Punisher & Elektra: La forja del asesino

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El asesinato es uno de los grandes tabús del mundo de los superhéroes, los más grandes, los más icónicos no matan, o eso se supone. Es cierto que esto depende en gran medida del contexto, no es lo mismo en una ciudad cualquiera matar al criminal de turno que hacerlo en una guerra, esto no es extraño es muy similar al mundo real, al fin y al cabo el arte no deja de ser un reflejo de nuestra sociedad. Aunque muchos autores han jugado con que el héroe mate a alguien, siempre se hace desde la perspectiva de que es algo negativo y le hace caer en cierta depresión o cambio.

Matar está mal o un héroe no mata, son cosas que hemos oído miles de veces y podríamos divagar eternamente sobre ello pero en la base queda bastante claro que Daredevil es un héroe muy vinculado a la justicia, a veces de forma un poco rara, es decir: Daredevil no mata. Vale que unos guionistas de forma no muy afortunada hicieron que matase recientemente y se pasase al bando de los malos en Tierra de Sombras, que no fue un evento espectacular precisamente (por suerte Mark Waid llegó al rescate), pero el Daredevil normal que conocemos de siempre no mata, es el que cae y se levanta, al que le pasa todo lo malo que nos podamos imaginar y sigue fiel a sus ideas.

Por eso la figura de este “santurrón”, como lo suele llamar Frank Castle, se ve muy contrapuesta con las dos de las que se habla aquí, ambas distintas entre sí, que no tienen problema en usar el asesinato para lograr sus fines y en ocasiones es esta acción su fin mismo. Precisamente es esta falta de moralidad a ratos ambigua es lo que une a Punisher y a Elektra que, a pesar de ser muy diferentes, se pueden identificar con esa palabra que se puso tan de moda en la década de los noventa, antihéroe, investigando zonas muy diferentes a las del héroe tradicional, a veces con fortuna y otras no tanto.

Con el estreno de la segunda temporada de Daredevil en Netflix ya ahí merece la pena repasar un poco la trayectoria de estos dos personajes que parece que van a tener mucha relevancia en la misma y que, recordemos, no son héroes, son… asesinos.

Punisher

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Nuestra historia empieza en febrero de 1974, cuando llega a las tiendas de toda América un cómic de Spider-Man aparentemente insignificante. El número 129, escrito por Gerry Conway y dibujado por Ross Andru, destaca por su llamativa -y hoy mítica- portada. “Diferente”, “mortal”, ese hombre con una calavera en el pecho disparaba a quemarropa a Peter Parker. El “asesino a sueldo más letal” prometía la portada. Sin embargo, ya en la segunda página, los lectores descubrían que ese desconocido llamado Punisher no era realmente un asesino a sueldo. Daba caza a Spider-Man porque creía que él mató a Norman Osborn, no porque la mafia le pagaba una generosa suma de dinero. El Chacal, villano más que conocido en aquellos lejanos años, se estaba aprovechando de él para deshacerse del Hombre Araña.

Por supuesto, como manda la tradición, este nuevo personaje se dio cuenta de su error tras luchar contra su presa. Y cuando lo hizo, Spider-Man le preguntó por qué luchaba contra el crimen. ¿La respuesta? “No es asunto tuyo. Quizás cuando este muerto significará algo… pero ahora mismo soy un guerrero… luchando una guerra solitaria”. Con estas palabra, el misterioso justiciero desapareció en un callejón al mismo tiempo que las sirenas de la policía obligaban a Spider-Man a huir. Mientras luchaban, había revelado que sirvió durante tres años en los marines y actuaba con un curioso código de honor: no quería ser un vulgar asesino, estaba obsesionado por limpiar las calles y nunca permitiría que su víctima muriera de una forma tan brutal como caer accidentalmente a la calle desde un rascacielos. De sus últimas palabras Peter Parker infería que a este justiciero la vida le había golpeado mucho más fuerte que a él, pero ¿qué podía conducir a un hombre a combatir el crimen de forma tan brutal? Ni el amistoso vecino arácnido ni los lectores obtuvieron una respuesta. El solitario ex marine probablemente jamás volvería a aparecer.

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El personaje de Punisher, el Castigador, fue dibujado por primera vez en una libreta. Su creador Gerry Conway estaba convencido del potencial de este personaje que había abocetado, pero no tenía claro el aspecto visual. Así pues, contactó con un afamado diseñador de personajes, un tal John Romita Sr, uno de los mejores dibujantes de todos los tiempos. Al dibujante le gustó la imagen de una calavera que el personaje lucía en el pecho, y la agrandó hasta que ocupara todo el torso. Pulió todos los detalles y, desafiando las convenciones de la época, dibujó al personaje sin una máscara de villano. Todos los villanos de Marvel lucían toda clase de cascos y máscaras, algo que aburría a Romita. Él quería dibujar uno que luchara sin ocultar su rostro. Confiesa el dibujante que estaba nervioso al mostrar su diseño a Conway y los editores, creía que le pedirían diseñar una máscara molona. Sin embargo, y para su sorpresa, nadie objetó su decisión de dibujar a Punisher a sin máscara; es más, todos los implicados estaban encantados con su trabajo. Ya solo quedaba darle un nombre. Discutiendo cuál era el mejor nombre, Stan Lee sugirió usar el nombre de otro personaje muy poco importante, que apareció en un número de los Cuatro Fantásticos, del que nadie se acordaría. El nuevo villano se llamaría The Punisher. Nadie supo en aquel momento que el futuro Amazing Spider-Man #129 marcaría un punto y aparte en la historia de Marvel Comics.

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Punisher y Punisher

Conway recuperó en dos ocasiones a este justiciero una vez más en la cabecera de Spider-Man. Punisher seguía siendo un villano bastante simplón y manipulable, que se dejaba manipular o provocar por el villano del mes. Lo más destacable es que en la segunda aparición de Punisher, Conway y Andru crearon la primera némesis del personaje: Jigsaw (Puzzle en español), un asesino cuya cara fue hecha añicos durante una cruenta batalla contra el justiciero de la calavera. Solo sobrevivió el combate porque Castle pensaba que estaba muerto. Desde entonces busca venganza, y lo intentará en numerosas ocasiones.

