Un grito que pone en valor la búsqueda de libertad e identidad.
«El miedo nos hace perder la conciencia. Y también nos vuelve cobardes.»
El pasado cuatro de junio todos los amantes del buen cómic nos llenamos de tristeza al conocer la muerte de la historietista y cineasta franco-iraní Marjane Satrapi (Rasht, 1969), conocida mundialmente por Persépolis, uno de los cómics sin los que no se entiende la maravillosa evolución del medio durante los último treinta años. Un suceso luctuoso que por esas casualidades del destino coincide el en tiempo con una edición espacial por el veinticinco aniversario de la aparición de la serie. Para conmemorar esta fecha desde Reservoir Books han publicado un estuche con los cuatro volúmenes replicando los de la primera edición de L’Association en lugar de la edición en uno solo volumen que es la más habitual. Así que modo de sentido homenaje a una de las grandes del medio vamos a tratar de explicar las causas que hicieron de esta obra todo un acontecimiento comiquero a nivel mundial, y posteriormente cinematográfico con la adaptación animada que codirigió la propia Strapi junto a Vincent Paronnaud de la que podéis leer una estupenda reseña aquí.
Para tratar de comprender la transcendía de esta obra hay que viajar a la década de los años noventa cuando el cómic mainstream francés estaba en una encrucijada, algo similar a lo que sucedía en USA. La progresiva desaparición de las revistas había provocado que las editoriales no se atrevieran a arriesgar con propuestas frescas y modernas optando por repetir formulas ya muy manidas dejando de lado la experimentación que había sido la señal de identidad de cabeceras como Metal Hurlant o A suivre. En medio de toda esa mediocridad, donde las excepciones eran los trabajos de algunos autores ya consagrados, surgió la editorial underground L’Association que comenzó a llamar la atención con propuestas llenas de riesgo temático y formal ofreciendo aproximaciones muy diferentes a diversos temas a lo que era habitual. Algo similar a lo que podíamos ver en USA en editoriales como Drawn & Quaterly o Fantagraphics que estaban expandiendo las fronteras del medio creando obras que se atrevían a abordar cualquier tema sin tener que esconderlos en una historia de género. Entre las figuras más destacadas de la editorial francesa nos encontramos con Jean-Christophe Menu, Lewis Trondheim, Joann Sfar o David B. Unos autores a los que pronto se unió Marjane Satrapi que, por consejo de este último, se decidió a contar su infancia y adolescencia en su Irán natal siguiendo la estala de lo que estaba haciendo él en Epiléptico (Reservoir). Esa fue la génesis de Persépolis que comparte con la obra de David B. ser una biografía en la que no prima el humor – aunque siempre está presente de una forma muy irónica- y la autoparodia como podíamos ver las obras de referentes como Crumb, en cambio nos encontramos con una sinceridad brutal en una historia que desborda humanidad y las ganas de contar una realidad bastante ajena al mundo occidental en aquellos tiempos que tiene de simplificar lo que vivieron sus habitantes. Ellos fueron las primeras víctimas del nuevo régimen.
Persépolis arranca en 1979 cuando Satrapi era una niña que vivía con su familia en un Irán que presenciaba los últimos estertores del régimen del Sah. Un régimen que era corrupto y represivo, pero que tras la revolución islámica iba a ser sustituido por un estado teocrático mucho más represivo todavía y marcado por las injusticias y un machismo brutal que cercena los derechos y libertades de las mujeres convirtiéndolas en ciudadanas de segunda, o tercera. A lo largo de los cuatro volúmenes que forman la historia asistimos a la revolución y la posterior involución de la sociedad, pero, aunque Satrapi nos pone en antecedentes de la historia del país y su contexto global durante los años en los que transcurre la obra, no estamos ante un cómic de corte histórico que se centre en los grandes sucesos. Lo que tenemos es una historia intima que nos habla de la búsqueda de identidad, pertenencia y libertad, la realidad de crecer en un ambiente de represión, el valor de resistencia frente a la intolerancia y la lucha entre dos mundos, uno moderno y progresista y otro religioso y cerrado. Unos temas y preocupaciones que pese al tiempo transcurrido desde su aparición siguen vigentes en todo el mundo lo que provoca que la obra sea totalmente universal y necesaria. Unas de las características que marcan la definición de un clásico.
