consigue en la serie poniendo en comparación al ser humano con la red y con una máquina. Al final la memoria del ser humano no es más que un registro, y nuestra actividad neuronal no deja de estar formada, al igual que funciona un ordenador, por impulsos eléctricos. ¿Y si somos en ese caso simplemente partes de algo mucho más grande que no entendemos? ¿Y si el mundo no es más que el cerebro o el ordenador de ese supuesto Dios y nosotros no somos más que los impulsos y las sinapsis que le permiten realizar sus procesos cognitivos?

Miedos y esperanzas que obligan a crear la existencia de ese Dios, un Dios que solo existe porque hay gente que cree en él y que nos lleva a otro punto clave de Serial Experiments Lain y que no es otro que la realidad. Durante toda la serie, al igual que ocurre con el tema del yo, se nos presenta que la realidad solo existe cuando somos conscientes de ella. Si tu no ves o experimentas algo, si no ves el árbol caer en mitad del bosque, no puedes asegurar que hace ruido. Ni siquiera puedes asegurar que ese árbol exista. Algo similar es lo que nos propone pensar Lain, y que entronca con lo que mencionaba anteriormente: la realidad solo existe cuando estamos conectados a ella, y cuando nos desconectamos solo existe el yo. Pero ese yo es solo uno de muchos, ya que ese yo es distinto a los ojos de otros cuando nos conectamos a sus realidades.

En esa sentencia podemos establecer también un paralelismo evidente con la red, una creación del hombre que solo existe si estamos conectados a ella, pero que a su vez ya existía antes de que aprendiésemos a usarla. Cómo podéis ver, la serie es un maremágnum de ideas, conceptos y simbolismos con múltiples interpretaciones que dependen de muchas variables y de quién sea el espectador, y que puede provocar que acabemos como Lain, dándole mil vueltas a las cosas y con un trastorno de identidad en el que ya no sabemos ni quién somos ni hacia dónde vamos. Pero dentro de esta tormenta de ideas, encontramos un hilo conductor que permite arrojar algo de luz al asunto, no una respuesta final, pero sí algo que pueda ayudarnos a entender el mensaje que nos lanza la serie. Y esa luz la aporta la relación entre todo lo escrito en los últimos párrafos y esa sociedad dependiente de la red que hoy día es más real que nunca.

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Decía antes que da un poco de angustia ver como los autores de Lain han clavado prácticamente al dedillo como iba a ser la sociedad en un futuro de distancia incierta a partir de la aparición del internet comercial y la democratización de la tecnología y de la información. Leed los párrafos anteriores y dejad a un lado el tema filosófico para establecer un paralelismo con la actualidad. Pensad en una persona con redes sociales en las que tiene montones de seguidores y amigos, y en las que muestra una imagen de persona triunfadora, feliz, realizada, viva. Pensad también en cuántos de esos “amigos” realmente haría algo por el yo real de la persona que lleva esa cuenta. En los momentos en que esa persona atraviesa un bajón vital pero sigue subiendo fotos con mil filtros y planes de ensueño. Esa persona tiene varios yo, como comentaba antes, y curiosamente todos son reales, dependiendo de quién los mire. Eso puede extrapolarse también a la gente que modifica su propio yo en las redes para poder encajar de alguna manera en algún sitio, cumpliendo con esa característica social del ser humano que nos empuja a necesitar el contacto, sea de la manera que sea con los demás, hasta el punto de dejar de lado nuestra vida real para estar permanentemente conectados. Ejemplos como estos hay a paladas en la serie, y que también son muy críticos con una sociedad hedonista y consumista que parece haberse olvidado de lo que hay más allá de las pantallas de los dispositivos, ya que nos permite, como podía hacer la figura de Dios que decíamos antes, evadir una realidad en la que sufrimos o en la que las cosas nos cuestan mucho más. En este sentido Lain es muy crítica con ese aspecto que, sobre todo en Japón, es un problema acuciante, y busca lanzar un mensaje (sobre todo en su final) que anime a que volvamos a conectar, en la medida de lo posible, con la realidad, y que vivamos en ella dejando la red como un elemento más de la misma, y no como si fuese nuestra única realidad.

Pero por otro lado no todo son mensajes pesimistas en torno a la sociedad de la tecnología y la información en la que vivimos. Decía antes que uno de los mayores miedos del hombre es que su vida no tenga un sentido. Realmente es nuestra capacidad de cognición la que hace que nos pongamos metas para sentirnos realizados constantemente, ya que como animales que somos, realmente tenemos un objetivo muy claro: perpetuar la especie y la vida en el mundo. Algo que evidentemente se produce mediante la genética, pero que con el paso del tiempo y ese razonamiento cognitivo nos ha llevado a tener necesidades mayores de transmisión en el tiempo. Esto nos lleva a la teoría que Richard Dawkins comenzó a desarrollar a mediados de los 70 en su libro El gen egoísta, y que nos habla de genes y memes. Todos sabemos, más o menos, lo que son los genes y lo que producen, mientras que un meme es la unidad teórica de información cultural transmisible de un individuo a otro, o de una mente a otra, o de una generación a la siguiente. Internet, la red, sería en este sentido un mecanismo creado por el ser humano de manera consciente por su necesidad de conexión social, e inconscientemente por sus necesidades evolutivas y de perpetuación de especie, en el sentido cultural e informativo de esta. La red estaría haciendo la función de las abejas al polinizar las flores, ayudando no solo a retener una información que los genes no pueden transmitir y para la que no tenemos suficiente memoria en el cerebro, finito al fin y al cabo, para retener y archivar, al mismo tiempo que la difunde en el espacio y en el tiempo. Una teoría, de genes y memes, que tuvo mucho éxito en autores japoneses de finales de los años 90, y entre los que podría citar a Hideo Kojima, que incorpora un mensaje similar en su serie de videojuegos Metal Gear Solid.