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Paralelamente Conway ya estaba preparando una historia de origen. El Marvel Previews #2, con dibujos de Tony DeZuñiga, narraba por fin la historia de Punisher desde la perspectiva de unos agentes del FBI siguiendo el reguero de sangre que deja a su paso. Descubrían que Punisher er un veterano de la guerra de Vietnam (cuyo nombre, Frank Castle, todavía no existía), el cual, un día, habiendo vuelto del país asiático, paseaba tranquilamente con su familia por Central Park cuando tropezaron con unos criminales que acababan de matar al miembro de una banda rival. Obviamente, no querían testigos, y abrieron fuego. Solo Castle sobrevivió y desde entonces opera como Punisher en los bajos fondos. Conway tuvo más libertad creativa para este especial, y se permitió escribir una historia mucho más adulta y cruda, que jamás hubiera sido aprobada para The Amazing Spider-Man. Asimismo terminó de concretar el carácter de Punisher, convirtiéndolo, ahora sí, en el soldado psicológicamente destrozado que todos conocemos hoy día. Ya solo faltaba que algún autor profundizara en la psique del personaje, pero pasaría bastante tiempo.

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Conway y Lein Wein recuperaron en la colección de Spider-Man al Punisher que se deja provocar o manipular fácilmente, algo lógico teniendo en cuenta el público meta. Las historias más significativas en este periodo fueron las de Archie Goodwin en el Marvel Super Action #1, con DeZuñiga a los dibujos otra vez, y en el Spider-Man Annual #15, dibujado por Frank Miller, un nombre conocido por todos.

Cuenta la leyenda que Miller estaba tan interesado en el personaje de Daredevil, que se ofreció como nuevo dibujante de su serie. Al cabo de unos números también asumió el rol de escritor, y redefinió al personaje para siempre. Cuando se habla de Daredevil, se habla del Daredevil de Miller. En mitad de su archifamosa etapa (números 182-184), el autor rescató a Punisher de la prisión y lo trajo de vuelta a Nueva York. Comenzaba así Child’s Play, una de las historias de Miller más míticas y recordadas. Los lectores asistieron al brutal primer encuentro entre Frank Castle y Daredevil, enmarcado en una impactante trama acerca del peligro de las drogas y las deficiencias del sistema jurídico. Éste era el comienzo de una enemistad que perdura hasta nuestros días y que nos ha dejado muchos momentos memorables. No es casualidad que Punisher aparezca en la serie de televisión de Daredevil.

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La popularidad de Punisher iba en aumento, pero su carrera como justiciero casi se vio truncada por obra y gracia de Bill Mantlo, quien lo convirtió en una parodia del Juez Dredd. En Peter Parker, The Spectacular Spider-Man #81-3, Mantlo introdujo a un Punisher más loco que de costumbre y obsesionado con preservar el respeto a las leyes. ¡Castigaba incluso a quienes ensucian la calle! Su Punisher era la obediencia ciega a las leyes y el peligro que eso conlleva. Y no era mala idea, pero había escritores muy capaces que estaban esperando su turno para profundizar de forma seria en el personaje y sus acciones y consecuencias.

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Mantlo envió a Punisher a prisión una vez más. Pero, como todos sabemos, Punisher solo se deja encarcelar para descansar un rato. En menos de tres años ya volvía a estar en las calles de Nueva York castigando a los malvados gracias a sus cómplices Steven Grant y Mike Zeck. Se dice que Grant llevaba años queriendo escribir una minisere de Punisher, que le parecía un personaje con mucho potencial, y que estuvo persiguiendo a los editores de Marvel hasta que le dieron una miniserie de cinco números simplemente titulada The Punisher dibujada por Zeck, talento en auge en aquella época, y publicada en 1986. Lo primero que hizo Grant fue retconear la aparición de Frank Castle en la serie de Spider-Man: Puzzle le había administrado una fuerte droga alucinógena. El bueno de Castle seguía tan “cuerdo” como siempre. En la cárcel, tras poner fin a un motín, es contactado por una organización clandestina que le saca de la cárcel y le devuelve su conocido traje. Sin embargo, como era de esperar, esa organización no es lo que parece, y pronto acaba enfrontándose contra el Castigador.

Vuelta a las calles

Éste fue el empujón definitivo que el Castigador necesitaba. Un año después Marvel publicó la primera serie regular del protagonista, un hecho solo posible gracias los dos autores, quienes, desgraciadamente, no completaron la miniserie. Al parecer, la editorial le había prometido a Zeck más tiempo para dibujar la serie, pero en mitad de la producción se lo negaron. El dibujante abandonó la miniserie en protesta por esta decisión y Grant hizo lo mismo en señal de solidaridad. Mary Jo Duffy y Mike Vosburg se encargaron de ese último número. Si el equipo original hubiese permanecido hasta el último número, la historia, Círculo de Sangre, hubiera ganado enteros, pero aun así sigue siendo una lectura muy recomendable y obligatoria debido a su importancia en la historia de Punisher. Además, fue Grant quien le dio a Punisher su nombre civil, Frank Castle.

