Lágrimas de plástico
«Eres un mentiroso»
En la línea del DC Finest con el Plastic Man de Jack Cole, dedicamos bastante espacio al personaje en el último magazine.
Coincide además la publicación del primer Black Label dedicado al personaje que salió hace mucho en USA pero que por los vaivenes editoriales que hemos sufrido/disfrutado han retrasado su llegada a nuestras tiendas.
Plasticman ¡Nunca más! es una miniserie de cuatro números, cada uno de 36 páginas. Escrito por Christopher Cantwell y dibujado por Alex Lins y Edgar Jacobs.
Como bien sabréis y si no, os invitamos a le deis una ojeada a nuestro último magazine donde le damos un repaso importante al personaje, Patrick “Eel” O’Brian es un exconvicto, un ladrón de bancos, que debido a un accidente adquiere unos sorprendentes poderes. Su cuerpo ha pasado a ser de carne y hueso a ser una “cosa nueva” parecida al plástico y que O’Brian puede cambiar de forma a voluntad.

Esto ha provocado una interpretación enloquecida e imaginativa de Plasticman, que se ha caracterizado por una personalidad histriónica, un comportamiento enfebrecido y un tono cómico. Podríamos resumirlo como un dibujo animado (no en vano, disfrutó de una serie de animación a mediados del siglo pasado) en la continuidad oficial de DC.
El resultado ha sido desigual, en algunas ocasiones Eel se ha visto como un recurso cómico, como un elemento desdramatizador y en otras como un incómodo secundario bastante inoportuno que llegaba a incomodar con sus intervenciones anticlimáticas.
Lo que si podemos decir es que siempre ha dado la impresión de ser un personaje que merecía más atención, tanto por darle más profundidad psicológica, como por merecer una oportunidad editorial debido a sus enloquecidos poderes y posibilidades.

Cantwell, Lins y Jacobs parece que han querido corregir el primero de estos aspectos.
La historia nos sitúa en un momento difícil de ubicar debido a la alineación que vemos de la Liga de la Justicia (invoco/desafío a los entomólogos de postín). En una misión de la liga Plasticman recibe el disparo del rayo mortal de una versión naif de Solaris.
Aparentemente invulnerable, O’Brian empieza a sufrir cierto deterioro. Su cuerpo se está descomponiendo poco a poco con la infausta conclusión, de que el personaje tiene fecha de caducidad: morirá a causa de este deterioro.
Este punto de partida, divide la narración en tres. Por un parte tenemos, la historia de O’Brian intentado asumir y parar el proceso de descomposición. Por otra, la trama en la que pretende cerrar los cabos sueltos de su vida, como la relación con Luke, su hijo. La tercera, es su desubicación como personaje del universo de DC en general y de la Liga en particular.
La primera es la línea sobre la que va a cabalgar la trama, en la que veremos a Eel interaccionar con los bajos fondos, con sus antiguos compinches y con sus secundarios más o menos habituales. Esta parte de la historia es funcional, ya que marca el avance de la serie.
La trama que busca profundizar en la relación paterno-filial es más introspectiva. Profundizamos en los matices, desacuerdos, desencuentros entre Luke y Patrick. Una relación llena de reproches del hijo al padre y que cuando todo parece arreglarse, la trama principal se mezcla para liarla otra vez.

Esta parte permite conocer y darle profundizar psicológica al protagonista, humanizar su comportamiento y motivaciones. La estructura corresponde a la clásica historia de drama hollywoodiense, con sus mentiras, desengaños y el sanador poder de la verdad. Cantwell aprovecha el espacio y la ocasión para dimensionar un personaje con la personalidad de un loonie tune.
Por otra parte, tenemos la marginación de O’Brian como miembro de la Liga. Los héroes principales no lo dejan de ver como “un caso”, en el sentido cómico del término. Cada intervención, frase, aportación de Eel es vista como el desahogo cómico del grupo. Esta situación arma un muro de silencio alrededor de Plasticman, lo deshumaniza y lo convierte en un perfecto desconocido para sus compañeros. Agradecido por pertenecer a esta plantilla de dioses, O’Brian no reclama ni reivindica que se le preste atención, actuando de forma patética, evidenciando falta de autoestima.
Esta tercera trama, es la más interesante de la miniserie. Cantwell profundiza y redimensiona la personalidad de Eel. Más allá del pícaro redimido, del padre disfuncional, del marido fracasado… vemos su comportamiento entre un grupo de leyendas. No puede ser de otra manera, Cantwell lo ve como una persona de baja autestima, con poca confianza en si misma, el gracioso del grupo, el payaso que recurre al humor para integrarse. El guionista pone la pieza perfecta que explica al personaje. Pero más allá de la reivindicación del marginado, de la apología del friki, de la “escalfor” que recibe el alienado… Cantwell, en la línea de La Otra Historia del Universo DC sobre las minorías, dota de subtexto a esta trama y critica la marginalidad editorial que ha recibido Plasticman (y el empático Detective Chimp).

En el apartado gráfico (tan importante en el “noveno arte” (sonido de violín)) tenemos dos dibujantes con dos estilos diferentes.
Alex Lins, que asume mayor carga, ilustra la parte más introspectiva, que incluye la trama de acción y la paterno-filial. Ambas van ligadas. Con un estilo dinámico de la escuela de los Harren y Daniel Warren Johnson, y unas innovadoras composiciones de página que nos recuerdan (al menos es el caso de este redactor) a Walter Simonson, Lins profundiza en el horror de asistir, no solo a la propia muerte, si no a la descomposición del cuerpo. El dibujante detalla la desintegración física de O’Brian con texturas y distorsiones incómodas, que no nos hacen apartar la mirada, si no afilarla con gozo morboso.
Lins dignifica una vez más el trabajo gráfico de la línea Black Label que no suele bajar de la excelencia.
Por otro lado, Jacob Edgar ilustra las escenas en las que Plasticman interacciona con la Liga de la Justicia, dando lugar a una doble narración. Aquí vemos con un dibujo mucho más cartoon cercano a Samnee y a Bruce Timm, como con la elite del universo DC, O’Brian se muestra como un payaso irredento, impertinente que busca gustar mediante la broma, el humor y la verborrea. Se nos muestra un mundo pastel, que es como Eel ve el ideal heroico que representan los Batman, Superman y Wonder Woman. Las secuencias narrativas de Edgar son mucho más rígidas y convencionales, de cierto aire retro, como dando a entender que O’Brian quiere encajar en la “normalidad”, pertenecer a un mundo más previsible y racional, ser aceptado.

La dicotomía entre ambos dibujantes ilustra el contraste psicológico entre el Plasticman introspectivo y la cara exterior. Entre el ser humano frágil y herido, y el héroe colorido, confiado y casi invulnerable. El contraste entre el body-horror de la parte de Lins y la hipnótica belleza cartoon de Edgar. La putrefacción de un cuerpo enfermo y el brillo luminoso de un superhéroe explosivo.
En conclusión, se trata de una interesante miniserie, que reivindica a un personaje semiclandestino como representante, también, de los marginados y desplazados. Interesante y estimulante en lo gráfico, con un guion eficaz y solvente.
Lo mejor
• El apartado gráfico.
• La dimensión psicológica del personaje y su repercusión en el universo DC.
Lo peor
• En algún aspecto el drama está ya visto.