Podría seguir muchos párrafos más con teorías y preguntas sin respuesta (o sin respuesta cerrada y categórica al menos), ya que Serial Experiments Lain es una obra que da pie a tesis de páginas y páginas sobre todo lo que encierra. Así que en ese sentido, animo a todo aquel con pensamiento crítico e inquietud por este tipo de temas que eche una ojeada a la misma y, si es posible, que ponga en común lo que le genere con algún conocido, porque puede dar lugar a debates y reflexiones muy interesantes.

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Metiéndonos ya en el apartado audivisual y técnico, hay que decir que la animación de Lain ya tiene sus años, y aunque guarda el encanto de las producciones noventeras (recordando a obras como Cowboy Bebop, Ghost in the Shell…), el tiempo también ha pasado para ella. La animación es enteramente 2D, sin grandes alardes y que se caracteriza por la repetición de escenarios y una sensación de cierto vacío en ocasiones, y una abrumadora cantidad de elementos en otras. La animación, al igual que ocurre con la banda sonora, es muy ambiental, y busca ayudar a reforzar el mensaje y las sensaciones en las que quiere incidir la serie: soledad, desconcierto, inconexión, angustia, decadencia… Usa un juego constante de luces y primeros planos, con una paleta de colores típica para la ciencia ficción de la época, con predominancia de tonos verdosos y oscuros, con excepciones en los momentos más lisérgicos e introspectivos de la obra. En general la parte técnica cumple si entendemos la serie como hija de su tiempo, y hay que alabar la gran personalidad de sus diseños y la consecución de un ambiente y algunas escenas para el recuerdo, muy icónicas. Del mismo modo, encomiable la dirección y el montaje, que se pone al servicio del mensaje y de la narrativa, todo un lujo. En el apartado musical, más allá de opening y ending (y ese genial “present day, present time” con el que arrancan la mayoría de los capítulos y que pone los pelos de punta por diversas emociones que genera) no encontramos muchas piezas destacables, ya que la mayoría de la banda sonora es puntual y ambiental, si bien el uso de los sonidos crea una atmósfera única y especial.

Serial Experiments Lain es la perfecta definición de obra de culto. Una serie rompedora tanto en los temas que nos lanza a la cara como en la manera de enfocarlos y de estimular al espectador para que sea proactivo y forme parte también de la serie, su trama y su resolución. Es una serie evidentemente lenta en su ritmo, en ocasiones farragosa e inconexa, pero deliciosa de ver por su magnífica narrativa y los conceptos, símbolos e interpretaciones que guarda en su interior. Es un anime también recomendable para aquellos que no quieran darle mil vueltas a las cosas, ya que la trama principal tiene un principio y un final bien marcados y que puede ser satisfactoria y disfrutable si se perdona esa lentitud y los momentos en los que pareces no enterarte de nada. Un anime que requiere algo de paciencia y ganas, pero que recompensa con creces el “esfuerzo” que inviertes en él. Dadle una oportunidad aunque sea simplemente por ser una obra muy representativa de la cultura de los años 90, por lo única e irrepetible que es o por la escalofriante precisión que tuvieron sus autores a la hora de profetizar lo que la tecnología de la información haría con la sociedad. Recordad que el próximo mes de junio Selecta Visión pondrá a la venta en España la reedición en DVD y Blu-Ray de Serial Experiments Lain, por primera vez en alta definición y con una edición coleccionista y numerad, con multitud de extras entre los que destacan artbooks con diseños originales e ilustraciones de Yoshitoshi Abe, así como la banda sonora y una presentación de lujo.

Lain_paisaje

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Sayrus
Sayrus
Lector
24 mayo, 2018 16:52

Una serie jodidamente gloriosa.

jvrdom
jvrdom
Lector
25 mayo, 2018 16:50

Esta anime junto con Boogiepop Phantom (que muchos consideran una hermana de esta) me volaron la cabeza en su momento y me cambiaron la forma de elegir Anime. Trataron grandes conceptos y en mi caso, me dieron una trompada en la cara. Estaría bueno que ahora que se viene una nueva serie de Boogiepop, hagas una análisis de la misma 😉

Saludos.

jvrdom
jvrdom
Lector
En respuesta a  Rubén Merino
28 mayo, 2018 14:58

Espero con ansias la reseña.

Saludos.