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La primera serie regular de Punisher es, para bien y para mal, la más rocambolesca, caótica, impredecible, absurda e inconsistente que habrá habido en la historia de este justiciero tan implacable. Marvel contrató los servicios de Mike Baron, el escritor de la fantástica Nexus, un serie sobre otro justiciero que exploraba las justificaciones e implicaciones morales de los cruentos métodos que personajes como el propio Punisher empleaban. Teniendo en cuenta el grandísimo trabajo que Baron había hecho en esa serie, ¿por qué no estuvo a la altura su serie de Punisher? La explicación es muy simple: el éxito de Nexus se le subió a la cabeza y, sin darse cuenta, se volvió un cocainómano de cuidado. Buena parte de Punisher v.2 fue escrita bajo el efecto de tan perniciosa sustancia; y la otra, deprisa y corriendo para cobrar un cheque, irse de fiesta, y esnifar unas cuantas líneas más. Esto no es un rumor sino un hecho admitido por el propio Baron (quien, por cierto, debe sentirse afortunado de conservar su nariz). Hay quien opina que el dibujo de un todavía verde Whilce Portaccio también tiene mucha culpa, eso sí.

He aquí algunas de las historias que contiene este volumen: Punisher mata a mafiosos en Chinatown; Punisher mata mafiosos en otro Chinatown; Punisher mata a un asesino en serie que trabaja como taxista; Punisher mata a violadores en serie; Punisher mata a secuestradores… Lo típico, vamos. Al final de este volumen no queda ni una sola clase de criminal que no haya sido ejecutada por Punisher. Éstas son historias bastante genéricas en las que Baron introduce paralelismos con algún suceso reciente en la vida real y mete un poco de humor negro para hacerlas diferentes. Sin ser malas, lo cierto es que uno espera más del hombre que escribío Nexus. No, las verdaderas joyas son esos números donde el lector puede intuir que Baron había esnifado más de la cuenta.

En algunos números pasaban cosas como: Punisher derrocando una dictadura bananera al más puro estilo Chuck Norris; Punisher matando nazis en el Polo Norte con tecnología secreta; Punisher discutiendo la validez de la música rap; Punisher matando a un villano que usa un yo-yo sierra; y Punisher discutiendo con un grupo de ecologistas radicales y convirtiéndose en un defensor de la naturaleza. Y luego está Final Days, esa historia sobre Punisher volviéndose negro, desmantelando bandas de droga en el barrio junto a Luke Cage, y siendo arrestado por razones arbitrarias en su primer día como negro. Todo un clásico.

Punisher, ¡f**k  yeah!
Punisher, ¡f**k yeah!

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Sin embargo, cada cierto tiempo, sobre todo en sus primeras años, Baron también escribía historias oscuras, realistas, trágicas. De repente, cuando los disparos dejaban de sonar, el escritor de Nexus golpeaba a los lectores con la cruda verdad. Punisher era un justiciero con una sed de venganza insaciable cuyas acciones solo engendraban más miseria y violencia. Uno de sus mejores números concluye con la devastadora indiferencia de Punisher ante la muerte de unos de sus compañeros: entrega el cadáver a su familia, emocionalmente destrozada, y marcha en silencio pensando únicamente en los criminales que matará el día siguiente. Sus enemigos eran gente despreciable, monstruosa, pero él también era uno de ellos; el Punisher de Baron iba perdiendo progresivamente sus resquicios de humanidad en los primeros años de la serie. Desgraciadamente, Baron no supo, no quiso o no pudo desarrollar esta evolución convenientemente. En cualquier caso, es justo reconocerle sus méritos. Sin Baron no se entienden las dos vertientes más populares de Punisher, la ridículamente over the top y la dura y oscura de reflexión de su naturaleza.

Las dos mayores aportaciones de Baron al universo de Frank Castle fueron el Kingpin y Microchip. El primero pasó a formar parte de su galería de villanos y el segundo, creación de Baron y Klaus Janson, fue su sidekick hasta finales de los noventa. Como el resto de compañeros de Castle, su destino no fue muy bonito, pero eso no ha impedido a otros autores recuperar el personaje en tiempos recientes.

Microchip
Microchip

Los años 90 serán recordados como el apogeo de Punisher en lo que a popularidad y ventas se refiere. Tres series mensuales, miniseries, novelas gráficas, magazines, apariciones especiales… Frank Castle estaba en todas partes. Carl Potts, el editor de la línea Punisher, probó suerte como autor completo en Punisher War Journal, una serie en la que Punisher volvía a “codearse” con los superheroes de Marvel y luchaba contra supervillanos de toda clase. El primer número se publicó en 1988, solo un año después de The Punisher v.2. Lo más destacable de esta serie es que los lápices de Potts fueron entintados por una joven promesa llamada Jim Lee. Este muchacho sustituyó a Potts como dibujante unos números más adelante, y fue dando forma al estilo de dibujo con el que se daría a conocer en Uncanny X-Men. Tras Potts y Lee vinieron Mike Baron y Mark Texeira, cuyas historias seguían el mismo esquema de números anteriores. Poco después, autores como Pat Mills (fundador de la revista 2000AD) y sobre todo Chuck Dixon trabajaron en esta serie. Este último es otro de los autores más importantes en la historia de Punisher. Competente y profesional, era un autor muy solicitado en la década de los 90 gracias a su ética de trabajo y rapidez entregando guiones. Además de War Journal, estrenó la serie Punisher: War Zone junto a un pletórico John Romita Jr en 1992, escribiendo así dos series de Punisher al mismo tiempo. Es una muestra de sus habilidades que aun así consiguiera escribir entretenidas historias de género negro o blockbusters cinematográficos manteniendo siempre un buen nivel de calidad. Tras la marcha de Romita Jr. llegó a trabajar con nada más y nada menos que el legendario Joe Kubert en War Zone.