En los cuatro volúmenes de la obra vemos como Satrapi va creciendo, pasando de la infancia a la adolescencia y sus primeros años como adulta mientras nos va mostrando la historia de Irán con una visión que se va adecuando a su edad. Así vemos como la inocencia de la una niña de diez años da paso a una adolescente que empieza a ser consciente de lo que paso a su alrededor dejando de creerse los discursos oficialistas y comenzando a revelarse contra el sistema. Algo que humaniza la historia que entrelazada sucesos claves de la evolución del país con toros más cotidianos de forma que vemos como se alternan los episodios más traumáticos y duros de la guerra contra Irak llenos de bombardeos, muertes y miedos con otras más familiares e íntimos como su relación con su abuela y algunos compañeros de clase. En estas partes familiares vemos como sus padres, que eran bastante progresistas y de clase alta, tratan de conseguir que Satrapi llevara una vida lo más normal posible pese a todas las adversidades. Con el tercer volumen la obra de un giro enorme ya que vemos como a los 14 años ante el miedo que les provoca la guerra sus padres deciden enviarla a estudiar a Austria, un periplo marcado por el choque cultural y la separación de sus seres queridos que hacen que tenga una enorme sensación de desarraigo y pérdida de identidad. Esta es la parte más íntima y confesional del relato ya que está contada sin ningún tipo de filtro, algo que dota de autenticidad al cómic y nos permite asistir al drama que viven mucho migrantes ante el brutal rechazo de la sociedad. Sin embargo, es un cambio que puede ser algo disruptivo para algún lector. En el cuarto volumen regresa a Irán ya como joven adulta y podemos ver con mucha más claridad el impacto que el régimen iraní tuvo sobre la sociedad, en particular sobre las mujeres que están sometidas a unas restricciones que dejan ver lo machista y misógina que es la interpretación del Islam bajo el liderazgo del ayatolá Jomeini. Algo que impacta de manera brutal en una protagonista que viene de vivir varios años en un mundo occidental donde las mujeres tienen mucha más libertad y que vuelve a dejar claro el choque entre esas dos formas de ver el mundo y los problemas de pertenencia de Satrapi que está dividida entre dos mundos.
En el apartado gráfico nos encontramos ante una obra un estilo propio heredero del undergroud más abstracto en un blanco y negro que Satrapi usa con gran acierto para crear algunas imágenes tremendamente icónicas como la de las niñas con el velo que es la portada de este articulo o en las que refleja las torturas y los desastres de la guerra. Aunque no tiene el virtuosísimo de su compañero David B. estamos ante un cómic que se lee con gran facilidad y tiene una enorme capacidad para transmitir las distintas emociones que la autora nos quiere mostrar.
Persépolis de Marjane Satrapi es un perfecto ejemplo de todo lo que puede ser un cómic cuando la total sinceridad de la historia se mezcla con las ganas de ensanchar lo que puede contar el medio. Un cómic que nos relata de primera mano la situación de Irán poniendo el foco en la represión a las mujeres que se ha convertido por derecho propio en un clásico moderno que ha servido como guía para muchos cómics posteriores que se han salido de lo que marcaba la industria. Una obra maestra que deberían leer todos los amantes del medio.
“Soy una occidental en Irán, una iraní en Occidente. No tengo identidad.”














Como lector asiduo de comics, siempre consideré, egoístamente, que la mayor pena de la vida de Marjane Satrapi era que hubiera abandonado su labor como narradora gráfica por una carrera en el cine que en el mejor de los casos era mediocre, dado que su única obra conocida es la adaptación de su propia novela gráfica. Pero quizás el que nos haya dado Persépolis (además de Bordados y Pollo con Ciruelas, entre otras), fue más que suficiente.
Personalmente, Persépolis es una de las mejores novelas gráficas en existencia. Además de ser mi comic favorito para regalar y recomendar a gente que no lee narrativa gráfica. Cuando explicaba sobre qué trata, dado que el tema podía parecer denso o poco optimista (la infancia y adolescencia de una mujer bajo un régimen religioso fundamentalista), siempre añadía la acotación de que la historia era autobiográfica, así que se podía tener la garantía de que la protagonista sobrevivía al final de la historia pues sólo así podía contarla. Pero ahora el final se vuelve aún más amargo considerando las circunstancia que rodearon el fallecimiento de la autora.