Relaciones en un mundo digital o cómo hacer que tu gato se cague en la almohada de tu ex.
«Sí, sé que no hay nada que hacer, busco a alguien que no se deja encontrar.»
La era digital en la que vivimos ha traído cambios a todos los niveles que hacen que estemos comunicados en todo momento aumentando nuestras posibilidades de elegir. Así que cuando queremos comprarnos cualquier cosa disponemos de la posibilidad de elegir entre cientos de modelos diferentes a través de diversas plataformas que nos ofrecen información detallada sobre cada producto. Una infinidad de posibilidades para casi cualquier actividad marcada por un concepto muy consumista de la existencia que se ha extendido a todos los niveles, incluidas las relaciones afectivas. Hoy en día, hay cientos de apps que nos permiten conocer a personas para diferentes tipos de relación. Una nueva forma que, al igual que las de antes, tiene sus pros y sus contras, pero que viene marcada por una facilidad para descartar o elegir a alguien por la información – falsa o no- contenida en un perfil y una sensación de prisa y consumismo impersonal que es uno de los grandes problemas de la sociedad actual. Sobre esas nuevas relaciones trata Roncas, el cómic con el que Elva Lombardía se hizo merecedora del Premio Josep Sanchis Grau de cómic, de los XLII Premios Literarios Ciutat de València del 2024. Este cómic fue el primer galardonado en una categoría que se incluyó por primera vez ese mismo año. Desde hace unos días se encuentra en plena campaña de preventa en la web de Grafito Editorial y que el día 2 de octubre llegara a las mejores librerías. Así que para los que todavía tengáis dudas vamos a analizar qué es lo que nos encontramos en sus páginas.
Roncas es una historia de precariedad sentimental y laboral en la actualidad que está protagonizada por Lerda, una mujer soltera de treinta y tantos que vive en Barcelona. Su sueño es vivir del dibujo, pero mientras envía books a diestro y siniestro trabaja a media jornada en el call center de una empresa de transportes para conseguir dinero para poder pagar el alquiler de la casa que comparte con una amiga. Como muchas personas solteras, está apuntada en una web de citas para conocer a gente, una experiencia que vemos retratada en el cómic y que la ha llevado a conocer a todo tipo de personas. Exactamente lo mismo que sucede en las relaciones surgidas en entornos no digitales.

En las páginas del cómic, la ilustradora e historietista barcelonesa nos cuenta la crónica de dos relaciones de Lerda, muy diferentes a priori, pero con demasiados elementos en común. Una historia de autoficción que está basada en las propias experiencias de la autora contada desde el humor, algo que ya había cultivado en Diario de un confinamiento en un piso compartido (Saim Edicions), su primer cómic. Un divertidísimo sentido del humor que hace que las páginas vuelven mientras no consigues despegarte de ellas, pero que no oculta una mirada crítica a la superficialidad de algunas relaciones marcadas por las mentiras y los engaños en las que no se habla claro. A diferencia de lo que leíamos en el cómic sobre las relaciones modernas No siento nada de Liv Strömquist, Elva Lombardía no busca hacer un sesudo ensayo que nos permitan indagar en los cambios que se han producido en la sociedad que llevan a explicar el fracaso de sus relaciones. En su lugar nos encontramos con una cierta búsqueda de catarsis tras dos relaciones fallidas que tienen en común por la necesidad de ellos de convertirse en el centro de su vida, pero sin que sea algo reciproco. La visión de esas relaciones no está reñida con una reflexión y comprensión sobre su propia forma de ser, pero sin caer en la autocompasión y la autoflagelación. Y, sobre todo, sin perder de vista la parte más lúdica y divertida de la historia que nos quiere contar.

De forma paralela a las relaciones sentimentales de Lerda vemos como transcurre su vida laboral y como va despegando su carrera como dibujante freelance. Un retrato que le permite hacer una crítica sutil hacia la precariedad laboral y las dificultades que van cada día en aumento para establecerse en una gran ciudad entre precios disparatados. Como sucede en todo el cómic siempre contado desde un humor que va desde lo más naif hasta uno cargado de mala leche e ironía, eligiendo siempre el justo para cada dotar a cada escena de lo que demanda. Pero sin caer en la parodia que devalúe los diferentes mensajes que quiere transmitir tanto en estas críticas sociales como a la hora de reflejar los problemas y sufrimientos que vemos cuando una relación no funciona, sin dejar de lado los grandes momentos que se viven cuando todo va bien. Un torrente de emociones perfectamente transmitido y modulado que hacen de su lectura algo más que un divertimento, ya que también nos llevan a cuestionarnos nuestras propias relaciones.
En Roncas Elva Lombardía dibuja con un estilo que nos puede recordar al de otras autoras como Sara Soler por su variada mezcla de influencias que van desde el manga hasta los dibujos animados actuales que tienen como resultado un gusto por crear unos personajes muy expresivos y de diseños caricaturescos, pero con una personalidad propia que hacen de dibujo del cómic algo muy reconocible y disfrutable. Esas referencias no son solo aplicables al diseño y al trazo, también a la forma de contar una historia en la que prima la claridad, pero que nos regala algunas páginas de diseños y narración muy brillantes. Además de un uso del color como herramienta narrativa realmente muy bien conseguido. Una serie de recursos que nos muestran a una autora que sabe muy bien las herramientas de las que dispone el medio.
Roncas de Elva Lombardía es un cómic directo, divertido y sorprendente que aborda desde el humor las dificultades que se presentan en las relaciones que no salen bien. Una historia con un toque agridulce que huye del porno emocional y con la que es imposible no sentirse identificado en uno u otro momento. Algo que provoca que se lea como un tiro y sirve como confirmación de una autora llamada a regalarnos grandes momentos en el futuro. Una de las grandes e inesperadas sorpresas de lo que va de año.
Lo mejor
• Es divertidísimo lo que hace que se devora de una sentada.
• La crítica directa a las nuevas formas de relacionarse y la más sutil a la precariedad laboral.
• La expresividad de los personajes.
Lo peor
• La sobreabundancia de cómics que se publican cada mes puede provocar que pase desapercibido.