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La famosa crisis de los 90 hirió gravemente a Marvel, que veía como la burbuja comiquera que había creado reventaba. Entre las víctimas se encontraba Punisher, aunque uno podría argumentar que la sobreexplotación a la que estaba siendo sometido en aquella época hubiera diluido el fenómeno inevitablemente. Debido a un brutal descenso en ventas, Punisher War Journal cerró en el número 80, War Zone en el 41, y la serie principal, con Baron todavía al frente, en el 106; cualquier miniserie, novela gráfica o especial en preparación fue cancelado. La estrategia de Marvel fue la misma que con otras series: relanzar al personaje en un nuevo volumen. John Ostrander, uno de los mejores escritores en los años 80 y 90, y Tom Lyle se encargaron de un tercer volumen publicado bajo el sello Marvel Edge, destinado a lectores más adultos, en 1995. La serie nos planteaba una escenario a priori inconcebible: Punisher había matado accidentalmente a Nick Furia, y, para evadir la pena capital, aceptaba unirse a la mafia italoamericana. Números después, tras justificar ese giro de guion de forma absurda, se uniría a SHIELD y se vería envuelto en eventos como Onslaught. Que nadie recuerde mucho de esta serie dice bastante de su calidad. Ostrander es un auténtico profesional, responsable de cómics memorables como el Escuadrón Suicida, pero en esta serie no supo dar con la tecla adecuada. El dibujo noventero de Lyle tampoco le hizo muchos favores.

Aquellos maravillosos 90
Aquellos maravillosos 90

El tercer volumen de Marvel fue cancelado dos años después, en 1997, en el número 18, cifra ridícula en comparación con su predecesor. En Marvel ya no sabían qué hacer con el personaje por mucho que insistieran en pensar lo contrario. Justo entonces se produjo una revolución dentro de las oficinas de la editorial. Event Comics, una pequeña editorial independiente dirigida por Joe Quesada y Jimmy Palmiotti, fue contratada para relanzar un puñado de personajes. La línea de cómics Marvel Knights, resultado de esa apuesta, fue un éxito absoluto… si no tenemos en cuenta la miniserie con la que intentaron relanzar a Punisher. Quesada y Palmiotti, en busca de propuestas frescas, dieron luz verde a un cómic que convertía a Punisher en un guerrero divino luchando contra demonios. Obviamente, lo que bien podría haber sido un número cualquiera en el Punisher de Mike Baron no funcionó en 1998; los gustos de los lectores habían cambiado y el cómic era bastante mediocre pese a tener una leyenda como Bernie Wrighston dibujando. Una vez más, Marvel fracasó estrepitosamente en su intento de relanzar al justiciero de la calavera.

Sin palabras...
Sin palabras...

Marvel Knights estaba arrasando en las tiendas, y Joe Quesada no podía permitirse un fracaso tan grande y humillante. En lo que es sin duda uno de sus momentos de mayor lucidez, contactó con Garth Ennis y Steve Dillon, los creadores de la aclamada Predicador. El resultado fue una maxiserie de doce números, publicada en el años 2000, que rescató a Punisher de un incierto destino. Welcome Back, Frank fue un rotundo éxito de ventas y crítica que propició la aparición de una serie regular a cargo de Ennis dibujada por Dillon y Cam Kennedy entre otros. La serie duró 36 números, el doble que el volumen de Ostrander, si bien Ennis fue sustituido en dos ocasiones por los escritores Ron Zimmerman y Tom Peyer, y Dillon escribió un número suelto.

En ambas series el guionista norirlandés liberó a Punisher de las ataduras de los años 90. Frank Castle volvía a ser únicamente un vigilante loco que mataba a criminales en historias repletas de acción y mucho, muchísimo, humor negro y desalmado, muchas veces a costa de los superhéroes. No era un cambio radical sino más bien un back to the basics muy necesario y especialmente bienvenido. Ennis entiende al personaje, su estilo de escritura parece que fue pensado para escribir a Punisher.

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El cierre de la serie de Marvel Knights podría haber sido el fin de una breve e intensa relación, pero no, Ennis siguió escribiendo a Frank Castle durante muchos años más. El siguiente volumen de Punisher se publicó bajo el sello editorial MAX, destinado a un público adulto. En 65 números, y con dibujantes de la talla de Lewis LaRosa, Leandro Fernandez y Goran Parlov, Ennis firmó una obra maestra, un cómic difícil de leer por su crudeza, el retrato más certero y terroríficamente preciso que se hizo, se ha hecho y se hará de Punisher. El humor y la acción desenfrenada dieron paso a un cómic emocionalmente devastador, el cómic definitivo de Punisher.

Lectura obligatoria, imprescindible y necesaria
Lectura obligatoria, imprescindible y necesaria

La publicación del último número del Punisher de Ennis significó el fin de una era. Frank Castle ya no eran villano cualquiera, sino un antihéroe famoso en el mundo de los cómics. El proceso de evolución iniciado por Gerry Conway en el Marvel Preview #2 había llegado a su fin; Punisher había encontrado al autor que siempre estuvo esperando. La versión de que todos conocemos y amamos es la que tres generaciones de autores desarrollaron hasta caer en manos de Ennis, quien asentó la imagen de ese cruel asesino cuyas historias, por algún extraño motivo, seguimos leyendo a día de hoy. El Castigador, y por extensión su papel en la serie de Netflix, no se entiende sin ninguno de ellos.

Elektra

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Frank Miller no es famoso por la creación de personajes femeninos, si bien es cierto que se redimió un poco con sus historias de Martha Washington, en el tratamiento de sus personajes suele tirar mucho de arquetipos y Elektra se corresponde como uno de los más claros: La Femme Fatale. Este es un tipo de personaje que a lo largo de la historia se pueden encontrar en muchas obras pero en el que más se desarrolla este tipo de mujeres es en el genero negro, noir, tan amado por Miller y por el que será conocido y reconocido. A esto hay que unirle otra de las grandes influencias que el autor tiene, su amor por la Grecia clásica y sus obras, que conocemos más en la actualidad debido a la fama de 300, sin olvidarnos de Japón, el del los samuráis, los ninjas y sus grandes tradiciones porque si algo tiene este personaje es todos los elementos que han influenciado en la vida de Frank Miller como autor. Así que, aunque estereotipada, Elektra es Miller en estado puro.

También es cierto que Elektra ha ido evolucionando mucho en los años posteriores a su creación de la mano de varios autores pero Frank Miller parece utilizar al personaje como una simple herramienta destinada a contarnos una parte más de la vida de Daredevil, hablando en términos kantianos, como un medio para un fin y no un fin en sí misma. Al principio ya tiene sus propias escenas pero parecen siempre al servicio de Daredevil, a aumentar esa oscuridad y depresión que se pegará a él definiéndolo casi de por vida.

Aunque su planteamiento inicial sea el de ese clásico rol muy sexualizado, que baila entre el bien y el mal y que solo sirve a la historia para ensalzar la figura del héroe, el propio Miller acaba por dotarla de personalidad propia y de un trasfondo muy potente que nos llegará a lo más hondo de todos los lectores.

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Debido a la película y a la fama adquirida por esta etapa de Daredevil (esperemos que a la serie también) mucha gente conoce más o menos la historia de Elektra, pero merece la pena repasarla brevemente antes de pasar a analizar sus series. Elektra Natchios aparece por primera vez en el número 168 de la colección de Daredevil como una asesina a sueldo, en una de sus misiones se enfrenta al héroe el cual acaba por revelar su verdadera identidad como Matt Murdock. Como el mundo es un pañuelo resulta que la asesina griega estudió en Nueva York, en la universidad de Columbia, donde conoció y se enamoró de su compañero de clase invidente, Matt Murdock, así comienza la gran tragedia que acabará no siendo tal debido al asombroso recurso de las resurrecciones.

La parte más conocida de la historia puede que sea la siguiente, cuando Wilson Fisk, Kingpin, se encuentra que la policía detiene a su asesino Bullseye por mediación de Daredevil, decide contratar a uno nuevo, una en este caso: Elektra. Ella jura matar a Daredevil, pero evidentemente no puede porque su amor es demasiado fuerte, a pesar de que se encuentra con que Murdock tiene otra pareja. De hecho por no poder no puede ni matar a Foggy Nelson al que también reconoce de su época universitaria. El regreso de Bullseye hace que ambos se peleen por ser el asesino de Kingpin dando lugar a una de las páginas más conocidas de la historia del cómic, en la que el villano apuñala a Elektra con su propia arma, un sai. Elektra escapa para morir en el apartamento de Matt. A esta parte de su historia se la conocerá como Elektra Saga, nombre con el que será reeditada en varias ocasiones.

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Poco después de esto, en el número 191, la organización criminal La Mano a la que Elektra pertenecía y que resulta ser rival del clan ninja que entrena a Daredevil, rapta el cadáver de Elektra para resucitarla, eliminando sus debilidades para que esté de nuevo a su servicio, pero Matt y un antiguo colega de su maestro llamado Stone consiguen evitar la resurrección. Lo que Matt no llega a saber es que su amor purifica el cuerpo de Elektra y Stone la resucita dejando solo sus cualidades buenas y cambiando su característico traje rojo por uno blanco, seña de identidad de la organización contraria a La Mano llamada La Casta.

Tardaremos la friolera de 130 números en volver a ver a Elektra por la colección de Daredevil pero pasará cada vez más por otras colecciones del universo Marvel, por ejemplo tendrá fuertes lazos con Lobezno que la ayuda al ser resucitada, favor que le devuelve en épocas más recientes, concretamente en la saga Enemigo del estado escrita por Mark Millar. También forma parte de grupos y organizaciones, estuvo por ejemplo en SHIELD o en la última encarnación de los Thunderbolts, dirigió La Mano y participó en eventos e incluso fue sustituida por una skrull, como se vio en Invasión secreta pero ¿y sus series?. Dejando un poco de lado su vida general pasemos a ver sus series propias.

Aunque su trato inicial fuese una simple instrumentalización del personaje para ayudar a la narración lo cierto es que Elektra ganó muchos fans y uno de ellos fue Frank Miller, creador y asesino de la misma. Con ello Miller promete escribir una novela gráfica centrada en su figura pero antes el autor comienza a dar vueltas a la idea de escribir más, a eso se le une la petición de Mary Jo Duffy, editora de Marvel Epic, de realizar una pequeña serie para este subsello, así une las dos ideas y llama al peculiar dibujante Bill Sienkiewicz, que ya había conquistado a muchos con sus Nuevos Mutantes, para hacer una serie de ocho números sobre Elektra, el problema como diría la propia Jo Duffy en su introducción “era que Elektra está muerta” y continúa “…como el generalísimo Francisco Franco…”. Por ello Miller plantea esta serie, publicada en 1986, es decir, después de la muerte del personaje, como lo que hoy llamaríamos precuela, un paseo por la vida de la asesina desde su nacimiento hasta ya avanzada su edad, una visión muy adulta alejada del clásico cómic de superhéroes de la época.

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Elektra Asesina es un experimento, una visión muy personal, casi podríamos decir que intima, sobre el personaje que poco tiene que ver con lo leído hasta ahora, la narración inicial apenas tiene diálogos, está contada sobretodo en primera persona que es lo que le da ese toque especial que nos mete aun más en el personaje. Al igual que el mito griego con el que comparte mucho más que nombre, su padre es de vital importancia, es quien la cría hasta cierta edad y la manda a entrenarse en diversas disciplinas. Cuando llega a ciertos conocimientos es llevada ante La Casta o Los Siete como los llama ella, que declara querer ser la octava. El trato que recibe de ellos no es precisamente bueno, raya la esclavitud, pero le da igual, se esfuerza para ser la mejor. Todo esto ya nos da pistas sobre la frágil psique que tiene la muchacha a tan corta edad y la cosa no mejora, su padre fallece, lo cual le lleva a una búsqueda de venganza y a caer en La Mano que la convierte en asesina. Esta obra trata parte de su infancia, juventud y entrenamiento, pero también da otra visión, la de John Garrett, un agente de la CIA y de SHIELD que busca a Elektra por varios asesinatos, este punto le da un enfoque que la sitúa en un mundo más real, lejos de ninjas y magia, un enfoque que incluye un fuerte toque político algo alejado de los que suele hacer el autor hoy en día y no se puede negar que hay una pizca de locura. La obra será reeditada en múltiples ocasiones y se ha convertido en uno de esos clásicos imprescindibles en cualquier biblioteca.

La novela gráfica prometida por Miller tarda un poco más en llegar, es 1990 cuando se publica Elektra Lives Again que, al contrario de lo que podíamos imaginar, está protagonizada por Daredevil en lo que se podría definir como un paso atrás, olvidando el protagonismo adquirido en la anterior obra para mostrarla como una parte más de la historia de Murdock. La novela es corta, el característico dibujo de Miller muy narrativo evita diálogos innecesarios y la primera persona es de nuevo utilizada para contarnos hasta el más mínimo pensamiento, solo que esta vez es Daredevil el que toma este rol.

Comenzamos con el protagonista entrando en una iglesia a confesarse, práctica habitual en él, en este caso por estar atormentado ante el constante recuerdo de su antigua amada y su fallecimiento. Incluso en sueños no es capaz de librarse de este sentimiento y es con este recurso con el que juega el autor, es confuso distinguir que parte es realidad y cual es un sueño en las múltiples escenas de acción que se suceden, intencionadamente para confundir al lector y al propio héroe, en una historia que juega con muertes y resurrecciones de los dos personajes que se pueden calificar como más importantes, o al menos entre ellos, en la época de Miller en Daredevil: Bullseye y Elektra.

Lo cierto es que la historia, sin ser de lo mejor de Miller, es un poco retorcida e incluso divertida si la miramos desde la perspectiva de que una de las cosas que revindica el autor es que Elektra muere, parece gritar dejad en paz a mi personaje. Pero todos sabemos que algo tan fuerte no puede quedar bajo tierra.

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Cinco años después volvemos a ver una cabecera protagonizada por Elektra, la serie de cuatro números llamada Elektra: Raíz del mal escrita por D.G. Chichester y dibujada por Scott McDaniel, que ya comienza con una no muy afortunada cita de Nietzsche sobre la mujer en la que se ve la intención de repetir los clichés del primer Miller en el personaje. Pero no solo eso, la historia está enmarcada en el universo Marvel del momento, es decir con Elektra resucitada, la cual es atacada por varios mercenarios a los que asesina, entonces llega Daredevil, le pide que deje esa vida, le intenta dar un par de lecciones de moralina pero como los mata “en defensa propia” aquí no pasa nada y se va, no hay química, no está la esencia que definía su unión, no hay oscuridad ni tormento, básicamente se puede decir que no hay nada. Y eso será esta serie, una gran nada.

Los autores heredan de Miller la visión de Los Siete como personas hurañas y despreciables lejos de ser los buenos de la historia que maltratan a la versión joven de Elektra a pesar de que les pide ayuda y en cuanto falla en su prueba la echan sin remordimientos. Lo más interesante de estos cuatro números es que cuentan a modo de flashbacks más sobre su pasado, su relación con su padre que aquí no parece tan rara como se describía antes, pero no deja de ser una extensión y ciertas invenciones que se mueven en el contexto que había creado Frank Miller incluyendo cosas que, siendo realistas, sobran.

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La parte de la historia que se sitúa en el presente es más floja aun, resulta curioso que Marvel diese una serie, aunque sea limitada, a este personaje sin Miller para hacer algo tan poco interesante. Se trata de una simple aventura en la que vemos como Elektra realiza algunos asesinatos para acabar encontrándose con un villano más del estilo de los superhéroes cuya pelea se alargará hasta el aburrimiento.

Al año siguiente, en 1996, Elektra consigue su primera serie regular, aunque esta solo durará diecinueve números, guionizada casi toda por Peter Milligan, al final Larry Hama se encargará de algunos cómics, y dibujada completamente por Mike Deodato Jr., todos coinciden en cambiar el tono de la protagonista que a pesar de seguir siendo definida como una “mujer compleja” tiene la intención de redimirse y ya no mata. En este sentido Milligan es más continuísta , tiene en cuenta como ha sido resucitada por La Casta y pretende mostrar una actitud más positiva, aunque sigue apaleando maleantes. Precisamente en una conversación con Stick este le dice que olvide su oscuridad e inicie ese camino a la redención. Ella se cuestiona la motivación de este clan para resucitarla y es precisamente esto lo que le lleva a aceptar que puede ser buena. Uno de sus pasos es precisamente financiar un gimnasio en un barrio dirigido por dos senseis que harán las veces de secundarios de la serie. También se mete a bailarina en un intento de tener una vida normal, a pesar de que no cuelga su vestimenta de guerra para hacer de heroína por las noches.

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La serie es bastante tranquila, con mucha conversación y un elenco de secundarios que va creciendo poco a poco, pero eso no quiere decir que no haya sitio para la acción y el primero con el que se enfrenta es precisamente Bullseye, solo que esta vez Elektra gana, no sin que haya bajas civiles, concretamente un padre muere dejando a su hija huérfana lo que hace que Elektra empatice con ella acogiéndola bajo su cuidados. También aparecen villanos clásicos como Boomerang o el Supervisor pero Milligan despacha rápido la acción y hay sitio para temas mágicos con el Doctor Extraño de por medio en un tramo no demasiado acertado.

La serie tiene poco que ver con la visión de Miller del personaje, la oscuridad está presente en los diálogos pero su actitud es la de una superheroína siguiendo esquemas bastante clásicos, aunque en su favor hay que decir que tanto Milligan como Deodato son grandes narradores con lo que consiguen entretener. Dejan sitio para la aparición de Daredevil en un arco de tres números llamado American Samurái, Daredevil no se mete demasiado en su vida pero se sorprende de su nueva forma de ver las cosas, hay algo de tensión y algo de humor, de nuevo muy diferente a lo que veíamos antes pero por lo menos Milligan consigue que haya un poco de química entre ambos.

En la recta final llega Larry Hama con La Mano y su querido Lobezno bajo el brazo, también pasarán Shang-Chi y el Samurái de Plata, quizás demasiados invitados para pocos números, y un final precipitado que deja la serie algo colgada.

El siguiente volumen llega en el año 2001 como parte de la iniciativa de Marvel de relanzar a ciertos personajes como Daredevil o Pantera Negra, en general de corte callejero, bajo la batuta de Joe Quesada y Jimmy Palmiotti como editores. De la serie se encarga Brian Michael Bendis, guionista que en ese momento trabaja con Daredevil, que nos devuelve el papel de asesina aunque continuando con las convicciones morales que se veían en la anterior etapa. Bendis sigue un poco la estela de Miller en el sentido en que Elektra es más bien algo que aparece por ahí mientras conducen la historia otros personajes, agentes de SHIELD en concreto, que la contratan para ayudarles a recuperar la famosa llave Escorpio en manos de HIDRA. Espionaje, traiciones y una Elektra que casi parece un monstruo de una película de terror que aparece por las esquinas cuando menos lo esperas son los elementos de esta saga de cinco números que con un más, mudo, completa la etapa del guionista, ya que en el séptimo la serie pasa a manos de Greg Rucka que comienza con una historia autoconclusiva en la que la protagonista sigue siendo una herramienta mientras la historia la narran otros, en este caso va sobre una mujer que ha sido violada y busca venganza para lo que contrata a Elektra.

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Pero cuidado, Rucka no es cualquiera, su manejo de este tipo de personajes y las historias de asesinato o espionaje con un toque negro son lo suyo, lo ha demostrado muchas veces, Whiteout, Queen & Country o Lazarus dan cuenta de ello. El autor pronto se deshace de ese estigma y comienza a contar con la Elektra asesina profesional como protagonista real de su vida. Un hombre en silla de ruedas la rapta y le hace ver fotografías y vídeos de su vida, de sus asesinatos e incluso de las bajas colaterales tratando de darle una lección, así empieza la verdadera historia de Rucka, paseándose por la mente de Elektra, dejándola sin trabajo y cuestionando todo su pasado al dejarla abandonada en un desierto mientras otros la intentan cazar, creando un elenco de secundarios maravillosos que intentarán cambiar la esencia misma del personaje. Rucka va directo a la moral de los personajes jugando con distintas situaciones y cuestionando la naturaleza misma del asesinato sea por lo que sea, lo único malo es que parece desentenderse de la etapa de finales de los noventa en la que Elektra ya había decidido dejar de matar. Hay algún que otro guiño a las primeras etapas como cuando ella misma dice “algunas cosas deberían permanecer muertas” o el uso del blanco en su vestimenta.

El tratamiento del camino a la redención de la protagonista es aquí tratado de forma muy similar al que se deshace de algún tipo de adicción, se necesitan nuevos amigos, nuevo entorno, vaciarse uno mismo y disciplina que Elektra encuentra en una nueva sensei muy diferente a lo que había conocido hasta ahora, donde la realización de uno mismo pasa por integrarse y ayudar a la comunidad, una idea que se deja entrever en más de una obra del autor. Hasta el momento la visión de Rucka es, después de la de Miller, lo mejor que le ha podido pasar a este personaje en una serie propia y su final es apoteósico, el pasado regresa y no se puede evitar porque no depende de ella.

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Rucka se marcha en el número 22 y es sustituido por Robert Rodi hasta el cierre de la serie en el 35, año 2004. Sobre esta última etapa poco hay que reseñar son historias de Elektra contratada por gente, cometiendo asesinatos y regresando al viejo esquema de figura a la que temer. Son de lectura rápida y sin mucho que decir, nada que ver con lo anterior, mero entretenimiento.

El 2002 es un buen año para Elektra, a parte de la serie de Marvel Knights sale a la venta una serie de tres números que difícilmente podríamos calificar como cómic, más bien sería un libro escrito por Greg Rucka al que acompañan las ilustraciones de Yoshitaka Amano. La historia se llama La Redentora en la que Elektra comparte protagonismo con Lobezno y bebe bastante de la Elektra de Milligan, es algo típica que puede que llame más la atención por el formato que otra cosa, no es de lo mejor de Rucka pero hay que tener en cuenta que, como se hablaba antes, es un autor por encima de la media.

Ese mismo año lanzan otra serie, esta de cuatro números, bajo el título de Elektra: Gimpse and Echo de Scott Morse como autor completo con un estilo de dibujo diferente, algo experimental para este tipo de obras, que trabaja sobre la Elektra que se dedica a asesinar por dinero con muchos ninjas de La Mano por medio e incluso un metamorfo. No es nada especial, solo para los más completistas.

Al cerrar el volumen segundo perteneciente a Marvel Knights aparece una nueva serie limitada de cinco números relacionado con el personaje bajo el nombre Elektra: La Mano escrita por Akira Yoshida y dibujada por Christian Gossett en la que Elektra aparece como mero reclamo publicitario ya que lo único que hace es escuchar la historia de como se forma la organización y de la primera mujer extranjera en formar parte de ella en el Japón feudal. Una historia llena de tópicos y en la que no aparece nadie importante en el universo Marvel, es decir, nada que nos interese para hablar del personaje creado por Frank Miller.

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Ahora hay que irse al 2009, al evento Reinado Oscuro, Elektra llevaba un tiempo como líder de La Mano haciendo fechorías por diversas colecciones de Marvel hasta que muere y descubrimos que en algún punto había sido raptada y sustituida por una skrull, estos extraterrestres pretendían hacerse con nuestro planeta ocupando puestos importantes dentro de diversas organizaciones pero fueron parados por nuestro héroes favoritos y un Norman Osborn que se hace con el control de los Vengadores obteniendo un poder gubernamental a base de una serie de sucesos largos de explicar y que aquí solo nos interesa en tanto que esta nueva situación va a afectar a Elektra, la cual consigue una nueva miniserie de cinco números.

Zeb Wells y Clay Mann son los encargados de reintegrar a Elektra en la realidad de Marvel tras el rapto. Empieza siendo vigilada por SHIELD aunque al poco toma el control Norman Osborn que la mantiene cautiva, aparece Paladín intentando matarla pero lo que consigue es que se libere y escape del helitransporte de HAMMER, hay más gente detrás de ella y no sabe por qué. Podemos decir que esto resume la primera mitad de la serie casi al completo pues tira mucho de narrativa por dibujo y de peleas, una miniserie con mucha acción y la Elektra que prácticamente ni habla.

Al final la serie no está tan mal, resulta que los dos últimos números son más interesantes en tanto que aclara el momento de la abducción de la protagonista y que se encuentra cara a cara con Bullseye disfrazado de Ojo de Halcón suplantándolo como uno de los Vengadores Oscuros de Osborn, lo que nos deja una imagen cuanto menos graciosa.

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La siguiente vez que nos encontramos algo protagonizado por Elektra es un año después en un número unitario que hace de cruce con otro evento, Tierra de Sombras, en el que distintos héroes se enfrentan a Daredevil que se ha hecho con el control de la mano corrompiéndolo. El one-shot sigue estando escrito por Zeb Wells pero no dice mucho en sí, vuelve a poner a Elektra frente a la montaña que no pudo escalar por orden de La Casta de forma tanto física como metafórica y la enfrenta a La Mano hasta que se da cuenta que es Matt el que está detrás de ellos. Lo más significativo es sin duda el dibujo de Emma Rios.

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W. Haden Blackman al guión y Michael del Mundo son los encargados de traer de vuelta a Elektra en un volumen tercero que sale a la venta en 2014 y constará solo de once números. La serie está narrada en primera persona lo que se agradece ya que vemos que no estamos ante la ya tópica historia de Elektra como la asesina que se esconde detrás de la cortina, también se agradece que haga un pequeño repaso por todas las etapas, en apenas cuatro páginas, y que en el recuerde que intentó ser bailarina o “jugar a ser la heroína”, aunque finaliza con una declaración de intenciones: “soy y siempre seré una asesina”.

Aburrida de Nueva York busca una misión que la saque de la ciudad, lo que le lleva a cazar a otro asesino, Cape Crow, creado para la ocasión, y a pelearse con otros mercenarios como Lady Bullseye, con la que tendrá varias trifulcas. El autor introduce a un villano que va continuamente detrás de Elektra y sus acompañantes, Fauces de Sangre que parece que va a comerse el mundo y acaba decepcionando un poco. Este arco compone la primera mitad de la serie aunque los secundarios se quedarán hasta el final componiendo un todo.

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Seguimos con mucha acción y alguna que otra visita mental al pasado, no muy larga, aunque el gran tópico en la vida de Elektra llegará con la visita de Bullseye, mientras ella intenta averiguar quién está detrás del Gremio de Asesinos se entera que Bullseye sigue vivo y está en unas instalaciones de SHIELD. Un ataque precipitado lo libera y lo pone en manos de… La Mano, valga la redundancia. Con magia de por medio y alguna que otra invasión de mente llegamos a un precipitado final con sorpresa y batalla campal incluida.

En general este último volumen es correcto, llega a enganchar en ciertos puntos. Quizás se podría poner en una posición por detrás de la etapa de Rucka, aunque para saberlo con certeza hubiese estado bien que se alargase un poco ya que se nota que hubo que cerrar tramas rápido ante la cancelación de la misma.

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Esperemos que Elektra vuelva pronto y lo haga sin caer en los muchos tópicos que hemos visto en su carrera. Ahora solo nos queda disfrutar de lo que nos pueda traer esta segunda temporada de la serie de Daredevil en Netflix.

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AlbierZot
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AlbierZot

Se agradecen estos repasos tan oportunos. Menudo Baron bashing! jaja… A mí el Punisher de Mike Baron, junto con el de Ennis en MAX, es el que más me gusta. Me parece perfecto, por su crudeza, su sarcasmo gélido… y sus historias las recuerdo muy variadas y entretenidas, incluso técnicas. Por lo demás, este sería un buen momento para recuperar todo el War Zone inédito de titanes como JRJR, Buscema o Kubert.

chinchi
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chinchi

Magnífico repaso, enhorabuena por el gran trabajo que además no sólo instruye, sino que me ha resultado además muy entretenido.

Krayt
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Krayt

Lo ultimo de Elektra con Blackman y del Mundo no está nada mal..

dhaldon
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dhaldon

Pedazo de artículo, mis felicitaciones

Alejandro Ugartondo
Autor

Excelente artículo. Yo también soy de los que disfrutaron del Punisher de Baron y sus locuras y de los que cree que el Punisher MAX de Ennis es lo mejor que se hará nunca con el personaje.

Por cierto, por qué no habéis repasado la trayectoria de Punisher más allá de Ennis? Hay cosas muy curiosas y destacables aparecidos en los últimos años como las aportaciones de Remender, Aaron y Rucka

Save
Lector
Save

Elektra Lives Again habría que tirárselo a la cara a los que dicen que Frank siempre ha sido un dibujante mediocre. Tebeo infravalorado.

Jack Knight
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Jack Knight

Como ya habéis señalado, a parte del Punisher MAX de Ennis (que es a Punisher lo que la etapa de Miller a Daredevil o la de Simonson a Thor) ha habido vida después. En concreto con Rucka y Chechetto que firmaron una serie muy consistente.
Ojalá Panini se atreva con la etapa de Dixon que siempre he tenido ganas de leerla.

Fabio Gonzalez
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Fabio Gonzalez

Excelente artículo. Me ha gustado mucho. Conocía lo básico de la historia de estos personajes y este repaso me ha ayudado a conocerlos más. Muchas gracias.